Creo que lo más importante para analizar el presente es no hacerlo a partir de las consignas, dogmas, ceguera, ideas políticas, juicios y prejuicios de tiempos pretéritos. Son tan revolucionarios los cambios surgidos a partir del internet, de lo digital, de las redes sociales y la IA, que no cabe comprender la actualidad si no reseteamos nuestro cerebro, y si no aumentamos la capacidad de nuestro disco duro. Sin ánimo de ofender a nadie, pienso que, en muchos casos, muchos tienen el disco duro bloqueado.

El mundo vive una homogeneización fulminante en casi todos los ámbitos de la vida. Ni hablar del comercio, el cual ha sido el motor de desarrollo desde el inicio de la civilización. La globalización del comercio nos ha amalgamado, independientemente de nuestras raíces culturales y del lugar que habitamos. Nos vestimos con los mismos blue jeans, con H&M, o Sara, comemos las mismas hamburguesas chatarras, y en muchos casos, nuestros hogares se iluminan y amueblan con IKEA. Esta nueva realidad nos permite comprender que somos muy parecidos. Disfrutamos, lloramos y reímos con las mismas cosas. Esta realidad compartida por la gran mayoría de los ocho mil millones de habitantes del planeta, hoy, gracias al internet y sus derivados, está homogeneizando nuestros criterios, juicios, códigos de conducta, códigos éticos, maneras de comprender y de percibir la vida. Esto por consecuencia trae como resultado que nuestro sentido común se vaya haciendo más común.

Si pensamos como dice la IA que el sentido común es la capacidad natural de juzgar situaciones cotidianas de manera razonable, lógica y práctica, compartida por la mayoría de las personas en base a la experiencia, sabiduría y normas sociales para tomar decisiones acertadas y seguras en la vida diaria. El futuro uso masivo de la IA Generativa podrá ser el motor que permita que vaya creciendo la uniformidad de los valores generales que condicionan nuestro actuar en el presente y futuro. Valores comunes que seguramente frenarán el surgimiento de fórmulas extremas o anárquicas en nuestra convivencia y que de una u otra forma irán fortaleciendo la democracia.

El hecho de que la IA Generativa se acerque cada vez más al sentido común de los humanos irá permitiendo que el significado de libertad se vaya homogeneizando entre las personas a nivel mundial.

Qué importante es para los jóvenes de países africanos tener la posibilidad a través de las redes sociales de enterarse de que son parte de este planeta y constatar las extremas diferencias que existen entre ellos y el resto del mundo. La IA Generativa es una posibilidad de masificar códigos, normas, sentidos comunes, más comunes a todos. Cuando tenemos la posibilidad de conocernos, de experimentar vínculos, es el puntapié inicial de la desaparición de las diferencias. Un aspecto fundamental en la búsqueda de ese consenso es la comunicación. La traducción simultánea que nos ofrece la IA nos permite un auténtico y verdadero acercamiento al diálogo, independiente de la lengua. Una oportunidad que posibilita que surja la solidaridad y una mejor convivencia.

En mi último viaje a Mozambique a mediados de 2023 cada vez que salía del hotel veía jóvenes sentados apasionados mirando diversos contenidos en sus celulares. Jóvenes, que unas décadas antes los podríamos haber visto con sus delgados brazos estirados y su mano abierta persiguiendo turistas diciendo estou à pedir patrão. En mis reuniones con el cineasta Sol de Carvalho, dueño de la bellísima sala de cine Scala, estilo Art Déco en la que exhibí varios de mis filmes, mientras planificábamos la muestra era recurrente que este cineasta, blanco, solicitara la ayuda de jóvenes mozambicanos, negros, para que le ayudaran con el computador a solucionar diversos problemas que este mulungo (así llamaban a los blancos) no conseguía resolver. Esta escena me trajo el recuerdo de Roberto Bolaño, cuando en el Off the Record, a propósito de los nuevos jóvenes escritores chilenos, comentó: “Yo veo a muchos jóvenes llenos de fuerza, con ganas de comérselo todo, jóvenes que comienzan a surgir desde el fondo de la jungla o de los edificios, jóvenes lobos”.

Los artistas, el arte y la cultura tienen hoy en sus manos una gran tarea y una enorme responsabilidad, la de inventarnos una nueva utopía. Hoy es más útil entrar a un museo, a un centro cultural, que hablar con políticos. Pero para lograrlo es fundamental que se reseteen. Deben recordar que gozan del privilegio de nunca jubilarse como creadores, de lo contrario, todo les parecerá mal, y la depresión cada mañana golpeará a sus puertas. Nuestra presencia en la tierra es tan corta que no es de sentido común actuar de otra manera.

Un tremendo ejemplo nos regala el escritor cubano Leonardo Padura, cuando reflexiona, sobre el paso del tiempo, la vejez y el sentido de seguir creando. Desde la serenidad de sus 70 años, el autor de El hombre que amaba a los perros, contrapone la desesperanza de figuras como Hemingway, quien se suicidó a los 62 años, o Trotsky, asesinado a los 61 cuando le llamaban El viejo. Padura asume que tiene más pasado que futuro, pero se niega a sentirse viejo: prefiere escribir, disfrutar de la amistad, del amor y de los pequeños rituales cotidianos a pesar de la terrible realidad que se vive hoy en Cuba.

Qué importante es la actitud y poder realizar el correcto análisis, la reflexión justa, certera, con sentido común, no dejarse arrastrar por el miedo, el odio que circula por las redes sociales y los medios de comunicación. Al comentario de Padura yo le cambiaría que tenemos más pasado que presente. Pensar y vivir en el presente es la mejor fórmula para lograr ser un aporte en el futuro.

Siempre ha sido mi actitud jugar al borde o fuera de lo común, en el límite de lo correctamente permitido, arriesgarme donde otros no lo hacen, asumiendo lo que esto implica y el posible costo que esto puede acarrear. Digo esto refiriéndome a mis filmes, sobre todo, a los riesgos que corrí cuando vine a Chile en 1982 a filmar clandestino el documental, Así golpea la represión, o en 1983, cuando también filme clandestino Rebelión Ahora. Este último film me aportó una orden de detención que me impidió ingresar al país durante 6 años. Me salvé gracias a la ayuda del cónsul sueco.

Si extrapolo esto al tenis, deporte que practico desde hace más de medio siglo, del cual fui árbitro de la final de la Copa Davis de 1976 contra Italia. En Suecia fui entrenador cinco años y obtuve el título de entrenador, luego, en Mozambique fui entrenador de su selección. A pesar de lo expuesto, cuando juego, me mato solo. Juego al límite. Ataco cada pelota, mientras que mis adversarios, veteranos como yo, mayoritariamente se dedican a cuidar el punto pasando lentamente la pelota, haciendo globos y esperando que el adversario, o sea yo, la pierda. Esto me hace desechar jugar con viejos y que prefiera morir en mi ley jugando con jóvenes.

Pero ¿qué significa caminar por el borde del precipicio cuando realizo un film? Por ejemplo, cuando hice Mozambique, imágenes de un retrato, dudo que a otro se le hubiera ocurrido contrastar terribles imágenes de cientos de niños, mujeres, jóvenes y ancianos refugiados que sufrían el calvario de la guerra civil. Cruentas escenas en las que en sus esqueléticos cuerpos se reflejan los efectos de la guerra, el hambre, las enfermedades y la destrucción de un país que recién había logrado su independencia después de 500 años de esclavitud colonial portuguesa. Estas dramáticas escenas las yuxtapuse con el paisaje sonoro del film que es una selección de temas musicales que van surgiendo al giro del dial de una radio. Se escuchan los más destacados artistas occidentales, tales como Charles Aznavour, The Beatles, Lionel Ritchie, Amalia Rodríguez, Trini López, entre otros.

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Poster de Mozambique, imágenes de un retrato.

En esos momentos Mozambique cultivaba lazos con la URSS. Estamos hablando de 1986. Existía el ministerio de información cuya principal labor era controlar todo lo que se publicaba, filmaba y emitía por cualquier medio de información. O sea, censura. En aquel momento quien ocupaba el más alto cargo de ese ministerio era nada menos que un exoficial de investigaciones. Mismo personaje que posteriormente fue designado para dirigir el INC, Instituto del Cine. Casa productora de mi film. No niego que pensé que el film no pasaría ese control. Que no se entendería el flagrante contraste entre las imágenes y la banda sonora del film. Yo estaba consciente de que mi film jugaba en el límite. Grande fue mi sorpresa. Fue aprobado y enviado a representar la cinematografía del país al Festival de Cine de Moscú, evento de clase A.

En mi escritorio en una de las paredes enmarcada cuelga la portada del periódico mozambicano Noticias en el cual se informa que mi film ganó el Festival de Cine de Moscú en la categoría documental. La fotografía en la portada del periódico muestra a la representante de Mozambique Laura Cardoso del INC, quien recibió el premio, ella aparece junto a nada menos que a Federico Fellini, ganador en ficción. He tenido siempre muy claro que el arte, la belleza y lo estético no faltan a la ética cuando describen un drama, por el contrario, la belleza lo universaliza.

El film ganó luego nuevos premios en el Festival de Leipzig ese mismo año 1987 y en el Festival de Aveiro en Portugal. En los cuales destacaron como muy interesante la flagrante disociación entre la imagen y el paisaje sonoro.

Cuando los recuerdos y tus miedos son más grandes que tus proyectos, entonces eres viejo.