Durante la Feria del libro de Costa Rica, tuvimos el placer de conversar con el editor costarricense, Óscar Castillo, fundador asimismo de la Editorial Uruk, una de las pocas editoriales del país con mayor consistencia a través de los años, y que además ha sabido defender su independencia en el dificilísimo mundo editorial centroamericano.
Este panorama es tan desolador en muchas ocasiones; se debe en gran medida al desinterés de los gobiernos hacia la lectura, pues no hay verdaderos programas de lectura ni plataformas para los jóvenes valores (o los viejos valores, que alguna vez fueron jóvenes…). Amén de todo lo anterior, hay que agregar a la lista la falta de incentivos para el sector editorial privado y programas para la niñez que estimulen el placer de la lectura, pues en los niños reside el futuro de un país, en todos sus aspectos. Sin embargo, para que ese futuro sea factible, son los ciudadanos de ahora los que deben dar la batalla: leer aunque los programas educativos no lo estimulen: leer aunque sea por rebelión, por desafío a los valores anticulturales imperantes.
Fue así que, caminando por la feria, irritado por no encontrar un lugar donde poder tomarme un café decente y comer algo que no fuera una fritura azucarada nadando en grasa, me topé con Óscar Castillo.
No recuerdo si era la primera vez que lo tenía de frente aquí en Costa Rica, pero sí recuerdo que había conversado con él en la Feria del Libro de Frankfurt, Alemania. En aquella ocasión me habló de cómo aprovechar la globalización para abaratar costos en la producción de libros.
Uruk nace de una historia muy personal y política, porque yo fui militante de izquierda en los años 70 y principios de los 80, cuando las guerras de Centroamérica van terminando y la izquierda empieza a producir crisis internas y consecuentes revueltas. Todo esto me dejó sin norte, por lo que, aprovechando que estudiaba periodismo, sentí cuánto me habría gustado crear un medio de prensa crítico, pero, por supuesto, eso no era viable.
Entonces, mi opción fue empezar a pensar en los libros, y mi primero (como editor) fue en 1983, motivado por la visita del Papa Juan Pablo II: eran discursos del pontífice y de algunas otras personalidades, como del Dr. Óscar Arias Sánchez, de Monseñor Obando y Bravo de Nicaragua y de algún otro que no recuerdo. Siempre digo que ese fue mi primer fracaso editorial. Como pensaba como periodista, planteé un libro de coyunturas que buscara el pensamiento crítico, y claro, con la tecnología de la que disponíamos, no pudimos ser lo suficientemente ágiles y rápidos para que saliera a las dos semanas del evento, sino seis meses después, como ocurrió, cuando ya se había perdido la coyuntura…
Con el tiempo, y dando palos de ciego, hicimos, entre otras cosas, libros de leyes, como para aprender el oficio, hasta llegar a la literatura actual, que entendí que también era crítica, pues ayuda a crear conciencia. Ahí se fueron creando las dos principales colecciones de la editorial: la Colección Sulayon, que es la de narrativa, y la Awa, que es la de ensayo.
¿Son términos indígenas, no es así?
Sí, son indígenas; los dos son bribris. Hay una colección adicional —bueno, hay varias—, pero la colección escolar nos sirve para financiar la editorial, pues son textos escolares clásicos en formatos económicos, que en algún momento fueron el 72% de las ventas de la editorial, hoy representan el 23%. Entonces, así nacimos. Nos consideramos una editorial independiente que trabaja por la divulgación de la bibliodiversidad, es decir, diversidad cultural expresada por medio de los libros.
¿Y aproximadamente cuántos libros tiene su catálogo?
Bueno, en este momento tenemos una cantidad de 270 títulos vivos, pero hemos publicado algo más de 500.
¿Cuál es el mayor reto de un editor en Costa Rica?
Con frecuencia digo una cosa entre en serio y en broma, que el principal oficio de los editores no es hacer libros, es deshacernos de los libros: hacer libro que el público acepte, que los quiera, que los lea, que nos den vida. Pero para eso pasa por otra cosa: hacer libros que tengan sentido cultural.
Claro…
Cuando yo digo bibliodiversidad, la gente dice: —¡Ah, qué bonito, folclor!— y no, nada que ver con lo folclórico; es la expresión actual. Otra forma de decirlo es que publicamos libros de autores vivos, porque es una manera de decir que son las expresiones culturales de hoy, las sensibilidades de hoy, las preocupaciones sociales de hoy… Y claro, hay autores muertos que podemos publicar, o que se murieron después de publicar, pero lo que quiero decir es que esos autores expresan temas que tienen sentido hoy.
Y esa actualidad es solo temática o, por ejemplo, un autor de 25 años cuyo estilo no es innovador y alguien mucho más viejo puede escribir sobre la guerra del 48, pero con un estilo actual e impugnativo.
Sí, las dos cosas se pueden dar. Por ejemplo, publicamos a un señor, de gran calidad literaria, pero que, por desgracia, murió y no pudimos promocionarlo como hubiéramos deseado, pues una de sus novelas puede ser importante en cualquier época de la vida o la historia.
Y entonces, ¿cuál es el futuro de Uruk?
Pues Uruk está muy vinculada a mi vida… Tengo tres hijos, cuyas profesiones los hacen vivir mil veces mejor que si lo hicieran en la editorial… Mi hijo menor es el que tiene más posibilidades de asumirla, y mi nieta, la que es psicóloga, está enamorada de la editorial. Yo pretendo que no la asuman como medio de vida, pues de ser así no va a continuar. Más bien que sea algo importante en sus vidas, pero tampoco que sean mecenas de la cultura, es decir, que puedan sacar beneficio económico y fundamentalmente satisfacción. Ojalá puedan continuar de una manera similar a la mía aunque la modernicen.
Hablando de ganancias, ¿qué busca un editor que publica bestsellers?
¡Esos sí buscan plata! Pueden tener muchas motivaciones culturales, pero el editor que se dedica principalmente a publicar bestsellers busca plata y es porque se trata de un fenómeno del siglo pasado producto de transformaciones en el mapa mundial de las editoriales. Las editoriales culturales de la primera mitad del siglo pasado fueron paulatinamente adquiridas por grandes consorcios de periodismo y les cambiaron la lógica de funcionamiento y las convirtieron en editoriales que tenían que rendir una rentabilidad distinta y superior a la tradicional.
Es decir, que el bestseller busca temas polémicos, morbosos, que hagan enganche con…
El bestseller… como no los publico, pues no sé y, cuando pego un bestseller, soy feliz…
Francamente, como lector a mí me aburren…
Porque tienen calidad literaria muy pobre, por lo general, hay algunos que no son tan pobres. Por ejemplo, el último bestseller que leí, El secreto del Grial, lo terminé porque me obligué a terminarlo, pero no me gustó. El tema es intrigante, pero el libro no. Y sí, en general buscan temas light, tratamientos light y mercados masivos, que no son de los lectores duros.















