Pocas instituciones argentinas dejan entrever de qué se trata nuestro país como la ciencia nacional, la cual ha dado lugar a un entramado de logros mundialmente reconocidos que coexisten con ciclos periódicos de desfinanciación y desmantelamiento. En mi país, la ciencia avanza aún cuando, cada ciertos años, algún gobierno la considera innecesaria y onerosa, y por ello se propone hacerla desaparecer.

Este artículo se divide en dos partes. En esta primera parte, la persona lectora se encontrará con el planteo de los cimientos de la estructura argumentativa del texto y la presentación de una pequeña selección de los logros de la ciencia y los intelectuales argentinos a lo largo de la historia. En una segunda parte, reflexionaré acerca del estado actual del sistema científico nacional en el marco de un gobierno que, además de otras cosas, es abiertamente anticientífico.

La ciencia argentina es reconocida en todo el mundo. Cada cierto tiempo, se publica la noticia de que se le ha otorgado un premio o distinción a algún científico, científica o equipo de investigación reconociendo el trabajo realizado sobre algún área o campo de conocimiento del enorme abanico que se está desarrollando de manera continua en nuestro país. El trabajo en los laboratorios e institutos es cotidiano, tenaz y colaborativo. En medio de la desinversión estatal, el desinterés de una parte de la sociedad y las operaciones políticas y mediáticas que buscan desprestigiarla, la ciencia argentina se abre paso y resiste.

Esta historia encuentra sus primeros pasos en el año 1951, con la firma del decreto N° 9695 por parte de Juan Domingo Perón que da surgimiento al primer organismo dedicado a la promoción de la ciencia en el país: el CONICYT (Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas), cuyo objetivo era “orientar, coordinar y promover las investigaciones técnicas y científicas de todo orden” y, así, contribuir al desarrollo y a la modernización del país. Un año antes, también durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, se había fundado la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA): un organismo autárquico cuya misión era “dirigir, proyectar y fiscalizar las actividades concernientes a la energía atómica”1. En aquel entonces, el Estado se erigía como un promotor activo de la investigación científica a nivel nacional.

Este ciclo se vio interrumpido cuando, en 1955, Perón fue derrocado por la autodenominada “Revolución Libertadora”, una de las tantas dictaduras cívico-militares que vio estas tierras durante el siglo XX, lo que llevó al vaciamiento del CONITYC y a la paralización de la inversión dedicada al desarrollo de la investigación científica en el país. Unos años más adelante, el 5 de febrero de 1958, a través del Decreto N° 1291, se creó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), un organismo autárquico que postulaba la “necesidad de estructurar un organismo académico que promoviera la investigación científica y tecnológica en el país”1. Su primer presidente fue Bernardo A. Houssay, uno de los Premios Nobel que ha visto nacer estas tierras.

Quisiera enumerar, a continuación, apenas algunos de los hitos de la ciencia, la investigación científica nacional, y los intelectuales que trabajan incansablemente en pos del desarrollo de la nación.

Argentina es el país de Latinoamérica que ha recibido más Premios Nobel, seguido por México, Chile, Colombia, Guatemala y Venezuela. Nuestro país cuenta con un total de cinco reconocimientos a personas comprometidas no sólo con la ciencia y la medicina, sino también con la política y la lucha por los derechos humanos:

  1. Carlos Saavedra Lamas recibió el Premio Nobel de la Paz en 1936 por “su papel como padre del Pacto Antibélico Argentino de 1933, que también utilizó (...) para mediar la paz entre Paraguay y Bolivia en 1935”.

  2. Bernardo Houssay fue reconocido con el Premio Nobel de Medicina en 1947 por “su descubrimiento del papel que desempeña la hormona del lóbulo pituitario anterior en el metabolismo del azúcar”.

  3. Luis Federico Leloir fue premiado en 1970 en el campo de la Química por el descubrimiento “de los nucleótidos de azúcar y su papel en la biosíntesis de carbohidratos”.

  4. ​Adolfo Pérez Esquivel obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1980 por “ser fuente de inspiración para los reprimidos, especialmente en América Latina”.

  5. César Milstein obtuvo el ​Premio Nobel de Medicina en 1984 por sus “teorías relativas a la especificidad en el desarrollo y control del sistema inmunológico y el descubrimiento del principio para la producción de anticuerpos monoclonales”.

René Favaloro fue un cardiocirujano graduado de la Universidad Nacional de La Plata reconocido a nivel mundial por haber desarrollado el bypass coronario, una técnica revolucionaria en la cirugía cardiovascular que permitió salvar millones de vidas hasta el momento y suele ser concebida como uno de los inventos más importantes de la historia de la medicina contemporánea. Favaloro viajó a Cleveland para especializarse en cirugía cardiovascular y fue allí que, en mayo de 1967, puso en práctica por primera vez esta técnica.

Unos años más tarde, volvió a la Argentina y, en 1971, creó la Fundación que llevaría su apellido, una institución de excelencia dedicada a la docencia, la investigación y la asistencia médica. Favaloro decidió terminar con su vida el 29 de julio de 2000, agobiado por las deudas de su Fundación y tras haber quedado atrapado entre la corrupción y la burocracia de un sistema de salud que ha desoído y sigue desoyendo a quienes ponen el cuerpo, el conocimiento y su carrera al servicio de la investigación, la docencia y la atención médica de los pacientes.

Argentina es un país reconocido en la región por su sistema público sanitario, en el que toman un gran protagonismo una red pública de hospitales e institutos que se dedican no solamente a la atención de pacientes, sino también a la investigación y a la formación de nuevos profesionales. Entre las instituciones públicas más importantes se encuentran el Hospital “Prof. Dr. Juan P. Garrahan” dedicado a la pediatría; la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud “Dr. Carlos G. Malbrán” en el que funcionan más de diez centros e institutos de investigación; el Hospital de Clínicas José de San Martín que depende de la Universidad de Buenos Aires; el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo; el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur; el Hospital Nacional Posadas; y el Hospital El Cruce Dr. Néstor Kirchner, una institución de alta complejidad inaugurada en el año 2007.

Estas instituciones no sólo permiten a los pacientes atenderse de manera gratuita y con toda la excelencia que permite la siempre insuficiente asignación presupuestaria, sino que también llevan adelante actividades de investigación en distintas áreas vinculadas a las ciencias de la salud, a la vez que forman parte del complejo sistema de residencias que permiten a los jóvenes graduados especializarse en distintas áreas de la medicina.

En estos días, el sistema científico argentino se encuentra en una situación crítica debido a que el gobierno nacional actual, bajo la excusa del equilibrio fiscal, ha realizado un brutal ajuste en el área que ha dejado caer becas de doctorado; postergado el ingreso a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico (CIC); desfinanciado universidades e institutos de investigación; manejado discrecionalmente fondos enviados por organismos internacionales e interrumpido investigaciones que no sólo ponen en suspenso el desarrollo profesional de los científicos y científicas responsables, sino que también desperdicia el dinero invertido para su puesta en marcha.

Hoy nos volvemos a encontrar frente a una gestión que ve en la inversión en ciencia (sobre todo, en ciencias humanas y sociales) un gasto innecesario y demasiado oneroso para un país que, nos dicen, no puede permitírselo. Sin embargo, cabe aquí hacernos la pregunta acerca de si es acaso posible un mínimo de prosperidad de cualquier tipo sin una ciencia orientada al desarrollo nacional que sea motor de soberanía, innovación y justicia social. Esta autora tiene, por supuesto, una posición tomada al respecto.

Notas

1 Sitio web oficial del CONICET.