Había una mujer en Alejandría que se llamaba Hipatia, hija del filósofo Teón, que logró tales conocimientos en literatura y ciencia, que sobrepasó en mucho a todos los filósofos de su propio tiempo.
(Historiador Sócrates de Constantinopla, n. 380 – m. 440)
Preámbulo
Hipatia, principal exponente de la Escuela neoplatónica de Alejandría, fue asesinada por fanáticos, autodenominados cristianos, que la consideraban bruja, responsable del conflicto entre cristianos y judíos, y de las divisiones políticas entre Orestes y Cirilo. En aquella ocasión, como ha ocurrido y ocurre muchísimas veces en la historia, en la política y en el poder religioso, se complementaron como fuentes de la ignorancia, el dogmatismo y la violencia para juzgarla. Un detalle del fresco “La escuela de Atenas” de Rafael Sanzio dejó para la posteridad el semblante joven de Hipatia, concentrado en el conocimiento y la enseñanza.
Cosmovisión neoplatónica
El neoplatonismo es una corriente filosófica surgida en el siglo III d.C. en el marco histórico de la filosofía helenística, del Imperio Romano y del ascenso del cristianismo, extendiendo su presencia cultural hasta el siglo VII.
Esta tendencia de pensamiento puede interpretarse como si se tratara de un conjunto de ideas herederas del pensamiento del filósofo griego Platón y de la Escuela de Atenas; sin embargo, tal perspectiva es apenas parcial. Si bien Platón ejerció una poderosa influencia sobre los neoplatónicos, estos también discreparon del filósofo griego en varias de sus tesis e incorporaron aspectos que no habían sido considerados por él o al menos no los analizó con suficiente profundidad; tal es el caso del concepto “trascendencia” que Platón entiende como el modelo ideal de lo sensible, o también el vocablo “inmanencia” que en Platón es el reflejo del mundo trascendente de las ideas. En los neoplatónicos lo trascendente se encuentra mucho más cercano a lo empírico y la inmanencia no es otra cosa más que el orden racional universal.
El núcleo central del neoplatonismo se expresa en su monismo radical, la doctrina del Uno y la teoría de la emanación. En esta visión lo real puede comprenderse como unitario, sin divisiones ni yuxtaposiciones de ningún tipo, que emana de un único principio: la primera causa, la gran vacuidad, el Uno. Del Uno emana el “Logos”, denominado “Verbo” o “Inteligencia”; y de la “Inteligencia” se engendra el “Alma”. Todo lo real es por emanación desde el Uno. El Uno, la Inteligencia y el Alma (tríada neoplatónica) constituyen los tres fundamentos de todo lo existente. Y la filosofía consiste en un estudio pormenorizado de esas tres realidades subyacentes, de las relaciones recíprocas entre ellas y de cómo se manifiestan en el plano de la temporalidad sensible, material.
Hipatia en la evolución histórica del neoplatonismo
Es común afirmar que los filósofos Antonio Saccas (185-250 d.C.) y Plotino (205-270 d.C.) dan inicio a la reflexión neoplatónica. El segundo fundó la Academia de Filosofía de Roma, donde enseñó sus teorías durante veinticinco años. Luego de Plotino se distinguen tres períodos históricos del neoplatonismo: primero, la obra de Porfirio (siglos III y principios del IV); segundo, el pensamiento de Yámblico de Calcis (250-330 a.C.); y tercero, los siglos V y VI, cuando florecieron las escuelas de Alejandría (Egipto) y de Atenas (Grecia). Es en este tercer período donde aparece Hipatia de Alejandría, en cuyo pensamiento se deja sentir con profundidad, de modo claro y contundente, la influencia de Plotino, de su monismo radical en interacción con el Uno y la teoría de la emanación.
Hipatia era maestra reconocida y de gran mérito tanto de aristócratas cristianos como no cristianos, sus alumnos la respetaban y tenían como persona sabia y prudente. Ella no fue cristiana y al mismo tiempo mantuvo independencia respecto a los movimientos no cristianos. Se trataba de una persona con un grado de autonomía relevante en su esfuerzo por generar conocimientos válidos. Su asesinato, conforme a mi interpretación, tuvo causas políticas con mezcla de manipulación religiosa de sus asesinos.
Una nueva hegemonía cultural
El neoplatonismo, por lo tanto, nace, se desarrolla y se expande en un contexto histórico, como he dicho, marcado por la presencia del Imperio Romano y el ascenso progresivo del cristianismo en sus diferentes manifestaciones. Estos dos factores (Imperio Romano y cristianismo) dialogan, rivalizan y negocian entre sí, hasta llegar a la transformación de la corriente paulina del cristianismo en la religión oficial del Imperio. Ambos actores, además de interactuar entre ellos, también lo hacen con las cosmovisiones filosóficas de su tiempo, una de las cuales es el neoplatonismo.
A partir del siglo IV, cuando se concreta la alianza del Imperio Romano con el cristianismo paulino, se consolida y profundiza la influencia de la cosmovisión cristiana (paulina) del mundo, iniciándose la progresiva desaparición y/o pérdida de influencia de otras corrientes de pensamiento, otros cristianismos y otras sensibilidades sobre la existencia humana, dentro de las cuales se encuentra el neoplatonismo.
En este contexto debe recordarse que en el siglo IV europeo surgen alianzas institucionales e individuales que conforman una de las raíces histórico-políticas importantes de la historia universal. Entre los personajes sobresalientes de ese tiempo se encuentran el emperador Constantino y sus hijos Constante y Constantino I, Helena, Faustina, Osio de Córdoba, Eusebio de Cesarea, Priscilliano y muchos más, todos ellos elementos clave en el proceso que condujo a la oficialización del cristianismo como religión institucional enlazada por el fondo y por la forma al Estado y a los gobiernos. Se estableció entonces una nueva hegemonía cultural y, por lo tanto, nuevas estructuras de encuadramiento mental y de subjetividades que se distanciaban de la cosmovisión neoplatónica.
El neoplatonismo permanece
A pesar de la nueva hegemonía cultural cristiano-imperial-paulina, la desaparición de la influencia neoplatónica debe verse con sumo cuidado; en realidad no fue una desaparición en el sentido de extinción, sino una especie de dilución en otras corrientes de origen cristiano, judío e islámico. La presencia neoplatónica siguió activa en las cosmovisiones de filósofos musulmanes como Al-Farabi, Gabirol, Avicena y Maimónides; en la Cábala y filosofía judía de la época; y en teólogos cristianos como Agustín de Hipona, Pseudo Diniosio, Buenaventura, Alberto Magno, Tomás de Aquino, Meister Eckhart, Marsilio Ficino, Giovanni Pico della Mirándola y otros.
En la filosofía del Renacimiento, la Edad Moderna y la Edad Contemporánea de Europa, así como en expresiones filosóficas de otras civilizaciones, en las interpretaciones de la teoría de la relatividad y de la física cuántica, y en las narrativas políticas, ideológicas y mediáticas de la actualidad, también se identifican elementos neoplatónicos. A estas presencias modernas, contemporáneas, multicivilizatorias y a sus consecuencias me referiré en otra ocasión.
La persistencia del neoplatonismo hasta nuestros días no debe sorprender; en realidad, toda historia es historia contemporánea cuando se la interioriza, adapta e innova de manera pertinente a los cambios históricos.
Hipatia en la Escuela neoplatónica de Alejandría
Hipatía nació en Alejandría, Egipto, hacia el año 355. La influencia intelectual y existencial de su padre, Teón de Alejandría, reconocido matemático y astrónomo, fue muy importante en su hija. Es seguro que Hipatia se educó en ambientes ilustrados de Alejandría y se interesó desde joven por los estudios matemáticos, astronómicos y filosóficos bajo la influencia del neoplatonismo alejandrino, por aquel tiempo muy admirado y seguido. Según algunas versiones de historiadores se le atribuyen a Teón de Alejandría las siguientes palabras dirigidas a su hija Hipatia:
Todas las religiones dogmáticas formales son falaces y nunca deben ser aceptadas en sí mismas por las personas como el final. Reserva tu derecho a pensar, porque incluso pensar equivocadamente es mejor que no pensar en absoluto. 1
Sea cierto o no que las palabras transcritas hayan sido dirigidas por Teón a Hipatia, no existe duda de que su contenido responde al pensamiento de la filósofa y al espíritu general del neoplatonismo.
Se ha logrado reconstruir algunos contenidos impartidos por Hipatia en la Escuela neoplatónica de Alejandría; esto gracias al testimonio de sus estudiantes, como Sinesio de Cirene o Hesiquio de Alejandría, y también a historiadores que le fueron contemporáneos. Hipatia desarrolló, desde la perspectiva del neoplatonismo (especialmente el formulado por Plotino), la filosofía general de la época y los conocimientos y creencias disponibles sobre astronomía y matemática.
Sinesio el cristiano, uno de los discípulos de Hipatia, en la carta 16 de su epistolario la califica como madre, hermana y profesora, además de benefactora. Estos elogios los compartían cristianos y no cristianos que asistían a sus clases.
El asesinato de Hipatia
El primer historiador moderno, cuya influencia y cuyo prestigio aún se respiran, Edward Emily Gibbon, autor del libro clásico “Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano”, escribe sobre el asesinato de Hipatia:
En la flor de la belleza, y en la madurez de la sabiduría, la doncella modesta se había negado a sus amantes y se dedicó a sus discípulos, las personas más ilustradas para su rango o mérito estaban impacientes por visitar al filósofo mujer, y Cirilo vio con ojos celosos el magnífico tren de caballos y esclavos que se agolpaban en la puerta de su academia. Un rumor se extendió entre los cristianos de que la hija de Teón era el único obstáculo para la reconciliación del prefecto y el arzobispo, y ese obstáculo fue removido rápidamente. En un día fatal, en el tiempo santo de Cuaresma, Hipatia fue arrancada de su carro, la desnudaron, arrastraron a la iglesia, e inhumanamente fue asesinada por las manos de Pedro el lector y una tropa de fanáticos salvajes y despiadados; su carne fue raspada de sus huesos con afiladas conchas de ostras, y sus miembros temblorosos fueron entregados a las llamas. La búsqueda de una investigación y castigo para los asesinos fue enmarañada mediante regalos y dádivas, pero el asesinato de Hipatia imprimió una mancha indeleble en el carácter y la religión de Cirilo de Alejandría.
(Edward Gibbon. The Decline and Fall of the Roman Empire. New York: Harcourt, Brace & World, 1960, p. 601)
Respecto al asesinato de Hipatia, no tengo duda de que sus causas principales pueden resumirse en las siguientes:
Primero, la intolerancia religiosa de muchos cristianos, quienes se creían poseedores de la verdad absoluta sobre Dios, el ser humano y el universo, y desde esa perspectiva percibían con desconfianza a cualquier persona y/o grupo que promoviera una cosmovisión distinta a la de ellos. En el fondo, estas personas, falsas seguidoras del maestro Jesús, representaban el esquema de la irracionalidad totalitaria: existe un orden universal, existe una revelación de ese orden, existe un grupo al cual se le ha dado esa revelación, ese grupo tiene el derecho de imponerse al resto de los seres humanos, sea con violencia o sin ella. Aquellos cristianos, dicho sea de forma figurativa, exclamaban: “Muera todo el que no piense o sienta como nosotros”. Este es el lema de todos los dogmatismos y sectarismos que en la historia han sido y son.
Segunda, la mezcla de la religión cristiana con el Imperio Romano y el gobierno, esto es, la síntesis político-religiosa operada en tiempos del emperador Constantino. Dicha síntesis es la raíz de una complementariedad entre religión y política que desde entonces no deja de corromper el espíritu humano. A esto se refiere Edward Gibbon en la cita transcrita donde responsabiliza al obispo Cirilo de Alejandría de influir en las masas cristianas para perpetrar el asesinato.
El científico y divulgador de la ciencia Carl Sagan, en el capítulo 13 de su afamada serie “Cosmos: un viaje personal”, coincide con Gibbon al escribir:
En el año 415, cuando iba a trabajar, cayó en manos de una turba fanática de feligreses de Cirilo. La arrancaron del carruaje, rompieron sus vestidos y, armados con conchas marinas, la desollaron arrancándole la carne de los huesos. Sus restos fueron quemados, sus obras destruidas…
La sangre de Hipatia, su asesinato, se atraviesa en la trayectoria de todos los fanatismos, de los que han sido, de los que son y de los que serán, de los totalitarismos religiosos, políticos e ideológicos. Al morir, ella tejió con letra imborrable, desde su singular existencia de mujer educadora y neoplatónica, las palabras Vida y Libertad.
Notas
1 Citado en Serna, Edgar. Hipatia de Alejandría, Lámpsakos, ISSN: 2145-4086, julio-diciembre, 2010, página 55.















