Hermann Göring, nacido en 1893, desarrolló desde joven una personalidad definida por el egoísmo agresivo, en otras palabras, la insensibilidad emocional y una pasión por lo militar. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, canalizó su frustración hacia un “odio profundo y duradero” contra quienes consideraba enemigos de Alemania. Al unirse al Partido Nazi (NSDAP) en el año 1922, encontró en el líder, Adolf Hitler, una figura autoritaria a la cual seguir, aunque sus propios motivos estaban teñidos de una ambición suprema de poder.
Como segundo a bordo del régimen, Göring acumuló una cantidad de cargos casi sin precedentes: mariscal de las fuerzas aéreas (Reichsmarschall der Luftwaffe), ministro-presidente de Prusia y, crucialmente, encargado del Plan de Cuatro Años (Vierjahresplan), que tenía como meta preparar a Alemania para la guerra en un plazo de cuatro años, buscando la autosuficiencia económica y el rápido rearme militar. Esta última posición le otorgó poderes económicos extraordinarios que fueron esenciales para el inicio de la persecución material del pueblo judío.
Tras la llegada de Hitler al poder en el año 1933, Hermann Göring actuó rápidamente para consolidar el control del partido. Como ministro del Interior de Prusia, estableció un régimen de terror para suprimir la oposición y fundó la Policía Secreta del Estado (Gestapo). Este fue el primer paso para crear el brazo ejecutor necesario para cualquier política de persecución futura.
En el año 1935, el régimen promulgó las Leyes de Núremberg, las cuales transformaron los prejuicios raciales en mandatos legales, definiendo a los judíos por su ascendencia de manera racial, alejadas de la propia naturaleza de la halaja al respecto.
Estas leyes despojaron a los judíos alemanes de su ciudadanía, restringieron su capacidad de empleo y prohibieron matrimonios con “alemanes de sangre pura”. No se buscaba una “sociedad homogénea”, sino que se preparó el terreno para que Hitler pudiera actuar sin restricciones dentro de sus fronteras, desafiando la soberanía nacional frente a los derechos humanos individuales.
A través del Plan de Cuatro Años, Göring asumió la responsabilidad directa de la confiscación de la propiedad judía para revitalizar la economía alemana para la guerra y eliminar a los judíos de la vida comercial. Esto dio paso al proceso de “arianización”, el cual consistió en la transferencia forzada de negocios judíos a propietarios “arios”. Hermann Göring fue el encargado de coordinar este expolio a gran escala; Göring insistía en que este proceso debía realizarse de manera que el Estado, y no necesariamente los individuos particulares, obtuviera el máximo beneficio, para “sacar al judío de la economía y ponerlo en su libro de deudas”.
El momento crítico en la transición hacia el exterminio fue la respuesta nazi al pogromo de noviembre: la Kristallnacht (Noche de los Cristales Rotos). El 12 de noviembre de 1938, Göring presidió una reunión decisiva en el Ministerio de Aviación con más de cien representantes del gobierno y del partido. El informe taquigráfico de esta reunión revela la frialdad burocrática del liderazgo nazi.
Göring expresó su frustración no por la violencia contra los seres humanos, sino por la destrucción de bienes materiales que él señaló que “necesitaba desesperadamente”. Se mostró particularmente irritado por el hecho de que las compañías de seguros alemanas tuvieran que pagar por los daños en tiendas judías, lo que consideraba una “insensatez”.
Entonces, para resolver este “problema”, Göring dictó medidas cínicas: - Confiscación de seguros: Los judíos recibirían el pago de sus seguros, pero el Estado confiscaría inmediatamente ese dinero.
Contribución de mil millones: Göring impuso una “multa” de mil millones de marcos a la comunidad judía alemana como castigo por los disturbios que ellos mismos habían sufrido.
Eliminación total de la economía: Se decretó que, a partir del 1 de enero de 1939, los judíos tendrían prohibido operar cualquier negocio minorista o artesanal.
En esta reunión, el liderazgo nazi comenzó a discutir abiertamente la concentración y el aislamiento. Se propuso la prohibición de que los judíos entraran en lugares públicos como teatros, cines, playas, parques y bosques alemanes. Incluso se discutió la creación de lugares cerrados donde confinarlos (guetos), aunque Heydrich (subordinado de Göring en ese momento) inicialmente expresó dudas logísticas sobre su control policial.
Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la política nazi pasó de la expulsión y el robo a la eliminación física, en la que Göring desempeñó un papel directo en esta transición. En julio del año 1941, Göring envió una orden histórica a Reinhard Heydrich. En este documento, Göring le instruyó a realizar todos los preparativos necesarios para una “solución total de la cuestión judía” en los territorios bajo influencia alemana en Europa.
Esta orden de Göring fue el antecedente de la Conferencia de Wannsee de enero de 1942, donde se planificó detalladamente el exterminio sistemático. Aunque Göring a veces intentó proyectar una imagen de “nazi de salón” menos fanático que la de otros, las fuentes del Tribunal de Núremberg confirmaron que él era la fuerza motriz, solo superada por Hitler, detrás de los crímenes de guerra y contra la humanidad.
Conforme la guerra avanzaba, Göring integró la política racial con la necesidad militar. Bajo su mando, la Luftwaffe hizo un uso masivo de trabajo esclavo y participó en experimentos humanos. El liderazgo nazi veía a las poblaciones judías y civiles de los territorios ocupados no solo como enemigos ideológicos, sino como recursos consumibles para la maquinaria de guerra.
Como jefe de la economía de guerra, Göring fue responsable de la explotación de los países ocupados y del reclutamiento forzado de trabajadores para campos de concentración. Figuras como Albert Speer (ministro de Armamento) y Fritz Sauckel colaboraron estrechamente en este sistema de trabajo forzado que resultó en la muerte de incontables personas.
Con la derrota nazi, Göring fue capturado y juzgado en Núremberg. La acusación, liderada por Robert Jackson, utilizó la doctrina de la “Conspiración” para demostrar que existía un plan común para subyugar a Europa y exterminar a los judíos. Esta teoría permitía responsabilizar a líderes como Göring que, aunque no apretaron el gatillo personalmente, diseñaron el sistema que hizo posible el asesinato masivo.
Mientras tanto, la defensa de Hermann Göring se basó en la soberanía nacional, argumentando que lo que Alemania hiciera dentro de sus fronteras era “asunto suyo”. Sin embargo, el tribunal rechazó este principio, estableciendo que los crímenes contra la humanidad tienen una jurisdicción internacional que trasciende las fronteras nacionales.
El veredicto fue inequívoco: Göring era culpable de los cuatro cargos (conspiración, crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad). La sentencia destacó que su culpa era “única en su enormidad” y que no existían excusas para sus acciones. Esta idea de “únicos en enormidad” se puede desglosar en su posición dentro del Tercer Reich:
La Arquitectura del Terror: a diferencia de otros acusados que solo ejecutaban órdenes, Göring fue un arquitecto. Él creó la Gestapo (la policía secreta) y estableció los primeros campos de concentración en 1933.
La Documentación del Genocidio: por medio de una orden firmada por él el 31 de julio de 1941, dirigida a Reinhard Heydrich ordenando una “solución integral” (Gesamtlösung) al “problema judío”. Fue el vínculo burocrático directo que conectó la política del Estado con el exterminio sistemático (la Shoah).
Dirigiendo el Plan de Cuatro Años, impulsó el saqueo continental, lo que le dio el control total de la economía, llevando a cabo un saqueo de recursos y obras de arte sin precedentes en la historia de la humanidad, un despojo planificado para financiar la guerra y sus propias arcas personales.
Fue responsable en cuatro cargos importantes del tribunal, donde a diferencia de otros acusados, Göring fue señalado de cometer conspiración para cometer crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y planear e iniciar guerras de agresión.
Esto además sirvió para subrayar que los crímenes del nazismo no se podían comparar con ninguna infracción previa realizada en el marco del derecho internacional vigente y además resaltando que la universalidad de la persecución de estos crímenes se sobre ponían a la idea de la “soberanía” del Estado ejecutor. Cabe resaltar que, con Göring, el paso de la discriminación al exterminio no fue un accidente, sino un proceso calculado y liderado por el propio Estado nacionalsocialista, donde él mismo personificó esta evolución:
Fundó el aparato de terror (la Gestapo).
Legalizó la exclusión mediante las Leyes de Núremberg.
Asfixió económicamente a la comunidad judía a través del Plan de Cuatro Años.
Dio la orden formal para la “Solución Final” en 1941.
Pese a sus intentos de presentarse ante la posteridad como una figura carismática o simplemente como un soldado leal, las pruebas documentales de sus propias oficinas revelaron a un hombre plenamente cómplice de los horrores del Tercer Reich. Su suicidio con cianuro la noche antes de su ejecución fue descrito por los psicólogos de la prisión como un último acto de desafío narcisista, en el que intentaba eludir la justicia final de la horca tras haber sido el arquitecto de la destrucción de millones de vidas.
Referencias
German History in Documents and Images. (s.f.). Stenographic Report for a Portion of the Interministerial Meeting at the Reich Aviation Ministry (November 12, 1938). Nazi Germany, 1933-1945 (Vol. 7).
Pérez Triviño, J. L. (2007). Los juicios de Núremberg (1.ª ed.). Editorial UOC.
Sherry, B. (s.f.). Leyes de Núremberg, juicios de Núremberg. World History Project / Newsela.
Turner, M. D. (2023). “A Profound, Abiding Hatred”: An Analysis of Hermann Goering’s Alleged Morphine Addiction. Cureus, 15(3), e36865.
Yad Vashem. (s.f.). Hermann Goering (Goring). Shoah Resource Center.















