Un estudio global con 8.000 padres y madres en 16 países, realizado entre julio y septiembre de 2025, revela que los hombres se involucran más que nunca en el cuidado familiar, pero enfrentan presiones económicas, normas regresivas y políticas que los ignoran antes, incluso, de que nazca su hijo.
(RHM)
Cuando un hombre se convierte en padre, lo que se espera socialmente es que provea, que trabaje más, que se haga más duro, que ponga el dinero por delante de los pañales —o que se asegure de que no falten—. Sí, son los estereotipos que hasta el día de hoy persisten en diferentes sociedades. Pero el informe State of the World's Fathers 2026: Stretched to the Breaking Point, liderado por Equimundo: “Center for Masculinities and Social Justice”, el más reciente de la entidad, desmonta ese mito con cifras que incomodan y relatos que duelen: los padres de hoy quieren cuidar, y muchos ya lo hacen, pero un sistema construido para otra época les cobra un precio altísimo por intentarlo.
El estudio recoge la experiencia de 8.000 padres y madres de 16 países en todos los continentes (Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, Croacia, Irlanda, México, Portugal, Sudáfrica, España, Türkiye, Reino Unido y Estados Unidos), más 400 entrevistas en profundidad. Es la edición más amplia de una serie que se publica desde 2015 y que ha documentado, año tras año, la transformación del rol paterno. Esta vez, el diagnóstico es urgente: los padres están preocupados por el futuro.
En términos generales, el 91% de los padres encuestados declara que cuidar a sus hijos o seres queridos es una de las cosas más placenteras de su vida. La cifra no ha cambiado desde 2023, pese al deterioro económico global. El amor por la paternidad no está en cuestión, sino que lo que está en tela de juicio es si el mundo está construido para que ese amor se pueda ejercer.
Lo más difícil de ser padre es cuando mis hijos me necesitan, pero no puedo estar porque tengo que trabajar. Lo que necesitamos es apoyo que nos permita equilibrar familia y trabajo, como horarios más flexibles y guarderías accesibles.
(Padre, 30 años, China)
La evidencia recogida en el informe apunta a lo que podría denominarse una trampa estructural: las familias necesitan dos ingresos para sobrevivir en un mundo en donde los precios de la vivienda y de los bienes y servicios en general aumentan, pero los empleadores aún penalizan a quienes priorizan el cuidado. Los padres que piden flexibilidad laboral son vistos como menos comprometidos; los que reducen horas ganan menos y avanzan menos. Investigadores de la Universidad de Oregón calcularon que un hombre que deja el mercado laboral por razones familiares puede esperar ganar un 26,4% menos a lo largo de su carrera. El sistema recompensa la paternidad como estatus (lo que se conoce como "bono de paternidad"), pero castiga el acto de ser padre presente.
El colapso financiero: impacto en la salud emocional y mental
La presión económica es el hilo que atraviesa todo el informe. Tres de cada cuatro padres (un 76%) afirman perder el sueño por su futuro financiero, mientras que el 56% teme quedarse sin trabajo. Hay más: uno de cada tres hogares sobrevive con un solo ingreso, y la mitad de los padres dice que los gastos de cuidado consumen al menos la mitad de sus ingresos totales. Para muchos, la estabilidad es una ilusión: aproximadamente uno de cada cuatro padres se siente financieramente seguro, pero reconoce que no podría cubrir una emergencia pequeña.
El informe introduce el concepto de precariedad económica, tomado del sociólogo Pierre Bourdieu, para describir esa angustia generalizada que va más allá del simple nivel de ingresos. Y demuestra que esa precariedad tiene consecuencias directas sobre las actitudes hacia el cuidado: a mayor inseguridad económica, mayor tendencia de los hombres a volver a normas tradicionales que ubican el cuidado como responsabilidad exclusiva de las mujeres. No es de extrañar, por lo tanto, que a partir del resurgimiento de una narrativa masculinista, estos estereotipos de género hayan visto nuevos impulsos en años recientes.
Los números son contundentes. El 74% de los padres y el 80% de las madres afirman que es mucho más difícil para su generación sentir una seguridad financiera que para la de sus propios padres. En tanto, el 50% cree que la propiedad de una vivienda —uno de los grandes problemas en diversos puntos del planeta— está fuera de su alcance. Y en uno de los datos más reveladores del informe, la proporción de padres que creen que los cuidados "valen el sacrificio profesional" saltó del 50% al 78% entre 2023 y 2025. Y esto sucede no porque los padres sean más optimistas, sino porque son más resignados.
No sabes lo difícil que es sonreír cada día y traer alegría a la vida de tu hijo sabiendo que no puedes costear nada.
(Madre, 26 años, Croacia)
Entre los datos más duros sobre el impacto económico en la vida de los padres, destacan los siguientes:
El 83% de los padres dice que su empleador no permite trabajo flexible, pese a que en muchos países está garantizado por ley. Este valor alcanza el 85% en el caso de las madres.
El 63% hizo horas extra para sostener los gastos de cuidado. En las madres, representa un 54%
El 49% tomó un segundo o tercer empleo para aumentar sus ingresos, versus el 42% de las madres.
El 28% refinanció o vendió su vivienda para afrontar gastos de cuidado. En el lado de las madres, fue del 20%.
Solo el 17% siente que tiene tiempo suficiente para cuidar a su familia como quisiera. Los sacrificios de cuidado explican directamente el 22% de los problemas de bienestar mental reportados por los padres.
La brecha entre el deseo y la realidad: los padres sí quieren cuidar
Uno de los hallazgos más significativos del informe es que la imagen del padre distante y desinteresado en el cuidado familiar ya no se sostiene con datos. El 90% de las personas encuestadas coinciden en que es mucho más normal hoy que los hombres realicen trabajo de cuidado que en la generación de sus propios padres. Por su parte, el 91% de los padres y el 94% de las madres afirman que un hombre que hace su parte equitativa en el hogar es mejor pareja. Y el 93% de los padres se considera competente para cuidar a sus hijos.
Cuando se les pregunta a los hombres con qué palabras asocian la paternidad, los tres términos que más aparecen en los 14 países estudiados son: responsabilidad, amor y cuidado. No hay provisión económica ni autoridad. Sí, cuidado.
Sin embargo, ese deseo se encuentra de frente con una realidad que no lo acompaña. El informe registra un retroceso preocupante hacia normas tradicionales, especialmente entre los padres jóvenes. En 2023, el 25% de los padres encuestados concordaba con la idea de que "los niños no deberían aprender a cocinar, coser o cuidar a sus hermanos". En 2025, esa cifra casi se duplicó: llegó al 40%. La proporción de hombres que creen que los cambios de pañales, el baño y la alimentación son responsabilidad exclusiva de la madre subió del 32% al 36%.
La gente asume que el papá hace más el trabajo y la mamá más el cuidado. Me parece tan extraño que hayamos cambiado tanto, pero también que no hayamos cambiado nada.
(Padre, 46 años, Australia)
Los padres más jóvenes (entre 18 y 30 años) tienen actitudes menos igualitarias que los de mediana edad o mayores. En casi todos los países del estudio, los hombres jóvenes registran puntajes más bajos en normas de cuidado equitativo que sus pares mayores. Al mismo tiempo, las mujeres jóvenes son el grupo más progresista de toda la muestra. Esta brecha generacional entre hombres y mujeres jóvenes es una de las señales más alarmantes del informe y apunta directamente al papel de las redes sociales y los influencers de la llamada "manosfera" en la formación de actitudes que apuntan a retrocesos concretos.
El 58% de los hombres encuestados dice no sentirse "suficientemente hombre" si no puede proveer económicamente, mientras que el 62% asegura que su trabajo no le da estatus. Y lo más revelador: el 70% de los padres y el 62% de las madres siguen identificando la provisión económica como el rol central de un padre, mientras solo un tercio considera que el cuidado no remunerado es lo más importante que puede hacer un hombre por su familia.
Si pudiera haber trabajado menos para pasar más tiempo en casa, ¿lo hubiera hecho? Sí, por supuesto. Hubiera cambiado todo por eso. Porque los hijos crecen y uno ni se da cuenta.
(Padre, 56 años, Chile)
La crisis de salud mental invisible: padres que no duermen y no piden ayuda
El informe confirma algo que rara vez aparece en los titulares o de lo que poco se habla: los padres también están sufriendo. Y lo están haciendo en silencio. Tienen mayores probabilidades que las madres de caer en el grupo de alto nivel de angustia. Como muestra, un dato alarmante: el 29 por ciento reporta pensamientos suicidas. El consumo excesivo de alcohol y la preocupación crónica son más frecuentes entre ellos. En términos generacionales, los padres más jóvenes son los más vulnerables.
Los datos muestran una relación directa entre el número de sacrificios que hace un padre y su nivel de angustia psicológica. Esta relación se mantiene independientemente de la edad, el nivel educativo, el país o el estatus laboral: a más cargas de cuidado sin apoyo, mayor deterioro mental. El agotamiento paterno no es debilidad individual, sino el resultado predecible de un sistema que exige y no devuelve.
Entre las preocupaciones que los padres reportan con mayor frecuencia están: el futuro financiero de sus hijos (64% lo pone en su top tres de preocupaciones, versus el 69% de las madres), su propia seguridad económica (55% igual para padres y madres), el cuidado de sus padres envejecidos (34%, más que el 26% de las madres) y lo que sus hijos hacen en internet (32% de los padres, frente al 26% de las madres). La vigilancia del espacio digital se ha convertido en una nueva dimensión del cuidado paterno, con toda la angustia que conlleva.
No puedo ser padre y proveer para mi familia sin estar constantemente preocupado.
(Padre, 34 años, Portugal)
El impacto sobre las relaciones de pareja es igualmente documentado. Las parejas que sostienen roles de género tradicionales reportan más del doble de conflictos relacionados con el cuidado que aquellas que los rechazan. Para los hombres con creencias tradicionales, el riesgo de conflicto en pareja se multiplica por cuatro. Cuando ambos trabajan, pero uno cree que la mujer debe hacerse cargo de todo el cuidado, el resultado casi inevitable es el resentimiento y la ruptura.
Licencias de paternidad: el impacto de cinco meses de diferencia
El informe dedica una sección importante a las licencias parentales, uno de los indicadores más claros de cómo los sistemas institucionalizan la desigualdad en el cuidado.
A nivel global, la brecha entre la licencia pagada para madres (un promedio de 24,7 semanas) y para padres (un promedio de 2,2 semanas) es de 22,5 semanas, lo que equivale a más de cinco meses. Esa diferencia no solo dice quién cuida al bebé en los primeros meses; determina quién queda más vinculado al cuidado durante años.
El 87% de los padres y el 92% de las madres afirman que tener tiempo con su recién nacido es una fuente de salud y felicidad. Pero uno de cada cuatro padres no sabe a qué licencia tiene derecho. Y los que más barreras enfrentan para tomarla son, paradójicamente, los que más la necesitan: los que están bajo mayor presión financiera reportan hasta tres barreras adicionales para ejercer su derecho a la licencia parental.
El 60% de la fuerza laboral mundial trabaja en la economía informal, donde las licencias simplemente no existen. Solo el 4% de los hombres trabajadores independientes tiene acceso a prestaciones por licencia parental. Y menos de la mitad de los padres (el 47%) sabe que existen servicios o grupos de apoyo para ellos como padres. Solo el 39% ha recibido alguna vez una oferta de ayuda.
Seguimos viviendo en una sociedad donde la responsabilidad de la crianza recae sobre la madre. Necesitamos políticas que promuevan la paternidad activa, como licencias de paternidad que incentiven la igualdad en el cuidado.
(Padre, 65 años, Chile)
Del desengaño a las urnas: padres listos para votar por el cuidado
Pese a la desconfianza generalizada hacia las instituciones (casi cuatro de cada 10 padres no confían en sus representantes políticos), el informe muestra que los padres y madres están dispuestos a movilizarse. Los padres en situación de mayor precariedad económica son 1,7 veces más propensos a votar por políticas de cuidado, mientras que más de la mitad de los hombres y las mujeres encuestados dicen que el activismo político en favor del cuidado les importa.
Lo que demandan es concreto y consistente en los 16 países estudiados: flexibilidad laboral, licencia parental pagada, orientación pre y posnatal, y guarderías accesibles. No son demandas de un sector ideológico específico: casi cuatro de cada diez padres se definen como conservadores, pero también apoyan mayoritariamente estas políticas. El cuidado cruza las fronteras partidarias y apunta a una necesidad concreta y urgente.
El informe también señala que la comunicación en pareja es uno de los predictores más poderosos de resultados positivos para los padres. Aquellos que sostienen conversaciones igualitarias con sus parejas sobre el reparto del cuidado reportan mayor bienestar mental, mayor disfrute de la paternidad y mayor apoyo a políticas públicas de cuidado. La igualdad, en otras palabras, no solo es justa: es terapéutica. Y desde un punto de vista más general, es necesaria y urgente.
Creo que las parejas de hoy tienen que unirse para agregar valor. El crecimiento tiene que ser juntos. Todo tiene que ser compartido, no hay otra manera.
(Padre, 45 años, Brasil)
El informe concluye con una advertencia que los autores califican como la más importante en diez años de pesquisa: la indiferencia de gobiernos y empleadores ante la crisis del cuidado no es solo injusta. Es, en palabras del propio equipo de investigación, "el abandono deliberado y la destrucción de nuestra humanidad". Los padres y las madres están estirados hasta el punto de quiebre o hasta que no se pueda más. Es fundamental movilizar ese cambio.
Nota
Los datos completos del estudio State of the World's Fathers 2026.















