Para comprender el salto cualitativo de la catástrofe que se está produciendo en Oriente Medio y el proceso que puede convertirla en una catástrofe global, es necesario retroceder en el tiempo. Al dar prioridad al asesinato de los líderes religiosos y, sobre todo, del líder supremo, Alí Jamenei, Israel y Estados Unidos han convertido esta guerra en una guerra religiosa. La guerra es entre el islam y la versión sionista del judeocristianismo global. De todas las religiones, que fueron derrotadas por el cristianismo occidental, el islam fue el que más duramente suftió la derrota. Comenzó en el siglo XI con las Cruzadas, continuó con la llamada Reconquista de Al-Ándalus en los siglos XIV y XV y culminó con el fin del Imperio Otomano, tras la Primera Guerra Mundial.
Al igual que el cristianismo está hoy dividido entre el catolicismo y el protestantismo, el islam está dividido en varios niveles, pero, sobre todo entre el chiismo y el sunismo. El poder religioso islámico está menos concentrado que el poder judeocristiano. Nadie en el islam ocupa el lugar ni tiene el poder del Papa católico. Pero, por otro lado, el concepto de religión —es diferente en los dos mundos en conflicto—. Desde las guerras religiosas de los siglos XVI y XVII y la Ilustración occidental del siglo XVIII, se produjo, en el cristianismo occidental, el proceso de secularización. Contrariamente a lo que se suele pensar, el secularismo no significó la separación entre la religión y el Estado. Más bien profundizó las relaciones entre ambos, dándoles un nuevo sentido. El secularismo fue el proceso mediante el cual se sacralizó el poder terrenal al liberarlo de la sacralidad del poder celestial al que antes estaba sometido. Con ello, la religión se convirtió en un recurso estratégico para el Estado, un instrumento eficaz de dominación, como bien demuestra el colonialismo.
Esta concepción del secularismo ilustrado encuentra su formulación más completa en Napoleón. Al iniciar su expedición a Egipto el 1 de julio de 1798, Napoleón, un joven general de 29 años, hizo una declaración a los egipcios sorprendente en muchos aspectos. En ella decía:
Qadi, shaykh, shorbagi, decid a vuestro pueblo que somos verdaderos musulmanes. Al fin y al cabo, ¿no fuimos nosotros quienes destruimos al Papa, que decía que solo faltaba hacer la guerra a los musulmanes?
Parece una contradicción, pero no lo es, como bien demuestra Mohamad Amer Meziane 1. Para Napoleón, la religión es un recurso estratégico. Si en Egipto la religión mayoritaria es la musulmana, el Estado debe respetarla como política de dominación. Lo que Napoleón critica no es el islam, sino el poder político de los mamelucos, poder que él quiere reservarse para sí mismo. Los egipcios tienen todo el derecho a vivir según su religión, un derecho que el Estado debe respetar. El profeta Mahoma, lejos de ser el Anticristo de la curia romana, no era más que un legislador, una posición que Napoleón puede ocupar ahora. Las relaciones subterráneas entre la sharía (ley islámica) que Napoleón conoció en Egipto y el code civil de 1804 merecen un estudio en profundidad.
La declaración de Napoleón era, por tanto, una mezcla de mentira y verdad. Los mamelucos fueron derrotados en la batalla de las Pirámides (aunque esta tuvo lugar a 15 kilómetros de las pirámides) tres semanas después de que Napoleón desembarcara en Alejandría. Pero el verdadero objetivo de Napoleón era ejercer el poder a partir de la comprensión de la cultura egipcia, que era mucho más amplia y antigua que el islam, al igual que en Irán la cultura persa es mucho más amplia y antigua que el islam. Para alcanzar sus objetivos, Napoleón trajo consigo en la expedición a 500 civiles, en su mayoría científicos, entre los que se encontraban 150 biólogos, mineralogistas, lingüistas, químicos, matemáticos, etc.
A pesar de la derrota que sufrió inmediatamente después de la victoria en la batalla de las Pirámides —la destrucción de su armada por parte del almirante inglés Horatio Nelson—, Napoleón ordenó a sus científicos (en general, tan jóvenes como él o incluso más jóvenes) que continuaran su trabajo y reconstruyeran el material perdido con los recursos locales. Así fue como el artista e ingeniero Nicholas-Jacques Conté inventó el lápiz moderno, hecho de grafito, el crayón Conté.
Los científicos se instalaron en el palacio de Hassan Kashef en El Cairo, y el cronista egipcio Abd al-Rahman al-Jabarti, que hizo una crítica demoledora de la declaración de Napoleón2, no pudo evitar expresar su admiración por la inmensa biblioteca y el ambiente científico que Napoleón había creado:
Los administradores, astrónomos y médicos vivían en esta casa, donde guardaban gran parte de sus libros, con un guardián que los cuidaba y organizaba. Y los estudiantes se reunían todos los días, dos horas antes del mediodía, en un espacio abierto frente a las estanterías de libros, sentados en sillas dispuestas en filas paralelas frente a una mesa larga y ancha. Quien deseara consultar algo en un libro pedía los volúmenes que quisiera y el bibliotecario se los traía. Luego, hojeaba las páginas, examinaba el libro y escribía. Durante todo ese tiempo, permanecían en silencio y nadie molestaba a su vecino. Cuando algunos musulmanes venían a echar un vistazo, no les impedían entrar. De hecho, les traían todo tipo de libros impresos, en los que había todo tipo de ilustraciones y mapas de países y regiones, animales, aves, plantas, historias de los antiguos, campañas de las naciones, relatos de los profetas, incluyendo imágenes de ellos, sus milagros y hazañas maravillosas, los acontecimientos de sus respectivos pueblos y cosas que confunden la mente3.
Menos de dos meses después de desembarcar, Napoleón creó el Institut de l'Égypte (22 de agosto de 1798), siguiendo el modelo del Institut de France, al que pertenecía, y en la sesión del día siguiente propuso los siguientes temas de investigación:
¿Cómo se pueden mejorar los hornos de pan?
¿Cómo se puede purificar el agua del Nilo?
¿Son prácticos los molinos de viento para El Cairo?
¿Es posible fabricar cerveza en Egipto sin lúpulo?
¿Hay materias primas para la pólvora disponibles en Egipto?
¿Cuál es el sistema jurídico en Egipto y qué mejoras desean los ciudadanos?
Así nació una nueva área de conocimiento imperial: la egiptología. En las décadas siguientes se publicaron cientos de libros con miles de ilustraciones.
Posible comparación entre Napoleón y Trump
¿Qué comparación es posible entre el brillante joven militar Napoleón y Trump, un viejo político, condenado por corrupción y probablemente actuando bajo chantaje por la revelación de sus delitos sexuales contenidos en los archivos Epstein, o rehén de sociedades secretas? Estamos en una época propicia para las teorías de la conspiración. Las intenciones imperiales tanto de Napoleón como de Trump son evidentes. Napoleón quería destruir las rutas comerciales del imperio británico con el Lejano Oriente, mientras que Trump quiere destruir las rutas comerciales y el acceso a los recursos naturales por parte de China.
¿Terminan aquí las similitudes?
Creo que no. Aunque se trata de futurología, es probable que Trump sea derrotado, al igual que lo fue Napoleón, y que la derrota se produzca, igualmente en un breve espacio de tiempo. En el caso de Napoleón fueron tres años.
Pero las diferencias imperiales son más evidentes. En el caso de Napoleón, las rivalidades imperiales se producían en el seno de Europa, entre Francia e Inglaterra. Eran dos potencias occidentales con intereses en dominar Oriente. En el caso de Trump, la rivalidad es entre Occidente y Oriente, que, entretanto, ha creado las condiciones para poder, rivalizar con Occidente e incluso vencerlo. Napoleón simboliza el imperialismo ilustrado de una burguesía europea ascendente que puede aprender del mundo no europeo para dominarlo mejor y dominarse a sí misma. La secularización del Estado napoleónico en Egipto es más consistente que la del Estado francés.
Trump simboliza el imperialismo reaccionario de una burguesía occidental decadente que se da cuenta de su irreversible declive, en relación con Oriente. Por eso, Oriente solo puede ser dominado mediante la destrucción. Occidente no tiene nada que aprender de Oriente; su pánico es que Oriente ya haya aprendido demasiado de Occidente. Napoleón envió científicos, Trump envía bombas. Napoleón quería conocer, Trump quiere destruir. Napoleón sabía que no sabía (era un ignorante ilustrado), Trump no sabe que no sabe (es ignorante de su ignorancia). Los científicos de Napoleón se maravillaban ante la grandeza de los monumentos que encontraban; los compinches de Trump ven en las Trump Towers el apogeo de la grandeza.
Napoleón significa la mayor afirmación de la secularización imperial. Significa un cambio de régimen que pretende fomentar la compatibilidad del gobierno eurocéntrico con las creencias religiosas de la mayoría de la población. Por eso es necesario conocer la cultura y la historia de Egipto, mucho más antiguas y brillantes que las occidentales. En el caso de Trump, el cambio de régimen implica luchar contra las creencias religiosas, no solo de la mayoría de la población de Irán, sino de la mayoría de la población de todo Oriente Medio. Por eso hay que afirmarlo como una guerra religiosa. Y nadie puede protagonizar mejor esa guerra que un Estado religioso, el Estado judío sionista de Israel y sus aliados del sionismo judeocristiano global. Este sionismo se ve a sí mismo como el legítimo heredero de las Cruzadas. Al igual que entonces, el islam, en su origen, es tan occidental como el cristianismo o el judaísmo. El islam es el Occidente que el Occidente judeocristiano orientalizó. Por eso, el islam es ahora una pequeña parte del Oriente. Oriente son las culturas ancestrales en relación con las cuales la cultura occidental es, no solo una cultura recién llegada, sino que tiene sus raíces en ellas, en Persia, en Alejandría y en la Casa de la Sabiduría de Bagdad del siglo IX.
Guerras por delegación (proxy wars) y cambio de régimen (regime changes)
Al tratarse de una guerra religiosa, la estrategia de las guerras por delegación se ha invertido. La guerra entre Estados Unidos e Irán es ahora una guerra por delegación con el objetivo de crear el Gran Israel. El hechizo se ha vuelto contra el hechicero. Pero como el Gran Israel solo puede nacer de las cenizas del pequeño Israel, es de esperar que el gran desastre en curso sea aún mayor. Cabe señalar que desde 2024 ya han salido de Israel más de 170 000 personas. Con la intensificación de la guerra, el pequeño Israel (con menos de diez millones de habitantes) ya se ha vuelto demasiado grande para los israelíes que lo abandonan.
La farsa del cambio de régimen se revela ahora con extrema crueldad. No conocemos ningún caso de éxito de la política de cambio de régimen. Éxito en términos de aumento del bienestar de las poblaciones, el propósito proclamado del cambio de régimen. En lugar de un aumento del bienestar, hemos visto destrucción, fragmentación territorial y saqueo de recursos naturales. Al fin y al cabo, ¿qué cambio de régimen hubo en Venezuela, si la «dictadura chavista» se mantuvo en el poder? El cambio de régimen fue solo una excusa para confiscar la política petrolera de Venezuela. Una vez obtenida la confiscación mediante el arresto del presidente Nicolás Maduro y su esposa, mantenidos como rehenes, la «dictadura chavista» desapareció.
Pero Irán no es Venezuela. Dado que la guerra fue concebida por Israel como una guerra religiosa con miras a la creación del Gran Israel, no tendría sentido arrestar al ayatolá Alí Jamenei y llevarlo preso a Nueva York. Era necesario asesinarlo a él y a los líderes religiosos que estaban con él. La confiscación de los recursos naturales y el bloqueo de China siempre estarán en el horizonte, pero los caminos para llegar allí tendrán que ser mucho más destructivos.
Además, cualquier intención más creíble de cambio de régimen implicaría tropas sobre el terreno. Si tenemos en cuenta la población de Israel y la resistencia del pueblo estadounidense a involucrar la vida de sus soldados en guerras lejanas contra países que no pueden concebir como una amenaza para su seguridad, es de prever que Israel perderá esta guerra y, en consecuencia, será el fin del Estado de Israel. Pero dado que la potencia militar más poderosa del mundo está involucrada en esta guerra por delegación, es posible que la guerra regional evolucione hacia una guerra global. Si seguirá existiendo el imperio estadounidense, o incluso el mundo, después de esa guerra, es una cuestión abierta.
Conclusión
Ante esto, me angustia no poder estar de acuerdo con la propuesta de un gran historiador al que admiro mucho, Ilan Pappé. En su último libro, Israel on the Brink (2025), admite la posibilidad de la descolonización de Palestina y de una nueva coexistencia entre el mundo judío y el mundo musulmán en las próximas décadas. Para que esto sea posible, sería necesario detener inmediatamente a Netanyahu y Trump y a todos los que se esconden detrás de ellos. ¿Será posible?
Notas
1 Des empires sous la terre. París: La Découverte, 2021.
2 Cf. Boaventura de Sousa Santos, Si Dios fuese un activista de los derechos humanos. Madrid: Editorial Trotta.2014.
3 Bob Brier «Napoleon in Egypt» Archaeology, mayo/junio de 1999, vol. 52, n.º 3, 44-53, p. 48.















