En el pasado artículo escribí sobre cómo la cultura popular y la violencia y el crimen mantienen una relación bidireccional en la que se inspiran y retroalimentan entre sí. Y, tras comentar y revisar algunos de los casos más sonados en los que criminales actuaron inspirados por películas, terminé añadiendo que el cine puede incluso inspirar suicidios.

En el tercer episodio de la cuarta temporada de la serie CSI: Las Vegas titulado Homebodies y estrenado en 2003, un hombre se suicida tratando de hacerlo pasar por una ejecución atando a unos globos de helio el arma con la que se quita la vida. Al disparar, el arma queda suspendida por los globos, va subiendo poco a poco y desaparece de la escena del crimen empujada por el viento.

Años más tarde, en verano de 2008, Thomas Hickman, un empresario de la hostelería de Nuevo México, apareció muerto en el desierto. El cuerpo de Hickman se halló con la boca tapada con cinta adhesiva y con un tiro en la nuca. Todo parecía apuntar a una ejecución clásica y canónica: cinta, tiro en la nuca y en medio del desierto.

Sin embargo, a pocos metros de la escena del crimen se encontró algo que conectaba directamente con el capítulo de la serie policiaca. En un cactus cercano se encontró un manojo de globos pinchados y una pistola atada a la cuerda de estos.

La vinculación entre el caso real y el ficticio no tardó en llegar y rápidamente la policía asumió que se trataba de un suicidio y no de una ejecución, y que la supuesta escena del crimen estaba simuladastaged—. Pero ¿por qué alguien intentaría hacer pasar por un asesinato su suicidio? ¿Una broma macabra tal vez?

Lo cierto es que cada persona y cada caso concreto de escenas simuladas responden a una razón en concreto. Generalmente suelen darse en sentido inverso y los criminales tratan de camuflar su asesinato haciéndolo pasar por un suicidio. La policía no tardó en descubrir qué motivó a Hickman a acabar con su vida y fingir que había sido ejecutado: el empresario tenía un seguro de vida de 400.000 dólares que su mujer recibiría en caso de fallecimiento. Solo había una excepción: si el asegurado se suicida, no se concede la indemnización.

Afortunadamente, hoy en día la salud mental está dando pasos de gigante y existe todo un debate académico y jurídico sobre si el suicidio debe o no excluirse de las coberturas de las pólizas de vida. Pero eso da para otro artículo.

El motivo por el que he expuesto este caso es porque es un ejemplo perfecto de dos cosas:

  1. De la relevancia de la cultura popular y audiovisual en relación con el crimen y la investigación.

  2. La necesidad de implementar una técnica como la “autopsia psicológica”.

La autopsia psicológica es una técnica similar al perfil psicológico o criminal (a veces es lo mismo, pero con diferente enfoque y objetivos) que, en el caso de Hickman, buscaría esclarecer el origen de una muerte.
Es importante distinguir entre la causa fisiológica de la muerte, es decir, asfixia, shock anafiláctico, traumatismo, desangrado…, y el origen de esa causa fisiológica. El porqué. En el caso de Hickman la causa de la muerte era clara: un disparo en la nuca. Lo que costó más tiempo y esfuerzo fue averiguar el porqué de ese disparo en la nuca.

Es ahí, y especialmente cuando existen indicios de escena simulada, cuando el investigador tiene que aplicar la técnica de la autopsia psicológica. Estos son algunos de los factores a los que debe prestar atención el investigador a la hora de realizar la autopsia psicológica.

Notas de suicidio y otros textos escritos por la persona fallecida

La existencia o no de notas de suicidio puede arrojar información vital para la investigación. Primero por su propio contenido y segundo por la forma en la que está escrito el texto. Los investigadores pueden realizar análisis lingüísticos o caligráficos comparativos con otros textos del fallecido para comprobar si la nota de suicidio está escrita por esa persona o por alguien suplantándola.

Relaciones personales

Amistades, parejas, enemistades, compañeros de trabajo, estados de ánimo y factores estresores como deudas, desempleo, rupturas amorosas, fallecimientos de seres queridos….

Consumo cultural previo a la muerte

El caso de Hickman no es una excepción. Son muchos los casos en los que se ha realizado una autopsia psicológica y el origen de la muerte se ha esclarecido gracias a libros, películas u otros productos culturales que la persona había consultado poco antes de fallecer. María Dolores Yeste y la Biblia, o Mario Miralles con La vida de David Gale son otros dos ejemplos claros.

Errores de inconsistencia

Probablemente uno de los puntos más importantes. Los errores de inconsistencia son todos aquellos elementos que rodean una muerte y a una persona fallecida y que no concuerdan con el estilo de vida, la personalidad o los conocimientos de la víctima. Si alguien aparece muerto rodeado de botellas de alcohol vacías en una escena que invita a pensar que ha consumido alcohol y drogas, pero la persona era conocida por ser abstemia, sana y deportista, nos encontraríamos ante una inconsistencia.

Otro tipo de inconsistencias va vinculado a la propia causa fisiológica de la muerte. Si la muerte se ha producido por una estimulación excesiva del nervio vago y la persona fallecida carecía absolutamente de conocimientos médicos y fisiológicos, se debería descartar el suicidio y apuntar al asesinato o la muerte accidental.

La autopsia psicológica es una herramienta que trasciende las muertes dudosas y las escenas simuladas. Es una herramienta psicológica que fuera de la investigación criminal también se emplea para el tratamiento de víctimas y como herramienta terapéutica para personas que han intentado quitarse la vida.