Empecemos por definir uno de los conceptos más populares de los últimos años: La Inteligencia Artificial es una rama de la informática que intenta reproducir las funciones cognitivas e intelectuales humanas, como el razonamiento, la memoria, el lenguaje y la toma de decisiones, para que mediante el uso de combinaciones de algoritmos, se le pueda transferir a los ordenadores cierta responsabilidad para realizar tareas (Bourcier, 2003).

Los orígenes de esta disciplina remontan —incluso antes del uso de la electricidad— a la invención de las primeras máquinas calculadoras, que ya funcionaban con algoritmos para realizar sumas y multiplicaciones de manera automática.

No fue sino hasta poco antes de la primera mitad del siglo XX cuando el matemático Alan Turing creó su célebre Máquina de Turing, que establece las bases de la computación, del concepto de algoritmo moderno y de la entonces llamada inteligencia maquinaria.

Al poco tiempo, se realiza el histórico Seminario de Dartmouth College, en 1956, donde científicos e investigadores de todo el mundo se reunieron para debatir temas de cibernética y teorías de los autómatas.

Fue en este seminario donde se pronunciaría por primera vez la locución inteligencia artificial (IA), por lo que el evento es considerado: el germen de esta disciplina.

Además, se discutieron las suposiciones básicas del núcleo teórico de la inteligencia artificial:

  • El reconocimiento de que el pensamiento puede ocurrir fuera del cerebro, es decir, en las máquinas.

  • La presuposición de que el pensamiento puede ser comprendido mediante el método científico.

  • La conjetura de que cada aspecto del aprendizaje y de la inteligencia humana podría ser tan precisamente descrito que se podrían crear máquinas capaces de simularlo.

Inteligencia artificial / inteligencia humana

Desde hace más de tres décadas la IA convive con los humanos de forma cotidiana y difícilmente puede considerarse una amenaza tangible para la vida. Todo lo contrario. Aun así, algunos continúan asociándola erróneamente con el imaginario de la ciencia ficción, androides rebeldes y Terminator en una lucha apocalíptica contra la humanidad.

Nada más alejado de la realidad. La IA está presente para ayudar en numerosos aspectos de la vida moderna: tarjetas bancarias, códigos de barras, servicios de paquetería, pronósticos meteorológicos, correos electrónicos, redes sociales, cámaras fotográficas del celular, desarrollo de medicamentos, Google Maps, e inclusive el corrector ortográfico de Word que estoy utilizando al escribir este artículo: son algunos de muchos ejemplos.

Imagine cómo sería su vida en pleno 2026 sin la ayuda de la IA. Imagine un día sin corrector de palabras en WhatsApp ni filtros en las fotos de Instagram. Eso sí sería aterrador, ¿no?

La manera en que operan las IA varía según la función de sus objetivos. No obstante, todas tienen un factor en común: el manejo de datos.

Para que un sistema de IA funcione eficientemente, esta depende de la información que se le suministre de antemano. Es decir, funcionan procesando y analizando grandes cantidades de datos que el humano le proporciona y con esta información, aprenden patrones, relacionan datos, toman decisiones y generan respuestas en forma de lenguaje o textos.

Existen IA que su objetivo es ser herramientas creativas, como pueden ser las generadoras de imágenes y videos, como PicLumen o LeonardoIA.

De igual forma, existen algunas diseñadas para crear música: AIVA, Suno o Soundful son algunos ejemplos.

Definiendo la música

En su sentido más elevado, la música es la manifestación sensible del orden y la proporción, expresada mediante sonidos regidos por los números, capaz de armonizar el alma humana y reflejar el equilibrio del cosmos.

En el pensamiento clásico griego, la palabra música, “μουσική” (mousiké), significaba sonido, pero también el conjunto de artes guiadas por las Musas: música, poesía, danza, palabra y memoria.

En la mitología griega, las Musas son hijas de Zeus y Mnemosine (diosa de la Memoria). Representan las fuerzas divinas de la inspiración intelectual y artística y presiden disciplinas como la música, la poesía, la danza, la historia y la ciencia. Las musas no crean la obra del artista, sino que despiertan y ordenan su pensamiento, permitiéndole acceder a la verdad, la belleza y el sentido.

Generative - Pre-trained - Transformers (GPT)

Aunque es verdad que las IA operan en función de sus objetivos, Chat GPT sobresale como una de las más utilizadas con los fines más diversos, dada su versatilidad y masiva capacidad de procesar información.

En palabras de Bill Gates, en 2022 Chat GPT “cruzó un umbral mágico al tener la capacidad de leer y escribir inteligentemente por primera vez”.

En ese momento, el ChatGPT ya era capaz de responder correctamente a 59 de 60 preguntas en una prueba de conocimientos de biología a nivel de licenciatura. Además, atestigua Bill Gates, el Chatbot ofrecía la respuesta correcta en cuestión de milisegundos, y también argumentaba el porqué de su respuesta.

Desde 2025, Chat GPT es un chatbot que puede ver, oír, hablar, escribir y generar imágenes.

Vale señalar que el proceso de las IAs, como ChatGPT u otras, no es buscar información o imágenes en Google y luego hacer rápidamente copy/paste. Sino que, a cada consulta o petición, procesan millones de multiplicaciones con su enorme base de datos para generar una solución a la tarea solicitada.

Además, a través de la interacción, con el usuario, generan aprendizaje por refuerzo con retroalimentación humana (RLHF, por sus siglas en inglés), que es la piedra angular del proceso de corrección y afinación de las respuestas.

A pesar de estas capacidades, recientemente aprendí que Chat GPT no comprende uno de los lenguajes más antiguos y fundamentales del ser humano: la música.

En marzo de 2025 cursé un taller sobre educación y pedagogía moderna de la música, y fue para mí una sorpresa escuchar que el reconocido pedagogo finlandés, Kalle Kataja, mencionara que “ChatGPT es una buena herramienta auxiliar en la pedagogía, pero no para la música, porque no la entiende”.

Quise probarlo por mí mismo

Le pedí a Chat GPT que hiciera para mí una imagen de una escala de do mayor en clave de sol. Tarea básica que un pequeño estudiante de corta edad pudiese hacer en sus primeras clases de guitarra.

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Con un poco de conocimientos musicales se puede apreciar que, en efecto, la famosa IA tiene dificultades para escribir una partitura musical.

También quise probar lo opuesto. Le pedí que leyera una partitura para mí.

Le di imágenes de fragmentos musicales para que los “viera” y el resultado fue muy parecido al anterior: no fue capaz de entender ninguno de los 5 ejemplos que le pedí que me describiera. Mostró errores, que, lastimosamente, me llevarían a desacreditarlo en un examen de música de nivel medio superior.

En efecto, ChatGPT no entiende de música… Aún.

Flow GPT

Con un aparente tono de sátira, pero bien logrado, fue el lanzamiento del prototipo de artista basado en tecnología IA, llamado en su canal de YouTube como Flow GPT (Generador Pre-entrenado de Temazos), que en 2023 entregó un demo premezclado de música titulado NostalgIA.

Esta pieza musical, creada totalmente con inteligencia artificial, participaron las réplicas de las voces de Justin Bieber, Daddy Yankee y Bad Bunny.

La obra musical no pasó desapercibida y llamó la atención de las redes sociales y de muchos fans de Bad Bunny, incluso, el artista puertorriqueño se vio obligado a pronunciar, públicamente, su enfado por dicha imitación digital.

Difícil decir qué suena mejor, si el verdadero Bad Bunny o su réplica artificial.

El creador de Flow GPT, Mauryceo, respondió a los señalamientos, argumentando que el futuro ya estaba aquí y que su música creada con IA tiene el propósito de componer éxitos globales de los artistas del momento, atrayendo la atención de los cantantes para que interpreten los temas “realmente” y los transformen en un hit mundial.

“MúsicaConIA”

Otra propuesta interesante de música creada con inteligencia artificial que he escuchado recientemente es el contenido de un canal de YouTube llamado “MúsicaConIA”.

El canal cuenta con obras de lo más diversas, desde sinfonías de música clásica, piezas en diferentes lenguajes y hasta fusiones casi inimaginables antes de la IA, como música élfica combinada con techno o canciones en griego micénico, que relatan la historia de Troya y Aquiles.

Tuve la oportunidad de charlar con los creadores de este canal y les agradezco que hayan dado respuesta a algunas de mis inquietudes acerca de las IA y la música.

Les transcribo parte de la entrevista:

¿Cómo generan los audios?

Todo comienza con algo llamado prompt, que es básicamente una descripción escrita que le damos a la inteligencia artificial para indicarle lo que queremos crear: el estilo musical, el estado emocional, los instrumentos, el ritmo e incluso una historia o escena.

Actualmente, trabajamos con distintas inteligencias artificiales para crear nuestra música, cada una con sus puntos fuertes. Entre ellas, Suno destaca como una de las más potentes y versátiles —si no la mejor— para la creación musical.

En nuestro caso, comenzamos a conectar varias inteligencias artificiales mediante nuestra mediación. A veces, son 4 o 5 IA colaborando en un mismo proyecto para conseguir el resultado que buscamos.

¿Qué papel tiene el ser humano en la creación musical con IA?

Aunque pueda parecer que todo está automatizado, la realidad es que en nuestro caso concreto hay muchísimo trabajo humano detrás. Podemos pasar muchas horas editando un solo video, tanto en lo musical como en lo visual.

Además, no se trata solo de elegir: a veces componemos letras originales y la IA nos ayuda a convertir esas ideas en canciones que, de otro modo, nunca habrían visto la luz. No todos tenemos una gran voz, pero sí ideas y melodías en la cabeza, y la IA nos permite materializarlas. Por eso, la sensibilidad, el criterio y la edición humana son fundamentales: sin todo eso, el resultado no tendría el mismo impacto.

¿Cómo trabajan la parte emocional?

Mucha gente cree que la música con IA no tiene sentimiento. Nosotros creemos que sí, porque la IA aprende de la emoción humana, las interpreta y las reconstruye en nuevos formatos. Solemos compararla con un niño o niña talentoso para la música, que aún está aprendiendo, pero ya demuestra una sensibilidad enorme. La selección musical y la dirección creativa son clave para guiar ese talento.

¿Existe rechazo hacia la música de IA?

Sí, es normal. Cualquier gran avance genera resistencia. A veces lo comparamos en broma con el descubrimiento del fuego: algunos se quemaron la mano y lo evitaron, mientras que otros lo usaron para cocinar o calentarse. La IA puede usarse bien o mal.

¿Existe la posibilidad de que las IA generen audios con errores? De ser así, ¿qué aspecto musical tiende a ser una debilidad de la IA? ¿El ritmo, la armonía, la melodía, la letra o algún otro?

Sí, como cualquier herramienta creativa (al igual que un ser humano), la IA puede cometer errores. En casos aislados, nos hemos encontrado con canciones que se cortan abruptamente y de repente, en lugar de continuar con la música, comienza a sonar lo que parece una voz hablando en un idioma desconocido o inventado.

También nos ha pasado que una canción nos gustaba mucho, pero no tenía un final definido, lo que nos obligó a editarla manualmente. Este tipo de errores eran algo más comunes en versiones más antiguas, pero cada actualización mejora notablemente la calidad y los resultados.

En términos generales, las canciones que genera están bien estructuradas. Respecto al idioma, es cierto que la IA maneja mucho mejor el inglés, lo que es comprensible, ya que gran parte de su entrenamiento está basado en datos proporcionados por anglosajones. En otros idiomas, como el español, todavía comete errores de pronunciación o sintaxis, aunque eso también ha ido mejorando.

La evolución es constante, y cada nueva versión afina más los matices, por lo que hoy podemos decir que es posible crear cualquier género musical con buenos resultados. '

¿Es posible dictar a la IA una melodía mediante algún instrumento musical o MIDI, para que a partir de ella genere una obra más extensa y/o compleja?

En general, hasta donde nosotros sabemos, las IA musicales actuales no permiten “escuchar” directamente una melodía tocada con un instrumento o en formato MIDI para desarrollarla como base creativa. La mayoría funcionan a partir de texto (prompts), o en algunos casos, usando fragmentos de audio para generar variaciones, extensiones o covers.

¿Es posible que una IA pueda imitar el estilo musical de algún compositor de música clásica? Por ejemplo, pedirle que componga una “Fuga para violín” en el estilo barroco de Bach o que le dé un final a la sinfonía inconclusa de Schubert.

Sí, hoy en día es perfectamente posible pedirle a una inteligencia artificial que imite el estilo de un compositor clásico como Bach o Schubert. Existen tecnologías capaces de generar nuevas obras inspiradas en estilos históricos o incluso completar piezas inacabadas, con resultados cada vez mejores. Por lo visto, estas herramientas combinan el análisis de miles de partituras con modelos avanzados de generación musical.

Los robots que aman la música

En el documental de Netflix “What's Next?”, el columnista de tecnología del periódico The New York Times, Kevin Roose, cita una frase supuestamente atribuida a Aristóteles, donde el Estagirita advirtió que si llegaba el día en que las arpas se tocaran solas, los arpistas perderían su trabajo.

La realidad es que desde antes de la primera mitad del siglo XIX hay registro de autómatas haciendo música de forma independiente y no por esta razón los músicos han perdido su trabajo.

Una de las primeras máquinas creadas con el único fin de tocar un instrumento musical y entretener al público con su música fue el Androïde Klarinettist. Según los registros de diarios holandeses, este clarinetista robótico tenía una apretada agenda con presentaciones constantes en la década de 1830 en el Teatro Vredenburg de Utrecht, Países Bajos.

El robot aún existe en el museo de Speelklok, Países Bajos, pero desafortunadamente no podemos escuchar más sus piezas musicales, pues hemos perdido toda pista de su melódico clarinete.

De igual forma han existido muchas creaciones con el mismo propósito musical, como las pianolas y los órganos mecánicos que funcionaban muy parecidos a lo que se conoce como cajita musical.

En el 2008, el profesor Gil Weinberg, director del Georgia Tech Center for Music Technology, colaboró en la creación del robot Shimon, un simpático intérprete de marimba, con un cuerpo de cuatro brazos y ocho baquetas, y con un cerebro (llamado deep-learning algorithms) capaz de colaborar, improvisar e interpretar música con humanos y otros robots en tiempo real.

Shimon es capaz de tocar acordes e improvisar melodías sobre una progresión armónica dada. El “cerebro” de Shimon fue entrenado por el entonces pasante de PhD, Mason Bretan, quien lo nutrió con más de 5 mil canciones, desde Beethoven, Los Beatles hasta Lady Gaga y Miles Davis. Así mismo, se le nutrió de dos millones de motivos musicales, riffs y licks de música.

“Shimon fue diseñado para escuchar como un humano y tocar como una máquina” (Bretan, 2018).

Conclusión

La relación entre la inteligencia artificial y la música no parece ser, al menos por ahora, una lucha entre enemigos. Más bien, es el inicio de una incipiente amistad. Se asemeja a un vínculo en formación, lleno de posibilidades, límites y tensiones.

La IA no comprende la música en el sentido humano del término: no la experimenta, no la recuerda, no la desea. No dialoga con la memoria, no le hace pensar en la persona amada ni en la amargura de la muerte.

A lo mucho, la IA es capaz de procesar, recombinar y generar estructuras sonoras con una eficacia inédita en la historia.

Tal vez el verdadero riesgo no sea que las máquinas hagan música, sino que los humanos renuncien a pensarla, sentirla y enseñarla. En ese sentido, la inteligencia artificial no sustituye al músico, sino que lo confronta: lo obliga a redefinir su papel, su sensibilidad y su responsabilidad creativa.

Como lo expresó el científico Stephen Hawking:

Cuando no podamos identificar la música creada por un humano de la creada por una máquina, no necesariamente será algo negativo. Si no, podríamos empezar a atribuir rasgos humanos a esos robots, con todo lo que eso conlleva.

Como en otras épocas de la historia, la tecnología vuelve a plantear la misma pregunta fundamental: no qué pueden hacer las máquinas, sino qué queremos seguir haciendo nosotros con la música.

Pero mientras la música siga siendo hija de la diosa de la memoria, esta seguirá siendo inherentemente humana.

Nota

Música con IA.