Metafísica y cuántica son dos conceptos que reflejan modos de ver el mundo, de forma distinta al enfoque materialista, positivista y cartesiano que ha regido el conocimiento científico en los últimos siglos, pero que en este siglo XXI empieza a disolverse como paradigma único para permitir abrir el entendimiento a otra comprensión de la ciencia y de la existencia.
Aunque son términos que surgen en épocas distintas, la metafísica más antigua y la cuántica contemporánea son muy parecidas en los enfoques y temas que abordan. Ambos trascienden lo meramente material, explorando lo que llamamos invisible y ampliando la comprensión de la vida más allá de lo tangible.
La metafísica, como su nombre lo indica, hace referencia a lo que está más allá de lo físico, lo tangible y lo visible a los ojos y al tacto humano. El prefijo meta se asocia a lo abstracto, mientras que físico es claramente la expresión de la materia, por lo que la metafísica trata, aborda y profundiza en aquello que es intangible o inmaterial, como la existencia misma. También es una rama de la filosofía que estudia la esencia del ser, las causas y el origen de la realidad, así como la sustancia que conforma todo cuanto existe.
Lo metafísico también se relaciona con los saberes de culturas y civilizaciones antiguas que abordaron temas relacionados a la existencia de la vida, la realidad que observaban y la relación entre el sentido cósmico y el terrenal de la experiencia humana. Las preguntas sobre el sentido de la vida y lo que está conformando la existencia son prácticamente naturales a la realidad humana.
Desde los egipcios, e incluso antes, hay huellas del conocimiento metafísico, a veces considerado esotérico, que guió el saber de culturas y civilizaciones cuyas obras aún son difíciles de explicar y con conocimientos aún por comprender (por ejemplo, obras monumentales como las pirámides o calendarios milenarios andinos y mesoamericanos). Es que la indagación sobre la realidad y la existencia es universal, por lo que se encuentra en las raíces de las filosofías de la India (Vedas y el último agregado Upanishads), China Antigua (Taoísmo), Mesopotamia y Sumeria, entre otros.
Por su parte, la metafísica occidental tiene su raíz en filósofos como Platón, Heráclito y Aristóteles, a quienes se les atribuye el nombre de esta rama de la filosofía, la que se consagra a estudiar la naturaleza de la realidad.
El estudio de temas metafísicos continúa, paralelamente con la historia de la humanidad, en distintas corrientes que abordan aspectos relacionados con el alma o la esencia humana, la gestión de la energía y aquello que habita en nuestro corazón, que explica la existencia y aborda lo que transciende más allá de la vida misma.
Lo metafísico es tan amplio y profundo que también se asocia a religiones (por ejemplo con la adaptación de fundamentos aristotélicos al cristianismo que hizo Santo Tomás de Aquino), a escuelas como las teosóficas y a adaptaciones como la realizada por la venezolana Connie Mendez, con su metafísica 4 en 1, que sustenta buena parte del movimiento esotérico o new age latinoamericano.
La metafísica es tan profunda y antigua que incluye saberes de distintos tipos y enfoques religiosos, filosóficos, esotéricos, ancestrales y chamanicos que abordan el “mundo” invisible, como parte de la realidad o de la multidimensionalidad del ser humano, que explica las realidades y planos de la existencia que trascienden la materia y que también tienen que ver con la materialización de la vida en la tierra.
En este contexto, llegamos a la cuántica como una corriente científica aparentemente reciente, pues, aunque nos parece que hace poco empezaron a salir a la luz los conocimientos cuánticos, su origen se remonta a mediados del siglo XIX y está asociado a los desarrollos de la física a inicios del XX con los aportes de Max Planck (1900) y Albert Einstein (1905) en temas relacionados con la radiación, la luz y la energía.
Lo curioso y maravilloso es que la cuántica confluye con la metafísica en el estudio de la realidad más allá de lo visible. A pesar de la diferencia temporal e incluso conceptual de estas corrientes del pensamiento, ambas coinciden en que la realidad material o “sólida" que percibimos es solo la superficie de algo más profundo e intangible.
La cuántica, cuyo nombre proviene de quantum (cuantos), que son saltos energéticos que se emiten por efecto de la radiación. Se puede decir que son cambios o variaciones invisibles, pero existentes como la propia energía que no se ve, pero se siente.
Es genial considerar que la cuántica profundiza en el conocimiento de lo invisible a partir del estudio del átomo, que en algún momento se consideró la partícula más pequeña y que no había nada más minúsculo que el contenido del núcleo (protones, neutrones, electrones), para llegar a identificar las partículas subatómicas y abrir un campo nuevo de la ciencia que aún estamos conociendo.
Lo invisible ha abierto un multiverso de conocimientos que fundamenta las ciencias cuánticas, llegando incluso a proponer una explicación del origen del todo con la teoría del mismo nombre y a plantear la existencia de más de diez dimensiones, cambiando el enfoque de la ciencia basada en la tridimensionalidad.
Así confluyen las percepciones de la realidad que puede llamarse amplia o ampliada, para ir más allá, mucho más allá de lo aparente, para explorar y profundizar los conocimientos de la existencia y de lo que nos constituye en esencia.
La cuántica y metafísica coinciden en plantear la importancia del observador o de la presencia para percibir y crear la realidad, sabiendo que no existe separación entre el todo y el uno que somos. La visión o el enfoque holístico es fundamental para comprender el mundo, la vida y la existencia misma. De manera que cambiamos la visión que compartimenta el conocimiento y el ser, para entrar en una concepción integral que amplía la percepción de lo que llamamos vida.
Es maravilloso cómo podemos unir dos conocimientos aparentemente diferentes en un mismo camino que nos conduce a comprender la energía que somos y que se manifiesta en el planeta y en la realidad humana.
Es que somos energía en tanto nos constituyen partículas manifestadas en la materia que, tal y como lo dice la cuántica, también es una onda que vibra en determinadas frecuencias. La vibración depende de lo que sentimos, pensamos y hacemos, lo que nos hace creadores o destructores de la vida.
Ahora estamos en un tiempo estupendo para expandir estos conocimientos y que nos permiten darle otros sentidos al Ser humano, ampliando nuestra consciencia y, con ello, las posibilidades de ser cocreadores de realidades. Precisamente la metafísica y la cuántica nos dan la posibilidad de escoger el camino que más nos resuene para aprender, adaptarnos al conocimiento inmaterial y así ser parte del cambio en este mundo en reevolución, que clama por reencontrarnos con la esencia humana que Somos.
Tanto la cuántica como la metafísica, y viceversa, son claves para abrirnos a la comprensión de saberes que nos permitirán romper con las cadenas del pensamiento que nos encarcelaron en un paradigma limitado a lo tangible, lo tocable y lo visible. Porque es absurdo seguir pensando, y creyendo casi religiosamente, que solo existe lo que podemos ver o tocar, porque vibramos y vivimos gracias a frecuencias como el amor con todas las emociones que sentimos (aunque no vemos) o a las percepciones que tenemos aunque no podemos explicarlas como las intuiciones o los escalofríos ante determinadas realidades y lugares.
Entonces, aquí y ahora podemos abrir el entendimiento, el corazón e incluso el espíritu o la energía para comprender lo que desde hace mucho tiempo dijeron los antiguos sobre el sentido de la vida y la importancia de conectar con la esencia del ser para recuperar el sentido del somos, en colectivo y en consciencia.















