Esta crónica está destinada a no resultar convincente porque estamos condenados (incluso por el lenguaje que utilizamos) a analizar lo nuevo a partir de lo viejo. Lo nuevo solo se analizará en sus propios términos… cuando sea viejo. Por eso, si esta crónica es, en general, poco convincente, lo es especialmente para los protagonistas de lo nuevo, sobre todo si estos protagonistas son conservadores o de extrema derecha.

Los jóvenes y las redes sociales

Me centro en el estado de São Paulo, que representa el 31,5 % del PIB de Brasil. Los cinco diputados federales más votados tienen entre 28 y 37 años; todos son influencers o se han dado a conocer a través de las redes sociales. Tienen entre 5,4 millones y 2,1 millones de seguidores en Instagram. La mayoría son de derechas o de extrema derecha. Dos de los cinco diputados federales más votados pertenecen al PSOL, un partido de izquierdas situado a la izquierda del Partido de los Trabajadores. Erica Hilton es una mujer trans y travesti que cuenta con 5,2 millones de seguidores en Instagram y se ha destacado en el activismo antirracista y antihomófobo; Sâmia Bomfim es una activista feminista con 1,9 millones de seguidores. Además de su juventud, lo que distingue a estos representantes electos es que han forjado su carrera en las redes sociales defendiendo predominantemente causas identitarias. Veamos el caso de los diputados más votados.

El diputado federal más votado fue Lucas Pavanato, de 28 años. Obtuvo 3 038 438 votos y tiene 5,4 millones de seguidores en Instagram. Es el diputado federal más votado de la historia de São Paulo. Pertenece al Partido Liberal, el partido del candidato Bolsonaro. Pavanato comenzó su vida política en 2016, a los 17 años, cuando participó en las manifestaciones a favor de la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff. Criado en una familia evangélica pentecostal, y tras pronunciar sus primeros discursos en la Asamblea de Dios, Pavanato se incorporó a la política formal a través del Movimiento Brasil Libre (MBL).

En una entrevista concedida a GLOBO en vísperas de las elecciones, Pavanato1 afirmó que utilizará su recién adquirido capital político para dar prioridad a temas de seguridad pública y educación. El principal objetivo de su mandato ya está definido: trabajar para reducir la edad de responsabilidad penal. Más jóvenes a la cárcel, por supuesto, la forma estadounidense de resolver el problema del desempleo entre la población negra.

La diputada estatal más votada es la influencer Eduarda Campopiano2, de 23 años. Se dio a conocer en las redes sociales con discursos conservadores y alineados con el bolsonarismo, y superó con holgura a figuras tradicionales de la política de São Paulo: 2,6 millones de seguidores en Instagram y casi 2 millones de votos. Afiliada al PL, la diputada electa construyó su campaña estatal apoyándose en gran medida en la comunicación digital. Durante la campaña electoral de 2026, sus contenidos se dirigieron principalmente al electorado conservador, defendiendo la familia tradicional, la vida desde la concepción y la presencia de principios cristianos en la política. También se posicionó en contra de temas progresistas, del feminismo contemporáneo y de lo que ella califica como «cultura woke».

Meses antes de las elecciones, una polémica en torno a las declaraciones de Eduarda Campopiano sobre la colonización de Brasil adquirió relevancia nacional. Durante su participación en un podcast, la entonces concejala afirmó que daba gracias a Dios por la llegada de los colonizadores al país y asoció a los pueblos indígenas con prácticas como el canibalismo y los sacrificios humanos. En el debate, organizado por RedCast, Campopiano declaró: «Gloria a Dios por haber colonizado, gloria a Dios por haber catequizado las índias». A continuación, afirmó que la colonización habría puesto fin a prácticas que atribuyó a los pueblos indígenas, diciendo: «Gloria a Dios porque llegó la extrema derecha y les dijo a los indígenas: “Chicos, hacer sacrificios y comerse el brazo del hermanito no está bien, ni enterrar a un niño vivo”».

Los dos casos de los diputados más votados son paradigmáticos de una cierta corriente política emergente: jóvenes muy politizados, conservadores o partidarios de políticas de extrema derecha que se han dado a conocer a través de las redes sociales. No conocen a mucha gente, pero mucha gente los conoce a ellos. No participan en movimientos sociales porque ellos o ellas son el movimiento social. Tienen un gran sentido de la oportunidad para captar las inquietudes y frustraciones que pueblan las mentes de un público receptivo y para amplificarlas explotando sus dimensiones más extremas. Poseen una enorme perspicacia para saber de dónde sopla el viento del poder emergente. Son promotores de rupturas contra todo lo que se presente como continuidad o evolución gradual. Mezclan grandes cuestiones con la atención personalizada hasta el máximo grado de (falsa) cercanía. Su terreno es lo subliminar, donde lo político emerge como no político: la solución obvia, porque es natural y no tiene alternativa; indiscutible, porque está más allá del bien y del mal.

Son una fantasmagoría perversa de la democracia porque prescinden de opciones. Estas solo existen cuando ya están tomadas, es decir, cuando han dejado de ser elecciones. Todo está pensado y ratificado por el número de likes, «me gusta». Y como todo lo que existe se consumó en el pasado, el futuro está en el pasado, no como una tarea inacabada, sino como la clave del original que debemos copiar. Siempre ha habido Dios, Patria, Familia, Propiedad y Libertad (si somos nosotros quienes la ejercemos). «Nuestra» verdad es la verdad. No hay matices semánticos ni complejidades ociosas. Todo resulta instantáneamente evidente. Es importante tomar partido siempre y cuando el partido ya esté tomado. Decidimos con orgullo dejarnos decidir por otros que lo han pensado todo hasta el punto de que no queda nada por pensar.

Con esta materia prima, ser demócrata es ser seguidor. Ser seguidor es considerar infiel a quien no sigue. Quien no sigue no pertenece y quien no pertenece es enemigo. Para el enemigo hay un menú variado: odio, olvido, ridiculización, compasión, inferioridad. Pero todo esto se administra con mucha vaselina de chistes, testimonios, música ligera y, a ser posible, mucho color y mucha velocidad. Pensar es detenerse y detenerse es alejarse del rebaño. El rebaño es el camino que no se recorre, por la sencilla razón de que ya está recorrido.

Cualquier relación de esto con las teorías de la democracia es pura coincidencia. Si esto es democracia, la democracia no puede ser solo esto. ¿Dónde está lo que falta? ¿O es que para las grandes mayorías esto lo es todo y no falta nada? A un demócrata formado en la democracia que existía hasta ahora le faltan nombres de políticos serios, capaces de enriquecer el sistema democrático, que no han sido elegidos. Entre muchos otros: Marina Silva, Simone Tebet, Benedita Silva, Manuela D’Ávila, Paulo Pimenta, Gleisi Hoffman, Erika Kokay, Leila do Vôlei. A un demócrata formado en la democracia que existía hasta ahora le repugna que hayan sido elegidas personas acostumbradas a tratar la democracia como basura: Michele Bolsonaro, Bia Kicis, Gustavo Gayer, Deltan Dallagnol, Sérgio Moro, Sanderson, Marcel Van Hattem, Carlos Bolsonaro, Carol de Toni.

La democracia liberal ha muerto. Está siendo sustituida provisionalmente por la autocracia electoral

Los teóricos clásicos de la democracia liberal imaginaban que la sociedad estaba formada por individuos dueños de sí mismos que, por lo demás, no le debían nada a la sociedad y de la que solo esperaban que se organizara políticamente (Estados) para garantizar el orden y la seguridad de su propiedad privada. Como escribió Adam Smith en un momento de especial lucidez: «La función principal del Estado es permitir que los ricos duerman tranquilos en sus camas».

El individuo liberal es dueño de sí mismo porque es racional y libre. La democracia es el resultado de esa racionalidad y de esa libertad. La libertad es universal, pero en la práctica solo puede ejercerla quien sea propietario, es decir, quien esté en condiciones de decidir libremente. Las mujeres no pueden votar porque dependen de los hombres; los trabajadores no pueden votar porque dependen de los empresarios. En los siglos siguientes, gran parte de la lucha social tuvo como objetivo hacer posible que más gente pudiera votar. Finalmente, se consagró el sufragio universal: todos los ciudadanos mayores de edad (cuya edad mínima se fue reduciendo) pueden votar. ¿Significa esto que los países que se dicen democráticos son hoy plenamente democráticos? No. ¿Por qué?

Sobre los que no votan

Un gran porcentaje de quienes podrían votar no lo hacen. En Brasil, de un total de 157,7 millones de electores, 33,4 millones decidieron no votar. ¿Desilusionados? ¿Cínicos? ¿Tienen cosas más importantes o urgentes que ir a votar? ¿Quieren evitar la frustración de votar a alguien que, una vez elegido, se olvida sistemáticamente de las promesas que hizo? ¿Por qué todos los políticos son malos o corruptos y «que venga el diablo y elija entre ellos»? ¿O será que algunos son incluso mejores que otros, pero incluso los mejores poco o nada pueden hacer porque todo lo deciden quienes tienen el poder de mandar sin haber sido elegidos?

¿Es racional votar si se sabe que no hay alternativa, que los políticos alardean de sus diferencias para ocultar sus similitudes? ¿Si los gritos han sustituido al debate? Y si hay debate, ¿es racional votar si la importancia del debate es inversamente proporcional a su relevancia en la vida de las personas, sobre todo en su presupuesto familiar? ¿Es racional la democracia de un país (Portugal) donde el debate sobre el uso público del burka ocupa el tiempo de diputados bien pagados cuando dicho uso es casi tan infrecuente como que nieve en Lisboa? ¿Podemos llegar a una situación en la que quien no vota contribuya más a la sostenibilidad de la democracia que quien vota?

Sobre quienes votan

El voto solo es libre y racional cuando no está manipulado ni por el miedo ni por la desinformación. ¿Existen hoy en día amos invisibles que dictan los votos a los votantes que se creen libres? No son amos de la fuerza de trabajo, son amos de la fuerza de la opinión. Si la fuerza de trabajo se compra y se vende, ¿estará ocurriendo lo mismo con la fuerza de la opinión? ¿No serán los votantes que hoy deciden las elecciones precisamente los dependientes a los que la teoría liberal declaraba incapaces de votar? ¿Pueden los esclavos que se creen libres votar contra la esclavitud? ¿Pueden los pobres que se creen ricos en las bendiciones de Dios votar contra los ricos? ¿Puede una democracia —decidida por individuos a los que se les ha privado de autonomía, a los que se les ha incapacitado para evaluar racionalmente sus intereses y aspiraciones, a los que se les ha privado del debate de ideas— ser otra cosa que una democracia desposeída, incapacitada, mutilada?

La democracia nunca ha sido fundamental para el liberalismo

Cuando se analizan las condiciones de vida de las grandes mayorías y se intenta explicar su comportamiento político, los analistas serios concluyen invariablemente que lo decisivo es la economía, la mejora o el deterioro de las condiciones de vida (inflación, endeudamiento, tipos de interés, etc.). En Brasil se ha hablado mucho de que uno de los problemas de la candidatura de Lula da Silva era no haber mejorado, como había prometido, las condiciones de vida de las mayorías. Al fin y al cabo, ¿no fue él quien dijo en su anterior mandato que, si resultaba elegido, «el pueblo volvería a comer picanha» (buena carne de res)? La verdad es que los comportamientos electorales no están confirmando los razonamientos económicos.

La encuesta de opinión de SEMAFOR, realizada del 12 al 15 de septiembre, describía así las preocupaciones de los brasileños y las brasileñas: violencia, 28 %; corrupción, 22 %; economía, 19 %; sanidad, 15 %; desempleo, 5 %; educación, 5 %. La suma de la economía y el desempleo queda por debajo de la violencia y la corrupción. Se entiende la importancia concreta de la violencia en la vida de las personas. Si a alguien le roban el móvil, esa persona pensará sin duda que el gran problema es la violencia y, si esa persona vive en una favela, esa percepción es exponencialmente mayor.

Por el contrario, la corrupción es una preocupación abstracta, en el sentido de que no se siente directamente en el cuerpo ni en la convivencia cotidiana. ¿Por qué es entonces tan importante en las preocupaciones de la población? ¿Se tratará de una preocupación real que se amplía para ocultar otras preocupaciones? ¿No se estará ocultando la economía para dejar al verdadero poder (el poder de quienes mandan sobre quienes tienen el poder de gobernar) con mayor libertad para seguir expropiando a las clases medias y populares de sus escasos ingresos?

Cuando el liberalismo se transformó en neoliberalismo, su vocación original se alteró cualitativamente. La contradicción entre democracia (soberanía popular) y capitalismo (acumulación infinita) se agravó. El neoliberalismo es un gigantesco engranaje de transferencia de ingresos de los trabajadores y las clases medias hacia una minoría de ricos y superricos. Si hay gente empobrecida, es porque hay gente que se ha enriquecido. Si se permite identificar y desenmascarar este mecanismo, la democracia se convierte en un peligro para la supervivencia «normal» del capitalismo. Por eso se amplían la inseguridad y el miedo a la violencia para ocultar la inseguridad de una economía antisocial. Por eso se denuncia el robo ilegal de la corrupción para ocultar el robo legal, incesante y sistemático de las políticas habituales de los gobiernos habituales del orden mundial neoliberal.

Se está desfigurando la democracia para que pueda seguir funcionando durante algún tiempo más al servicio del caos capitalista neoliberal. Se trata de evitar los mayores costes políticos de una dictadura civil o militar que, por ahora, es impopular.

João Moreira Salles, cineasta y periodista brasileño, hijo rebelde de la alta burguesía, escribió en la revista Piauí, que él mismo fundó, un artículo fundamental para comprender qué piensa la alta burguesía y cómo la preservación de la democracia no entra en la ecuación de sus intereses. Describe de forma magistral una reunión del candidato Flávio Bolsonaro con altos representantes de la burguesía industrial y financiera de Brasil:

Los partidarios de Flávio Bolsonaro en la élite económica brasileña no forman un bloque homogéneo. En ellos se mezclan, a veces en un mismo personaje, la defensa de los intereses particulares del viejo patrimonialismo nacional, la preocupación legítima por la situación macroeconómica, el deseo ingenuo de «contribuir al diálogo», el vértigo casi erótico de la influencia política y la vanidad intelectual de quienes se creen capaces de definir el mejor rumbo para la nación. Dejando de lado estas diferencias, existe un vocabulario común en sus reivindicaciones: privatizaciones, reducción de la carga fiscal, flexibilización normativa, recorte de gastos, reducción de la administración pública…

Le tocó al anfitrión del evento, el banquero André Esteves, introducir una nota incómoda… Esteves recordó a los presentes que «las mayores ayudas concedidas por el Gobierno benefician, en la práctica, al propio mercado financiero». «Hay un billón de subsidios para nosotros aquí en esta sala, el subsidio al rentista», dijo, refiriéndose a las inversiones exentas de impuestos… El tema no movilizó al público tanto como la perspectiva de recortar las prestaciones destinadas a los pobres…

Tras referirse a la promiscuidad del candidato de extrema derecha con el mundo de la delincuencia, añade:

No deja de ser revelador que buena parte de los comensales a los que me refiero aquí no considere que los hechos mencionados —ya sea la estrecha amistad, la reiterada defensa o la admiración confesada por personas vinculadas a lo más peligroso y criminal— constituyan motivo suficiente para distanciarse del candidato. Sospecho —porque ya he oído esta conversación innumerables veces— que muchos de ellos ya han pensado en convertir sus casas de Miami en su residencia permanente.

Al fin y al cabo, en Brasil, «hay demasiada violencia»… Los historiadores del autoritarismo explican que una de las características de este régimen es contar con ciudadanos que ya no saben distinguir la ficción de la realidad, la verdad de la mentira. La gente de la que hablo aquí lo sabe. Son personas bien informadas, que conocen a Brilhante Ustra [un execrable torturador de la época de la dictadura (1964-1985) a quien Jair Bolsonaro, cuando era presidente, rindió homenaje], saben quién es Queiroz, saben quién es Cláudio Castro, saben quién es Ciro Nogueira, saben del 8 de enero, saben de los borradores impresos en el palacio presidencial, saben de la conspiración tarifaria contra el país, saben de la influencia que el padre ejerce sobre el hijo. Sé que lo saben porque conozco el entorno social en el que viven. Es el mundo en el que nací. Conozco la información que circula por él y es buena información.

…Es curioso: se trata de personas que no aceptan el riesgo de una crisis económica, pero admiten sin alboroto el de una crisis democrática. Las consecuencias de la primera pueden ser gravísimas, pero son, en principio, reversibles; las de la segunda pueden dejar huellas institucionales duraderas».

La confirmación de este análisis se encuentra en el comportamiento de la Bolsa de Valores de Brasil al día siguiente de la primera vuelta de las elecciones:

El Ibovespa, principal índice de la Bolsa brasileña (B3)3, abrió este lunes (5/10) con fuertes subidas. En dos ocasiones, el indicador superó los 209 000 puntos. El máximo de esta mañana se alcanzó a las 10:40, con 209 605 puntos y una variación positiva del 9,1 %. A las 12:30, el índice marcaba 208 193 puntos y una subida del 8,37 %. Es la primera vez en la historia que el índice supera los 200 000 puntos.

La democracia de mercado es el mercado de la democracia. Se lo lleva quien más ofrezca.

El Tribunal Supremo Federal (STF): el gran blanco

El STF ha sido, en los últimos tiempos, el garante de la democracia en Brasil. Fue el STF quien rescató el sistema judicial brasileño tras la campaña de «lawfare» más grotesca de la historia de Brasil (Operación Lava Jato). Fue el STF quien calificó de golpe de Estado lo ocurrido el 8 de enero de 2023 y actuó en consecuencia. Fue el STF quien, sobre todo a partir de 2011, aprobó medidas que transformaron la sociedad brasileña para hacerla más igualitaria, menos discriminatoria y más respetuosa con la diversidad social y cultural. He aquí algunas medidas históricas:

  • Unión entre personas del mismo sexo (2011): El tribunal reconoció por unanimidad la equiparación de las uniones estables entre personas del mismo sexo con las heterosexuales. La decisión extendió los derechos en materia de seguridad social, sucesión y régimen de gananciales a las parejas del mismo sexo.

  • Cuotas raciales en las universidades (2012): El Tribunal Supremo validó el sistema de reserva de plazas con criterios étnico-raciales y sociales en las instituciones de enseñanza superior, consolidando las medidas de acción afirmativa como herramientas legítimas de reparación histórica e igualdad material.

  • Aborto de fetos anencefálicos (2012): En la sentencia sobre el recurso ADPF 54, el STF declaró que la interrupción del embarazo de un feto sin cerebro (anencefalia) no constituye un delito de aborto, garantizando el derecho a decidir de la embarazada bajo asistencia médica.

  • Situación inconstitucional de las prisiones (2015): Al pronunciarse sobre la ADPF 347, el Tribunal reconoció la violación masiva de los derechos fundamentales en el sistema penitenciario brasileño. Esto permitió la imposición de medidas como las audiencias de custodia obligatorias en un plazo máximo de 24 horas tras la detención en flagrante delito.

  • Fin de la financiación empresarial de las campañas (2015): El STF prohibió las donaciones de personas jurídicas (empresas) a partidos políticos y campañas electorales, al considerar que el poder económico desequilibraba el proceso democrático.

  • Modificación del registro civil para las personas transgénero (2018): El STF garantizó a las personas trans el derecho a modificar su nombre y género en el registro civil directamente en la oficina del registro civil, sin necesidad de cirugía de reasignación de sexo, informes médicos ni autorización judicial.

  • Tipificación como delito de la homofobia y la transfobia (2019): Ante la omisión legislativa, el Tribunal Supremo determinó que los actos de homofobia y transfobia se tipificaran como delitos previstos en la Ley contra el Racismo (Ley 7.716/1989) hasta que el Congreso promulgara una ley específica.

  • Rechazo del «marco temporal» (2023): En la sentencia del recurso de inconstitucionalidad n.º 1.017.365, el tribunal rechazó la tesis del «marco temporal», estableciendo que el derecho de los pueblos indígenas a sus tierras tradicionales no depende de que estuvieran ocupando la zona en la fecha de promulgación de la Constitución (5 de octubre de 1988).

  • Derogación de la tesis de la «legítima defensa del honor» (2023): El tribunal prohibió de forma definitiva el uso de este argumento en los juicios por feminicidio. El Tribunal consideró que la tesis era inconstitucional por violar la dignidad de la persona humana y alimentar la violencia de género.

  • Posesión de marihuana para consumo personal (2024): El Tribunal decidió despenalizar la posesión de marihuana para consumo propio. El tribunal estableció un criterio objetivo (40 gramos o seis plantas hembras) para diferenciar al consumidor del traficante, con el fin de reducir el encarcelamiento masivo derivado de los criterios subjetivos de la actuación policial.

Si Fabio Bolsonaro resulta elegido presidente, podría alterar tan profundamente la composición del STF que los logros democráticos que este tribunal ha protagonizado en el pasado podrían ser derrocados uno a uno. Basta con pensar que en el Senado hay 54 senadores que ya se han declarado a favor de la destitución (impeachment) de ministros del STF. Constituyen la mayoría necesaria de dos tercios para decidir la destitución. Basta con pensar que, a lo largo de su mandato, el nuevo presidente podría llegar a nombrar a cuatro nuevos magistrados, por ejemplo, como consecuencia de jubilaciones, y que, además, podría impulsar la destitución de algunos de los cinco magistrados del STF implicados en el caso del Banco Master: Alexandre de Moraes, Dias Toffoli, Luis Fux, André Mendonça y Kássio Nunes. Es decir, de las decisiones de un nuevo presidente autoritario, respaldado por un Senado sumiso, puede surgir un nuevo STF que se ponga servilmente al servicio de los designios de la escoria política en el poder.

Las preguntas sin respuesta

Tras estas elecciones, el Congreso brasileño está aún más dominado por políticos conservadores de derecha y de extrema derecha, muchos de ellos fascistas confesos cuya política de seguridad se basa en el lema «el delincuente bueno es el delincuente muerto». El PL, el partido del golpista Bolsonaro y compañía, cuenta ahora con 29 escaños en el Senado, de un total de 81, es decir, más de un tercio. El poder para desmantelar el Congreso tal y como lo conocemos es evidente, al igual que el poder para reducir a cenizas la llama democrática que encendió el STF.

¿Es posible gobernar democráticamente en un país con un Congreso de esta composición? ¿Merece la pena intentarlo sin una profunda reforma del sistema político? ¿Es posible luchar por la restauración de la democracia con las armas de esta democracia desfigurada? Una cosa es segura: los fascistas y los golpistas no van a ejercer democráticamente el poder que han conquistado democráticamente. Brasil ha cruzado el umbral del fascismo gota a gota. Parece más bien la avalancha de un ovni. O de un monstruo. ¿Quizás una «democradura», quizás una «ditamole»?

Los brasileños y las brasileñas corren un riesgo inmenso: el de despertarse el 26 de octubre y darse cuenta, entre la conmoción y la indignación, de que, al fin y al cabo, ya no viven en democracia, a pesar de que, en apariencia, todo haya sucedido democráticamente. Para evitar el impacto de esa sorpresa, deben ocupar las calles durante las próximas tres semanas y convertirlas en una fiesta de la democracia las 24 horas del día. Que no descansen los demócratas, los raperos, los cantautores que saben alejar este cáliz, los grupos de carnaval, las asociaciones de barrio. Es necesario que lleguen al final agotados para que la democracia renazca al día siguiente.

Notas

1 Lucas Pavanato.
2 Eduarda Campopiano.
3 Bolsa brasileira.