En un mundo que premia el éxito y la estética impecable, especialmente en redes sociales, la perfección se ha convertido en el "tesoro inalcanzable" de la conducta moderna. Muchos llevan el perfeccionismo como una medalla de honor en sus currículos, mientras otros lo ven como una cadena pesada que les impide avanzar. Pero, ¿es realmente un rasgo positivo o una trampa psicológica? En este artículo, podrás conocer todo sobre este rasgo de la personalidad para que al final seas tú quien concluya si el perfeccionismo es bueno o malo.
Perfección y perfeccionismo: ¿es lo mismo?
Estos conceptos no son iguales, pero están relacionados; la perfección se encuentra definida como un estado ideal, donde toda persona desearía estar, porque no existen defectos ni fallas. Se traduce como un estado de plenitud y excelencia que resulta inalcanzable.
Por otro lado, se encuentra el perfeccionismo, que es la necesidad de ser o parecer perfecto con uno mismo, pero también con los demás. Esta actitud se basa en el miedo a fallar, además de la necesidad de controlar situaciones.
Ventajas de buscar la excelencia
Ser perfeccionista no es un defecto, de hecho, es el motor detrás de grandes hitos de la humanidad. Cuando se canaliza correctamente, ofrece beneficios claros como los siguientes:
Calidad superior: los perfeccionistas no se conforman con "lo que salga", todo lo contrario, se entregan y dedican en cuerpo y alma a todo lo que hacen, con tal de lograr resultados excepcionales que dejen su trabajo en un estándar muy alto gracias a su minuciosidad, precisión además de calidad.
Brinda una mayor motivación: este rasgo te lleva a un deseo de superación constante que te permite sentirte motivado en todo momento, este es el propulsor que necesitas para superar cualquier obstáculo y en esa medida, cumplir tus metas.
Fomenta la disciplina, organización e incluso atención al detalle: la meticulosidad se convierte en una herramienta clave para que todo encaje y funcione correctamente.
Mayor resiliencia: con frecuencia, quienes buscan la perfección se convierten en personas más resilientes debido a que son capaces de aprender de adversidades del pasado, esto los lleva a superar los retos del presente con una determinación inquebrantable.
Pero, también existen desventajas
Si se deja de considerar como una meta para convertirla en una exigencia innegociable, el camino a la perfección, deja de ser saludable, llegando a provocar los siguientes perjuicios:
Problemas de salud: el perfeccionismo excesivo o tóxico tiende a provocar alteraciones de salud tanto físicas como emocionales, como por ejemplo estrés, depresión, insomnio, agotamiento profesional y hasta somatizaciones que, posteriormente, se convierten en dolores de cabeza, molestias estomacales, entre otras afecciones.
Parálisis: el miedo a que las cosas no queden perfectas a la primera conduce a la procrastinación, hasta el punto de decidirse por nunca comenzar a hacer esas tareas si consideran que el resultado final no será “perfecto”.
Baja autoestima: el perfeccionista suele castigarse duramente por cualquier error, priorizándolo por encima de su propio valor personal. En este sentido, suele evaluarse a sí mismo de una manera negativa minimizando sus logros, pero enalteciendo sus errores.
Tensión en las relaciones: con frecuencia, el estado constante de autoexigencia suele generar conflictos tanto en el ámbito laboral, como en el social o familiar con aquellas personas que no comulguen con el mismo nivel de rigurosidad.
Curiosidades de la perfección
Origen de la palabra: perfección proviene del latín perfectio, cuyo significado en español es “terminar” o “finalizar”. Según esta terminología, la perfección marca un final; esto quiere decir que cuando se alcanza, no es posible mejorar ni seguir creciendo.
Solo puede ser alcanzada por la divinidad: de acuerdo con conceptos filosóficos, la perfección solo podría ser alcanzada por seres divinos (dioses). Tanto la humanidad como la naturaleza deben vivir con un margen de error debido a que son finitas y experimentan cambios con mucha frecuencia.
Suele ser una armadura emocional: ante el rechazo, la crítica o la sensación de no ser suficiente, se comporta como un mecanismo de defensa para evitar todas estas situaciones.
Efecto pratfall: cuando las personas competentes cometen errores, son más queridas por su entorno al dar sensación de cercanía. Este efecto, descubierto por Elliot Aronson en 1966, se trata de un fenómeno psicológico en el que se demuestra que la perfección es capaz de intimidar a las personas y, por el contrario, la imperfección crea conexiones más humanas, haciendo que sea más atractiva para el entorno.
¿Es buena o mala?
El hecho de alcanzar la perfección tiene dos caras, una buena y otra mala. Utilizarla como motor para cumplir tus sueños, metas u objetivos es bueno, pero el problema de ser perfeccionista se percibe cuando se convierte en una prisión emocional que te impide disfrutar de tus logros porque "siempre pudo ser mejor".
A modo de conclusión, la perfección absoluta es una ilusión, porque no existe en la naturaleza ni en el ser humano. Lo ideal es aspirar a la excelencia, pero permitiéndote ser humano en el proceso. Recuerda que al final del día, una tarea terminada al 90% es mucho más valiosa que una "perfecta" que nunca se entregó.















