El cambio climático, debido a las actividades humanas, representa uno de los mayores desafíos globales actuales, y es innegable su efecto en el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos en Europa.
Entre sus múltiples consecuencias, las marcadas diferencias regionales en las condiciones climáticas significan una amenaza creciente que estos peligros climáticos representan para la propiedad y la vida.
La población mundial debe estar preparada para más días con altas temperaturas y eventos de precipitación más extremos: en el informe interactivo Europe's changing climate hazards, de la AEMA (Agencia Europea del Medio Ambiente), se puntualiza que el cambio climático está ocurriendo y deberíamos estar preparados para olas de calor más intensas, inundaciones y tormentas, incendios forestales y escasez de agua.
Los peligros relacionados con el clima afectan a las regiones, a los sectores de la economía y a los miembros de la sociedad de diferentes maneras, por lo que cobran importancia los responsables de la toma de decisiones que, con los mejores datos e información, ayuden a comprender los imperativos y puedan realizar los preparativos necesarios, adaptados a los diferentes escenarios y a las posibles consecuencias, a nivel europeo, nacional y subnacional, basados en índices, con una visión general de los cambios pasados y previstos en los peligros climáticos más importantes de Europa.
Consideraciones iniciales
La política europea contra el cambio climático es parte de un enfoque transversal y se enmarca en el contexto del Pacto Verde para el Clima.
Este pacto, propuesto por la presidenta de la Comisión Europea en diciembre de 2019, se perfila como la estrategia de crecimiento económico de la Unión Europea e incluye un paquete de iniciativas políticas cuyo objetivo es situar a la UE en el camino hacia una transición ecológica, con el objetivo de alcanzar la neutralidad climática en la UE de aquí a 2050.
La base para la transformación de la UE en una sociedad con una economía moderna y competitiva incluye iniciativas que abarcan el clima, el medio ambiente, la energía, el transporte, la industria, la agricultura y las finanzas sostenibles, todas ellas estrechamente relacionadas.
La apuesta por la lucha contra el cambio climático en la UE se integra, además, en su política presupuestaria. Tanto es así que el actual Marco Financiero Plurianual 2021-2027 destina al menos el 30 por ciento de sus recursos a la acción climática.
Este compromiso se amplía en el contexto del Plan de Recuperación de la Unión Europea, con el que el 30 por ciento del presupuesto europeo se destinará a la lucha contra el cambio climático, movilizando una acción sin precedentes contra el cambio climática.
De manera más concreta, la política europea de cambio climático viene determinada por los distintos paquetes legislativos aprobados hasta la fecha.
En concreto, caben destacar el Paquete 2020 de Energía y Cambio Climático 1 y el Marco de Energía y Clima a 2030.
Ambas propuestas responden a la intención por una descarbonización de la economía de la UE, y por una Unión Europea resiliente al cambio climático.
Los principales instrumentos europeos de lucha contra el cambio climático analizan los aspectos más relevantes sobre los gases de efecto invernadero (GEI) y su impacto en el calentamiento global, incluyendo la emisión de metano debido al deshielo del permafrost y de los glaciares árticos y antárticos, que se perfilan como un peligro inminente.
Los datos precisos y confiables son decisivos para evaluar quién puede verse afectado, y actualmente todas las regiones europeas se dedican a su recolección.
Las herramientas de la AEMA facilitan a los países europeos a aplicar sus políticas de adaptación al cambio climático y la reducción del riesgo de catástrofes, en el marco de la Ley Europea del Clima (UE 2021) y el Mecanismo de Protección Civil de la UE (UE, 2013).
El metano (CH4), además del dióxido de carbono (CO2) y los óxidos de nitrógeno (NO, N02 y N20), es el segundo gas de efecto invernadero más abundante en la atmósfera.
Aunque su tiempo de vida en la atmósfera es relativamente corto (alrededor de 10 a 15 años), su capacidad para atrapar el calor es notablemente mayor, siendo aproximadamente 80 veces más potente que el CO₂ en un periodo de 20 años.
Desde la era preindustrial, el metano ha contribuido aproximadamente al 30 por ciento del calentamiento global observado.
Este aumento de las concentraciones de CH4 se ha acelerado notablemente desde la década de 1980, lo que preocupa sobre su impacto futuro.
Además, las emisiones de CH4 de la ganadería también contribuyen al cambio climático, por lo que será necesario reducir estas emisiones, teniendo en cuenta el ciclo biogénico del carbono, dado que el metano forma parte de un ciclo continuo entre la atmósfera, los organismos vivos y el suelo.
Esto conlleva a la necesidad de gestionar eficazmente las emisiones de metano, dado que sus consecuencias no solo afectan el clima, sino que también están relacionadas con problemas de salud pública y puede llevar a un incremento significativo en las temperaturas globales.
Además, la pérdida acelerada de glaciares afecta la seguridad hídrica y alimentaria para millones de personas alrededor del mundo.
Los glaciares son cruciales para el suministro de agua dulce: su derretimiento no solo contribuye al aumento del nivel del mar, sino que también altera los ecosistemas locales y globales.
A medida que los glaciares se derriten, emergen manantiales subterráneos que contienen metano. Este fenómeno no solo incrementa las concentraciones atmosféricas de metano, sino que el aumento de la temperatura acelera el deshielo y libera aún más metano.
Pero existen oportunidades para la mitigación de GEI y estrategias para reducir estas emisiones, que incluyen:
Transformación agrícola: Cambiar hacia dietas más vegetales y mejorar la eficiencia en la producción ganadera.
Tecnologías avanzadas: Implementar tecnologías para capturar y reutilizar el metano en sectores como la extracción de combustibles fósiles.
Políticas efectivas: Introducir impuestos al metano que incentiven a las empresas a reducir sus emisiones.
Consideraciones finales
La Unión Europea implementa un conjunto integral de medidas para combatir el cambio climático, centradas en la neutralidad climática para 2050 y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Estas son las principales acciones:
- Objetivos climáticos: Reducción de emisiones (55% para 2030 respecto a 1990, y 80-95% para 2050), con neutralidad climática mediante compensación de emisiones residuales.
La base legal es la Legislación europea sobre el clima y su reglamento (UE, 2021), que convierte los objetivos climáticos en obligación jurídica para los Estados miembros.
Las estrategias clave son:
Transición energética;
Transporte sostenible;
Economía circular;
Tecnología y adaptación;
Legislación y financiación.
Todas estas medidas procuran equilibrar la evolución ecológica con el crecimiento económico y la justicia social, priorizando sectores como energía, transporte y agricultura, y pueden aplicarse en todos los países.
Finalmente, como lo expresa la Ley del Clima de la Unión (UE, 2021),
Cuando adopten las medidas pertinentes a escala nacional y de la Unión para alcanzar el objetivo de neutralidad climática, los Estados miembros y el Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión deben tener en cuenta, entre otras cuestiones, la contribución de la transición hacia la neutralidad climática a la salud pública, la calidad del medio ambiente, el bienestar de los ciudadanos, la prosperidad de la sociedad, el empleo y la competitividad de la economía; la transición energética, el refuerzo de la seguridad energética y la lucha contra la pobreza energética; la seguridad alimentaria y la asequibilidad; el desarrollo de sistemas de movilidad y transporte sostenibles e inteligentes; la equidad y la solidaridad entre los Estados miembros y dentro de cada uno de ellos, habida cuenta de su capacidad económica, las circunstancias nacionales, como las especificidades de las islas, y la necesidad de convergencia a lo largo del tiempo; la necesidad de hacer que la transición sea justa y socialmente equitativa a través de programas de educación y formación adecuados; la mejor información científica disponible y más reciente, en particular las conclusiones del IPCC; la necesidad de integrar los riesgos relacionados con el cambio climático en las decisiones sobre inversión y planificación; la eficiencia en términos de costes y la neutralidad tecnológica a la hora de lograr las reducciones y absorciones de las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar la resiliencia; y los avances a lo largo del tiempo con respecto a la integridad medioambiental y el nivel de ambición.
Notas
1 Paquete 2020 de Energía y Cambio Climático.
2 Marco de Energía y Clima a 2030.
Referencias
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