En cuatro ensayos previos (La insuficiencia del análisis económico de Karl Marx1, Competencia perfecta y equilibrio económico: crítica al reduccionismo economicista neoclásico2, Anarcocapitalismo y socialismo: el engaño tiene fecha de caducidad3 y En diálogo con Thomas Piketty: el ingenuo, incompleto y mediático enfoque del economista francés4) publicados en Meer International, me referí a temas relacionados con la Filosofía de la Economía. En esta ocasión retomo ese ámbito reflexivo para referirme a lo que defino como “un olvido premeditado”.
Juicios de valor sin fundamentación técnica
Durante la mayor parte del siglo XX y en las primeras dos décadas del siglo XXI, los méritos técnicos y filosóficos de los economistas liberales fueron marginados, se les declaró equivocados de raíz y se les acusó de favorecer a los intereses de minorías plutocráticas. Estos juicios de valor no se fundamentaban en estudios técnicos ni en hechos objetivos; obedecían a intereses políticos e ideológicos de corrientes económicas, sociales y políticas que situaban al Estado y al gobierno en el lugar prioritario del desarrollo social, afirmando que lo privado, per se, representaba siempre la variable negativa o sospechosa de la ecuación social, siendo necesario controlarlo y, en las tesis más radicales, hacerlo desaparecer.
Origen del olvido premeditado: victimarios y víctimas
La obra intelectual y de investigación de autores como Eugen von Böhm-Bawerk, Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek y Murray Newton Rothbard, a pesar de sus aciertos científicos y reflexivos, fue invisibilizada por razones políticas e ideológicas durante la mayor parte del siglo XX. ¿Cuál es el origen de este hecho? Voy a remontarme al siglo XIX, a la obra de Karl Marx y a sus expresiones políticas, porque es en ese ámbito donde se fraguó la táctica y la estrategia de invisibilizar a los liberales, fenómeno que al poco tiempo se reprodujo en los movimientos socialdemócratas, democristianos y en algunos segmentos religiosos.
Minusvalorar y desacreditar como estrategia de manipulación emocional
En el transcurso de su vida pública, la obra de Karl Marx atraviesa cuatro etapas o períodos: premarxista (1837-1844); transición al marxismo (1844-1845); formación del marxismo (1845-1867); consolidación y desarrollo del marxismo clásico (1867-1883). Si bien pueden señalarse aciertos en los análisis de Marx, es cierto que su obra contiene graves errores, insuficiencias y vacíos que desde mediados del siglo XIX fueron señalados por autores de distintas tendencias.
Eugen von Böhm-Bawerk (1851-1914), en Capital e interés, volumen I (1884), y en la La conclusión del sistema marxista (1898), cuestionó el pensamiento de Marx, sin que nadie, del ciírculo de este, lograra responder a la crítica. Rudolf Hilferding (1877-1941), quien pronto formularía tesis distintas a las de Marx, intentó, sin éxito, defenderlo. El socialista Otto Bauer (1881-1973), quien asistió a un seminario impartido por Böhm-Bawerk, le confesó a Ludwig von Mises que Hilferding no entendió los argumentos de Böhm-Bawerk.
Los hechos indicados forman parte de un análisis crítico mayor que mostró la debilidad técnica y filosófica de lo escrito por el creador del marxismo clásico. Las reflexiones de Wilhelm Emmanuel von Ketteler (1811-1877) y Heinrich Pesch (1854-1926) sobre la situación social y económica de los obreros industriales concluyeron que los estudios de Marx y de su amigo Engels contenían grandes vacíos.
Los socialistas Karl Kausky (1857-1938) y Eduard Bernstein (1850-1932) argumentaron sobre la naturaleza inconclusa del sistema de Marx, mientras Ludwig von Mises, desde una perspectiva liberal, analizó la imposibilidad del cálculo económico en sociedades centralizadas y planificadas por políticos, ideólogos y militares; y Friedrich Hayek opuso a la tesis de la planificación central el concepto de orden espontáneo, entendido este como aquel que surge de los millones de interacciones entre personas y grupos humanos que se producen segundo a segundo, sin requerir de un planificador.
Las referencias previas evidencian que entre 1881 y 1930, aproximadamente, las teorías de Karl Marx fueron sometidas a estudios críticos de democristianos, liberales y socialistas reformistas, todos los cuales indican lo que Marx no observó o lo hizo de modo muy general y poco profundo: la capacidad de autotransformación de las sociedades humanas, y el hecho de que las sociedades denominadas capitalistas no pueden reducirse a solo mercado, dinero, propiedad y consumo, porque en tal caso no se las entiende o se las entiende de manera parcial.
La cabal comprensión del fenómeno de la innovación intrínseco a las dinámicas sociales y la presencia de este mismo hecho en los planos productivos, éticos, culturales, jurídicos y políticos, correspondió a quienes no compartían los análisis de Karl Marx. El propio Marx se percató de los vacíos de su esfuerzo investigativo y consideró incompletos e insuficientes varios de sus libros previos al año 1859. Algunos de sus seguidores de finales del siglo XIX arribaron a conclusiones que coincidían con las de los críticos liberales, democristianos y socialistas.
La reacción crítica a la que me refiero no tendría mayor interés si los argumentos esgrimidos por sus autores hubiesen sido interiorizados en lo que tenían de meritorio, pero ocurrió lo contrario. El planteamiento de Marx se convirtió en un movimiento político-ideológico cuyo objetivo era la toma del poder del Estado, y fue dentro de ese movimiento donde se fraguó y ejecutó la decisión de invisibilizar a los liberales y a otros representantes de corrientes de pensamiento distintas a las del marxismo clásico.
¿Cuáles eran las críticas al sistema de Marx?
Al contrastar el sistema de mercado con el modelo ideal de una organización social planificada, Marx sostuvo tres tesis que determinan los vacíos del conjunto de sus teorías: primera, es necesario centralizar los conocimientos en una instancia política, estatal y gubernamental; segunda, la fuerza de trabajo asalariada es una mercancía especial que actúa como fuente exclusiva del valor mercantil y de la riqueza social, y tercero, el ser humano es un conjunto de relaciones sociales.
La primera idea es imposible de realizar dado que los conocimientos se encuentran descentralizados per se, son diversos, dinámicos y evolutivos, y dependen de cientos de millones de personas y experiencias que al interactuar generan un orden-desorden sin planificación previa; la segunda oculta que en el proceso de formación del valor mercantil y de la riqueza social, además de la fuerza de trabajo asalariada del proletariado industrial, intervienen otros factores tales como el tiempo, la escasez, la utilidad, la apreciación subjetiva de las personas y la subjetividad social, así como la fuerza de trabajo de profesionales, gerentes, artistas, educadores, emprendedores, empresarios, estudiantes, agricultores y propietarios de medios de producción en general; la tercera olvida que la persona trasciende las relaciones sociales, es autónoma respecto a las sociedades en las que vive, y por eso puede transformarlas.
A lo dicho debe agregarse una insuficiencia antropológica fundamental: reducir la fuerza de trabajo a la condición de mercancía, desatendiendo las dimensiones psicológicas, subjetivas y espirituales del mundo laboral.
Los equívocos referidos, todos ellos señalados en los textos críticos de Mises, Bohm-Bawerk, Hayek y Rothbard, condujeron a Karl Marx a varios de los absurdos mayores del pensamiento social. La historia humana —pensaba Marx— es un proceso natural sin sujeto o donde el sujeto es siempre una tribu colectiva y colectivista. En tal tesitura, las distintas sociedades pueden ser analizadas con la exactitud propia de las ciencias naturales, y los políticos, ideólogos y militares que conocen las leyes objetivas del desenvolvimiento social están en capacidad de planificar las dinámicas históricas de manera centralizada. Estos absurdos invisibilizaron el hecho de que las sociedades denominadas socialistas en los siglos XX y XXI eran en realidad capitalismos dictatoriales y lo siguen siendo en aquellos países donde reinan tales despropósitos epistemológicos.
Ocultar, invisibilizar, marginar
A pesar de que en el período 1881-1930 liberales, democristianos y socialistas reformistas demostraron la invalidez técnica y filosófica del pensamiento de Karl Marx, se produjo un fenómeno político en cuyo marco se ocultaron esas demostraciones, fue el siguiente: el pensamiento de Marx se tradujo en movimientos políticos e ideológicos que mediante insurrecciones armadas alcanzaron el poder del Estado y de los gobiernos, primero en el Imperio Ruso, y al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en Europa del Este se consolidó de este modo un movimiento político internacional, adscrito al pensamiento de Marx, cuyos objetivos no se relacionaban al avance de los conocimientos sobre la sociedad, sino a la conquista y mantenimiento del poder del Estado, y en el marco de este propósito surgió la decisión ideológica de ocultar, invisibilizar y marginar las obras e investigaciones de quienes habían demostrado la invalidez técnica del análisis marxista, calificándolas de “burguesas”, “revisionistas” y “contrarrevolucionarias”.
Y mientras esto acontecía, también se fortalecían los movimientos políticos del reformismo social-estatista (socialdemocracia y democracia cristiana) que propugnaban a favor de una intervención mayor del Estado y del gobierno en la sociedad. Así las cosas uno de los efectos del fenómeno en cuestión, fue la coincidencia de marxistas, socialdemócratas y democristianos en el objetivo de invisibilizar a los liberales; a lo cual también contribuyeron los propios liberales que en aquellos años fueron incapaces de traducir sus ideas en movimientos políticos con posibilidades reales de tomar el poder el Estado.
El fenómeno de invisibilización señalado se extendió por todo el mundo hasta finales de los años ochenta del siglo XX, cuando se produjo el derrumbe de la Unión Soviética y de los modelos totalitarios de capitalismo de Estado en Europa y otros continentes.
Es en el contexto del relanzamiento de las economías de mercado y del pensamiento liberal que ha tenido lugar a partir de 1982 hasta el presente,que se ha producido un nuevo interés por la obra de los liberales clásicos y de pensadores como Bohm-Bawerk, Mises, Hayek y Rothbard. Este hecho se ha acelerado con la crisis económica y política en Europa, la transformación del Estado de Bienestar en una cobertura plutocrática de políticos, empresarios y financistas, y la pérdida de relevancia estratégica de Europa en el contexto de la geopolítica y la geoeconomía contemporáneas.
Notas
1 Araya, F. 19 de febrero, 2024 La insuficiencia del análisis económico de Karl Marx Meer.
2 Araya, F. 19 de marzo, 2024 Competencia perfecta y equilibrio económico: crítica al reduccionismo economicista neoclásico Meer.
3 Araya, F. 19 de marzo, 2021 Anarcocapitalismo y socialismo: el engaño tiene fecha de caducidad Meer.
4 Araya, F. 19 de julio, 2021 En diálogo con Thomas Piketty: el ingenuo, incompleto y mediático enfoque del economista francés Meer.















