En estos tiempos convulsos que vivimos, la sociedad y el mundo en general, parecen estar patas arriba, todo al revés de cómo debería estar o ser.

Así las cosas, me da por filosofar acerca de ello y autoformularme preguntas interesantes:

¿Por qué ocurren esas cosas? ¿Será que la humanidad está cambiando? ¿Será que la sociedad está cambiando? ¿Será que estamos involucionando? ¿Será que nos estamos convirtiendo en una idiocracia, como comenté en un pasado artículo?

O simplemente será que nos dejamos engañar y también nos lo creemos, el engaño, por supuesto. Como también comenté en otro artículo. Creo que la cosa va por ahí.

Así que, al no encontrar una explicación más lógica y sensata, inventé una nueva palabra para poder explicarla: pseudocracia. Ya que, no existía, ni la palabra, ni la explicación.

Pseudocracia: un neologismo formado a partir del prefijo de raíz griega pseudo- (de ψευδής, «falso») y -cracia, del griego: κρατία, sustantivo femenino relacionado con κράτος, krátos, que significa fuerza. Pero en español y según la Real Academia de la Lengua Española, también aplica o significa: «gobierno, dominio o poder». En otras palabras, una pseudocracia sería un gobierno en donde domina el poder de lo falso por la fuerza.

Un gobierno en donde reina lo fingido y lo simulad. Como una sonrisa falsa. Un gobierno en donde abunda lo incierto y lo contrario a la verdad. Como citas falsas o argumentos falsos. Un gobierno que miente y que, no manifiesta lo que realmente piensa y siente.

En mi país (Costa Rica) diríamos, un gobierno de politiqueros y caras de barro, quienes tristemente tienen: fuerza, autoridad y dominación.

Pero, ¿a qué viene todo eso?, se preguntará usted. A que damos por un hecho de que vivimos en democracia. De que, quienes nos gobiernan, la respetan y la hacen valer, para todos los ciudadanos, indistintamente de su ideología política, su credo religioso, su poder económico, su clase social o su orientación sexual. Pero, ¿realmente es eso así?

Tristemente, no. Nunca lo ha sido. Y ahora, menos que nunca. Hoy día, más bien, las cosas parecen estar empeorando; las personas y la sociedad en general, parecen estarse volviendo más radicales, más fanáticas; menos tolerantes, menos comprensivas. Y tristemente más brutas e irracionales. Al punto de elegir a gobernantes, iguales que ellos, con sus mismas características. Es decir, brutos e irracionales.

Pero lo más triste e indignante de todo es que, lo hacen los eligen presidente, a base del poder que hace la fuerza de la unión. La unión de muchos, de millones de fanáticos obsesivos que, se creen sus propios engaños. ¿Cuáles engaños?

  • Que viven en democracia; cuando es obvio que viven en plutocracia. Ya que no es el pueblo sino el poder que domina por la fuerza de la riqueza, la empresa y la economía. Dicho poder está representado en todos y cada uno de los supremos poderes de la república. Incluido, o más bien principalmente en el Ejecutivo, gracias a la partidocracia.

  • Que son y representan a la mayoría; cuando lo cierto es que, representan una mayoría, no a la mayoría. Como lo es el hecho de que, en las democracias^ modernas, donde hoy día, cada vez, es más alto, el porcentaje de abstencionistas y desinteresados de la política que no votan. Cada vez, la *mayoría que elige al presidente es menor. Llegando a cifras del 25%, la mitad de la mitad más uno, como se establece en la mayoría de las democracias. O incluso a menos, como en mi país (Costa Rica) en donde se puede elegir al presidente con el 40% de los votos válidos emitidos y un abstencionismo menor al 50%. Es decir, con el 20% o más. ¿Se podría decir que ese porcentaje (20%), representa a la mayoría? ¡Obvio que no!

  • Y el engaño más grande de todos, la falsedad más grande de todas, creer que lo que dicta y decide el Ejecutivo (presidente), representa lo que cree y dicta la mayoría. Cuando lo cierto es que, si acaso, representa lo que cree y dicta esa minoría que se cree mayoría. Porque la verdadera mayoría la conforman la suma de todas esas minorías disconformes que se manifiestan día a día contra el Gobierno, contra el Ejecutivo y contra sus políticas: discriminatorias algunas, dictatoriales otras, sin sentido crítico, científico o técnico la mayoría. La mayoría también, respondiendo a un capricho político del Ejecutivo, a un compromiso adquirido con quienes lo llevaron al poder, o simplemente a una idea loca que alguien tuvo y que al Gobierno Ejecutivo le pareció bien. ¡Aunque usted no lo crea!

Primero lo dijo Abraham Lincoln: «Nadie tiene la memoria suficiente para mentir siempre con éxito». Y luego lo hizo suyo JFK: «Se puede engañar a todos, poco tiempo; se puede engañar a unos pocos, todo el tiempo; pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo».

Pero al parecer, la que quedó implantada en la mente y la conciencia de quienes se creen su propio engaño, fue la frase del célebre escritor Mark Twain: «Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados».

Siempre existirá una «mayoría» que escogerá el camino fácil, de creer que vive en una democracia; antes de convencerse de que, en realidad, vive en una pseudocracia. Pero si las cosas siempre fueran fáciles, la vida no tendría sentido. ¡Así es la vida!