Entusiastas jóvenes peruanos recibirán apoyo en su formación gracias a sus acciones viralizadas en redes sociales.
La historia de Cliver Huamán Sánchez, mejor conocido como Pol Deportes, ha mostrado cómo, en el Perú, el talento puede florecer incluso en los lugares y las situaciones más inesperadas. El joven narrador se volvió viral tras transmitir, con un celular y desde lo alto de un cerro, la final de la Copa Libertadores. Su espontaneidad lo llevó a medios nacionales y su popularidad no solo despertó admiración, sino que también le abrió una de las oportunidades más difíciles de alcanzar para muchos jóvenes: acceder a estudios superiores. El propio presidente de la República, José Jerí, lo invitó al Palacio de Gobierno y le ofreció apoyo para su formación profesional, un gesto que para él significó un punto de partida en su desarrollo académico.
Un caso similar ocurrió con Rubí Guerra Huisa, conocida como la “Palta emocionada”. Tras aparecer en redes con un disfraz improvisado, bailando y lanzando la frase “¡Llévenme a su casa, háganme ensalada!”. Su exposición no quedó en simple tendencia, porque le permitió recibir una beca de actuación otorgada por una reconocida compañía teatral, impulsando un sueño que parecía lejano.
Tanto Pol Deportes como Rubí encontraron en la viralidad un camino inesperado hacia la educación, algo que miles de jóvenes solo pueden imaginar.
Pero estas historias también evidencian una paradoja: mientras algunos logran oportunidades gracias a la exposición mediática, la mayoría debe enfrentar un sistema que no ofrece igualdad de acceso. En el Perú, acceder a educación superior sigue siendo un privilegio difícil de alcanzar: según datos recientes, solo tres de cada diez ciudadanos, aproximadamente, logran matricularse en una universidad o instituto técnico.
Las razones son múltiples: lejanía, escasa infraestructura, costos elevados, falta de información, limitaciones tecnológicas, deficiencias en la calidad educativa, factores que muchas veces terminan empujando a los jóvenes a abandonar el sueño de estudiar.
Es en este contexto que los programas públicos como Beca 18 deberían ser decisivos. Sin embargo, la situación actual evidenciaría fallos. Según un informe de La República (publicado el 2 de diciembre de 2025), el Congreso aprobó solo 50 millones de soles para Pronabec, a pesar de que la institución había solicitado cerca de 793 millones de soles para atender la demanda del próximo año. Esta cifra apenas alcanzaría para financiar unas 2.000 becas, pese a la promesa gubernamental de 20.000. Es decir, solo se estaría cubriendo el 10 % de lo anunciado.
La exdirectora de Pronabec, Alexandra Ames, afirmó en una entrevista con Infobae Perú (fechada el 26 de noviembre de 2025) que este recorte se originó por un “error técnico” del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), al interpretar que el presupuesto solicitado era únicamente para nuevas becas, dejando fuera los recursos para estudiantes que ya estaban cursando estudios. Este fallo de cálculo no solo limita el acceso de nuevos beneficiarios, sino que también pone en riesgo la continuidad de quienes ya habían obtenido la posibilidad de estudiar.
Y es que esta acción puede originar que miles de jóvenes talentosos, especialmente de zonas rurales o de bajos ingresos, puedan ver truncadas sus aspiraciones. Situación que contradice la idea de que la educación superior sea un derecho accesible para todos.
Si analizamos a profundidad estas circunstancias, existen dos problemas de desigualdad: por un lado, la coincidencia de talento más visibilidad mediática puede generar oportunidades como en el caso de Pol Deportes o Rubí; por otro lado, la mayoría del talento real jamás será visto, porque no hay mecanismos suficientes para detectarlo o apoyarlo. Situación que hace a este periodista preguntarse: ¿queremos celebrar historias aisladas o construir un país donde estudiar y formarse no dependa de ser viral?
Hace falta una visión de largo plazo que apueste por la equidad: no basta con premiar lo que aparece, hay que generar estructuras que permitan que cualquier joven con talento tenga las mismas oportunidades.
Historias como las de Pol Deportes y Rubí Guerra no deben verse como casos aislados o curiosos. Deben servir como espejo de lo que muchos podrían lograr si tuvieran las condiciones adecuadas, y también como llamado de alerta.
En ese contexto, la sociedad, las familias, las empresas, las organizaciones comunitarias y los medios de comunicación también tienen un rol vital: visibilizar el talento, acompañar procesos, exigir transparencia en los apoyos y fomentar redes de solidaridad que mitiguen las desigualdades. Porque cuando la educación deja de ser una posibilidad para muchos y se convierte en privilegio de unos pocos, lo que se está debilitando no es solo un futuro individual, sino el futuro colectivo del país.
En conclusión, el talento no debería depender del azar, de un video viral o de que alguien lo conozca. La educación debe ser un derecho garantizado. Y las oportunidades reales deben ser construidas por políticas firmes, con presupuestos adecuados y a raíz de la convicción nacional de que invertir en jóvenes es invertir en el presente y en el futuro del Perú.















