Los últimos estudios genéticos, lingüísticos y étnicos colocan a los pueblos N’dee, N’nee, Ndé como parte de los pueblos Atabascan que fueron de los últimos en cruzar hacia América. Se ubicaron en el Norte de Canadá, pero hacia 600-700 años grupos Atabascan migraron hacia las Grandes Planicies de lo que hoy es Arizona, Nuevo México, Texas, Sonora y Chihuahua. En las Grandes Planicies se dividieron en tribus y adoptaron una vida nómada siguiendo las estaciones del año y las manadas de bisontes americanos. Se constituyeron como sociedades matriarcales y con altos grados de participación democrática y política.
El territorio por el cual los N’dee, N’nee, Ndé se movían, habitaban y controlaban, llamado por los occidentales Apachería, se extendía por el centro de los actuales estados de Texas, Nuevo México y Arizona, así como la zona septentrional de los estados mexicanos de Sonora, Chihuahua y Coahuila. En la cosmovisión Ndé este territorio es llamado n’dee bikéyaa en coyotero, n’nee bikíyaa en chiricahua o ndé biikéyaa en lipán, que quiere decir literalmente “tierra de la gente” y representa sus tierras sagradas y ancestrales.
Una de las prácticas económico-bélicas más importantes eran las incursiones o saqueos que hacían a otros pueblos. Los saqueos Nde tienen sus peculiaridades por varias consideraciones. En primer lugar, dentro de la cultura N’de no era un acto bélico sino económico / de intercambio, no era un acto de guerra pues no implica una violencia mortal o de destrucción, sino con la violencia mínima para obtener los recursos que se necesitaban. Al mismo tiempo no eran los N’de los únicos que comentían estos actos, el historiador Pekka Hämäläine en su libro El imperio comanche muestra que estos últimos perfeccionaron entre los siglos XVII y XIX este tipo de economía.
Como es de esperar, los saqueos e incursiones volvieron a los pueblos vecinos en enemigos de los N’de, al grado de que los nombraron Apaches, que significa enemigos.
Los N’de tenían una religión monoteísta, con espíritus naturales a menudo descritos como monoteísta-heteoísta (un dios principal con otros espíritus menores). Usen (o Ussen) es la deidad principal y creadora conocida como el "Dador de Vida" o el "Gran Espíritu". Era una religión profundamente vinculada al territorio, a la relación con las fuerzas de la naturaleza y a un conjunto de ceremonias que estructuran la vida social y moral de la comunidad. No se trata de una religión organizada con textos sagrados escritos o una jerarquía centralizada, sino de un complejo entramado de mitos, rituales, prácticas curativas y normas éticas transmitidas intergeneracionalmente. El territorio no es solo espacio físico, sino espacio sagrado. Montañas, rutas y lugares específicos tienen significado espiritual. Por eso, el despojo territorial y el confinamiento en reservas en el siglo XIX no solo afectaron la economía o la política, sino también la vida religiosa.
En el siglo XVII los N’de se hacen con caballos que rápido adoptan como parte fundamental de su cultura y economía; que les permitían moverse de mejor manera por la apachería, cazar mejor a los bisontes y ser más eficientes en sus incursiones. Los equinos que adquirieron eran Broncos, caballos que escaparon a los exploradores, colonizadores y conquistadores españoles y que se volvieron salvajes.
En ese mismo siglo se da el primer contacto con los españoles y novohispanos, quienes después de derrotar a los pueblos Chichimecas2, comenzaron a incursionar en lo que conocemos como Aridoamérica. Hispanos y novohispanos iban buscando recursos y nuevos espacios para colonizar. Al principio se fueron construyendo fuertes, ranchos ganaderos y pueblos mineros. Si bien la primera interacción entre N´de y los recién llegados fue pacífica, las incursiones y los saqueos N’de, y una concepción distinta sobre la guerra desataron la enemistad entre ambos pueblos y el inicio de las guerras indias. Estos conflictos se prolongaron a lo largo de la época Novohispana de la Norteamérica española. En 1810 los N’de y la Corona Novohispana firmaron un convenio de paz, bajo el pago de tributo a los apaches.
Sus formas de vida no son compatibles con los recién llegados. Con el ganado que devora hectáreas de pastizal, ni con la búsqueda del oro, es metal que sólo pertenece a Ussen, dador de vida. No lo es porque la sobrevivencia de la tribu depende del equilibrio: de que los venados no desaparezcan, de que los árboles florezcan el próximo año. Y ese equilibrio se ha interrumpido.
Dos eventos modificaron estas relaciones, por un lado, los recién independientes Estados Unidos compararon la Luisiana a Francia en 1803 y comenzaron a emigrar hacia el oeste presionando a los distintos pueblos nativoamericanos como los Comanches y N’de. Los estadounidenses comenzaron una campaña de caza indiscriminada de los bisontes para romper el eje de la cultura y economía de los pueblos nativos americanos. Por otro lado, en 1821 México obtiene su independencia desconociendo los tratados de 1810. Entre 1830 y 1890 en México se desatan las Guerras Apaches, los mexicanos que para entonces habían iniciado la construcción de pueblos dedicados a la extracción de cobre, tenían un odio muy profundo hacia los N’de.
En 1835, mismo año del Golpe de Estado de Antonio López de Santana, las autoridades mexicanas fijan precio por N’de asesinado; $100 por cabellera de hombre, $50 de mujer y $25 de niño. Una clara campaña de exterminio y genocidio. En 1837 llegan al Norte de México los primeros colonizadores americanos blancos, quienes ante la oportunidad de hacer dinero se incorporan a la caza de apaches. Durante esta época son fundamentales las figuras como el comandante John Johnson y los líderes indígenas Cochise y Mangas Coloradas.
Durante la Guerra México-Americana de 1846-1848, siguiendo la lógica de “el enemigo de mi enemigo es mi aliado”, los N’de apoyar a las fuerzas americanas como scouts. Desafortunadamente para los Nde el triunfo americano les trajo terribles consecuencias. Por un lado, el movimiento de la frontera entre las naciones occidentales hizo que la mayor parte de la apachería ahora estuviera bajo reclamación de los EUA, una nación industrial con ejército moderno. Además, los mexicanos confirmaron su visión de ver a los N’de como extranjeros y enemigos, indios indomables. Por último, en la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo en su artículo XI los EE.UU. se comprometieron a controlar a las tribus indígenas dentro de su nuevo territorio para evitar ataques en la frontera mexicana.
La violencia de México y Estados Unidos contra los N’de retomó fuerza en 1851. El 5 de marzo de ese año en el campamento de Kas-Ki-Yeh, cerca de Janos, en el Estado de Chihuahua, soldados mexicanos al mando del coronel José María Carrasco, provenientes de Sonora, realizaron una incursión militar y matanza de mujeres y niños en el campamento mientras los guerreros N’de estaban lejos. Uno de los líderes K´de era Chee-hash-kish, conocido como Gerónimo, quien se encontraba afuera del campamento comerciando en el pueblo de Janos. Entre las víctimas de la masacre se encontraban la esposa de Gerónimo Alope, sus tres hijos y su madre. Este trágico suceso marcó el inicio del odio de por vida de Gerónimo hacia los mexicanos, su resistencia activa y motivó su búsqueda de venganza, que duró décadas.
La Compra de la Mesilla en 1854, profundizó los problemas de los N’de con el ejército Americano y reafirmó la división de su territorio original entre dos naciones occidentales. En México continuaron las masacres a manos del ejército y la caza de apaches a cambio de dinero. Y durante el Porfiriato, el pueblo N’de, como los Yaquis y Mayos, sufrió esclavitud aplicada por el gobierno mexicano. En los Estados Unidos los enfrentamientos con el ejército continuaron en campañas de desgaste, en algunos casos en territorio mexicano bajo el permiso del gobierno nacional.
El coronel Joaquín Terrazas, hermano del terrateniente ganadero y exgobernador Luis Terrazas, encabezó una expedición militar que acabó con la vida del apache Victorio y su banda en 1880. Al coronel le erigieron un monumento en 1910 que sigue en pie en Ciudad de Chihuahua. En la placa del monumento “Al Héroe de Tres Castillos”, en referencia al lugar del desierto chihuahuense donde se libró esta batalla última batalla contra Victorio, se lee:
Combatió siempre por la libertad y el progreso y triunfo de la barbarie en tres castillos.
Para finales del siglo XIX, tanto en México como en Estados Unidos el pueblo N’de había perdido al 80% de su población. Víctimas de genocidio y derrotados los N’de optaron por dejar de pelear. En Estados Unidos desde 1872 los N’de fueron reubicados en Reservas, primero en Florida, después en Nuevo México y Arizona. Las Reservas solían estar mal financiadas y con pésimas condiciones de vida; pero al menos tenían un territorio que funcionaba como suyo bajo su control y gobierno tribal. En el caso de México, los N’de siempre fueron vistos como extranjeros y enemigos por lo que se escondieron y mexicanizaron, abandonando su cultura e idioma en la esfera pública.
Fue precisamente por aquel exterminio que actualmente se ignora lo que ha ocurrido con ellos en el siglo XX. Para los gobiernos del estado de Chihuahua, invisibilizar toda aquella cultura fue la opción más viable ante el derramamiento de sangre y el despojo; a pesar de aquello, representa una cultura que nunca se fue, nunca desapareció.
Mantener un bajo perfil se convirtió en la única alternativa a la que el pueblo N’de pudo aferrarse para sobrevivir durante el siglo pasado, pero aquello implicaba ocultar su lenguaje, su vestimenta y practicar sus costumbres a puerta cerrada, en situaciones controladas dentro de círculos familiares, sin gente que no perteneciera a su etnia.
Notas
1 El presente es un caso elaborado para servir de base de discusión y no como ilustración de la gestión adecuada o inadecuada de una situación determinada.
2 Los chichimecas fueron un conjunto de pueblos indígenas seminómadas y guerreros que habitaron el norte y occidente de México (la “Gran Chichimeca”) en los actuales estados de Jalisco, Zacatecas, Guanajuato y San Luis Potosí. Reconocidos por su gran resistencia a la conquista española y habilidad con el arco, incluyeron grupos como zacatecos, guachichiles, pames y guamares.















