El cóndor andino es una de las especies que se ha visto diezmada por la caza furtiva y la contaminación, hasta el punto de que sus poblaciones corren un verdadero riesgo. En Perú, es una especie totalmente amenazada y apenas se contabilizan 301 ejemplares, según el último censo registrado en 2022.

Uchuy, cuyo nombre en quechua significa “pequeño”, es un polluelo que pasará a la historia por ser el primer pichón de cóndor al que se le instaló un geolocalizador. Este dispostivo permitirá conocer no solo su comportamiento a lo largo del crecimiento, sino también reunir información clave para diseñar acciones más efectivas que contribuyan a la conservación de la especie.

Este importante hito fue posible gracias al trabajo liderado por la Fundación Cóndor Andino Perú, de la mano de su similar de Ecuador, así como por el Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (MUSA). También participaron instituciones como el SERFOR y el Gobierno Regional de Ayacucho. En total, participaron 13 personas que se internaron en las inhóspitas cumbres andinas para dar encuentro con el polluelo macho de apenas cinco meses de edad.

“Uchuy es un pichón de cóndor andino que nació a fines de 2025, en un nido que hemos monitoreado desde 2023. Lo bueno del asunto es que los padres del polluelo aún siguen alimentándolo y se encuentra en buen estado de salud. Es la primera vez que, en el Perú, se instala un dispositivo satelital a un polluelo en completo estado natural, lo que marca un hito para los esfuerzos de conservación de la especie”, comentó el investigador principal, Víctor Gamarra-Toledo, quien lidera la Fundación Cóndor Andino Perú y es curador e investigador asociado del MUSA, en Arequipa.

Víctor, que ha realizado diversos estudios sobre las aves en el sur del Perú y descubrió que los cóndores viven contaminados por la ingesta de microplásticos—tal como lo dimos a conocer en otro artículo publicado en Meer1—, señala que Uchuy representa una gran oportunidad para conocer mejor el comportamiento de los cóndores desde temprana edad, así como para rastrear sus movimientos tanto en tierra como en el aire.

Uchuy nació en los Andes de la región Ayacucho, aunque se sabe que los cóndores vuelan hasta zonas costeras del Pacífico peruano para alimentarse. Estas aves se alimentan de carroña y sobrevuelan grandes áreas en busca de animales muertos, que constituyen su principal fuente de nutrición.

Al ser aves longevas (viven más de 50 años), su crecimiento es lento y están expuestas a peligros serios que comprometen su reproducción. Por ello, monitorear a Uchuy será de gran ayuda para los investigadores peruanos, a fin de establecer mecanismos más efectivos que permitan conservar e incrementar la población de cóndores en el Perú y en Sudamérica. Esto, además, se realiza en coordinación con especialistas de la Fundación Cóndor Andino del Ecuador, donde la especie también lucha día a día por sobrevivir.

¿Por qué es tan relevante el cóndor?

El cóndor andino es el ave voladora más grande del planeta: cuenta con una envergadura de más de tres metros y, en su adultez, puede superar los 15 kilogramos.

Desde tiempos inmemoriales, culturas como la Inca lo veneraron como una deidad o como un ave sagrada. Por ello, es un animal emblemático en países como Perú, Ecuador, Colombia, Argentina y Chile.

Los polluelos como Uchuy tienen un color grisáceo oscuro. Solo cuando son adultos adquieren un plumaje negro, acompañado por un collar de plumas blancas alrededor del cuello, más característico en los machos. Esta particularidad se extiende hacia las puntas de sus alas, mientras la cabeza y el cuello suelen tornarse rojizos.

Su presencia en la cadena trófica es fundamental porque actúa como un “reciclador natural” al consumir animales muertos, acelerando la descomposición y contribuyendo a prevenir la propagación de bacterias y enfermedades infecciosas que podrían afectar tanto a la fauna silvestre como a las personas.

De acuerdo con la bibliografía ampliamente difundida sobre esta ave, el cóndor muestra cierta predilección por cadáveres grandes, como los de ciervo o ganado. A su madurez sexual, que ocurre alrededor de los cinco años, se suman otros datos documentados: sus nidos los construye en peñascos, por encima de los 3.000 metros sobre el nivel del mar, incluso hasta los 5.000. Asimismo, se ha registrado que algunos cóndores han logrado vivir hasta 70 años, ubicándose entre las aves más longevas del planeta.

Un hito sin precedentes

“Hasta ahora, el conocimiento científico sobre los primeros desplazamientos de los cóndores jóvenes en vida silvestre ha sido limitado. Gracias a este marcaje, será posible seguir en tiempo real los movimientos de Uchuy durante una fase crítica de su vida, cuando comienza su exploración fuera del nido y su proceso de dispersión”, me comenta un entusiasmado Víctor tras llegar de Ayacucho a la ciudad de Arequipa.

Además, sostiene que los datos generados por el transmisor satelital (GPS) –incluyendo ubicación, altitud, velocidad y patrones de movimiento– permitirán identificar rutas, áreas de alimentación y posibles amenazas. De este modo, se aportará evidencia clave para el diseño de estrategias de conservación basadas en ciencia.

Un nido ya conocido por los investigadores

El investigador también indicó que Uchuy nació y habita un nido que el equipo de especialistas monitorea desde diciembre de 2023. El lugar se encuentra en un corredor biológico de alta relevancia que conecta ecosistemas andinos con zonas marino-costeras.

“Este sitio ya había registrado un evento reproductivo exitoso previo, lo que confirma su importancia como área de cría para la especie. Monitoreamos anteriormente el nacimiento de una cría en 2023, pero Uchuy es el primer polluelo al que le colocamos el geolocalizador. Lo ocurrido es una hazaña en este campo de la investigación”, recalca Gamarra-Toledo.

El seguimiento detallado, desde la eclosión del huevo en noviembre de 2025, permitió documentar su desarrollo y el comportamiento de los adultos. Esto genera una base científica excepcional para el estudio del cóndor andino en paisajes complejos y altamente diversos, sostienen los investigadores.

Esperanza para el cóndor en el Perú

Historias de entrega humana en favor de la preservación de la vida silvestre, como la de Uchuy, merecen ser contadas y aplaudidas. Entre la emotividad de la proeza científica y la fragilidad de la vida, existe un hilo muy delgado: depende de equipos de investigadores, autoridades, la academia y la sociedad tomar cartas en el asunto para que podamos ver a Uchuy extender sus alas de gloria mientras surca los Andes peruanos hasta la costa, tal como lo hacen sus padres y lo hicieron sus ancestros en un ciclo armónico que se sostuvo durante miles de años y que hoy parece estar llegando a un punto de quiebre del que podríamos arrepentirnos para siempre.

Notas

1 Aves afectadas por microplásticos y ríos contaminados.