I

Si sufrimos por problemas futuros de los que no tenemos forma de calcular su magnitud, nuestro sufrimiento es imaginario, no es real. Cuando esto ocurre es una señal de que no estamos manejando correctamente nuestros pensamientos.

En ese momento, en el momento en el que detectes que estás sufriendo por el futuro, detente, para.

Presencia. Si te das cuenta de que no estás presente, párate, siente la presencia.

No te dejes nublar por el futuro porque te inhibirá del presente.

II

Conozco a muchos que cuando hablan parece que están muy seguros de lo que dicen. Ni siquiera dudan. Creen estar en lo correcto. Estos tipos así están incapacitados para aprender.

Ante cualquier situación u hecho debemos hacernos un juicio. Pero debemos estar abiertos a cambiarlo si nos demuestran que hay razones para hacerlo. Si uno siempre está seguro de lo que piensa nunca aprenderemos de los demás.

III

Pocas o ninguna diferencia hay entre pensar y escribir. Escribir podría ser la forma más elevada de pensamiento que existe.

Escribiendo articulamos y damos forma a lo que pensamos. Escribir mejor sirve para pensar mejor. Pensar mejor, controlar nuestros pensamientos, nos garantiza vivir mejor.

Escribo a diario desde que tengo memoria; ordenado, quiero decir en forma de diario, tampoco recuerdo desde cuándo, pero sí puede ser más de treinta años.

No soy mejor ni peor por escribir. Sí creo tener la mente más ordenada y, sobre todo, en momentos más complicados el desahogo, el análisis, la reflexión y, sobre todo, el poner en orden pensamientos, ha sido crucial para no caer o tomar mejores decisiones.

Escribir sobre lo que inquiete tu alma. Escribir con la verdad.

IV

Leo por ahí «estar en causa» y significa algo así como hacerte responsable de lo que dices, haces y piensas. Ser capaz de gestionar tu propio estado emocional y no hacer culpable a nadie. Nuestra estabilidad depende de cada uno, nunca de lo que pueda ocurrir alrededor.

V

La serenidad y la calma son mi deseo, lo que anhelo. En cambio, mi vida parece estar montada en torno al ruido, el vértigo.

Dejar atrás aquello que no me traiga eso, calma y serenidad. El precio más caro es el de perder la paz.

Mi vida ideal nunca ha estado lejos, ni en el mar ni rodeado de lujos y caprichos. No quiero mucho más que lo que tengo. Lo que quiero es sumergirme realmente en lo que vivo, liberarme totalmente del estrés que me producen las obligaciones laborales y los compromisos sociales que, en mayor o menor medida, me suelo buscar yo. Leer y caminar; escribir y caminar. Tomarme algunos vinos con los amigos y compartir tiempo con la familia. No quiero más. Ya he tenido suficiente de todo lo demás y solo me ha generado problemas.

VI

Reconozco que, con los años, uno de los mayores placeres de la vida es el de hacer lo que la gente dice que no puedes hacer o lo que no quieren que hagas.

VII

El único signo acertado de sabiduría es la serenidad. Ninguna de las personas sabias que conozco se altera.

Buscar espacios de calma, de quietud. Hacer todo más despacio. ¿Qué podemos perder por sentarnos cinco minutos a reflexionar sobre nosotros, sobre nuestra vida?

VIII

Dos personas que habitan en circunstancias idénticas, en el mismo espacio, pueden ver lo mismo de manera radicalmente distinta, todo depende de cómo miren.

Pintamos la realidad de nosotros mismos. Todo obedece a nuestra interpretación.

Cada una de las miradas crea un mundo diferente, la nuestra, el nuestro; la de aquél, el suyo.

Nuestra mente crea nuestra mirada. Nuestras vidas dependen de la salud de nuestra mente.

Tengo claro, tal vez los años, que estamos rodeados de dos tipos de personas, y cada uno de nosotros estamos encasillados en uno de esos tipos.

Los victimistas, que serían aquellos que se levantan culpando al mundo de su mala suerte, que van detrás del rebaño, que no tienen un pensamiento propio, que se quejan de todo, pero no hacen nada para solucionarlo. Aquellos que esperan el golpe de suerte o que alguien venga a solucionarles la vida.

Luego están los creadores, los arquitectos de la vida, aquellos que entienden que su destino se forja día a día, a través de valores, de fortalezas, de actitudes, de hábitos. A través de su mente en positivo, de su compromiso. No esperan, actúan. Se equivocan, aprenden. No lloran, se levantan. Son apasionados y generosos.

Me educaron para ser parte de este segundo grupo, eso me ha hecho que me de unas cuantas e impresionantes leches, que me hayan engañado mil veces y me haya equivocado otras dos mil. Pero aquí sigo.

¿Y tú qué prefieres? Yo prefiero, aunque sufra, haber sido así.

IX

Cada una de nuestras acciones se desprende de lo que somos. Toda acción refleja la esencia de lo que llevamos dentro. No podemos cambiar nuestra vida porque está hecha de acciones, primero debemos cambiar quiénes somos.

Que nuestras acciones sean las mejores.

X

No te eches a la espalda errores ajenos, no hay necesidad.

Las personas pueden equivocarse, a veces pueden ofenderte y en ocasiones te perjudican. Eso no quiere decir que tengas que cargar en tu consciencia un error que no es tuyo.

Aligera la carga; lleva contigo únicamente aquellos que sean asuntos tuyos.

«El mal cometido por este hombre, déjalo allí donde la falta ha sido cometida», decía Marco Aurelio.

Vayamos a más: deja tus faltas allí donde fueron cometidas. Si has aprendido la lección, ¿qué sentido tiene la culpa?

Perdónate por el pasado y, en todo caso, agradécelo porque sin él tal vez no estarías en el camino en el que estás.

XI

Saber vivir es tan importante como saber morir. Aceptar que moriremos hace apostar por vivir una vida que merezca la pena ser vivida.

Estar presente en la vida, disfrutar de lo que pasa en cada momento.

XII

Quien trata de disparar una flecha tiene que conocer su blanco; así puede apuntar y dirigir el tiro. Nuestros planes fallan porque no tienen una meta a la que dirigirse. Aquel que no sabe hacia dónde navega, ningún viento le es favorable. ¿Verdad?