Barcelona es una ciudad de plazas, afirmación que se sustenta por el número de ellas, pero sobre todo por la gran tipología de plazas existentes en Barcelona. Hay plazas clásicas, como la plaza Reial en el barrio de Ciutat Vella; plazas institucionales, como la plaza Sant Jaume, donde se levanta la sede del ayuntamiento de Barcelona frente a la sede del gobierno de la Generalitat de Catalunya; plazas que son ágoras de gente de todo el mundo, como la plaza Catalunya, ombligo de la ciudad; plazas que están en perpetua construcción y destrucción, como la plaza de la Glòries Catalanes; las dedicadas a la distribución del tráfico, como la plaza Francesc Macià y la plaza España; las que tienen escala humana, como las plazoletas de la Virreina y la del Sol, en el barrio de Gràcia; las plazas duras, como la paradigmática plaza de los Països Catalans, etc.

Y, además, en Barcelona, hay la plaza Lesseps. No es una plaza cualquiera, es una metáfora del caos que se vive en las ciudades, acumula bajo sus pavimentos, y alrededor de sus construcciones muchos años de historia diversa, y veremos cómo un diseño arquitectónico magistral la ha convertido en una de las mejores plazas de Barcelona.

El centro de Barcelona

La plaza Lesseps se encuentra prácticamente en el centro del término municipal de Barcelona, y no es casualidad que sea así, como deduciremos en este artículo. Está ubicada en el cruce de dos antiguos recorridos: el Camino del Medio medieval que cruzaba perpendicularmente los torrentes y rieras del llano de Barcelona, y la vía romana que comunicaba Barcino (Barcelona) con Castrum Octavianum (Sant Cugat del Vallès). En la plaza Lesseps actual limita el distrito de Gràcia por el lado este, y el distrito de Sarrià-Sant Gervasi por el lado oeste. Y también confluyen en ella los barrios de Putxet-Farró, Vallcarca-els Penitents, la Salut y Vila de Gràcia.

La plaza es atravesada por el subsuelo por la Ronda del Mig, gran arteria de tráfico rodado que canaliza la circulación por la parte norte-central de la ciudad, con más de 100.000 vehículos de paso al día. Por el lado este la Ronda recibe el nombre de Travessera de Dalt, mientras que, por el lado oeste, de avenida General Mitre. Por el norte, dos importantes vías le son perpendiculares: la avenida República Argentina y la avenida de Vallcarca, que la comunican con los barrios levantados a los pies de la montaña de Collserola. Mientras que, por el sur, las principales calles son Torrent de l’Olla, Gran de Gràcia y Torrent de Cassoles, que relacionan de manera directa la plaza Lesseps con el Ensanche barcelonés.

En el lado norte de la plaza Lesseps encontramos tres importantes edificios que han marcado su historia, antigua y moderna. El predio neoclásico de la escuela Rius i Taulet; la preciosa biblioteca Jaume Fuster (inaugurada en noviembre de 2003, obra del arquitecto Josep Antoni Llinàs), y la iglesia del antiguo convento de Nostra Senyora de Gràcia, llamada popularmente los Josepets (nombre que recibían los frailes carmelitas descalzos), iglesia que preside el conjunto. Mientras que por el lado sur predomina la edificación habitacional, un conjunto de edificios entre medianeras, de diferentes épocas, donde destaca la modernista Casa Ramos (catalogada Bien Cultural de Interés Nacional), en el cruce poniente de la plaza con Gran de Gràcia.

La actual plaza Lesseps

La configuración arquitectónica actual de la plaza Lesseps es un proyecto del arquitecto Albert Viaplana i Veà (1933-2014), iniciado en 2001, con un proceso de participación ciudadana que duró más de un año, hasta septiembre de 2002. Definido el proyecto, se iniciaron las obras, costosas en tiempo y dinero, por la dificultad de mantener un mínimo de circulación mientras duraban los trabajos, asimismo para compatibilizarlas con el proyecto de túnel y la nueva boca de metro de la línea 9 del ferrocarril suburbano.

La actual plaza Lesseps se inauguró a finales de 2008, cumpliendo con los principales objetivos que se habían marcado en el diseño: soterramiento de la Ronda del Mig, comodidad para la travesía a pie, mejora de la accesibilidad general, nuevos espacios verdes y de juego infantiles, amplia plantación de árboles…. El gran tráfico circula subterráneo de levante a poniente (y de poniente a levante), mientras que por la superficie observamos un tránsito más local (en la medida de lo posible), principalmente en sentido vertical, coincidiendo con las líneas que delimitan los barrios y distritos que confluyen en esta plaza.

A pesar de cumplir con todos los objetivos marcados, de manera brillante y sobrada, parte de la ciudadanía no le agradaba el proyecto ejecutado por Viaplana. Y tampoco fue bien recibido el proyecto por la crítica periodística, salvo honradas excepciones. Los elementos diseñados por Viaplana para dar unidad y singularidad a la plaza Lesseps fueron los más criticados, y son precisamente los que han acabado convirtiendo Lesseps en una de las mejores obras de arquitectura catalana de los últimos decenios, resolviendo con brillantez un problema mayúsculo. Tal como dejó escrito Viaplana en su momento:

En la plaza no hay edificios que puedan darle carácter, tampoco calles singulares, no hay continuidad, está llena de medianeras, la casa Ramos está como vuelta respecto a la plaza. Lo único que podíamos hacer para generar el proyecto era agarrarnos a la misma plaza.

( Albert Viaplana i Veà)

Y así lo hizo, a través de unos elementos magistrales.

Elementos magistrales en la plaza Lesseps

Viaplana diseñó para la parte central de la plaza unas estructuras metálicas elevadas en homenaje al canal de Suez, proyecto liderado por el diplomático Lesseps. Estructuras que vierten un gran caudal de agua a una pileta rectangular delante de la biblioteca Jaume Fuster. La cascada de agua es de gran belleza y atrae por igual a niños y abuelos.

Viaplana también diseñó una esbelta y gran estructura metálica en forma de paralelepípedo, que replica en tamaño y forma simétrica el vestíbulo que está proyectado construir debajo de él, que conectará las líneas 3 y 9 del Metro (con un lucernario de luz natural).

Estas dos espectaculares estructuras se complementan con un conjunto de jardineras elevadas, monumentales torres inclinadas de iluminación, esferas gigantes de concreto que marcan líneas imaginarias y un pavimento específico que indica diferentes direcciones. Todo ello ha hecho ver la plaza, a ciertos críticos de arquitectura, como un jardín de esculturas transitables, que genera la unidad en sí mismo, más allá de los bordes arquitectónicos construidos.

Otro elemento destacable en la plaza Lesseps es el anfiteatro, de estructura metálica y banqueta de madera, que podemos encontrar en la zona sureste de la plaza, lugar donde se realizan puntualmente espectáculos de pequeño formato, y que cada tarde-anochecer está abarrotado de jóvenes sentados en sus maderas, mirando la puesta de sol a poniente de la plaza mientras charlan de sus cosas.

La plaza Lesseps cuenta con parterres de césped y está protegida del sol de verano por ombúes (árboles también conocidos con el nombre de bellasombras), acacias, melias, ginkgo biloba, plátanos y otros ejemplares de árboles. De entre todos los especímenes arbóreos, destaca un conjunto de tres altísimas palmeras washingtonianas de México, que formaban parte de uno de los jardines originales de las antiguas masías que poblaban los terrenos antes de que existiera ninguna plaza, y que milagrosamente se han conservado durante decenas de años, a pesar de las sucesivas obras llevadas a cabo.

Balcones a la Ronda del Mig

Unas terrazas triangulares de grandes dimensiones cubren las bocas del túnel de la Ronda del Mig. Son unos triángulos de pavimento de madera sostenidos por una colosal biga en diagonal que cruza el espacio de lado a lado. En la boca este, la biga tiene una luz de 45 metros, solo apoyada en una pila central y otra en el lado sur, donde el triángulo alcanza la máxima altitud sobre el firme. En la boca oeste, por el contrario, la biga tiene una luz de hasta 51 metros, apoyada en una pila central y otra en el lado norte en este caso, donde también el triángulo alcanza la máxima altitud. Ambos triángulos se configuran de manera simétrica como unos balcones sobre la Ronda del Mig.

El espacio que se genera en ellos tiene una calidad ambiental difícil de describir; son espacios de levitación hacia el cielo de Barcelona. Por la tarde, manadas de niños con patinetes y patines de rueda se deslizan desde el vértice del triángulo hasta la plaza, una y otra vez, mientras sus papás y mamás los observan tranquilamente sentados en los bancos de la plaza. Al anochecer, parejas de enamorados se sientan en el suelo viendo las lucecitas de colores de los coches que colapsan la Ronda. Una corriente subterránea de luces, blancas por la izquierda y rojas por la derecha, vista desde los balcones, sustituye a las estrellas del cielo de Barcelona, aquí demasiado contaminado para dejar ver los astros nocturnos.

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Fotografía de Oscar Farrerons Vidal. La plaza, la gente y el atardecer.

Ferdinand de Lesseps

La plaza está dedicada a Ferdinand-Marie de Lesseps y Crevinyi (1805-1894), un diplomático y empresario francés que ejerció como cónsul de Francia en Barcelona, que destaca en la historia por ser el visionario que impulsó el Canal de Suez y el de Panamá. Durante el bombardeo de Barcelona de 1842, ordenado por el regente español Baldomero Espartero, Lesseps se manifestó en contra del ataque a la ciudad. Ferdinand de Lesseps vivió un tiempo en una torre cercana a lo que sería posteriormente la plaza que lleva su nombre desde 1905.

Las plazas previas

Pero la plaza Lesseps no siempre ha sido así. En el origen, con la fundación del convento de Nostra Senyora de Gràcia en 1626, al pie del entronque de caminos medievales, el entorno era rural, y entre las masías próximas destacaba la de Ca l’Alegre de Baix. Aún podemos ver, en una vieja imagen en color sepia, la iglesia de los Josepets, y a sus pies campos de cultivos, una fuente y la masía.

A mediados del siglo XVII el lugar recibía el nombre de llano de Cassoles, porque por aquí pasaba la riera de Cassoles, uno de los numerosos riachuelos que descienden desde Collserola al Mediterráneo. El entorno de la iglesia de los Josepets fue urbanizándose dejando una plaza delante del templo, que recibió el nombre popular de plaza de los Josepets. Al otro lado de la plaza había una pequeña capilla dedicada a San Onofre. En 1892 el Ayuntamiento expropió los terrenos de la capilla de San Onofre y los derribó para ensanchar la entrada a la plaza desde la calle Gran de Gràcia.

Al levante de la plaza de los Josepets, separada de ella por una pequeña manzana de casas bajas, se había urbanizado en 1908 la plaza de la Creu, cuando el Ayuntamiento compró una parcela de los terrenos de la masía de Ca l’Alegre de Baix, para derribar una parte de la masía y comunicar las dos calles verticales que reseguían el antiguo trazado de la riera de Vallcarca. En 1958 el ayuntamiento derribó lo que quedaba de la antigua masía, junto también con la demolición de la pequeña manzana de casas existentes, para unir ambas plazoletas, y así levantar el basto espacio de la plaza Lesseps.

En 1971, la prolongación de la amplia avenida General Mitre hasta la plaza Lesseps supuso la desaparición de dos antiguas callejuelas del barrio de Putxet-Farró. Propició la construcción a ambos lados de edificios de 9 plantas de altura y el desborde de la plaza Lesseps por el oeste. El ayuntamiento franquista diseñó un nudo viario de gran complejidad, donde la Ronda del Mig circulaba medio soterrada, pero la plaza pasaba a convertirse en un conjunto laberíntico de muretes, escaleras, rampas, etc. Difícil de atravesar para el peatón. El espacio estaba totalmente dedicado a los coches, fruto de la visión desarrollista que se implantó en toda la ciudad, causando estragos urbanos por doquier.

La llegada del ayuntamiento democrático barcelonés, en 1978, supuso el arreglo de muchos desaguisados urbanísticos de la ciudad, pero la plaza Lesseps quedó, pese a las protestas vecinales, siempre como un monstruoso monumento a la osadía del desarrollismo. Ni tan solo el impulso de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, que tantas operaciones urbanísticas de mejora propició, permitió corregir el desastre de Lesseps. No será hasta octubre de 1997 que el ayuntamiento diseñará la primera propuesta de actuación, elaborada por el departamento municipal de Proyectos Urbanos y Movilidad, y aprobada por todos los grupos políticos presentes en el ayuntamiento. Tras muchos estudios previos, se convocó un concurso arquitectónico que felizmente ganó el arquitecto Viaplana, tal y como hemos explicado al principio.

Conclusiones

A pesar del centenar de miles de coches que diariamente atraviesan (por el subsuelo) la plaza Lesseps, a pesar de los bordes arquitectónicos discontinuos, del caos y de las hordas de turistas que la atraviesan en dirección al Park Güell, la plaza Lesseps es una de las más bonitas de Barcelona. Su belleza se encuentra en los elementos arquitectónico-escultóricos que la pueblan, en el uso que la ciudadanía hace de ella. La poética caída de agua del Canal de Suez elevado, el anfiteatro bañado por la luz del ocaso, las tres palmeras centenarias recordando los antiguos jardines rurales, y los niños jugando en las plataformas triangulares sobre las bocas de la Ronda, convierten esta plaza, antiguo nudo viario irrespirable, en un oasis de vida vecinal. Ayudan a la plaza los estudiantes que van y vienen de la bonita biblioteca Jaume Fuster, los abuelitos que entran a la misa diaria de la iglesia de los Josepets, y por la tarde los niños que inundan las aceras de gritos y risas al salir de trompicón de la escuela Rovira i Trias.

Concienzudos estudios académicos de la plaza Lesseps, como la tesina de Meritxell Huguet (2010) presentada en el Máster de Teoría y Práctica del Proyecto de Arquitectura (Universidad Politécnica de Catalunya), han abordado el proceso de diseño de la plaza Lesseps y teorizado los acontecimientos y los orígenes de la plaza actual. Pero los que diariamente cruzamos a pie por Lesseps, accedemos al metro por su centenaria boca, descansamos un rato en sus bancos, o tomamos un café en las terrazas que pueblan sus aceras, sabemos que, a pesar de todos los impedimentos, Lesseps es una plaza para las personas, un lugar para niños, enamorados y abuelos. Un buen lugar de reunión para la vida pública, un buen lugar para vivir, a pesar de todo.