La exposición titulada La última pintura responde al encargo del CAAC de organizar una muestra que ofreciera una visión panorámica de la creación pictórica que actualmente se desarrolla en Andalucía. El proyecto se enmarca dentro de la línea de trabajo que el centro viene desarrollando desde hace años con el propósito de dar visibilidad al trabajo de los jóvenes creadores que desarrollan su actividad en nuestra comunidad.
En esa clave, una de las premisas de la selección de los artistas realizada por los comisarios para esta exposición, ha sido la de evitar que se convirtiera en un mero catálogo de nombres refrendados por el sistema del arte. Más bien, evitando restringir el concepto de pintura a los cánones en uso, nos propusimos componer una selección de obras producidas por artistas andaluces que nos permitieran mostrar la variedad de maneras de abordar la pintura en nuestros días. La ordenación de las piezas aspira a enfatizar la interrelación entre ellas, intentando ayudar a su comprensión en un marco más amplio y facilitando al mismo tiempo la adecuada interpretación de la labor pictórica personal de cada artista.
A nuestro parecer, las obras que hemos seleccionado de Irene Anguita (Córdoba, 1997), Andrés Aparicio (Villarrasa, Huelva, 1989), María Rosa Aránega (Almería, 1995), Fran Baena (Priego de Córdoba, 1999), Marta Beltrán (Granada, 1977), Fátima Calderón (Puebla de Cazalla, Sevilla, 1986), Carlos Cañadas (Granada, 1998), Alejandro Castillo (Melilla, 1992), Pilar Consuegra (Pozoblanco, Córdoba, 1982), Agus Díaz Vázquez (El Cerro del Andévalo, Huelva, 1987), Pepe Domínguez (Sevilla, 1996), Abel García (Sevilla, 1996), Sofía González (Sevilla, 1994), Susana Ibáñez (Sevilla, 1981), Julia Llerena (Sevilla, 1985), Manuel M. Romero (Sevilla, 1993), Gloria Martín (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1980), Martínez Bellido (Cádiz, 1992), Elena Núñez (Sevilla, 1998), Bernar S.F. (Sevilla, 1988), Julia Santa Olalla (Granada, 1985), Raquel Serrano (Huelva, 1995), Lucía Tello (Sevilla, 1996), Jorge Thuillier (Cádiz, 1989), Cachito Vallés (Sevilla, 1986), José Luis Valverde (Málaga, 1987) y Laura Vinós (Córdoba, 1998) resultan buenos ejemplos de sus respectivos compromisos con la pintura y evidencian la singularidad de su creatividad. El conjunto de estas trayectorias tan diversas nos permite también descubrir un panorama sugerente y enriquecedor de la creación actual en Andalucía.
No es esta una exposición que aspire a ser una defensa o exaltación de la pintura dentro del panorama del arte contemporáneo. A nuestro modo de ver, ese tipo de iniciativas corren el riesgo de hacerle más daño que bien a la causa que pretenden sostener. De hecho, esta exposición bien podría haberse titulado La última exposición de pintura, y no porque creamos que esta modalidad del arte vaya a desaparecer, sino porque, a nuestro entender, en el arte la separación en géneros o disciplinas hace ya tiempo que carece de sentido y remite a criterios decimonónicos obsoletos. La creación visual contemporánea debe entenderse tal como es, esto es, como un archipiélago en el que conviven diferentes procedimientos, técnicas y modos de hacer, y cualquier reflejo adecuado de esta fragmentada realidad debe abstenerse de sustentarse en divisiones academicistas.
¿Por qué La última pintura? ¿Por qué organizar una exposición dedicada a la pintura en absoluto? Ciertamente, el encargo del CAAC era muy preciso en este sentido; tanto la demanda como la respuesta responden a que, en anteriores muestras afines, este campo había quedado inexplorado o infrarrepresentado. De ahí la necesidad de darle visibilidad. De no hacerlo, quedaría desatendida la producción pictórica, una práctica que es de hecho mayoritaria en el arte contemporáneo andaluz.
Aunque el objetivo inicial de esta exposición era mostrar el trabajo de artistas que comienzan su producción tras el cambio de siglo, no nos llevó mucho reparar en que sería pertinente incorporar obras de cinco artistas de generaciones anteriores que continúan en plena actividad. Y lo hemos hecho, por una parte, para evitar un cierto adanismo no poco frecuente en este tipo de muestras y, al tiempo, para propiciar un diálogo intergeneracional que consideramos enriquecedor para todos, jóvenes, veteranos y público. Se trata de cinco autores con una trayectoria sólida en el ámbito de la creación contemporánea, cuya producción se caracteriza por una renovación constante. Este hecho puede haber influido en que, en algunos casos, su trabajo no haya alcanzado la difusión que merece.
La exposición incluye así obras de José María Bermejo (Olivares, Sevilla, 1952), Juan José Fuentes (Benamejí, Córdoba, 1954), Victoria Gil (Badajoz, 1963), Francisco Peinado (Málaga, 1941) y Juan Suárez (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1946). Su trabajo puede servir de referencia para ayudar a entender los territorios por los que detectamos que sigue transitando buena parte de los jóvenes artistas seleccionados para la exposición. El recorrido que así queda esbozado está marcado con ciertos hitos, desde la figuración expresionista narrativa de Francisco Peinado a la abstracción más depurada de Juan Suárez, pasando por el pop surrealista de Juan José Fuentes, la memoria y lo onírico de Victoria Gil, y la idea que, de la metamorfosis, la repetición y el cambio se hace José María Bermejo.
Bajo el título de La última pintura podríamos estar refiriéndonos tanto a la pintura que se acaba de realizar, esto es, la más reciente, como a la pintura que se produce al final de una trayectoria. Sea como fuere, las obras expuestas son reflejo del compromiso de sus autores por hacer un trabajo sin concesiones fáciles. Esperamos que la senda trazada en esta muestra ayude a conocer sus obras y estimule al espectador a mirar como si de una primera ocasión se tratase. Solo así estará en condiciones de apreciar la difícil tarea de renovación a la que se enfrenta el artista en cada lienzo. Como señalara Chantal Maillard, «artista es aquel que sabe jugar en el límite, a riesgo de perderse a sí mismo, pues esta es la regla del juego; es un funámbulo que atraviesa el abismo sobre la cuerda floja a sabiendas de que la red, cualquier red, si la usa, es una trampa».
Confiamos en que esta exposición resulte de utilidad para ensanchar los horizontes del debate sobre la actualidad y la pertinencia de una actividad, la pictórica, que persiste en este mundo de vertiginoso desarrollo tecnológico que con tanta frecuencia nos atropella; una tarea antigua que quizá logre sobrevivir a pesar de sí misma.
(Texto de Curro González y Alberto Figueroa)
















