Carta a lo que se quedó en el camino
Este 2025 fue un año difícil porque me tocó, nuevamente, experimentar pérdidas materiales y también despedirme de Princesa, una mascota que me acompañó por casi nueve años. Asimilar la idea de que se había ido me dolió mucho.
Así mismo, tuve que morir a sentimientos que no me hacían bien. No fue fácil y, en el intento, sentí que tuve que reordenar todo dentro de mí.
Una carrera de 5 km en Riobamba
En noviembre tuve la oportunidad de viajar a la linda ciudad de Riobamba para participar en una carrera de 5 kilómetros a más de dos mil metros de altura. El miedo me invadió antes de empezar porque temía no poder y tener que parar.
La realidad fue que disfruté mucho correr con la brisa en la cara, con una temperatura de 13 grados, escuchar la música de banda y finalmente llegar a la meta, temblando de frío por una ligera llovizna que empezó un kilómetro antes de terminar.
Mi cuerpo sigue estando listo para estos retos y eso me da mucha felicidad, además de motivarme a seguir entrenando, no solo para participar, sino para ganar.
Un viaje exprés a Guaranda
Este viaje me dejó como lección que no necesitas mucho presupuesto para conocer nuevos lugares. Guaranda es una ciudad de la Sierra ecuatoriana con varios atractivos turísticos que la hacen alegre y acogedora.
Sus calles coloridas evocan el deseo de fotografiarlas todas. Aquí el tiempo transcurre sin prisa y la tranquilidad que se vive fue justo lo que necesitaba para respirar un poco de calma.
Una carta al insomnio
El hecho de no poder dormir ya es parte de mi rutina. Hay días en los que no es tan grave y otros en los que sí. No sé de qué dependa, pero dormir de manera fragmentada se volvió habitual en mí.
Ya no lucho contra esto; solo trato de cumplir mis horas de sueño lo mejor que puedo. Aprovecho ese tiempo pensando y ordenando ideas en esos minutos u horas en los que permanezco despierta.
Algo que no quiero repetir
Quiero aprender a vivir sin culpas, sin decirme que no hago lo suficiente, sin sentirme menos. Este año fui muy dura conmigo misma y permití situaciones que no me sumaban y que, al contrario, me dejaron vacíos y dudas.
No quiero volver a ser una persona que se conforma con migajas de atención o que se ilusiona confundiendo situaciones que no le convienen. Me equivoqué, sí, pero no es algo que quiera repetir.
Lo que aprendí sobre el amor
En esta parte me pasó como el meme que dice que tuve problemas de pareja sin tener pareja. Aunque no tuve una relación formal, sí pasé por un par de situationships —y quizá algo menos que eso— que me dejaron una enseñanza importante: aprender a conocerme, a saber quién soy y qué quiero.
Aún estaba repitiendo viejos patrones que creía superados. No quiero nada a medias, no quiero conformarme con romances en la clandestinidad. Quiero a alguien que me elija y me demuestre que, más allá de la atracción, existe un sentimiento genuino que nos une y nos acompaña en este camino de la vida.
Ir a terapia fue una de las mejores decisiones del año
Hace un año supe que no podía seguir cargando con todo yo sola, por eso busqué ayuda psicológica. Contar con este espacio me da mucha tranquilidad, porque me siento escuchada y acompañada.
Muchas de mis creencias son cuestionadas y, a veces, no encuentro respuestas para sostenerlas. Es ahí donde la terapia actúa: sacándome de mi zona de confort, planteándome nuevos escenarios y ayudándome a entender por qué no es sano aferrarse a algo que hace daño.
Suena lógico, pero no ha sido fácil comprenderlo. Solo puedo decir gracias a mi psicóloga, que con paciencia y cariño siempre me escucha.
Académica y laboralmente, fue un año de prueba
Académica y laboralmente, este fue un año que me exigió más de lo que esperaba. Terminé la maestría en septiembre y aún me pregunto cómo lo logré. Hubo momentos de cansancio, de duda y de sentir que no estaba lista.
A la par, asumí pequeños retos en el trabajo que, aunque no siempre fueron visibles, marcaron un antes y un después en mi forma de verme. Me encontré en espacios donde nunca imaginé estar, con miedo, con inseguridad, pero también con una curiosidad nueva por intentar algo distinto.
Aprendí que no siempre se trata de brillar, sino de sostenerse. De atreverse, aunque sea con pasos pequeños. Hoy sé que la creatividad no tiene un solo camino y que confiar en uno mismo es parte del proceso.
Algunas personas me sostuvieron sin saberlo
“Amigo” es una palabra muy profunda para mí. No es lo mismo un compañero de trabajo que un amigo.
Mi lugar de trabajo me regaló la amistad de personas que me aprecian, me entienden, me escuchan y están ahí para mí. A ellos, todo mi agradecimiento y cariño. No es poca cosa contar con ustedes en mi vida.
Me sostuvieron en días en los que solo quería llorar, me aconsejaron —aunque no siempre los escuché— y me animaron a creer en mí. Espero poder devolverles, de la misma manera o incluso más, todo lo que me dan. Su amistad hace mi vida un poco más feliz.
Reflexión final
No tengo un gran cierre de año. No hay noticias rimbombantes ni logros que presumir. Resistir de pie varias tormentas ya fue suficiente. Este año me enseñó a equilibrar, a resistir sin endurecerme y a seguir construyendo, incluso cuando no tenía claridad. Me equivoqué conformándome con poco, pero eso también me ayudó a entender que no estoy hecha para recibir migajas.
No llegué a donde pensé que estaría, pero tampoco soy la misma que empezó el año. Y eso, aunque a veces no lo parezca, también es avanzar. Que el nuevo año traiga cosas nuevas: viajes, amor, retos personales y la valentía de seguir caminando sin tenerlo todo resuelto.
Desde un pequeño rincón de América del Sur se despide una soñadora de cepa.
Con amor,
Paola















