Todo lo que sucede en el mundo es el resultado de nuestra interacción con él a través de los filtros de nuestro ego, que determina la forma en que percibimos la realidad. Incluso en la literatura, nos dice que es así. Jorge Manrique (1440-1479), poeta español, fue el autor de la frase “En este mundo traidor” que incluyó en su obra Coplas por la muerte de su padre. Pedro Calderón de la Barca (1601-1681), en su obra La vida es sueño, la invirtió: “En la vida todo es verdad y todo es mentira”. Posteriormente, Ramón de Campoamor (1817-1901), poeta español, en 1865 escribió la siguiente cuarteta, sintetizando lo expresado: En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.
Y si ahora vemos una vez más el mundo, ¿de qué color lo veríamos? Resulta que hay guerra en Ucrania, invadida por Rusia; hay guerra en Irán (muy compleja) ante las acciones militares de EE.UU. e Israel… Unos dirán que Irán lleva razón, otros que no… Lo cierto es que desde la llegada de los ayatolás en 1979, el pueblo iraní dejó de ser lo que era, por tercera vez… Dejó de ser zoroastristas conquistados por el islam cuando era Persia; dejó de ser Persia (nombre derivado del griego) para ser Irán, y dejó de ser Irán (la esencia que conservaba su pueblo) cuando llegó la república islámica, controlada por los líderes religiosos chiitas.
De ser aliados y amigos de Israel y EE.UU., pasaron a ser sus enemigos, a desear su destrucción. Millones de iraníes huyeron a Europa y EE.UU., incluso a Israel… Esto es así desde la perspectiva occidental, más o menos, a veces menos que más… Pero si se mira desde la perspectiva de los ayatolás, ellos tienen razón, y todos esos iraníes que huyeron son traidores; occidente es una cloaca decadente, pululante de infieles. Tampoco se llevan bien con los árabes, pues son sunitas y es otra interpretación del islam, pero son musulmanes al fin y al cabo…
No queremos criticar, la complejidad del asuntos nos haría ver como incautos que meten la cuchara donde no los están llamando, pero, hay que tener clara una cosa, y es innegable: los ayatolás (no el pueblo de Irán) patrocinaron atentados alrededor del mundo, incluso en Argentina, y torturan a su propio pueblo, a todos los iraníes que se oponen al régimen, y no con ir la cárcel, sino con ser ejecutados, ya sea lapidados (las mujeres, por adulterio), fusilados, si critican la sharía o la política, o colgados en público si son homosexuales, solo para citar algunos ejemplos. Sin embargo, para ser justos, hay que ampliar la mirada: los uigures son esterilizados, en el continente africano hay mil y una guerras con niños soldados, exterminio de etnias y un largo y horroroso etcétera.
Y como solo hay un mundo, como una isla solitaria en el universo (no nos hemos topado con otro, hablando del mundo material), pues resulta que cada uno de nosotros es como una célula en el cuerpo, y como tal, todos estamos interconectados, aunque no lo sepamos, lo ignoremos o lo neguemos. ¿Será que todo es tan negativo que solo somos capaces de destruir, como un virus voraz sobre la tierra?
Quizá hay esperanza…
A finales del pasado mes de febrero, entre el 20 y el 22 para ser precisos, miles de personas de todo el mundo, de muy diversas etnias, religiones, clases sociales y nacionalidades, se reunieron en la ciudad de Petaj Tikva, Israel, para participar en un congreso mundial de cábala organizado por la fundación Bnei Baruch (que en español significa: Los hijos de Baruj).
Acababan de terminar una breve actividad bélica entre Irán e Israel, pero ello no le quitó a toda esa gente su deseo de reunirse y continuar sus esfuerzos por corregir el mundo. ¿Suena ambicioso o pretencioso? Para nada: la corrección del mundo comienza con la propia. El método elegido fue la cábala pura, tal y como los sabios la enseñan desde hace miles de años: un maestro la entrega directamente a sus alumnos, y dicho maestro la ha recibido de su maestro y este del suyo, de boca en boca. Estudiando los libros que los cabalistas han escrito para ellos mismos desde hace miles de años.
Y antes de que se pregunten, ¿qué es la cábala?, les damos la respuesta más simple y sucinta que ofrecen las fuentes de Bnei Baruj: “para resumir miles de palabras en una sola oración: La Cabalá es la sabiduría que nos permite descubrir la fuerza que gobierna toda nuestra realidad.” Es decir, saber cómo se mueven todo detrás del telón en una representación teatral (el mundo) y no solo ver la representación, pero desde las fuerzas que controlan las acciones del mundo: ¿qué hace que una semilla germine, que el pasto fresca, que los árboles frutezcan, que la tierra gire al rededor del sol (explicado de forma sencilla), y que haya más galaxias más allá cuento podemos ver incluso con el más potente telescopio o percibir con un radiotelescopio: el universo no acaba allí, ni siquiera sabemos bien qué es el universo, y las teorías del Big bang flaquean, pues ahora resulta que no fue el origen de todo.
Y el tiempo no es lo que era, ni la materia, ni la luz viaja realmente… Entre más perfeccionamos la ciencia, más nos damos cuenta de que la complejidad continúa y que la existencia de todo tiene que ser dada por algo absolutamente sublime, infinitamente más allá de nuestra pequeñez.
Desde la antigüedad, para poder hablar de ello, se le han dado nombres que sean comprensibles dentro de lo que llamamos mundo: el Creador (que, desde luego, no es un ser antropomórfico), al que apenas podemos percibir de modo indirecto, parcial, conforme desarrollamos las herramientas necesarias. Todo eso nos dice y enseña la cábala.
He aquí una definición más científica que el Rav Yehuda Ashlag nos proporciona: —La Sabiduría de la Cabalá es— ...una secuencia de raíces que se desprenden por vía de causa y efecto, siguiendo reglas fijas y determinadas que se entretejen en un solo y elevado objetivo descrito como la revelación del Creador a sus creados en este mundo.
Y esto es lo novedoso de Bnei Baruch, que enseña la cábala a todo el mundo, como cuenta la tradición, que Abraham la enseñaba a todos los que se acercaban a su tienda.
¿Y qué tiene eso de novedoso? Se preguntarán aquellos que bien, o no son judíos, o no tienen idea alguna sobre la cábala. Pues bien, deben saber que la cábala estuvo prohibida, y sus maestros fueron perseguidos durante siglos, y uno de sus principales libros, el Zohar (pero no solo él), estuvo oculto para protegerlo. No vamos a ahondar en su historia y materia pues sería simplemente imposible en la brevedad de este artículo, diremos sí, que no solamente Bnei Baruch enseña cábala, hay muchas escuelas que trabajan con las fuentes originales, si bien son más cerradas en cuanto a quiénes pueden recibir su enseñanza.
Hasta el siglo XVII, se decía que alguien, para poder estudiar cábala, debía antes haber estudiado la Torá en forma directa, el Talmud, ser intachable, estar casado y haber llegado a los cuarenta años de edad. Todo aquello era para proteger la cábala, sus libros y sus estudiantes de gente maligna o inescrupulosa, que en el pasado tanto daño había hecho, esto para ser escueto en la explicación. Pero llegó el día en que la cábala pudo ser enseñada a todos los judíos en general, y esto ya fue un gran paso. Para entender este excesivo esmero por no abrirse de par en par, daremos un ejemplo algo bizarro: hay un capítulo de la serie televisiva Babylon 5, en el que todos los embajadores planetarios están luchando por apoderarse de una tecnología muy avanzada.
Entre los embajadores hay uno que, de acuerdo a la serie, viene de una civilización más avanzada que todas las otras allí presentes. Casi nunca dice o hace nada, solo escucha a los demás. Pero en esta ocasión, abrió un puente dimensional con su civilización y una nave llega y abduce el aparato deseado y se va sin más. Luego de que el vórtice dimensional se cierra, el embajador dice: ustedes todavía no están listos para esa tecnología (infiriendo que los puede destruir).
Bueno, ciencia ficción aparte, hay algo parecido sobre la Torá, que puede ser vida o muerte (en un sentido espiritual): todo depende de cómo se use. Usada de una manera egoísta, es mortal, por ello primero hay que “purificar el alma”, es decir, corregir el deseo de recibir en beneficio propio (el egoísmo), pues esta es la semilla del mal en el ser humano, de todas las guerras, matanzas, disputas y odios en general que han destruido a la humanidad desde tiempos inmemorables.
Empero, con el paso de los siglos, llegó otro sabio con el que todo empezaría a cambiar vertiginosamente: el Arí, bendito sea, escribió El árbol de la vida, una descripción de los mundos superiores, es decir, niveles de la realidad más allá de nuestra percepción, pero cercanos a su esencia pura. Desde luego, solo otros cabalistas eran capaces de entenderlo, y uno de ellos, rabí Yehuda Ashlag, mejor conocido como Baal Hasulan, escribió sobre la obra del Arí, en un lenguaje científico, más apto a su época, y con él se inicia el periodo de apertura general para la enseñanza de la cábala.
Nos saltaremos su obra escrita, por las razones antes mencionadas, pero diremos que fue su hijo, rabí Baruch Ashlag (Rabash) quien llevaría al lenguaje popular del siglo XX las explicaciones sobre la obra de su padre, y asimismo, compiló una serie de conferencia que diera Baal Hasulam en un libro llamado Shamati (Escuché), que le fue confiado antes de su muerte a su alumno, el Dr. Michael Laitman, quien fundara Bnei Baruch en 1995 en honor a su maestro Rabash. El Dr. Laitman, asimismo, aclara en el lenguaje de nuestros días la obra de su maestro Rabash y de Baal Hasulam. Naturalmente, el Dr. Laitman les dio el libro a otros alumnos y escuelas de cábala, para su mayor difusión. Por ejemplo, la organización judía Chabad lo incluye entre sus textos.
Desde niños hemos jugado de alguna u otra manera con los mapas y globos terráqueos del mundo, esto, naturalmente, si hemos nacido dentro de la muy privilegiada parte de la humanidad que tiene acceso a la educación, porque nunca debemos olvidar que un enorme porcentaje de la humanidad apenas sabe leer y escribir, e incluso muchos ni eso… Pues bien, como decíamos, jugando con los mapas que son los más accesibles, pudimos aprender los nombres de los países y sus capitales o principales ciudades. Nueva York es acaso la ciudad más famosa de EE.UU., pero no su capital, y sin embargo, mucha gente no sabe este pequeño detalle, no digamos ya si hablamos de la capital de Papúa Nueva Guinea, Surinam, Bután o Madagascar.
También nos habremos enterado de que el nombre de muchos países cambia, lo mismo que su tamaño geográfico y otros incluso desaparecen. Todo esto gracias a la educación y hablando de geografía. ¿Pero cómo nos imaginamos realmente el mundo? ¿Por qué hay tantos países? ¿ Por qué en vez de unirse, se separan, e incluso los que se supone que son uno solo, como decir España o Bélgica, se fragmentan no ya en zonas lingüísticas sino en zonas administrativamente independientes, como el País Vasco y Barcelona en el caso de España, donde vive en forma latente el deseo separatista? La respuesta parece muy compleja desde el punto de vista histórico-político, pero cambiando de sistema, se simplifica enormemente. De acuerdo a la cábala, el mundo, la humanidad, la existencia…, podemos verlos desde la perspectiva del alma, y allí hay, como si de un sistema numérico binario se tratara, sólo hay dos caminos: en dirección al Creador o al contrario. Esto se traduce como: “en beneficio del Creador o en beneficio del ego (beneficio propio)”.
Cuando entendamos que somos parte de un sistema, y por ende de una sola cosa, como decir, una sola alma, nos daremos cuenta que servirle al Creador va en beneficio del sistema, y beneficia a todas las partes, pero si beneficiamos el ego, creamos un “corto circuito”, y nos perjudicamos, pues el beneficio propio va en detrimento de otro: nuestra ganancia es a expensas de otros, y esa es la raíz del mal, que solo genera sufrimiento.
Bnei Baruj es una institución educativa que utiliza el método de la cábala para enseñar el camino hacia la unidad, la convivencia pacífica sustentada en el amor al prójimo. De esa manera enseña a desarrollar las herramientas (espirituales) para revelar al Creador, de acuerdo a lo dicho por el cabalista Yehuda Ashlag:
Esta evolución tiene un curso general para toda la humanidad en forma colectiva, pero aquellas personas que desean avanzar a un ritmo más acelerado, tienen aquí, a su disposición, todas las herramientas necesarias para lograrlo ya.
Notas
León Roldós | Cartas al Director | Opinión | El Universo.
Kabbalah info.















