Que levante la mano la que en su vida no haya tenido una sola molestia física o emocional vinculada a su ciclo menstrual.

Síndrome premenstrual (SP)

El síndrome premenstrual (SPM) es un conjunto de síntomas físicos y emocionales que forman parte del ciclo menstrual de muchas de nosotras. Aparece en la segunda mitad de este, dos o tres semanas antes de la regla. Y no es agradable, pero eso ya lo sabes de sobra.

Aunque se conoce desde antiguo, fue popularizado en la década de los años ochenta en un artículo de la revista norteamericana Family Circle, que contaba el agobio mensual por el que las mujeres pasamos gracias a él.

A unas nos da por comer chocolate como si no hubiera un mañana; otras preferimos los alimentos muy saladitos tipo snacks, o nos quedamos medio dormidas en una conversación. También están los dolores de cabeza o el frío ese que te entra por todo el cuerpo… Bueno, hay unas cuantas afortunadas que no tienen ninguna molestia. ¡Enhorabuena, chicas!

Los síntomas son muy variados y diferentes en cada mujer (se han descrito más de cien). Lo interesante es la forma cíclica en la que se presentan. ¿Por qué? Prueba a anotarlos durante tres o cuatro meses y verás que hay un patrón que te va a permitir predecir cuándo es probable que tu síndrome premenstrual (SPM) comience. Conocer al enemigo para vencerlo.

Te dejamos un listado con los síntomas más comunes:

  • Cambios de humor. Irritabilidad, ansiedad, tristeza, cambios repentinos de emociones.

  • Tensión mamaria. Sensibilidad y dolor en los pechos.

  • Hinchazón y retención de líquidos. En manos, pies, abdomen y cara.

  • Fatiga. Cansancio de moderado a extremo.

  • Dolor de cabeza o migrañas.

  • Cambios en el apetito. Antojos o aumento del apetito.

  • Problemas de sueño. Insomnio o cambios en los patrones de sueño.

  • Dificultad de concentración.

  • Malestar o dolores musculares o articulares.

  • Cambios en los hábitos intestinales. Estreñimiento o diarrea.

  • Aparición de brotes de acné o aparición de espinillas.

  • Calambres abdominales.

  • Aumento de la sensibilidad a olores y sonidos.

  • Cambios en la libido. Disminución o aumento del deseo sexual.

Suelen durar entre cinco y diez días y cesan cuando baja la regla. Algunos especialistas han intentado encontrar una única causa para explicar la aparición del síndrome premenstrual, pero lo cierto es que nadie lo ha logrado y tampoco hay una “pastilla mágica” para curarlo. En este caso los enfoques reduccionistas no sirven para nada, ya que el motivo por el que aparece es multifuncional y debe tratarse de forma holística. Es decir, sufrimos el síndrome premenstrual (SPM) por la interacción de factores hormonales, genéticos y ambientales.

A vueltas con las hormonas

Después de la ovulación, el cuerpo comienza a producir progesterona y este cambio hormonal afecta al equilibrio químico en el cerebro, contribuyendo a los síntomas del síndrome premenstrual (SPM).

En algunos estudios se ha visto que las prostaglandinas (compuestos lipídicos derivados de ácidos grasos y similares a las hormonas) también intervienen en él. Por ello, los cambios en la dieta, los suplementos de vitaminas y minerales y la medicación antipostaglandinas (los antiinflamatorios no esteroides tipo ibuprofeno) van bien no solo para el dolor sino también para el propio síndrome.

El tratamiento del síndrome premenstrual (SPM) puede variar según la persona y sus síntomas específicos. En muchos casos, es posible reducirlos a través de remedios caseros y cambios en el estilo de vida.

Aquí tienes algunas sugerencias:

  • Dieta saludable: Consumir una dieta equilibrada con un enfoque en alimentos ricos en calcio, magnesio y vitaminas del grupo B.

  • Ejercicio regular: Mantenerse activa mejora el estado de ánimo y reduce la retención de líquidos.

  • Reducción del estrés: Practicar técnicas como la meditación, la respiración profunda o el yoga puede aliviar los síntomas emocionales.

  • Suplementos naturales: Algunas mujeres encuentran alivio en suplementos como el aceite de onagra, el sauzgatillo o la valeriana.

  • Control de la retención de líquidos: Reducir la ingesta de sal y cafeína ayuda a prevenir el hinchazón y la retención de líquidos. Ocasionalmente puedes tomar cola de caballo. Beber mucha agua también ayuda.

  • Descanso adecuado: Asegurarte de dormir lo suficiente y mantener un horario de sueño regular es siempre un plus.

La forma más severa de este síndrome es conocida como Trastorno Disfórico Premenstrual (TDPM). Y puede ser un verdadero infierno porque interfiere en tu capacidad para el día a día, afectando a los estudios y el trabajo, la vida social y las relaciones interpersonales.

Afrontar los síntomas del TDPM es un desafío y los consejos para manejarlo son similares a los del síndrome premenstrual (SPM). Salvo que, en este caso, es posible que necesites un extra de determinación y algo de apoyo emocional. Ir a un terapeuta es una magnífica idea que debes considerar muy en serio.

De todas maneras, cuando los síntomas son muy intensos, la medicación es la mejor opción. Por lo general, se comienza con anticonceptivos hormonales que contienen estrógeno y progesterona. Si no puedes usar hormonas, podrías probar con medicamentos antidepresivos o ansiolíticos que ayudan a regular la serotonina.

Pero es indispensable que un@ médic@ te haga un seguimiento para ver si realmente te pueden ayudar. Consúltalo con tu "gine" lo antes posible y no te automediques nunca.

Síndrome Premenstrual y embarazo

Son dos condiciones que implican cambios hormonales en el cuerpo femenino, pero suceden en etapas diferentes de la vida reproductiva. ¡Así que, cuidado, no vayas a confundirlas!

El SPM ocurre en la segunda mitad del ciclo menstrual y puede incluir síntomas como cambios de humor, dolor en los senos, hinchazón y fatiga. Por otro lado, el embarazo comienza después de la fecundación del óvulo y sus síntomas pueden variar, incluyendo la ausencia de menstruación, náuseas, sensibilidad en los senos, fatiga y cambios en el apetito.

La confusión suele venir sobre todo en quienes tenemos ciclos menstruales irregulares, ya que podemos dudar en el motivo de la ausencia de la menstruación: ¿Ciclo irregular o embarazo? Como los síntomas son similares, ya viene el lío. Por eso, si crees que puedes estar embarazada, lo mejor es hacerte una prueba para confirmarlo o descartarlo.

Dolor, dismenorrea y endometriosis

Casi todas tenemos dolores menstruales en nuestra vida. Es un dolor muy característico que se centra en el bajo vientre e irradia hacia la zona lumbar y los muslos. ¡Noticias frescas, pensarás!

Lo que quizás no sepas es que si el dolor es intenso y te obliga a cancelar planes, es probable que tengas dismenorrea.

La Asociación Española de Ginecología y Obstetricia (AEGO) nos dice que una de cada diez mujeres, padecen este dolor cíclico.

Existen varios tipos de dismenorrea: primaria, secundaria y membranosa

Dismenorrea primaria:

Es desagradable pero bastante normal. El dolor comienza cuando se presenta el período y suele durar dos o tres días. Pero, como en todo, cada una es diferente. Algunas solo lo tenemos el primer día de regla, mientras que otras lo sufrimos durante toda la menstruación.

Cuando la mucosa uterina comienza a descomponerse, el cuerpo libera las famosas prostaglandinas. Estas sustancias provocan contracciones en el útero para que la mucosa se desprenda. Cuantas más prostaglandinas produzcamos, más contracciones y más dolor.

Dismenorrea secundaria:

Es bastante más molesta y merece toda nuestra atención porque puede indicar una enfermedad o un problema más serio.

El más habitual es la endometriosis, pero también puede indicar la presencia de miomas uterinos, pólipos y enfermedad inflamatoria pélvica, entre otras cosas.

Dependiendo del diagnóstico, el tratamiento puede variar desde analgésicos tipo ibuprofeno o naproxeno hasta la cirugía. Así que, si te duele muchísimo la regla, la visita al gine es, de nuevo, obligatoria. Nunca jamás de los jamases te automediques hasta que el "médicx" haya dado su valoración y te diga qué tratamiento seguir.

Dismenorrea membranosa:

Lo bueno es que es muy fácil de reconocer, ya que durante la regla se expulsan fragmentos de tejido membranoso. Lo vas a identificar porque son como coágulos o piezas de tejido. Ya sabes, consúltalo lo antes posible pero sin asustarte.

Endometriosis

Si al bajar el período te duele tanto que tienes que parar tu vida unos días cada mes, algo no va bien. ¿A ver si te sientes identificada? Tienes un malestar intenso con dolores punzantes en el abdomen, espalda baja y pelvis, y síntomas como la fatiga, problemas intestinales y cambios en los patrones de menstruación. ¿Sí? Pues eres candidata a sufrir endometriosis.

Es una enfermedad que padecen entre un diez y un quince por ciento de las mujeres. Como ves, es más habitual de lo que parece y le puede pasar a cualquiera de nosotras.

Se produce cuando el revestimiento del útero (el endometrio) es muy rebelde y decide crecer en lugares donde no debería, como en los ovarios, las trompas de Falopio e incluso en otros órganos. Al llegar la regla, estos tejidos "rebeldes" también sangran y causan dolor, inflamación y, en algunos casos, la formación de tejido cicatricial (llamado tejido fibroso o adherencias).

¿Tiene cura? No la tiene, pero se puede controlar muy bien con tratamiento, así que aunque el problema esté ahí, se puede manejar. ¡Arriba ese ánimo!

Para todas las chicas que están pensando, ¿puedo quedarme embarazada si la tengo? La respuesta es un sonoro: ¡Sí, puedes!

Lo cierto es que el 30 por ciento de las mujeres con endometriosis van a tener dificultades para concebir, pero si lo vemos al revés, eso significa que el 70 por ciento lo va a tener más fácil.

Venga, siguiendo con las matemáticas, si las probabilidades habituales de un embarazo son del 20 por ciento, si tienes endometriosis, estas probabilidades podrían bajar al 10 por ciento en el mejor de los casos. ¡No está mal!

Siendo realistas, no será un camino de rosas, pero puedes conseguirlo. Y si tienes clarísimo que quieres ser madre, busca asesoramiento médico para maximizar tus posibilidades. Hoy en día hay tratamientos espectaculares.

Pruebas para detectar la endometriosis

Es muy probable que tu gine te haga un cuestionario previo. Lógicamente, si la sospecha es alta, te prescribirá pruebas diagnósticas para detectarla. Las más habituales son una ecografía, una biopsia, una resonancia magnética, un análisis de sangre y un examen pélvico. ¡Tranquila, no te va a hacer todas, el "médicx" sabe cuáles son las indicadas para ti!

A lo mejor te asustas si te piden hacer una biopsia de endometrio, pero no te preocupes, es un procedimiento rápido y el dolor es bastante leve, parecido al de la menstruación. A veces, te pueden sugerir tomar un analgésico antes de la prueba.

En cuanto a la ecografía, otra prueba común para detectar la endometriosis puede realizarse a través de la pelvis o la vagina. Es recomendable ir al baño antes para facilitar una mejor visión a través de la ecografía vaginal.

La endometriosis es una afección seria y el diagnóstico temprano es clave para abordarla de manera efectiva. El problema es que, en muchos casos, el dolor menstrual se normaliza tanto que puedes pasar años sin un diagnóstico adecuado y sin saber por qué estás sufriendo tanto.

Nuestro consejo es que insistas mucho a tu "gine" para que tenga en cuenta que tu dolor no es normal y va más allá.

Mejor prevenir que curar

Evita la cistitis:

La cistitis es un problema bastante común, de hecho, casi un ochenta por ciento de nosotras lo experimentamos en algún momento de la vida.

Se trata de una infección del tracto urinario que afecta a la vejiga y la uretra y causa síntomas incómodos, como la necesidad urgente de hacer pis. Viene acompañada de ardor al orinar, pis turbio o con sangre y dolor e inflamación en la zona de la pelvis. A veces, puede dar un poquito de fiebre.

Cuáles son sus causas:

Las infecciones de orina tienen como origen las bacterias de nuestro propio intestino (principalmente Escherichia coli) y de la zona perianal. Debido a la proximidad del ano y la uretra, a veces las bacterias migran y llegan a la vejiga.

Tras haber mantenido relaciones sexuales, es posible que se introduzcan bacterias, creando también un caso de cistitis. El uso de métodos anticonceptivos como los diafragmas también favorece la propagación de bacterias, ya que pueden comprimir la uretra o interferir con la flora bacteriana vaginal natural.

Y por último, están las cistitis que se producen en la menopausia. La disminución de los niveles de estrógeno hace que se den cambios en la mucosa vaginal, lo que altera el pH vaginal y la flora bacteriana natural. Se crea un caldo de cultivo para la aparición de nuevas bacterias. Además, en esta etapa, los tejidos vaginales y urinarios se vuelven más laxos, lo que, combinado con las pérdidas de orina, aumenta el riesgo de infecciones urinarias.

Prevención:
  • La correcta higiene antes y después del sexo es una medida útil para expulsar posibles bacterias que puedan haber ingresado en la uretra. Hacer pis después del sexo también ayuda.

  • Bebe suficiente agua (al menos 1,5 l al día) para ayudar a limpiar el tracto urinario.

  • No demores la necesidad de hacer pis. Ve al baño tan pronto como sientas la necesidad.

  • Límpiate siempre de delante a atrás, ya que las bacterias pueden salir del intestino y pasar con cierta facilidad a la vagina.

  • No te hagas duchas vaginales, puede que estés eliminando microorganismos de la microbiota normal que actúan como defensores naturales contra las infecciones.

  • Evita productos irritantes como espermicidas, desodorantes íntimos o jabones con un pH alto.

  • Lávate utilizando la mano. Las esponjas acumulan con facilidad microorganismos indeseables.

  • Utiliza ropa transpirable.

  • Nunca te quedes con el bikini mojado puesto.

  • Siempre es mejor una ducha que un baño. Evitas el agua parada y sus gérmenes.

Será tu "médicx" quien haga el diagnóstico y, muy probablemente, un cultivo de orina para identificar el tipo de bacteria involucrada. Así, te recetará el antibiótico adecuado.

Flujo y colores

El flujo vaginal es una parte totalmente normal en todas las mujeres. Está compuesto por una combinación de fluidos y células que provienen de la vagina y el cuello uterino.

Tenerlo a diario es normal y muy necesario porque nos indica que todo funciona bien. En concreto sirve para:

  • Evita la sequedad vaginal.

  • Favorece el equilibrio de la flora vaginal.

  • Actúa como una barrera contra las infecciones vaginales.

  • Sirve como lubricante natural durante las relaciones sexuales.

  • Mantiene el pH vaginal en un equilibrio perfecto, entre 4.0 y 4.5, un nivel esencial para la salud óptima de la vagina.

Puede que tú no lo notes y pienses que no tienes flujo, pero te aseguramos que está ahí. De otro modo, tendrías sequedad vaginal y eso es sinónimo de menopausia.

Este compañero constante varía según el momento del ciclo menstrual y pasa por estas fases:

  • Fase folicular o preovulación. Al principio del ciclo, el flujo es escaso, transparente y un poco líquido. Con el tiempo, se vuelve más denso.

  • Ovulación. Ahora la probabilidad de embarazo aumenta, y el flujo se vuelve abundante, cremoso y, a veces, blanco o amarillento. Prueba a coger un poco entre tus dedos y verás que su consistencia es como la de un "moco". También se parece a la clara de huevo crudo: transparente, elástica y, en ocasiones, abundante. ¡No te preocupes, es una señal de un ciclo saludable!

  • Fase lútea o postovulación. Si no te has quedado embarazada, se parece bastante al de la fase folicular. El flujo vaginal transparente o blanco es una parte natural y saludable del funcionamiento vaginal, con variaciones comunes según el ciclo, como hemos visto.

Y es que el color sí importa cuando hablamos de leucorrea (otro nombre del flujo vaginal). No es lo mismo que sea blanco, amarillo, verde, rosa o marrón. La vagina es una paleta de colores en constante evolución, que debemos conocer para saber si debemos o no preocuparnos.

Flujo rosa o rojo

¿Es normal el flujo rosado? La respuesta corta es sí, pero con matices.

Cuando el óvulo rompe el folículo y es expulsado, ya maduro, se produce este flujo rosado. Conocido como spotting ovulatorio, es muy frecuente y no suele ser motivo de alarma. Aproximadamente el 5 por ciento de las mujeres experimentamos este tipo de mini sangrado.

A menudo, es una señal de que tu cuerpo se está preparando para la menstruación. Sin embargo, hay otras razones posibles.

Después de tener relaciones:

Si solo notas secreción rosada de vez en cuando después del sexo, no te preocupes. A veces, la fricción o una actividad sexual intensa pueden romper pequeños vasos sanguíneos en la mucosa vaginal o el cuello del útero.

Mantener relaciones los días previos a la regla puede generar un flujo incluso de color marrón oscuro.

Ahora bien, si el flujo en esta tonalidad es una visita constante y viene acompañado de dolor, ardor, micción frecuente o dificultad para orinar, es hora de hablar con un especialista. Esta situación también puede ser causada por la ruptura de capilares, pero podría llevar a complicaciones infecciosas. Además, puede indicar un quiste, endometriosis… ¡No lo dejes estar y consúltalo!

Tomando anticonceptivos:

La gama aquí es amplia y va del rosa claro al rojo muy oscuro, casi marrón. No debería ser motivo de desvelo, especialmente durante los primeros tres meses de uso de los anticonceptivos, cuando tu cuerpo se está adaptando a la química. De todos modos, tu gine puede recomendarte que cambies de marca o incluso de método. Y se va a asegurar, además, de que el motivo no sea ningún cambio hormonal.

Flujo rosado en el embarazo:

Nos trasladamos a la consulta del especialista y le contamos que hemos notado secreción rojiza al limpiarnos, algo que no cuadra porque ya no tenemos la regla. De nuevo, el mensaje es tranquilizador y es más que probable que no ocurra nada malo.

Después de la ovulación y durante el embarazo, es posible experimentar un sangrado ligero que puede resultar en un flujo rosado. Esto ocurre sobre todo en el primer mes de embarazo —debido al sangrado de implantación— y en el último mes en anticipación al parto. El color también puede ser más oscuro e incluso llegar al rojo amarronado.

Hacia el final de la gestación, es posible perder el tapón mucoso que ha estado protegiendo al bebé. A veces, sale de una sola pieza (el susto es bueno porque te imaginas lo peor y acabas en urgencias, fijo) y otras se disuelve y aumenta la cantidad de flujo.

Ya sabes que si se convierte en un visitante frecuente no deseado, es hora de programar una cita médica.

En la menopausia:

Si lo piensas, tiene todo el sentido, porque, por un lado, tenemos menos lubricación y, por otro, los cambios hormonales nos afectan en varias direcciones. Así que el flujo rosa no es preocupante, a menos que venga asociado con otros síntomas: dolor, olor, si es demasiado abundante…

Flujo amarillo vagina:

Cuando es claro y no viene acompañado de otros síntomas, es normal en cualquier momento. Quizás algo molesto, ya que te obligará a usar salvaslips, pero por lo demás, todo está bien.

Sin embargo, es importante prestar atención si tiene un color amarillo más oscuro, un olor fuerte o viene acompañado de ardor o picor. En este caso, puede indicar la presencia de una infección, como la vaginosis bacteriana, la tricomoniasis o la candidiasis.

El flujo amarillo no siempre es sinónimo de estas tres infecciones vaginales, pero suelen ser las causantes. Ninguna de ellas es terrible y se tratan muy bien con antibióticos o antifúngicos, que te va a prescribir tu "médicx".

Flujo marrón:

Primero, el flujo marrón durante la menstruación es como ese último invitado a la fiesta que no se va. Se trata de restos de sangre que han decidido quedarse un poquito más. ¿Has notado que cuando dejas un tampón por mucho tiempo, el color tiende a ser más marrón que rojo? ¡Exacto, eso es!

Si experimentas dolor al orinar o síntomas similares, no hay que restarle importancia y puede ser la señal de infecciones más serias como la gonorrea u otras enfermedades de transmisión sexual.

Por otro lado, si el flujo marrón persiste y se acompaña de otros síntomas molestos, podría indicar la presencia del síndrome de ovario poliquístico (SOP). Ya te hemos contado que es un síndrome hormonal que viene acompañado a menudo de flujo marrón o color café. Junto con esto, puedes experimentar síntomas variados que van desde el aumento de peso y acné hasta problemas de fertilidad. Asegúrate de recibir un diagnóstico preciso y temprano, crucial para tratar el SOP de manera efectiva.

En la etapa de la menopausia, el flujo marrón puede ser un asistente habitual a la fiesta, especialmente si estás experimentando otros síntomas como sofocos, cambios de humor, insomnio o sequedad vaginal.

Si el flujo marrón tiene un olor desagradable, persiste muchos días, aparece después de las primeras semanas de embarazo o viene con otros síntomas, podría ser indicativo de un problema de salud más serio. En ocasiones, puedes manchar con este color si te has sometido a alguna intervención quirúrgica mayor como el tratamiento del cáncer de cérvix.

En cualquiera de estos casos y para quedarte tranquila, acude al especialista y que lo valore.

Flujo verde:

Es el color que hace saltar todas las alarmas, porque nos está diciendo que tenemos una infección. Suele venir acompañado de mal olor, y eso te puede asustar. No entres en pánico, ya que, en la mayoría de los casos, no es nada grave.

Sin embargo, si notas un cambio drástico en el color y el flujo es grumoso, es mejor que consultes a tu ginecólogo. El flujo verde, por lo general, es un signo de infección. Las causas más comunes son la tricomoniasis o la vulvovaginitis.

Puede aparecer en diferentes momentos de la vida: antes de la menstruación, durante la menopausia o en el embarazo. Incluso hay casos de niñas con secreción de color verde, generalmente debido al uso de ciertos productos químicos en jabones.

La buena noticia es que el flujo verde generalmente no está relacionado con el cáncer. Aunque a veces puede ser un signo de candidiasis, que tiene tratamientos sencillos disponibles. Así que la próxima vez que vayas al baño, échale un vistazo al papel antes de tirarlo.

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