Acudiendo a las fuentes mismas, a los manuscritos originales, Enrique Dussel hace una lectura crítica, “latinoamericana”, y una minuciosa y rigurosa interpretación de los “Grundrisse”. ¿Qué es lo que Dussel se propone en su magnífico trabajo La producción teórica de Marx. Un comentario a los *Grundrisse*1? ¿Y de ello, qué es lo que a nosotros nos interesa específicamente en relación al tema o categoría de la propiedad? Lo que se propone es dilucidar y mostrar las raíces y el fondo del pensamiento filosófico y científico de Marx. Es decir, revisar críticamente la elaboración y maduración de ideas, categorías y determinaciones que llevarían a Marx a fundar la ciencia de la economía política y, con ello, a hacer el análisis más amplio y riguroso que hasta ahora se haya intentado sobre la organización y el funcionamiento de las relaciones sociales de producción en el mundo moderno, occidental, capitalista e imperialista.
Especial atención es la que merecen los Grundrisse o Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política (1857-1858), “monografías escritas en muy diversos períodos , para mi propio esclarecimiento y no para la publicación”, dice Marx; y entre ellas las “Formen” o “Formas que Preceden a la Producción Capitalista” que, como afirma Hobsbawm, no son “historia” en sentido estricto pero si son intentos de “descubrir en el análisis de la evolución social las características de toda dialéctica”2.
Siguiendo la secuencia temática de los “Grundrisse”, Dussel lleva a cabo una lectura crítica puntual, precisa, de las ideas-madre o “ideas regulatorias” con las que Marx va a construir El Capital. Parte de las determinaciones esenciales: producción, plusvalía, trabajo, apropiación, entre otras, para ocuparse en seguida del método descubierto y utilizado por Marx para investigar, analizar dialécticamente y alcanzar enunciados y proposiciones sintéticas que pasan por el proceso abstracto-concreto-abstracto para llegar a formas de comprensión, explicación y validación científica de los fenómenos sociales e históricos que mantienen una indudable vigencia hasta nuestros días. Por validación entendemos, como criterio de verdad, la identidad fundamental de lo pensado y de lo real.
Dussel divide su libro en cinco partes. De la tercera nos interesan particularmente los capítulos 5 (Proceso de producción del capital; 5.3. Libertad, propiedad, reciprocidad) y 7 (Épocas de los “Modos de apropiación”; 12.1. Digresiones sobre el modo de apropiación; 12.4. La forma de apropiación capitalista).
Una vez vistos los preliminares o prolegómenos metodológicos de Marx (Cuaderno M de los Grundrisse), de la mayor importancia, podemos ir directamente al tema de nuestro interés: la propiedad.
¿Cómo es abordado desde la perspectiva filosófica y científica de Marx, en los Grundrisse, el tema de la propiedad? ¿Qué significa para él, y cómo se relaciona con otras, la categoría de la propiedad?
Luego de hacer en la Introducción una exposición de los objetivos de su ensayo, siguiendo la secuencia establecida por el propio Marx, Dussel se refiere a los contenidos del método. Los contenidos son las “determinaciones esenciales”: producción, plusvalía, trabajo, apropiación, sobre las cuales, sin confundir lo real con lo pensado, se irán construyendo las categorías que permitan el análisis dialéctico, material e intelectual, pasando de lo abstracto a lo concreto y otra vez a lo abstracto.
El punto de partida, que constituye el “descubrimiento central y esencial de la producción teórica” de Marx (Dussel) es el concepto de “plusvalor”. En los ocho cuadernos (los Grundrisse), iniciados en 1857, Marx habrá de construir un concepto con sus determinaciones constitutivas que será la “categoría” explicativa de todo lo demás: “El plusvalor que el capital tiene al término del proceso de producción… significa… que el tiempo de trabajo… objetivado en el producto es mayor que el existente en los componentes originarios del capital”. La génesis de este concepto se encuentra en los Grundrisse, para ser luego desarrollado en El Capital (I, 2, 4).
En cuanto a la producción, las determinaciones son:
Un sujeto que produce, que trabaja (la humanidad).
Un objeto trabajado, materia universal o naturaleza.
Un instrumento con el que se trabaja.
Un trabajo acumulado.
Siguiendo al Hegel de la Enciclopedia, Marx dice que “El capital es el momento en que la esencia en cuanto concepto está puesto”, determinaciones que en un primer momento “están sólo en sí”, y hasta en un segundo momento “devienen esencia”. Y otra vez se cita a Marx: “No existe intercambio sin división del trabajo…El intercambio privado presupone la producción privada”. Curiosamente aquí no se hace ninguna mención de la propiedad o apropiación privada, en cuanto tal. Aquí la pregunta: ¿No presupone toda producción o intercambio privados, necesariamente, una previa apropiación privada? ¿No implica también la división del trabajo, en una articulación lógica que busca lo esencial, una posesión o imposición o consenso sobre el fenómeno de la apropiación, es decir, de la propiedad privada?
Recordemos que la “esencia” para Marx, como para Hegel y para Aristóteles, es el “momento constitutivo”, la “forma” que asumen las “determinaciones esenciales de la cosa”. Más tarde Heidegger vendrá a puntualizar que la “esencia es la existencia” de la cosa. Es decir, que la esencia de una cosa no es lo que parece o aparece, lo que se esconde o guarda dentro de ella, sino su ser mismo como un ente, como un ser-allí puesto en el mundo.
En el Capítulo 2, al referirse al “método científico correcto”, se cita a Marx: “Lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto unidad de lo múltiple. Aparece en el pensar como proceso de síntesis, como resultado, no como punto de partida… El método consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto, de reproducirlo como concreto espiritual”. Hegel, dice Marx, “cayó en la ilusión de concebir lo real como resultado del pensar”. Para él, en cambio, “lo conocido (lo que está en la cabeza) no puede confundirse con lo real” (p. 49, Dussel).
El punto ahora consiste en saber hasta dónde Marx separa, distingue, combina, jerarquiza y reintegra las determinaciones, las ideas, los conceptos, las categorías. Al abordar los problemas del método, Marx no se detiene ni se interesa en construir una epistemología. El objeto de sus investigaciones es servirse de una ciencia nueva, la economía política, para comprender y explicar, para conocer y transformar las realidades sociales e históricas del moderno mundo capitalista.
Marx distingue lo real de lo pensado. El acto de la “abstracción” es analítico. El de la “concreción” es sintético. El considerar una parte como todo es la esencia de la abstracción. La “abstracción” produce una “determinación abstracta”.
La “determinación” es un momento real de la cosa. En tanto ese momento se abstrae, es un “concepto” que “reproduce” lo real, lo concreto. Es así un momento del pensamiento, un momento “conceptuado”, que Marx ejemplifica al hablar de la “abstracción de la categoría trabajo” como el “punto de partida de la economía moderna”. Las determinaciones se abstraen, pero igualmente se producen. La investigación de las determinaciones –afirma Dussel– es el “primer momento del método teórico para Marx”.
Marx no define lo que es una “categoría”. No obstante, es el tema central del “método”, cuestión que había tratado ya en La Miseria de la Filosofía. “La crítica ahora –dice Marx– acepta que es necesario tratar las “categorías” por su orden lógico y no histórico, pero no según un pretendido orden “eterno”, sino el que históricamente tienen en la sociedad burguesa” (Dussel, 55, 56). Y agrega: “Se trata de su articulación en el interior de la moderna sociedad burguesa”.
“Las determinaciones abstractas –afirma Dussel– en tanto definidas son “conceptos”, y en cuanto “instrumentos” o “mediaciones” interpretativas son “categorías”. El orden que guardan entre sí las categorías es el mismo orden real que guardan las determinaciones como momento de la realidad de la sociedad burguesa concreta” (p. 57).
Marx será “sumamente cuidadoso en la construcción de las categorías y el establecimiento de su orden”, afirma Dussel. ¿Y cuál es ese orden? Ese orden sería, según el “Proto-plan”, en primer lugar las “determinaciones abstractas”; en segundo lugar las “categorías”; su criterio de ordenamiento son las “tres clases fundamentales: burguesía, proletariado, propietarios rurales”. En relación con ellas aparecen: el capital, el trabajo asalariado, la propiedad territorial.
Para Marx el ubergang es el “pasaje” de una categoría a otra, de las más simples y abstractas a las más complejas y concretas. La “conclusión” de Marx es aquí –según Dussel– muy importante. “El resultado al que llegamos no es que la producción, la distribución, el intercambio y el consumo sean idénticos, sino que constituyen las articulaciones de una totalidad, diferenciaciones dentro de una unidad” (p. 46). Las totalidades-unidades –decimos nosotros– son siempre procesos y dinámicas abstraídas, diferenciadas, de las realidades concretas. La percepción, determinación y conceptualización de realidades concretas , o momentos de lo real, llevan a la construcción de categorías para el análisis y la síntesis lógico-histórica de lo real y de lo pensado. Estamos ante el ciclo de lo concreto-abstracto-concreto, ¿o viceversa?, de lo abstracto-concreto-abstracto.
Y en todo esto, ¿dónde queda el asunto de la propiedad o apropiación? Aparentemente Marx se refiere primero a la “propiedad de la tierra” como resultado de la “división del trabajo”. Pero –decimos nosotros–, ¿no sería la “apropiación del trabajo” de otros el dato más originario y anterior a la “apropiación de la tierra” lo que determina lógicamente la articulación de los “momentos” de la organización social de la producción?
El trabajo es “laboriosidad” social y es también “concepto” que abstrae sus “determinaciones” esenciales. El hombre, para su subsistencia, no trabaja solo sino en sociedad. Pensar en el trabajo aislado sería tanto como pensar en el individuo aislado (Robinson). Todo trabajo es, por necesidad, social. ¿Cómo apropiarse de la tierra sin apropiarse del trabajo de otros sobre la tierra? ¿Cómo ser propietario de bienes y de cosas, sin ser propietario del trabajo que las crea, excluyendo y dominando a otros posibles propietarios? ¿Cómo dividir el trabajo sin imponer una división de clases sociales entre propietarios y no propietarios, mediante la ley, el consenso o la fuerza?
Según Dussel, el orden del movimiento dialéctico de las categorías (“momentos hermenéuticos esenciales del método”) se genera en La Miseria de la Filosofía, luego pasa a una profunda revisión en los Grundrisse (Cuaderno M), y de allí a El Capital. En el Cuaderno II aparecerá el primer plan en seis partes: 1. Concepto general de capital; 2. La propiedad de la tierra; 3. El trabajo asalariado; 4. El Estado; 5. El comercio exterior; y 6. El mercado mundial.
Ya que no existe explícitamente una ubicación del tema de la propiedad, hecha por el propio Marx, como una entre otras categorías de análisis, se hace necesario reconocer e identificar el asunto de la “apropiación” en el conjunto de la obra marxiana, tomando como referencia las partes dedicadas por Dussel a esta problemática en la Tercera Parte, Capítulos 5 y 7 de “La Producción Teórica de Marx”.
Al iniciar la Tercera Parte, Capítulo 5, “igualdad, Libertad, Propiedad”, Dussel transcribe una cita del “I Manuscrito del 44” por demás adecuada para el desarrollo de nuestra temática: “La economía política –dice Marx– parte del trabajo como del alma verdadera de la producción, y, sin embargo, no le da nada el trabajo y todo a la propiedad privada” (p. 116; p. 520; Dussel, p. 109).
Aquí se refiere Marx, desde luego, a una interpretación ideológica de la ciencia económica burguesa, que confunde el nivel abstracto con el concreto-real. Pero lo que interesa es destacar el lugar que le reconoce al trabajo.
Abstractamente considerados los sujetos que intercambian, mantienen una relación de igualdad. Son iguales, en tanto que sujetos de mercancías intercambiables. Pero la economía burguesa, en su carácter de “ideología”, “oculta la desigualdad” entre propietarios del capital y vendedores de su trabajo.
Algo equivalente ocurre con la “libertad”. Dos sujetos “iguales” intercambian en “libertad”. “Nadie se apodera de la propiedad de otro por la violencia. Cada uno enajena la misma voluntariamente” (181,43-182,6;155-16-24; Dussel, p. 114). Así, la economía política burguesa “pretende que el capitalismo permite al mismo tiempo una igualdad y libertad total de los individuos, y un respeto absoluto a la propiedad de los productos del trabajo que se intercambian” (Dussel, p. 115). Ideas “puras”, meras “expresiones idealizadas” del intercambio –dirá Marx– al desarrollarse en “relaciones jurídicas, políticas y sociales” (183, 12, 14). Y va aún más lejos: “La propiedad privada del producto del propio trabajo se identifica con la separación de trabajo y propiedad. De este modo el trabajo será igual a crear propiedad ajena y la propiedad, a dominar trabajo ajeno” (174, 13, 18; 148, 32, 37).
Los “individuos ya no se vinculan entre sí meramente como sujetos del intercambio…sino que establecen entre sí relaciones determinadas” (185, 35, 40). Ambos sujetos aparecen como iguales, “siendo en realidad (no abstracta sino concretamente) desiguales, determinados por una historia de posesión del producto del trabajo del otro y desposesión del propio producto del trabajo” (Dussel, p. 116). Y aquí el remate en palabras de Marx: “El deseo de que el valor de cambio no se desarrolle en capital, o que el trabajo que produce valor de cambio no se vuelva trabajo asalariado, es tan piadoso como estúpido” (187, 20, 23).
A pesar de todo, dice Dussel, en los Grundrisse no se puede hablar todavía de una “ley de apropiación” cuya expresión es posterior. Aquí concluye una fuerte, sólida argumentación que ya Marx había expuesto en “La Cuestión Judía”.
Por cuanto a la ley de apropiación, Marx hace el análisis del proceso que sufre el trabajo vivo hasta convertirse en capital. En el proceso de producción el trabajo se “aparta de sí mismo…como realidad ajena…se pone a sí mismo como capacidad de trabajo privada de sustancia, provista meramente de necesidades y enfrentada a esa su realidad alienada, que no le pertenece a ella sino a otro; el trabajo no pone a su propia realidad como ser para sí, sino como mero ser para otro… como ser otro, o ser del otro opuesto a él mismo” (Marx, 414, 38; Dussel, p. 212).
Sobre este punto Dussel cita a Rosdolsky (p.216) respecto a la cuestión del “trastocamiento (o inversión) de la ley de apropiación”, no obstante que éste se ha saltado olímpicamente “la cuestión de la desvalorización”.
Otra cita de Marx: “Esta separación absoluta entre propiedad y trabajo… entre trabajo objetivado y trabajo vivo, entre el valor y la actividad creadora de valor… esta separación preséntase ahora también como producto del trabajo mismo”. El capital se las arregla –dice Dussel– para que el trabajo vivo produzca “la riqueza ajena y la pobreza propia”.
Con ello se ha “trastocado la apropiación: el trabajo ha puesto ante sí algo ajeno”. “El capital no pone nada: el trabajo pone todo. Ahora es el capital –trabajo objetivado– el que ejerce el ‘dominio’ y la ‘propiedad’ sobre el trabajo vivo” (p. 218).
Aquí cobra todo su sentido el concepto de “subsunción”, que mucho pondera y enfatiza Dussel. “Ahora el capital ha logrado la condición de “riqueza imperecedera”, ya que ha logrado apropiarse (realización del capital por la propiedad del trabajo comprado) de la fuente creadora de todo valor (trabajo que se desrealiza al ser subsumido por el capital, p. 219).
Dussel cita nuevamente a Marx: “El derecho de propiedad se invierte dialécticamente: del lado del capital, en el derecho al producto ajeno o en el derecho de propiedad sobre el trabajo ajeno…; y del lado de la capacidad de trabajo en el deber de comportarse frente a su propio trabajo o su propio producto, como si estuviera ante una propiedad ajena” (Marx, 419, 8-14; 361, 37-43).
Aquí Marx muestra el fundamento de la ética kantiana y aún hegeliana. El “bien supremo”, la unidad entre la felicidad empírica y la virtud, sólo puede darse para el propietario del capital, que puede ser “virtuoso y feliz”. El trabajador, en cambio, debe cumplir por deber la virtud: “buen obrero aunque infeliz”. El capitalista tiene el derecho o la propiedad sobre la felicidad porque tiene “derecho de propiedad sobre el trabajo ajeno”. El obrero tiene el deber de trabajar, porque ha perdido la propiedad de su trabajo, de su producto y del goce de la vida” (Dussel, p. 220).
“Este trastocamiento es un invertir el sentido real de la propiedad: ahora tiene derecho a la propiedad el que roba; y el que trabaja ya no tiene derecho sobre su trabajo ni sobre su producto”.
Dussel cita dos enunciados de la “ley de apropiación” –fundamento de la ideología capitalista y, por otra parte, natural y universalmente aceptada:
“La primera ley consiste en la identidad del trabajo con la propiedad”.
“La segunda ley (inversión de la anterior) consiste en el trabajo como propiedad negada o en la propiedad como negación de la ajenidad del trabajo ajeno”. Por ello, se concluye: “El proceso de valorización es un proceso de apropiación” (p. 221).
Notas
1 Enrique Dussel; La producción teórica de Marx. Un comentario a los *Grundrisse*, Siglo XXI; 1985; 421 pp.
2 Eric J. Hobsbawm; Formaciones económicas precapitalistas; Siglo XXI; 1971; p. 11.















