En marzo de 2026, durante el reconocido festival “South by Southwest (SXSW)” en Austin, Texas, se estrenó el documental “Capturing Bigfoot”. En él se demuestra que el legendario cortometraje filmado en 1967 por Roger Patterson (1933-1972) y Robert “Bob” Gimlin en el norte de California, cerca de un afluente del río Klamath, fue un engaño perpetrado por ambos. El nuevo documental del cineasta Mark Evans muestra un clip de unos 40 segundos filmado en 1966; se trata de un ensayo general en el que se ve a un “piegrande” (Bigfoot) más delgado que el de 1967, caminando por una zona boscosa similar.

El hijo de Roger Patterson comenta que, diez años después de la muerte de su padre, escuchó de su madre que la película de Patterson-Gimlin (PPG) fue un montaje. Asimismo, afirma haber observado cómo se quemaba el “disfraz” utilizado al filmar a aquel homínido “peludo”.

Como imaginarán, numerosos creyentes en la leyenda de “piegrande” están de luto. Muchos han reaccionado con una mezcla de conmoción, desilusión e incluso negación. Otros atacan el documental afirmando que esas imágenes de 1966 fueron generadas con inteligencia artificial. Algunos criptoinvestigadores continúan sosteniendo que la PPG es de tan buena calidad que dudan que haya sido un engaño (aunque análisis realizados anteriormente con estabilización y alta definición han demostrado fehacientemente que la criatura es falsa). Otros, menos fanáticos, al ver “Capturing Bigfoot” se han convencido de que es imposible creer que la cinta sea real.

Curiosamente, los apasionados creyentes parecen olvidar —o no quieren recordar, o nunca se enteraron de— que el mito moderno de “piegrande” comenzó como una jugarreta, un chasco, un engaño (“prank”). El leñador Jerry Crew (1930-1990), operador de una pala excavadora (“bulldozer”), reportó haber encontrado enormes y misteriosas huellas mientras trabajaba en una obra en Bluff Creek, California.

Hizo unos moldes de yeso de aquellas pisadas, de unos 40 centímetros de largo. El “cuento”, incluido en una carta enviada por una lectora (simpática pero escéptica), llegó a manos de Andrew “Andi” Genzoli (1914-1984), quien lo publicó en su columna del Humboldt Times (hoy The Times-Standard) de Eureka, California. “Pie Grande era simple y emocionante. Recibí una carta de la Sra. Jesse Bemis sobre un personaje de pies grandes en el área de Bluff Creek... Quizás tengamos un pariente del Abominable Hombre de las Nieves del Himalaya”, comentaría en tono de broma Genzoli en su columna de aquel 21 de septiembre de 1958.

A Genzoli le pareció que hablar de las misteriosas huellas era “... una buena historia para un domingo por la mañana”. Pero, para su sorpresa, los lectores quedaron fascinados y así se lo hicieron saber. Luego, con su colega Betty Allen (también periodista del Humboldt Times), publicaría artículos de seguimiento mencionando que el nombre que aquellos leñadores le habían dado a la supuesta criatura era “piegrande” (bigfoot). Nacería así la leyenda actual.

Pero fue entre fines de 2002 y comienzos de 2003 cuando la familia del recién fallecido Raymond “Ray” Wallace (1918-2002) reveló que fue él quien comenzó, como una broma, toda la historia de “piegrande” en Bluff Creek. Wallace, para jugarle una treta a sus compañeros, fabricó unos enormes “pies de madera” (“stompers”) que utilizó para dejar las marcas. Con la posterior intervención de la prensa, el asunto se salió de control. Wallace volvería a utilizar los moldes en otras oportunidades, perpetuando así la farsa.

Curiosamente, la PPG se asemeja demasiado a la detallada historia del leñador, cazador y trampero canadiense William Roe. Su supuesto encuentro es considerado uno de los relatos fundamentales de “testigos presenciales” en la tradición de “piegrande”:

Me topé con una criatura... cerca de Tete Jaune Cache en octubre de 1955;... creí que se trataba de un oso grizzly. Tras observarla de cerca, la criatura me pareció grande, de aspecto humano y de sexo femenino, con una estatura aproximada de seis pies y un peso de alrededor de trescientas libras, cubierta de pelo marrón oscuro... con brazos robustos, pies anchos y una forma de cabeza distintiva. La criatura se puso en cuclillas en las cercanías, comiendo hojas de los arbustos, y parecía poseer características tanto animales como humanas, incluyendo unos ojos negros y pequeños, y un cuello corto y grueso.

Igualmente sospechoso es el hecho (olvidado y hasta desconocido por muchos “creyentes”) de que Patterson (quien publicó en 1966 el libro “Do Abominable Snowmen of America Really Exist?” con entrevistas, cartas, mapas y dibujos de supuestos encuentros, principalmente en el noroeste del Pacífico), durante las semanas previas a la realización de la famosa cinta, les comentó a amigos y conocidos que “... iba a explorar con el firme propósito de filmar a ‘piegrande’”. Luego de su aventura, numerosas expediciones se realizaron en el área sin éxito alguno.

Una vez hecha pública la PPG, y a pesar de haber sido desacreditada por muchos, se convirtió en la mayor evidencia de la existencia de tan elusiva criatura. Además, esa filmación ayudó a crear toda una industria que abarca desde ambientadores de automóviles hasta prendas de vestir. La imagen del fotograma 352 aparece en calcomanías, adornos y todo tipo de artículos. Múltiples películas, documentales y expediciones han sido ejecutados, pero aquella criatura (o sus descendientes) nunca ha vuelto a ser vista.

A fines de los años 1960, las historias sobre “criaturas” similares a los humanos ya llevaban cientos de años presentes entre los nativos de las regiones boscosas del Pacífico norteamericano. Sin embargo, muchas de las atribuidas al Sasquatch no corresponden exactamente con la fábula moderna de “pie grande”. Un alto porcentaje de la mitología de los indígenas del oeste, con culturas muy diversas entre sí, nos habla de seres no necesariamente más grandes que un humano y, en ocasiones, ni siquiera peludos o semejantes a simios.

Desafortunadamente, el concepto moderno de “pie grande” se mezcló con el mítico Sasquatch de los pueblos originarios. Los relatos originales de los stó:lō, halkomelem, squamish y cowichan de la Columbia Británica (Canadá) hablan del Sasquatch (palabra anglicanizada de sasq’ets); los lakota lo conocen como chiye-tanka (Hermano Mayor) y los yakama como stiyahama. Aunque los fanáticos de Bigfoot insisten en buscar evidencias biológicas (¡sin ningún éxito hasta ahora!), los grupos indígenas siempre han respetado a estas criaturas, a las cuales ven como seres espirituales, sagrados e inteligentes, que poseen habilidades sobrenaturales y la capacidad de cambiar de forma. El Sasquatch nativo se encuentra en ese reino (“realm”) entre la conciencia humana y el mundo real.

Sin embargo, hay dos o tres criaturas que podrían considerarse “conectadas” con el críptido de nuestra historia. Una de ellas aparece en la mitología pomo. Este grupo indígena habita en rancherías y reservas de los condados de Sonoma, Lake y Mendocino, en California. Si bien los Pomo poseen una estructura religiosa compleja y distintiva centrada en entidades como Guksu o Kuksu (sanador espiritual) y Coyote o Kunula/Kunuhla (deidad creadora, pero también un astuto embaucador que ayudó a dar forma al mundo), su conocimiento ecológico tradicional incluye historias sobre “hombres peludos” o “gente del bosque” (algunos los llaman muya muya).

Estos supuestos homínidos habitan los bosques de secuoyas (zonas que los pomos evitan cruzar); son esquivos, territoriales y representan el aspecto peligroso e indómito de la naturaleza. Algunos dicen que estas criaturas no parecen tan grandes como el supuesto “pie grande”; otros las describen como “gigantes peludos”. ¿Osos, quizás? Aunque hoy es raro encontrar osos en esos bosques, formaban parte de su hábitat en el pasado.

También los yurok, karuk y hoopa del norte de California mantienen una tradición profunda y respetuosa respecto al Sasquatch, al cual llaman Oh-Mah: un poderoso protector del bosque, normalmente pacífico, pero peligroso si se le falta al respeto. No son monstruos, sino seres inteligentes que actúan como guardianes del bosque en el condado de Humboldt.

Sin embargo, el ser mítico que más se asemeja a “piegrande” podría ser el Mayak Datat (Mayach Dadach, el Hombre Peludo), criatura mitológica yokut, entidad espiritual sagrada y uno de los espíritus creadores que guía a los muertos hacia el otro mundo. De acuerdo con los yokut, habita en las estribaciones de la Sierra Nevada, en el Valle de San Joaquín (California). Son muy conocidos ciertos pictogramas encontrados cerca del río Tule que dan cuenta de una familia de esta relevante criatura.

En los relatos de la creación, el Mayak Datat es una criatura física y viviente que precedió a los primeros hombres. Ese “Hombre Peludo” es visto como una figura importante, aunque algo triste. Se le considera un protector o guía, como lo demuestran algunas canciones funerarias interpretadas por las mujeres de la comunidad para asegurar que acompañe al alma del difunto hacia “el otro lado”.

No obstante, de acuerdo con algunos estudiosos, la definición apropiada del Mayak Datat es la de un ser “capaz de mantenerse sobre sus patas traseras y que no tiene cola”. De manera que, tras analizar en detalle tanto los pictogramas como el mito, el Mayak Datat parece representar a un oso grizzly (Ursus arctos horribilis). Como ser espiritual, participó en el mito de la creación y fue quien logró que los humanos “caminaran en dos patas” como ellos. Los osos grizzly, emblemáticos de California, eran abundantes en el pasado en la Sierra Nevada y son capaces de ponerse en pie y dar algunos pasos sobre sus extremidades posteriores.

A diferencia del auge de “piegrande” como una curiosidad o un elusivo descubrimiento biológico, las historias indígenas enfatizan el respeto, los límites y el equilibrio con la naturaleza. La figura del Sasquatch y de seres mitológicos similares en las tradiciones originarias nos recuerda que forman parte de un ecosistema complejo, amplio y misterioso. Los orígenes de sus leyendas no se encuentran en videos engañosos, fotografías borrosas ni huellas gigantes hechas con plantas de madera, sino en la rica tradición oral. Sus historias no pretenden demostrar la existencia “real” de criaturas míticas, sino hacernos comprender la relación que deberíamos tener con la naturaleza, el misterio y el reino espiritual.

Aquellos que continúan creyendo en la existencia de “piegrande” seguirán repitiendo la frase popularizada por Carl Sagan (1934-1996) en su libro de 1995, El mundo y sus demonios: La ciencia como una luz en la oscuridad: “La ausencia de prueba no es prueba de ausencia”. Ante tal ambigüedad, insistirán en que existen “montañas de evidencia”.

Sin embargo, tras años de expediciones privadas e institucionales y miles de “exploradores” buscándolo, “piegrande” continúa siendo una inmensa paradoja: muchos lo han visto, pero nadie ha sido capaz de encontrarlo. Jamás hemos obtenido una prueba real y la “venerada” filmación de Patterson-Gimlin hoy deja de reinar en ese mar de inconsistencias y decepciones.

En esencia, la leyenda moderna de “piegrande” pudo haberse originado en cientos de años de relatos indígenas, pero la definición convencional y comercial actual ha despojado a aquel ser de buena parte de su significado espiritual original, convirtiendo al “pariente” cultural moderno en un animal inexistente, mayormente físico y definitivamente esquivo.

Referencias

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Loxton, D., Prothero, D. R. (2013). Abominable Science. Origins of the Yeti, Nessie, and other famous cryptids. New York: Columbia University Press. 411 pp.
Martelle, S. (2002). Ray Wallace, 84; Took Bigfoot secret to grave – Now his kids spill it. Los Angeles Times.
Moskowitz Strain, K. (2012). Mayak Datat: the hairy man pictographs. The Relic Hominoid Inquiry, 1: 1-12.
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Steward, J. H. (1929). Petroglyphs of California and adjoining states. University of California Publications in American Archaeology and Ethnology, 24(2), 47–238.
Varga, T. AI stabilization reveals clearer view of famous Bigfoot footage and what it actually is. Earthly Mission.