A fines del pasado año recibí un manuscrito para editar, de parte del amigo Charles Brewer Carías, ampliamente reconocido naturalista, explorador de la naturaleza venezolana, gran conocedor de esa región denominada Pantepui. Aquel borrador, parte de su nuevo libro sobre Canaima, nos habla de Sir Walter Ralegh (1552-1618) y sus “perros del mar,” aventureros y comerciantes ingleses, quienes a las órdenes de la Reina Isabel I (1553-1603) de Inglaterra e Irlanda, practicaron la piratería y el corso, contra naves y territorios del Imperio Español.

En lo personal, tiendo a jactarme de haber leído y escuchado numerosas anécdotas e historias sobre Caracas y Venezuela. Libros ya perdidos, y un buen lote que aún poseo, y están a la mano en mi biblioteca, pareciera demostrarlo. Sin embargo, me sorprendió gratamente una anécdota narrada por Charles en ese capítulo, acerca de un muy interesante personaje, Alonso Andrea de Ledesma, el viejo (c.1523-1595). Jamás la había escuchado, y si lo hice, desafortunadamente, no le presté mayor atención.

Personaje histórico completamente identificado y documentado por fuentes fidedignas, de Ledesma fue uno de los conquistadores que entraron con Diego de Losada (1511-1569), para fundar la ciudad de Santiago de León de Caracas. También formaría parte de la hueste de Francisco Ruiz (Diego Ruiz de Vallejo) (¿?-1595) descubridor del valle de Boconó, repoblando la ciudad de Trujillo en el estado que hoy lleva el mismo nombre. También fue uno de los fundadores de El Tocuyo. Tiempo antes, de Ledesma habría sido partícipe y protagonista en la derrota de Lope de Aguirre (1511-1561), apodado El Tirano Aguirre, por su crueldad hacia indígenas y todo aquel quien se le opusiera.

Mario Briceño Iragorry (1897-1958), intelectual y escritor venezolano, supo de la anécdota sobre de Ledesma, narrada por el obispo Oviedo y Baños en su crónica de la visita a la provincia de Venezuela a fines del siglo XVIII. Habla esta sobre la desmesura que hace a la grandeza humana. Asume Briceño Iragorry a de Ledesma como un símbolo de la integridad y dignidad del caballero. Lo trata como héroe, equiparándolo a los de la independencia gracias al amor a la tierra a la cual dedicó años de su vida y su último respiro. Termina definiéndolo como “… nuestro quijote, (…) un quijote de carne y hueso”.

El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha (1605) y Segunda parte del ingenioso caballero don Quixote de la Mancha (1615) es, en conjunto, la obra más destacada de la literatura española. Es la primera novela que pudiéramos llamar moderna y una de las más importantes de la literatura universal, solo superada en ediciones y traducciones por la Biblia.

Su autor, Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), “príncipe de los ingenios”, nativo de la complutense Alcalá de Henares1, ya era un hombre de edad avanzada al publicar la primera parte de esta magistral pieza. Llevaba 20 años sin publicar nada, vivía de manera modesta. Su vida no era exactamente feliz, habiendo visitado la cárcel un par de veces, excomulgado también. Mutilado de guerra, padeció una injusta persecución. Para rematar, no había tenido mayor éxito como escritor y tenía sobradas razones para criticar a la sociedad española de sus tiempos. Aquella España de la contrarreforma, la inquisición y la intolerancia religiosa. Según Francisco Pérez de Antón, el magno opus de Cervantes representa la ética humanista de su autor, también critica de una cultura “fundada en dos suposiciones: la superioridad del católico sobre el musulmán y el judío, y la primacía del aristócrata sobre el hombre común, el artesano y el campesino”.

Este relato de Cervantes narra las aventuras de Alonso Quijano, lector apasionado de novelas de caballería, quien decide convertirse en caballero andante para ayudar a los que no pueden defenderse. Se arma con viejas armas de su familia y se nombra don Quijote de la Mancha, eligiendo para su caballo Rocinante. Se enamora de la campesina Aldonza Lorenzo, a quien llama Dulcinea del Toboso.

En su primera salida, llega a una venta que confunde con un castillo y pide ser armado caballero. Tras una falsa ceremonia, se siente investido de su nuevo título. Defiende a un labrador, pero luego es golpeado por mercaderes. Un labrador lo lleva de regreso a su hogar, donde sus amigos destruyen o esconden sus libros de caballería.

Convierte a Sancho Panza, labrador vecino, en su escudero, y emprenden nuevas aventuras. Confunde molinos de viento con gigantes y defiende a una mujer que cree que está cautiva. Sancho es nombrado gobernador por una noche. Después, Don Quijote enfrenta otros desafíos y finalmente, un caballero disfrazado lo vence, obligándolo a regresar a su pueblo. Alonso Quijano morirá eventualmente en paz.

Don Quijote de la Mancha convirtió a Cervantes en uno de los escritores más famosos de la literatura universal. Hoy, el idioma español es frecuentemente mencionado como “la lengua de Cervantes”. La Real Academia Española (RAE) adoptaría la palabra “quijotesco/quijotesca”, entre otras cosas, para describir a alguien que actúa de manera altruista, desinteresada o que antepone sus ideales a su conveniencia.

Durante aquellos días en que el pirata (para los españoles) y explorador (para los ingleses) Ralegh capturaba a Don Antonio de Berrío (1527-1597) en Trinidad, para eventualmente dirigirse a la capitanía general de Venezuela en busca de la ciudad de Manoa, el Lago Parima y el Hombre Dorado, Amyas Preston (¿?-1609) y George Somers (1554-1610), otros “Perros del Mar”, decidían no reunirse con él. Seguirían por la Costa para asaltar las ciudades que encontraran en el camino. En ruta hacia La Guayra, desde Cumaná y Coche, los españoles en Caracas ya se habían enterado de la pronta y no deseada visita de estos facinerosos.

Apertrechados por días en el “Camino de los Españoles”, la vía más expedita hacia la ciudad de Caracas, los defensores de la ciudad esperaban a los piratas ingleses, intentando sorprenderlos. Aparentemente, un indígena que acompañaba a los ingleses desde su toma de Cumaná le indicaría a Preston una antigua ruta que comunicaba a Macuto con Caracas, entrando a esta por la quebrada de Chacaíto. Dicha ruta, a la entrada de la montaña, poseía un pequeño fuerte a manera defensiva, para desalentar a visitantes no deseados. Algunos autores indican que en este viejo fuerte había quedado un viejo soldado apellidado Villapanda, quien, capturado, guiaría a los hombres de Preston hasta llegar a Caracas.

El viejo camino, de origen indígena, era tan estrecho que casi nadie lo utilizaba. Pasando aquel fuerte, tan solo habría que caminar poco más de una decena de kilómetros. Esto implicaba, sin embargo, subir hasta la cumbre de la montaña, para bajar luego a la ciudad. Varios de los hombres de Preston se desmayaban por el forzado ascenso, pero finalmente unos 200 a 300 hombres armados llegarían a la ciudad, la cual no presentaría ninguna resistencia.

Informado de la invasión de los filibusteros de Preston, el anciano caballero Alonso Andrea de Ledesma, para ese momento alcalde y corregidor de Baruta, vistió sus antiguos yelmo y coraza. Nos lo relata el escritor neogranadino José Oviedo y Baños,

(…) de edad crecida (…) aconsejado, más por la temeridad, que, por el esfuerzo, montó a caballo, y con su lanza, y adarga salió a encontrar al corsario, que, marchando con las banderas tendidas, iba avanzando la ciudad.

Es así como, Montado en su jamelgo, fue a plantarse frente al invasor, armado de valor y su oxidada lanza. Palabras más, palabras menos, le gritaría a Preston y sus hombres, algo así como “Oíd bien, perro del mar, has encontrado a mi ciudad desguarnecida, pero no la tomareis sin combatir, ¡… estoy aquí para defenderla!”. Cargando al galope contra los corsarios, gritando “¡Santiago y Cierra España! Preston gritó. ¡Que nadie lo toque, lo quiero vivo!”. Pero de Ledesma ya había clavado su lanza en uno de los piratas, matándolo al instante, y trotaba en su caballo, clavando su lanza e hiriendo a varios más. “¡Dispárenle! Pidió Preston”. Sonó el estruendo de un arcabuz, derribando al jinete, quien cayó muerto en el acto.

Una vez derribado de su flaca montura, el flaco caballero, bajo las nubes de mayo que parecían presagiar la mala hora que se le aproximaba a la villa frente a la serranía del norte, Preston se le acercó ordenando quitarle el yelmo. Se sorprendería el corsario al ver que el valiente caballero era de barba y cabello blanco, un anciano. Preston ordenaría a sus hombres limpiar el cadáver, colocarle su escudo, proveerle un digno funeral y enterrarlo con honores.

Consta por recibos y vales manuscritos del cura, que Alonso Andrea fue sepultado en la iglesia mayor de la ciudad con velorio y funerales. No habría podido darse este oficio religioso sin la anuencia de Preston, ya que sus tropas, para esas fechas, ocupaban la ciudad, y Preston usaba la iglesia mayor como cuartel general.

En 1595, Cervantes se encontraba preso en Sevilla, al no poder pagar ciertas deudas. Durante ese año ganaría una competencia de poesía en Zaragoza. Aunque algunos autores afirman que la historia de de Ledesma se quedó en la crónica local de aquella Caracas, otros sostienen que a lugares como Sevilla llegó no solo la información de los piratas que tomaron la ciudad, sino también la del valeroso caballero que los enfrentó.

Hoy sabemos que Cervantes se inspiró en personajes reales, hidalgos y obras literarias para escribir Don Quijote de la Mancha. El escritor español Javier Escudero Rodríguez afirma que Cervantes se inspiraría, en primera instancia, en el hidalgo manchego Alonso Manuel de Ludeña,

(…) quien conoció a Cervantes porque arrendó tierras a Lope de Vivar Salazar (cuyo hijo fue el heredero de Cervantes y su esposa Catalina cuando murieron sin descendencia) y vendió otras a Gabriel Quijada de Salazar (hijo de Alonso Quijada, casero de Cervantes y de quien se considera que Cervantes tomó el nombre de su libro).

El escritor Eduardo Casanova Sucre, poeta, periodista, pedagogo e historiador, escribió la obra “El Camino de Ledesma,” en la cual cuenta, de manera novelada, la historia de Alonso Andrea de Ledesma. Lleva años investigando todo sobre el valiente “Caraqueño”. Al igual que Briceño Iragorry, quien considera a de Ledesma un héroe, casi al mismo nivel de quienes lucharon por la independencia del país, Casanova afirma que Cervantes debe haber escuchado o leído sobre el personaje, ya que Sevilla era centro receptor de información que provenía del Nuevo Mundo.

El crítico literario y narrador venezolano Carlos Sandoval no pone “en duda que Cervantes hubiera escuchado esta historia, pero no hay ninguna certeza de que haya sido así”. Igualmente, el historiador venezolano Tomas Straka, asegura que

(…) aunque es posible que Cervantes hubiera escuchado lo ocurrido en Caracas, (…) también es muy cierto que el Quijote representa a un tipo particular de español de aquellos tiempos y una manera inusual de ver la vida (…) Probablemente, Cervantes tuvo muchos Alonsos Andrea de Ledesma en España para inspirarse.

Notas y bibliografía

1 Al respecto, los invitamos a leer nuestro artículo Cervantes y cigüeñas en Alcalá, España.

Alonso, J.F. (2023). Quién fue Alonso Andrea de Ledesma y por qué se le considera el Quijote caraqueño. BBC News.
Anónimo. (2022). Un investigador descubre quién era el informante que permitió escribir el Quijote. El español.
Arráiz Lucca, R. (2013). Venezuela: 1498-1728. Conquista y Urbanización. Caracas: Editorial Alfa. 186 pp.
Brewer Carias, C. (2025). Canaima. Camino hacia El Dorado. Caracas: Fundación Explora. 348 pp.
Briceño Iragorry, M. (1972). El Caballo de Ledesma. 3ra ed. Caracas: Monte Ávila Editores. 153 pp.
de Oviedo y Baños, J. (2004). Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela. Caracas: Biblioteca Ayacucho. 465 pp.
Fundación Polar (ed.). (1997). Diccionario de Historia de Venezuela. 2a ed. Vol. 3. Caracas: Fundación Empresas Polar. 1207 pp.
Londoño Franco, J. (2023). Quijote caraqueño. EJE21.
Manara, B. (1998). El Ávila. Biografía de una montaña. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana. 256 pp.
Pérez de Antón, F. (2004). La lección Moral de Cervantes. CEES – Tópicos de Actualidad, 44: 1-16.