No es extraño que en una misma familia haya alguien que siempre se libre de los virus, o en un grupo de amigos, o en la clase del cole. Da igual si es gripe o un simple catarro, porque, a pesar de estar rodeados de casos, esa gente no enferma y sigue sana. La respuesta está en el sistema inmunitario.
(Berta Pinillos, colaboradora de la Agencia EFE).
Gérmenes y hospedador
Gracias a la teoría germinal o microbiana de las enfermedades infecciosas de Louis Pasteur, sabemos que los gérmenes —virus y bacterias— son la causa de las infecciones y que pueden transmitirse entre personas, animales o a través del ambiente. También sabemos que un mismo germen puede presentar distinta virulencia en distintas personas. Es más, puede ser muy grave para algunos y totalmente asintomático para otros.
(Silvia Sánchez-Ramón, presidenta de la SEI: Sociedad Española de Inmunología)
Igualmente, según Berta Pinillos, “otra teoría, en desarrollo y postulada por el inmunólogo francés Jean Laurent Casanova, aborda cómo, además del germen con todos sus factores que favorecen la infectividad, se encuentra el sistema inmunitario del hospedador, que determina que en algunos pacientes la infección sea grave y en otros pase prácticamente desapercibida”. “De ahí que haya gente que parece que no enferma casi nunca”.
Fundamentalmente, son factores genéticos de la inmunidad. Nosotros estudiamos sobre todo las inmunodeficiencias primarias, que ahora se llaman errores congénitos de la inmunidad, alteraciones genéticas que afectan el desarrollo o la función de componentes específicos del sistema inmunitario, lo que determina una susceptibilidad aumentada a infecciones graves, recurrentes o por gérmenes específicos, incluso por un solo tipo de germen.
(Silvia Sánchez-Ramón)
No siempre es la genética
Y si hay gente que casi no enferma, es porque el sistema inmunitario no es el mismo en todas las personas, debido a causas genéticas. Pero también influyen otros tipos de factores, como la diversidad del sistema inmunológico entre diferentes personas, que se explica por varios factores no genéticos que influyen en la susceptibilidad a infecciones graves, como los modificadores epigenéticos, que regulan la expresión génica sin alterar la secuencia del ADN, pone de manifiesto la especialista de la agencia de comunicación.
Por su parte, la presidenta de la SEI asegura que “tras la infección viral, las proteínas del virus son procesadas en fragmentos peptídicos por las células presentadoras de antígeno, que son mostradas a los linfocitos T”.
Ahí interviene el sistema del antígeno leucocitario humano (HLA), que es uno de los más diversos desde el punto de vista genético. La alta diversidad genética del HLA determina qué fragmentos virales pueden ser presentados y reconocidos por los linfocitos T.
Cada alelo —una de las variantes alternativas de un gen— de HLA tiene una preferencia específica por ciertos péptidos, lo que influye en la eficacia de la activación de los linfocitos T y, en consecuencia, en la magnitud y especificidad de la respuesta de anticuerpos generada por las células B (integrantes del sistema inmunitario que se forman a partir de las células madre en la médula ósea).
Esta variabilidad explica por qué diferentes individuos pueden tener respuestas inmunitarias muy distintas ante el mismo virus, afectando la susceptibilidad, la gravedad y el control de la infección. Así hay gente que casi no enferma y otra que, virus que hay, virus que coge.
(Silvia Sánchez-Ramón)
Factores ambientales
Además, hay factores ambientales. “Sabemos que la diversidad del microbioma en la faringe, el intestino y toda la vía digestiva, además de la susceptibilidad a infecciones respiratorias, se fundamentan en la interacción entre comunidades microbianas y el sistema inmunitario respiratorio. La evidencia clínica y experimental indica que generamos más resistencia a las infecciones si tenemos un microbioma más diverso”, sostiene Sánchez-Ramón, quien además es jefa de servicio en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid.
Por eso, la experta matiza que no todo viene dado por la genética. Es decir, hay situaciones que debilitan el sistema inmunitario haciéndonos más proclives a las infecciones, como cuando se siguen tratamientos inmunodepresores, pero también problemas como la malnutrición o la inmunosenescencia, que es el deterioro del sistema inmunitario a causa de la edad.
En cualquier caso, la presidenta de la SEI afirma que, si en condiciones aparentemente normales de salud se desarrolla una gripe complicada, es razonable sospechar la presencia de un defecto subyacente en la inmunidad, especialmente cuando no se identifican otros factores de riesgo.
Un sistema de equilibrio interno
Según añade Berta Pinillos, “tener un sistema inmunitario equilibrado es sinónimo de salud porque no solo es un sistema que nos defiende de agentes extraños, sino que —va más allá— es un sistema de equilibrio interno entre todos los componentes del organismo, de integridad biológica”.
Y el tiempo de recuperación de la infección también depende del sistema inmunitario. La destrucción de las células infectadas por los virus depende de esa inmunidad.
Preguntada, Sánchez-Ramón afirma que, si es posible fortalecer el sistema inmunitario, todo lo que es bueno para la salud también lo es para él.
“Todo lo que sea hacer ejercicio regular, una buena dieta variada, rica en micronutrientes, un descanso adecuado y la reducción del estrés y la ansiedad crónica influyen de manera significativa en el buen funcionamiento del sistema inmunitario y en la susceptibilidad a infecciones”, apunta la experta.
Nota
Agencia EFE, 2025. ¿Por qué hay gente que no enferma nunca? Diciembre, 19.















