El 8 de diciembre de 2025 se marcó el primer aniversario de la caída del régimen de Bashar Al-Assad, llevando al colapso de una dinastía familiar que gobernó Siria con puño de hierro durante más de cinco décadas. En una ofensiva militar que comenzó Hay'at Tahrir al-Sham (HTS) y una coalición de fuerzas rebeldes el 27 de noviembre de 2024, se transformó rápidamente en la toma de Damasco y la huida de Assad hacia el exilio en Moscú.
Este hecho convirtió un conflicto sin avances en un laboratorio geopolítico vertiginoso para la región. Después de un año, el país se encuentra bajo el liderazgo aparentemente transitorio de Ahmed Al-Sharaa (conocido por el nombre de guerra de Abu Mohammad Al-Golani), quien encabezó la revolución de HTS, organización que es un desprendimiento de Al Qaeda y cuyo liderazgo promete un "nuevo amanecer" para la nación, eso sí, bajo un liderazgo islámico.
Al Sharaa es, sin duda, uno de los elementos más polémicos y polarizadores del cambio en Siria. Tuvo su versión de cambio extremo, una reinvención de su figura: de dejar de ser visto como el islamista radical miembro de una de las organizaciones internacionales más repudiadas a convertirse al menos públicamente en un líder nacional, pragmático y estadista.
Sin embargo, en Siria persisten profundas fracturas sectarias, desafíos de seguridad y una crisis económica severa que amenazan con descarrilar la transición. Desde la toma del poder, la administración ha avanzado en la creación de estructuras estatales que buscan legitimar su gestión.
En febrero de 2025, se celebró una "Conferencia de Diálogo Nacional" que, aunque criticada por algunos como apresurada, logró reunir a cientos de sirios para discutir el futuro del país, logrando casi un mes después una declaración constitucional para establecer la transición política y la reestructuración del Estado en un período de al menos cinco años y planteando la posibilidad de impulsar una nueva constitución en un plazo de cuatro años para el futuro del país.
Se ha abandonado la retórica puramente islamista radical en favor de un discurso de unidad nacional. Aunque su transformación no convence a todos, ya que persiste la existencia de grupos extremistas y yihadistas que se oponen a su camino "pragmático", considerándolo una traición a los principios ideológicos originales de la insurgencia que no busca que el islam se adapte al sistema, sino islamizarlo y que este se adapte a los criterios religiosos.
Es posible que este camino del pragmatismo sea lo que ha permitido la rápida aceptación e incluso validación hacia el nuevo gobierno por parte de Occidente y las potencias regionales. La comunidad internacional priorizó la estabilidad y la contención de la influencia iraní, adoptando una postura hacia la Realpolitik y los beneficios inmediatos del vínculo.
Estados Unidos ha sido uno de los actores que más ha validado la gestión de Al Sharaa a través del presidente Donald Trump, levantando sanciones, permitiendo a Siria reintegrarse en la economía global y reduciendo su dependencia de actores como Irán. También con incentivos económicos promoviendo un deseo de anclar a la nueva Siria en la esfera económica occidental, así como el reconocimiento diplomático, llevando a Al Sharaa incluso a dirigirse a la 80.ª Asamblea General de las Naciones Unidas en New York en setiembre de 2025, lo que demostró simbólicamente esta aceptación global.
En paralelo, Siria ha logrado reincorporarse en la Liga Árabe, un paso que ya se anticipaba pero que se aceleró tras el cambio de régimen, como parte de las estrategias de la región para acercarla al eje de influencia árabe y alejarla de la órbita de Teherán, manifestando esa importancia de contención frente al gobierno iraní.
Sin embargo, y pese al positivismo que pueden vender algunos sobre el cambio en Damasco, la situación interna sigue siendo precaria. El control del gobierno central no es absoluto, sino que debe convivir con la existencia de feudos en diferentes zonas que podrían llevar a su balcanización y división y las viejas heridas y la falta de una justicia transicional debido a la guerra civil no se cerrarán tan fácilmente solo con la caída del régimen de los Assad.
Y es que el tema no es menor, se habla de más de una década de conflicto, millones de desplazados internos y migrantes, así como cientos de miles de muertos entre población civil y militares de uno u otro bando.
También, una de las situaciones más delicadas del país son los derechos y condiciones de las minorías religiosas (cristianos, drusos, alauitas), la cual sigue siendo crítica. De hecho, en un informe de la Cámara de los Comunes del Reino Unido destaca que la "violencia extensiva" ha tenido como objetivo a algunos de estos grupos, generando desconfianza, inseguridad y miedos entre los colectivos que se puedan sentir amenazados.
A lo anterior se suma el factor kurdo, ubicado principalmente en el noreste del país, el cual sigue siendo un foco de tensión. Aunque se llegó a un acuerdo en marzo de 2025 para integrar la administración kurda en las instituciones del gobierno central antes de fin de año, el progreso se ha estancado y no se ven mayores avances al respecto.
Desde el punto de vista táctico pero asociado a Israel, el cambio de régimen en Siria representa tanto una amenaza potencial como una oportunidad estratégica histórica, ya que el colapso de Assad ha debilitado significativamente el "Eje de la Resistencia" liderado por Irán, si eventualmente se lograra impulsar un acuerdo de seguridad por medio de los Estados Unidos podrían lograr una frontera tranquila sin depender de una presencia militar israelí continua como ocurre actualmente dentro de las aldeas drusas al sur del país.
Un debate estratégico interno es si Israel debiera aprovechar el momento para promover una normalización gradual con el gobierno de Damasco, sumándolo al bloque de los países firmantes de los Acuerdos de Abraham que impulsan inversiones y cooperación. Pero para esto existe un problema estratégico y es la situación del Golán, considerado a nivel internacional como territorio sirio bajo ocupación, pero importante para la superioridad territorial de Israel frente a cualquier amenaza que salga de ese sector, así como la seguridad hídrica que el Golán garantiza.
Otro factor de ruptura en el caso sirio es la economía del país que continúa en una situación desesperante. Pese a la apertura internacional, el país enfrenta una "crisis económica severa". La debilidad económica y militar del país lo ha dejado en una profunda dependencia de la ayuda extranjera. La reconstrucción física y social del país requerirá décadas, y la estabilidad actual depende en gran medida de que esta ayuda financiera fluya sin interrupciones.
La viabilidad financiera de Siria en esta nueva realidad dependerá de un cambio de patrocinadores donde en lugar de fiarse de los recursos iraníes puedan recibir apoyos de las potencias suníes del Golfo más Turquía. Los informes señalan la necesidad de acciones económicas que puedan aliviar y estabilizar la estructura del nuevo régimen gobernante, comenzando con un alivio de deuda y energía, ante lo cual el Banco Mundial confirmó en mayo de 2025 que Arabia Saudita y Qatar liquidaron la deuda externa pendiente de Siria. Además, el gobierno de Qatar ha impulsado un plan de siete mil millones de dólares destinados a la reparación de las redes eléctricas del país para darle un poco de estabilidad a la sociedad siria.
También, la influencia de Ankara se ha disparado, con aumentos de las exportaciones turcas a Siria durante el primer año de transición, consolidando la integración económica del norte con Turquía y se complementa con la ayuda europea para la recuperación y como parte del final del aislamiento occidental.
El "milagro" de la estabilidad política contrasta con una realidad humanitaria devastadora que amenaza con desbordar al nuevo estado que son la pobreza extrema donde el país tiene números en rojo de manera grave con altísimos índices de pobreza extrema y el pendiente del retorno de los desplazados y refugiados que puede incrementar los flujos de poblaciones migrantes que podrían agravar la situación del país.
Por último es importante señalar que tras un de la caída de Bashar Al-Assad, Siria no es por el momento ni el paraíso democrático que soñaban los occidentales acerca de los revolucionarios del año 2011 ni tampoco se ha transformado en el emirato islamista radical que se temía los occidentales, sino que se ha transformado en una entidad híbrida que hace a su vez función de pivote en la realidad que se ha querido construir en la región a través del control político y militar frente a amenazas externas, primando la Realpolitik sobre cualquier otro factor que ocurra internamente en el país o con la figura de su líder.
Referencias
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