Los vórtices culturales pueden ser tanto positivos como negativos. El segundo caso, para empezar con las malas noticias, se trata de conquistas, sumisiones de una cultura bajo otra gobernante, o en el peor de los casos, absorciones, es decir, cuando una cultura engulle a otra, destruyendo sus valores culturales como idioma y tradiciones para imponer la suya. El peor de los casos es el mecanismo de exterminio, como ha habido tantos en el ancho mundo. Vamos a dar varios ejemplos para seguir acercándonos a lo que queremos contar en este artículo.
Sumisiones
Hay un mito muy extendido a lo largo de la historia y es que cristianos, musulmanes y judíos convivían pacíficamente en la España conquistada por los musulmanes; pero muchos historiadores lo han desmentido. Lo que hubo —en un breve período de la dominación musulmana— fue tolerancia comprada mediante la jizya, que era un impuesto anual obligatorio que los hombres no musulmanes (conocidos como dhimmíes, que incluían cristianos y judíos) debían pagar en Al-Ándalus a cambio de protección y exención del servicio militar.
Además, quienes poseían tierras cultivables debían pagar otro impuesto llamado kharaj. No vamos a adentrarnos en estos temas, solo los mencionamos como ejemplo de sumisión. Vivir en convivencia y libertad real es otra cosa.
Ciertamente, cuando la reconquista expulsó tanto a los musulmanes como a los judíos de España —de lo que hoy llamamos España, mayormente—, los cristianos demostraron que no eran tan diferentes, pues les exigían a ambos la conversión para poder quedarse. Luego se estableció la “santa inquisición” para purgar a los conversos judaizantes, es decir, a los judíos conversos que se sospechaba que seguían practicando el judaísmo en secreto.
La libertad de culto no estaba en su mejor momento. Pero así era en mayor o menor grado en el mundo musulmán: algunas dinastías eran más tolerantes que otras. Por ejemplo, Maimónides abandonó España cuando se volvió imposible seguir viviendo en paz en ella y se refugió inicialmente en Egipto, donde había una comunidad judía. De hecho, al colmo del paroxismo, fue el médico de la corte del sultán Saladino y también del rey Ricardo Corazón de León durante la Tercera Cruzada. Así pues, España dejó ir a una de las eminencias más reverenciadas del judaísmo, respetada incluso entre musulmanes y cristianos ingleses. Pero bueno, tampoco es nuestro tema esta vez, por fascinante que sea…
Absorciones
Estos procesos culturales no son necesariamente negativos, pues no son forzados en todos los casos, aunque en otros sí. Otras veces, la fuerza de una nueva cultura reinante absorbe por fuerza propia u otra cuyos valores no son defendidos a capa y espada o que por conveniencia se entrega a la otra cultura. Por ejemplo, los egipcios faraónicos fueron desapareciendo paulatinamente al mezclarse con griegos y romanos, para finalmente ser conquistados por los musulmanes. Los judíos, en cambio, según muchos historiadores, llegaron a Canaán, entre otras regiones, y los cananitas se diluyeron en su cultura: fueron absorbidos. Ciertamente hubo muchas guerras, pero el mejor ejemplo de la absorción es que la bisabuela del rey David era Rut:
Una moabita que se había casado con uno de los hijos de la familia hebrea Elimélec y Noemí — Malhón—, quienes habían dejado Belén de Judá para ubicarse en Moab debido a una hambruna.
Conquistas
Esta categoría, más amplia, es más fácil de mencionar, pues hay para todos los gustos. Para salirnos de las consabidas conquistas precolombinas, mencionaremos las mongólicas, sobre todo de Gengis Khan y las del islam en la India, que implicaron cerca de sesenta millones de indios muertos durante el periodo de conquista musulmana.
Los turcos vienen de los pueblos túrquicos del lejano oriente. Una teoría de por qué los turcos suelen ser musulmanes hoy en día es que Seljuk, el antepasado de los turcos selyúcidas, se convirtió al islam en el siglo XI. Sus motivos no están claros. Al parecer, fue por inspiración divina, pero pudo haber sido por algún beneficio social o militar al unirse a la religión de sus poderosos vecinos musulmanes en Persia. Antes de convertirse, Seljuk y su familia pudieron haber sido cristianos o judíos, ya que todos sus hijos tenían nombres bíblicos.
Así, los turcos pasaron del alfabeto köktürk al alfabeto árabe implementado en el turco. Como este último alfabeto no era muy conveniente para la lengua turca, ya desde el período otomano hubo intentos de utilizar el alfabeto latino modificado, pero ello no se logró hasta la llegada de Kemal Atatürk al gobierno de la recién fundada república de Turquía. Atatürk incluso exigió que el adhan —llamado a la oración de los musulmanes— se recitara en turco en lugar de árabe. Muchos turcos religiosos opinan que, en Turquía, si un musulmán practica bien su religión, es por defecto anti-Atatürk.
Sin embargo, otros reconocen que sin Mustafá Kemal no habría islam en Turquía, pues los británicos y franceses habrían implantado el cristianismo. Así, irónicamente, para una fracción de los turcos religiosos, es el héroe que salvó al islam turco de los infieles de Occidente.
Nuestro enfoque, no obstante, se relaciona con el acercamiento cultural, pues al usar el alfabeto latino adaptado para incluir los fonemas particulares del turco, Atatürk dio un paso gigantesco hacia occidente, sobre todo si se considera que el Imperio Otomano fue enemigo de Europa. Esta decisión puede asimismo deberse a la cercanía. Comoquiera que haya sido, es algo que, por ejemplo, los pueblos que usan el alfabeto griego o cirílico no han hecho, pues ya son parte de occidente, y en parte porque tanto el alfabeto latino como el cirílico derivan del griego: el cirílico directamente, y el latino con el etrusco de intermediario.

El texto, escrito en turco otomano con caracteres árabes, trata sobre narraciones y tradiciones religiosas, incluyendo descripciones del Día del Juicio, los ángeles y la vida después de la muerte. La página derecha presenta un mapa detallado de la Península Arábiga y las regiones circundantes, destacando importantes lugares sagrados islámicos, principalmente la Kaaba en La Meca, junto con etiquetas para diversas ubicaciones.
Exterminios
En esta categoría no hay intención de aproximación. No debería estar dentro de los casos que atisbamos en nuestra búsqueda de acercamientos culturales. Sin embargo, el proceso de exterminio sí está de alguna manera presente al cruzar una barrera cultural, y aún más al integrarse en una cultura dentro de un sistema multicultural como, por ejemplo, el europeo.
Desde luego que ha habido muchos otros anteriormente, para bien y para mal. Por ejemplo, pensemos en China, tanto la actual como cualquiera de sus versiones. Desde que el reino de Quin integrado en la antigüedad, el primer modelo chino, era ya una convivencia de muchas culturas —de muchos reinos— en un gran conglomerado bajo el gobierno del hijo del cielo.
La URSS es otro ejemplo, formada a partir del Imperio Ruso, que a su vez se formó a fuerza de brutales matanzas y sometimiento de los pueblos de Siberia. O, la casi extinción de los pueblos indígenas en EEUU. Algunos sí se extinguieron, también en el resto de América, desde Canadá hasta Argentina, et caetera. En todos estos casos siempre han muerto costumbres, idiomas, religiones…, digamos culturas. El pueblo tibetano o el uigur en China nada tiene que ver con la mayoría de los reinos que conformaron China. No quisiéramos que el proceso de extinción cayera definitivamente sobre ellos; sería mejor una aproximación cultural que conllevara una convivencia pacífica.
Porque una cosa es cierta: el acercamiento cultural no debe ser un caballo de Troya para una posterior extinción cultural. Sería una trampa vil, digna de un energúmeno ajeno a la civilización. Pero sabemos que esto que no debería darse, desgraciadamente, ya se ha dado. No nos queda otra cosa que luchar para que no se repita nunca más.
Notas
El nombre Rut.
Los jóvenes turcos, la masonería y el genocidio armenio















