Hace un montón de años leí El Retrato de Dorian Gray. Sin embargo, entusiasmado por mi visita a Dublín, Irlanda, este pasado año, la leí de nuevo. Recuerdo que entonces (al igual que ahora) me pareció de fácil lectura; su trama era (y es) definitivamente cautivadora, con diálogos por demás ingeniosos. Más interesante aún, su crítica a la sociedad victoriana me parecía fácilmente trasladable a nuestra sociedad de finales de los años 1970. Hoy también es aplicable a la sociedad actual.
Esta novela, la única escrita por el poeta y dramaturgo irlandés Oscar Fingal O'Fflahertie Wills Wilde (Oscar Wilde) (1854-1900), una de las figuras literarias más importantes de Irlanda, trata sobre la influencia corruptora de la vanidad, el hedonismo y la superficialidad social, donde el alma de un hombre envejece y se deteriora en un retrato de mágicos poderes, mientras él permanece eternamente joven y hermoso. Esta metáfora, que ilustra la dualidad entre el yo interior y el aspecto exterior, sirve como advertencia sobre el costo que conlleva dar prioridad a la apariencia externa por encima de la moralidad.
Hoy en día pudiéramos utilizarla para criticar la obsesión de muchos por las imágenes “pulidas” y manipuladas que muchos muestran en Tik Tok, Facebook o Instagram, la búsqueda del placer por encima del propósito (tal cual vemos en la cultura de los “influencers”) y cómo la tecnología (Photoshop, filtros, redes sociales) permiten ocultar al verdadero yo (ignorante, misógino, racista, cruel, mitómano, materialista), creando una clara división entre ese “retrato” perfecto presente en las redes sociales y su decadencia moral en la vida real, al igual que lo hace Dorian.
En la residencia de su tía Lady Brandon en Londres, el artista Basil Hallward conoce a Dorian Gray, un joven buenmozo y rico que inspira su arte. Dorian se convierte en su modelo, pintándolo como héroe griego o figura mitológica. Comienza la novela al terminar Basil un primer retrato que muestra a Dorian tal cual es. Basil le confiesa a su amigo Lord Henry Wotton que tal obra lo decepciona porque expone sus emociones. Lord Henry, que disfruta desconcertando a los demás con su filosofía sobre la belleza y el placer, discrepa y considera el retrato una obra maestra. Dorian visita el estudio y Basil, temeroso de la influencia negativa de Lord Henry en Dorian, lo presenta con reticencia.
Los temores de Basil son bien fundados. El hedonista Lord Henry perturba a Dorian al hablarle de la fugacidad de la belleza y de la juventud. Dorian, angustiado por la eventual pérdida de sus atributos, maldice su retrato, porque le recordará la belleza que habrá de perder. Desesperado, Dorian entrega su alma a cambio de que solo el cuadro refleje el paso del tiempo. Basil, angustiado por la reacción de Dorian, intenta destruir el retrato, pero Dorian lo detiene. Eventualmente, Basil le regala el cuadro.
Durante las semanas siguientes, Lord Henry ejerce una creciente influencia sobre Dorian, quien se entrega al "nuevo hedonismo" y a la búsqueda de placer. Se enamora de Sibyl Vane, una actriz que, tras experimentar el amor verdadero, decide dejar de actuar al no poder fingir amor en el teatro en el cual actúa. Dorian, que ama a Sibyl por su capacidad para actuar, la traiciona y rompe su compromiso. Una vez en casa, observa que su retrato ha cambiado; muestra una mueca de desprecio. Teme que sus pecados comienzan a reflejarse en la obra de Basil. Piensa en reconciliarse, pero al día siguiente Lord Henry le informa del suicidio de Sibyl. Dorian, influido por Lord Henry, decide ver la muerte de la joven como un triunfo artístico, pero se apresura a ocultar su retrato en un lugar donde solo él pueda verlo.
Lord Henry le regala a Dorian un libro sobre las perversas hazañas de un francés del siglo XIX, que se convierte en el texto guía de Dorian mientras se sumerge en una vida de pecado y corrupción. Haciendo caso omiso de las normas morales y las consecuencias, busca nuevas experiencias. Dieciocho años después, los rumores sobre sus escandalosas acciones circulan entre la alta sociedad londinense, pero sigue siendo aceptado gracias a su juventud y belleza. La figura del cuadro, sin embargo, se vuelve cada vez más marchita y espantosa. Basil Hallward visita a Dorian para confrontarlo por su reputación mancillada, dando lugar a un acalorado debate. Dorian le muestra su grotesco retrato a Basil, quien le suplica, horrorizado, que se arrepienta. Dorian afirma que es demasiado tarde y, en un ataque de ira, mata a Basil.
Para deshacerse del cuerpo, Dorian recurre a la ayuda de un amigo distanciado, médico, a quien chantajea. Luego del asesinato, Dorian va a un fumadero de opio, encontrándose con James Vane, quien intenta vengar la muerte de su hermana Sibyl. Dorian escapa. Ya en su finca recibe invitados, observa a James asomándose por una ventana. El miedo y la culpa lo atormentan. De cacería, Dorian dispara accidentalmente, matando a Vane. Se siente a salvo de nuevo. Decide enmendar su vida, sin lograr reunir el coraje para confesar sus crímenes. El cuadro revela la hipocresía de su supuesto deseo de arrepentirse. Furioso, Dorian toma el cuchillo con el que mató a Basil e intenta destruir el cuadro. En la casa se escucha un estruendo; sus sirvientes entran para encontrar el retrato, ileso, mostrando al joven apuesto que alguna vez fue Dorian. En el suelo yace un anciano, horrible, desfigurado, con un cuchillo clavado en el corazón.
Uno de los dramaturgos más populares e influyentes del movimiento esteticista inglés, Wilde era hijo de intelectuales angloirlandeses, la poetisa Jane Francesca Agnes (Elgee) Wilde (1821-1896) y el oftalmólogo Sir William Robert Wills Wilde (1815-1876). Oscar, el segundo de tres hijos, nació en el 21 Westland Row, el 16 de octubre de 1854. Ese lugar es hoy sede del Centro Oscar Wilde del Trinity College en Dublín. Por cierto, en la misma calle, a pocos minutos caminando, se encuentra el Kennedy’s Pub, en cuya entrada, una estatua de bronce tamaño natural, sentado con su bastón y sombrero, conmemora que alguna vez trabajó allí el joven Wilde, cuando esta era una tienda. Este lugar, curiosamente, es un hito literario de Dublín. Aquí también parece haber trabajado el poeta y novelista James Joyce (1882-1941), quien menciona dicho pub en su magna obra Ulysses.

Oscar Wilde en la entrada de Kennedy’s Pub, Westland Row, Dublin. Foto: Jorge M. González.
Ya a temprana edad, Wilde hablaba francés y alemán con fluidez; en la universidad aprendió griego antiguo y latín y leía con comodidad los clásicos. Se destacó académicamente y asistió al Trinity College de Dublín y luego al Magdalen College de Oxford. Al finalizar sus estudios universitarios, se trasladó a Londres e integró los círculos sociales y culturales de moda. Escribió una obra de teatro, poesía, cuentos de hadas, y notas para diversos diarios. Impartió conferencias en Estados Unidos y Canadá sobre el Renacimiento inglés en arte y decoración de interiores. Regresaría a Londres para impartir conferencias sobre sus viajes por Norteamérica y escribir reseñas para diversas publicaciones periódicas.
Se casaría con la joven escritora anglo-irlandesa Constance Mary Lloyd (1858-1898), con quien tendría dos hijos. Pasarían su luna de miel en París en 1884, ciudad que le encantó y la cual sería su última morada. Wilde admiraba profundamente a los autores franceses Gustave Flaubert (1821-1880), Honoré de Balzac (1799-1850), Charles Baudelaire (1821-1867) y Paul Verlaine (1844-1896), y le resultaba difícil criticarlos. Visitaría París varias veces, atraído por su escena literaria decadente; interactuaría con escritores tales como Stéphane Mallarmé (1842-1898), Paul Verlaine, Pierre Louÿs (1870-1925), Rachilde (Marguerite Eymery Vallette) (1860-1953) y Émile Zola (1840-1902).
Extravagante en el vestir y de personalidad ingeniosa, varias de sus obras, tales como El abanico de Lady Windermere, Un marido ideal y La importancia de llamarse Ernesto, satirizaban la hipocresía victoriana y le trajeron inmensa popularidad y éxito.
En 1891 comenzaría un notorio romance con el poeta y periodista Lord Alfred Douglas “Bosie” (1870-1945). Para 1895, esta relación daría lugar a juicios públicos. El padre de “Bosie”, John Sholto Douglas (1844-1900), noveno marqués de Queensberry, aborrecía a Wilde, y se propuso humillarlo. Lo acusó públicamente de ser homosexual. Aunque Wilde demandó criminalmente a John Douglas por difamación, este presentó testigos que darían fe de la veracidad de su afirmación. Wilde sería declarado culpable de indecencia grave, condenado y encarcelado. Sufriría dos años de trabajos forzados en prisión.
Liberado en 1897, y utilizando el pseudónimo Sebastian Melmoth, viviría un breve tiempo con Douglas en Nápoles, Italia. Ciudad que había visitado brevemente alrededor de 1875 durante una de sus excursiones a Italia mientras estudiaba en Oxford. En Nápoles encontraría cierto consuelo entre los círculos literarios de la ciudad y en el Museo Arqueológico Nacional. Sin embargo, la presión financiera obligaría a la pareja a separarse definitivamente. Bosie regresaría a Inglaterra; Wilde partiría a París.
Moriría Wilde en 1900, exiliado y pobre en la capital francesa. Sus últimos años los pasaría deambulando en el bohemio Barrio Latino. Su icónica tumba, esculpida por Jacob Epstein (1880-1959) en 1908 en Père Lachaise, muestra una esfinge alada. Esta encarna el misterio, el poder y el genio enigmático y paradójico del propio Wilde. Para realizarla, Epstein se inspiró en los Lamassi asirios y las Esfinges egipcias, representando un espíritu poderoso, viril (originalmente la obra mostraba genitales, los cuales serían cercenados por vándalos en 1961; en el año 2000, el artista multimedia Leon Johnson y la platera Rebeca Scheer colocaron una prótesis de plata en su lugar), inmortal, una declaración modernista audaz para contrarrestar las limitaciones victorianas. Igualmente, la obra es eco del poema de Wilde La Esfinge.
Oscar Wilde y su personaje Dorian Gray se asemejan al compartir una profunda admiración por la belleza y el arte. Ambos creen que vivir es buscar los placeres estéticos y sensoriales. Ambos temen el paso del tiempo. Ambos vivieron una dualidad, una cara ante el público, otra en sus vidas privadas. Sin embargo, Wilde critica tal estilo de vida y explora dichos temas a través de su obra. Dorian Gray es quien la vive sin consecuencias aparentes, mostrando cómo la vanidad y el vicio pueden corromper el alma.
Hoy, casi frente a su hogar de infancia, en Merrion Square, podemos admirar una obra múltiple del escultor inglés Danny Osborne. Una estatua de Constance Mary, la esposa de Wilde, embarazada, representando la vida, y otra, el torso de Dionisio, dios griego del vino, la fertilidad, las fiestas, el éxtasis y, fundamentalmente, el arte y el teatro. Ambas descansan sobre pedestales que muestran epigramas de Wilde escritos por personajes diversos.

Esfinge alada tumba de Oscar Wilde. Jacob Epstein, 1912. Hoy la rodean paneles de cristal.
Entre ambas, al fondo vemos a un “extravagante” Wilde reclinado sobre una enorme roca de cuarzo traída de las montañas de Wicklow, “el jardín de Irlanda”, al sur de Dublín. Su torso está hecho en jade verde nefrítico de Columbia Británica, Canadá, y tulita rosa de Noruega. Sus piernas son de granito azul perla noruego, sus zapatos charnockita india negra, rematados con puntas de cordones en bronce. Lleva una corbata del Trinity College hecha en porcelana esmaltada. En su mano izquierda, tres anillos, el de bodas y dos escarabajos, para la buena y la mala suerte. En su mano derecha, un clavel verde, en bronce, el cual es cambiado cada tanto tiempo, símbolo del movimiento esteticista.
La cautivadora estatua de Wilde, con su rostro contrastante, mitad sonriente, mitad sombrío, resalta en el sereno entorno, invitándonos a detenernos, reflexionar y pensar que el verdadero peligro de la vida es la prudencia egoísta que nos impide arriesgar y amar plenamente, llevándonos muchas veces a perder la felicidad en la búsqueda vacía de la belleza y el placer.
Referencias
Doherty, N. (2016). The Complete Guide to the Statues and Sculptures of Dublin City. Dublin: Orpen Press. 176 pp.
Miraco, R. (2020). Oscar Wilde's Italian Dream 1875–1900. Bologna, Italy: Damiani. 159 pp.
Soper, S. (2018). Guide to the Art in Père-Lachaise Cemetery. San Bernardino, California: Autor. 472 pp.
Sturgis, M. (2021). Oscar: A life. New York: Knopf. 864 pp.















