Todo comenzó cuando la actriz peruana Rocío M. Orccon el 23 de enero de este año compartió el Ciclo de lecturas dramatizadas con la obra del poeta y dramaturgo César Vega Herrera (1936), Premio Tirso de Molina, quien vendía los libros que creó en las calles de Perú. El maestro nonagenario había pasado de ser un reconocido intelectual y hombre de teatro a un anciano desconocido en los últimos años, por lo cual le escribí a la divulgadora cultural para averiguar por las obras de Vega, las que recibí en un correo electrónico pocos días después. Ahora bien, para quienes no conocen la creación del inquieto creador van las siguientes oraciones.

Su lugar de nacimiento fue la ciudad de Arequipa. Su primera mención la ganó con Ipacankure en Cuba, en el Premio Casa de la Américas de 1969, después recibió el Premio Nacional de Fomento de la Cultura (1969) y el Entre Nous de Lima (1974). El Instituto de Cooperación Iberoamericano en España le otorgó el Premio Internacional de Teatro Tirso de Molina en 1976. Recibió también dos premios del Teatro Universitario de San Marcos, así como el Premio Nacional de Dramaturgia en 1989. Ha aparecido en numerosas compilaciones como Siete obras de dramaturgia peruana (1999) y Dramaturgia nacional (2000), de acuerdo con la biografía que redactó Luis A. Ramos-García para el volumen Antología de Teatro Latinoamericano (1950 - 2007), del año 2016.

Ipakancure, de excepcional sensibilidad donde se describe a dos personajes que comparten una habitación de alquiler, Uno es el mayor de ambos, y el atribuye a Dos el nombre de Ipacankure desde los primeros parlamentos de la obra. El viejo, como le dice el vendedor callejero de vez en cuando se emborracha, y llegó a su vida cuando la casera le dijo que el único modo de rebajar el alquiler era compartir la habitación: “Nunca he sido amiguero. Soy un tipo que prefiere fregarse solo, por lo menos así me evito complicaciones falsas y gratuitas. Generalmente soy pesimista, pero en sentido constructivo, si es que hay algo que exista en el sentido constructivo (Señalando a Uno por sobre el hombro)” (Vega, p. 146).

Uno había aparecido hace tres meses cuando comienza el texto dramático, la historia de los dos protagonistas no era muy larga, en cambio, el relato de la narración dramática en una habitación estrecha donde dos caracteres distintos van desvelando el conflicto de la pobreza. Es el propio Dos o Ipacankure quien le pregunta a Uno por su profesión y aquel responde: “En la gran Compañía Vagabundaje Ilimitado Sociedad Anónima P. J.'” (Vega, p. 147). El punto de giro en el relato lo marca Uno cuando confiesa que se irá en tan solo dos semanas porque está enfermo, eso provoca el cambio en Dos, quien se quedará solo y ya, ante la perspectiva futura cede un poco en su actitud defensiva. En el tercer Acto llamado Epílogo es que sabremos que el nombre de Dos es Raúl, y que uno es Ipacankure, pero la obra no se resume en ese descubrimiento de nombres sino en la conquista de la amistad y la sensibilidad de Raúl.

A ambos hombres los ha hermanado la pobreza, dura y ciega, contra la que batallan por salir adelante y ocupar un lugar en el espacio donde retirarse después de las faenas del día, de Raúl sabemos que es vendedor ambulante, en cambio, de Uno, es poco lo que se sabrá además de su honesta y delicada manera de encarar a la señora miseria. La obra de Vega gravita en los rescoldos de la miseria y el olvido de las luchas cotidianas de los pobres, paradójicamente, el Viejo es un soñador que está atrapado en la rutina del alcohol y que quiere ayudar a los niños, las mujeres y todas las criaturas preteridas, pero no tiene recursos para ello. La caracterización de los personajes es muy precisa y poética, en muchos parlamentos.

Esa es una de las piezas de César Vega más conocidas, pero también recibí el drama histórico La cabeza de Aguirre y “El cuenteo”, parte de la colección Antología de Teatro Latinoamericano (1950 - 2007), en su Tomo 10 - Paraguay y Perú, compilado por Lola Proaño Gómez y Gustavo Geirola.

Afortunadamente, en estos días la Biblioteca Nacional de Perú anunció en su página de Facebook el 1 de marzo que Ipacankure regresa a las editoriales y un sensible nonagenario ha visto a su público nuevamente asistir a las presentaciones. Ipacankure quizás partió antes de la llegada de Raúl y dejó un papel en el que redactó el final; mas no cerró el telón del tercer acto. Está de nuevo, como siempre, confirmando la solidaridad entre los desposeídos y la fineza de las amistades más entrañables e inesperadas. Ipacankure regresa a los escenarios en las lecturas anunciadas por la actriz cuzqueña Rocío M. Orccon y en el libro homenaje Ipacankure en el escenario del tiempo.

Bibliografía

Vega Herrera, C. (s/f). Ipacankure (pp. 127-176). Fotocopias proporcionadas por Rocío M. Orccon.
Vega Herrera, C. (2016). “César Vega Herrera por Luis A. Ramos-García. El cuenteo”. En: Proaño Gómez, L. y Geirola, G. (comp.), Antología de Teatro Latinoamericano (1950 - 2007), Tomo 10 - Paraguay y Perú. CELCIT. Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral Buenos Aires.