En mis últimos días de descanso, antes de volver a la rutinaria cotidianidad de la vida adulta del trabajo; estuve viendo un montón de películas nuevas y viejas, pasando por el género del spaghetti western hasta de animación y hubo varios largometrajes que volví a ver y que aun me conmovieron como se las estuviera viendo por primera vez y que me despiertan muchas preguntas y me interpela; y una de ellas es Capitán Fantástico del director Matt Ross.

Pero, ¿qué tiene que me atrae cada vez que la veo? Y, a veces tiendo a pensar, que es como una camiseta de tu equipo del que sos hincha, que uno usa sin importar si queda lindo o no, haga frío o calor, si está rota o deshilachada; la vas a seguir usando porque, de algún modo, te representa; salís al mundo con esa camiseta puesta no importa dónde.

Para poder hablar de la película voy a tener que hacer menciones a varias escenas, así que si aún no viste esta enorme peli, habrá spoilers.

Pocos son aquellos que se animan a vivir una vida fuera de este sistema capitalista y consumista, que ora por una voracidad de lujos y por la materialidad. “El lujo es vulgaridad” dicen Los Redondos en una canción y en la película se ostenta esa premisa.

Vemos una familia que viven perdidos en medio de montañas, que llevan una vida austera casi ascética, sin lujos pero disciplinada. Un padre que enseña a sus seis hijos supervivencia –lo vemos en la primera escena–; a valerse por sí mismos, cazar su propia comida y desenvolverse en ámbitos y situaciones extremas en la naturaleza; los prepara y los forma como atletas de élite y, a la vez, los educa con una currícula muy por encima de la educación media en chicos de sus edad; saben de física (en una escena hablan de la teoría cuántica de Plank), filosofía, política, economía, sociología, literatura, ¡qué más! En cierto sentido los hace personas fuertes, pero con sombras que iremos observando conforme avance la trama.

Ahora, tener todo ese conocimiento, ¿es suficiente para chicos de su edad? Esa es una de las tantas preguntas que me surgen dentro de la trama, de la historia. Ellos no viven ni pasan por las experiencias que muchos suelen atravesar, en esto la película hace un hincapié importante: el hijo mayor de los Cash, se cruza con chicas de su edad pero él no sabe cómo manejar una situación, que para muchos suele ser normal, de conversar y hasta de presumir a gente fuera de su círculo más cercano. El personaje de va dando la idea de que no tiene la práctica de socializar con gente de su edad, me animo a decir que no posee la suficiencia emocional para simplemente acercarte a otra persona, y eso es un elemento preponderante que corroe al hermano mayor dentro de la historia.

Hasta ahí la película dando la presentación de todos los personajes de la familia, hasta ahí marcha todo relativa normalidad. La madre de ellos, es un personaje implícito, nunca le vemos la cara pero tiene peso y sobre todo una presencia ineludible porque es, a partir del fallecimiento de ella, que las cosas pegan el cimbronazo en la vida de todos y los hechos van descarrilando el futuro de todos como familia. La escena en donde el padre les confirma la pérdida de su madre es conmovedora, nosotros como espectadores ya sabemos de su partida pero, viendo la dinámica de su cotidianidad, esperamos ver las reacciones de todos. Seguro ya se lo imaginaran.

El padre, Ben Cash, personificado por un gran actor (y amigo mío), Viggo Mortensen. Un padre firme en sus convicciones, firme con sus hijos; es exigente con una cuota de ternura, no se sobresalta, parece frío pero simplemente es honesto a la hora de expresarse y he notado que tiene mucho recaudo a la hora de opinar, las cosas como son. Cuando están camino al funeral de la madre se ven varias situaciones en donde los vemos siendo como es: se interesa por la opinión de sus hijos cuando comentan un libro polémico como Lolita o cuando discuten en esperanto con sus hijas, se muestra firme, pero resolutivo; en una cuando le explica al menor de sus hijos lo que es un abuso sexual, sin tapujos.

Luego está el choque, esperado, y que muestra las críticas –de las tantas– que hacen al sistema educativo norteamericano al exponer y confrontar los distintos modos de vida de los Cash con la familia de la hermana de Ben. Las comparaciones no son sutiles, son ponzoñosas y adrede. Creo que las comparaciones son odiosas pero en esta historia cumple un rol significativo dentro del argumento de la película.

A mi entender Ben es una personaje superior a la media, firme con su moral y coherente con sus convicciones, pero las distintas vicisitudes de trama cuestionan esa idealización o romantización de los ideales, de creer que eres más que otros tantos, el giro que dan los acontecimientos y la exposición al peligro de terminar heridos y lastimados físicos, dan el baño de humildad a padre. Siente que esa tuerca se le robó. Y elige dejarlos al cuidado de sus abuelos, porque siente que esa firmeza carcome el bienestar de sus hijos. Suelta las riendas de la crianza de ellos, de la vida que les impuso. Creo que no busca el perdón de ellos, pues sabe, en el fondo, que fueron criados con amor.

Sin embargo, en el final de la historia los vemos juntos porque a pesar de todas las dificultades todos eligen seguir la vida que llevan y le dan un doloroso pero necesario adiós a su madre profanando, mejor dicho, secuestrando el ataúd de ella para cumplir con el último deseo con una chispa de gracia de la mujer que les dio la vida.

¿Qué es lo que tiene esta película? Tiene algo que nadie quiere aceptar hasta que le toca: nadie está preparado para lo que viene en la vida. Perder a un ser querido, una madre en este caso, cambia los planes de todos, y golpea distinto a cada uno: a los hijos, al padre, a cada hermano. Lo sé porque hace un par de años perdí a la mía, de forma repentina, y todavía hoy llevo esa herida, cicatrizada pero presente. Lo que hace grande a la película es que, a pesar de todo eso, a pesar de las grietas que deja el dolor, la familia logra sortear los obstáculos y salir adelante juntos. Ahí está, para mí, lo que tiene Capitán Fantástico: no la respuesta de cómo criar hijos o cómo vivir al margen del sistema, sino la certeza de que ninguna convicción, por firme que sea, alcanza sola. Se necesita del otro para atravesar lo que no se elige.