El Nuevo Imperialismo fue un periodo de intensa expansión colonial e imperialismo ejecutado por las potencias europeas de finales del siglo XIX y posteriormente por Estados Unidos y Japón hasta principios del siglo XX. El calificativo de «nuevo» se utilizó para diferenciarlo de la primera ola de colonización europea con el imperialismo como término general. Valga la redundancia, el nuevo imperialismo se caracterizó por un nuevo colonialismo agresivo, de lo que se denominó «el imperio por el imperio mismo», una ambiciosa competencia entre los principales imperios por adquirir nuevos territorios de ultramar.
La competencia fue meramente por motivos económicos impulsados por la necesidad de mantener y sostener la expansión de la Segunda Revolución Industrial, el proceso de industrialización y el crecimiento económico. Muy tristemente para conquistar, soslayar y someter a los habitantes de pueblos invadidos y someterlos a su propia cultura, en un proceso de aculturación, los gobiernos imperiales y sus gobernantes utilizaron diversas justificaciones:
Ideológicas: Apoyadas por el darwinismo social: la implementación de teorías económicas y prácticas sociales con las que, académicos de Europa occidental y América del Norte, en la década de 1870, pretendían aplicar conceptos de Charles Darwin como la selección natural y supervivencia del más apto a la sociología, la economía y la política. Para establecer y generalizar la creencia en la “superioridad de la civilización occidental” y el “deber de civilizar a otros pueblos”. Entiéndase los pueblos conquistados. Con esa creencia ideológica asentada en mente de una civilización occidental “superior” pasaron y avanzaron a las justificaciones.
Económicas: Las colonias proporcionaban abundantes materias primas a bajos precios que servían a las industrias del imperio para expandir sus mercados y colocar sus productos. Eso permitía hacer más inversión para construir y mejorar infraestructuras como: puertos, ferrocarriles, etcétera; y el transporte redundaba en nuevos negocios que interesaban a las compañías del Estado.
Religiosas: Los imperios convertían a su religión a los pueblos sometidos y las propagaban por los países cercanos para expandir su influencia por la región. A menudo el líder del imperio se autoproclamaba también líder religioso de su nación y de los países conquistados.
Políticas: «El imperio por el imperio mismo» era una manifestación de poder, fuerza y superioridad ante otros estados, así como de amenaza e intimidación diplomática.
Consecuencias
El nuevo imperialismo trajo nefastas consecuencias; especialmente para África, donde ocurrió el llamado «reparto de África»; pero la conquista y el reparto de territorios también se dieron en otras regiones como el Sureste Asiático y las regiones marítimas del Este de Asia, donde Japón se unió a las potencias europeas en el reparto territorial.
El neoimperialismo es la fase evolucionada y moderna del nuevo imperialismo que utiliza el poder económico, la globalización y la influencia cultural para dominar o influir en naciones menos desarrolladas, sin necesidad de ocupar territorio mediante la fuerza militar o el control político directo. La diferencia con el nuevo imperialismo de los siglos XIX y XX se basa en que el neoimperialismo opera a través de mecanismos más sutiles y sofisticados como:
Dominio Económico: Se ejerce mediante acuerdos comerciales desiguales, la dependencia de la deuda externa y el control de mercados estratégicos por parte de grandes corporaciones transnacionales.
Financiación: Es una etapa avanzada del capitalismo donde el capital financiero domina la gestión de las empresas y las economías globales.
Hegemonía Cultural: Se promueven los valores, el estilo de vida y los sistemas de pensamiento de las potencias dominantes (especialmente a través de medios digitales y entretenimiento), lo que debilita las identidades culturales locales.
Uso de Ayuda Exterior: Las potencias utilizan la asistencia financiera o tecnológica como herramienta de presión para que las naciones receptoras adopten políticas neoliberales o alineen sus intereses geopolíticos.
En ese sentido las diferencias clave son:
En el contexto geopolítico actual el término se emplea frecuentemente para describir la competencia entre superpotencias por la hegemonía en un mundo multilateral, donde la tecnología y el control de datos son los nuevos frentes de influencia.
Eso me lleva al título del artículo: “Trump y el Nuevo Nuevo Imperialismo del siglo XXI”. En una entrevista con The New York Times, publicada el 8 de enero de 2026, al ser cuestionado sobre si existían controles o salvaguardas a su autoridad como comandante en jefe, Trump respondió: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme". Añadió que “no busca hacer daño a la gente”. Además, el presidente Donald Trump declaró que “no necesita el derecho internacional”; luego suavizó diciendo que “su administración sí debería cumplirlo”, puntualizó que "depende de cuál sea tu definición de derecho internacional"; sugiriendo que “él mismo (Trump) decidiría cuándo y cómo se aplican tales restricciones a Estados Unidos”.
La entrevista se dio en el contexto de la política exterior de los Estados Unidos en 2026. En el mismo, las declaraciones de Donald Trump se dieron en el marco de la intensa actividad militar y diplomática que el gobierno de Trump ha llevado a cabo, como: la captura de Nicolás Maduro, su expresa intención de hacerse con control total del petróleo de Venezuela, ataques al programa nuclear de Irán y su ahora manifiesto plan para que EE. UU. adquiera Groenlandia. Todos basados en el concepto de MAGA y la fuerza de los Estados Unidos por encima de las leyes, los tratados y las convenciones internacionales.
En otras palabras, de parte de Donald Trump hay:
Visión de soberanía de los Estados Unidos sobre el resto del mundo: Trump enfatiza en que la propiedad y la fuerza de los Estados Unidos son más importantes que los tratados y/o convenios internacionales; autoasignándose el rol de protector de América y el mundo que sigue y aprueba sus políticas: “O estás conmigo o estás contra mí”.
Expansión territorial: Al reiterar su intención de adquirir Groenlandia, incluso sin descartar el uso de la fuerza militar, Trump sugiere que el “derecho de propiedad de los Estados Unidos” es indiferente e irrelevante en el derecho internacional.
Intervencionismo: Al justificar la operación militar en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, aduciendo argumentos falaces que luego no pudo demostrar como que era el líder del Cartel Narco Terrorista de Los Soles; para asegurar la presencia militar de EE. UU. en Venezuela, “por mucho más de un año” y “tomar el control total del petróleo venezolano”.
Arbitrariedad: al decir Trump “depende de cuál sea tu definición de derecho internacional”, sugiriendo que “él mismo (Trump) decidiría cuándo y cómo se aplican tales restricciones a Estados Unidos”, está reservándose el papel de árbitro final y absoluto sobre qué, cómo, cuándo y dónde deben aplicar las normas y el derecho internacional, dependiendo de la conveniencia de los Estados Unidos.
Desprecio por el multilateralismo: que se interpreta como un menosprecio del orden establecido post Segunda Guerra Mundial; donde las instituciones y los tratados internacionales creados son vistos como cargas innecesarias para una superpotencia; en este caso, los Estados Unidos.
Uso coercitivo del poder: que es la combinación de ataques estratégicos, como el de Irán; la imposición masiva de aranceles; la amenaza de ataques terrestres; y la coerción diplomática en la política exterior y los organismos internacionales.
Otros aspectos propiamente relacionados a la personalidad de Donald Trump.
El “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe
Se ha acuñado el término “Doctrina Donroe” para describir la analogía o similitud entre la Doctrina Monroe original y el Corolario de Trump a la Doctrina Monroe que hace referencia a los principios rectores de la política exterior del presidente Donald Trump para el continente americano.
La subjetividad de Trump como líder de la política de Estado
La conexión profunda que reside en MAGA “America First” emana directamente del criterio personal del presidente Donald Trump como un vínculo y exaltación de su moralidad individual; lo que refleja al afirmar que su “propia moralidad” es el único límite; en ese sentido, Trump vincula el destino y la grandeza del país (MAGA) exclusivamente a sus instintos y decisiones personales.
Dominio hemisférico total
Mientras que la Doctrina Monroe original buscaba evitar la interferencia europea en América, la “Doctrina Donroe afirma que el dominio de EE. UU. en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”.
Exclusión de competidores
Trump prohíbe explícitamente que potencias "extra-hemisféricas”; específicamente China y Rusia, posean activos estratégicos o establezcan fuerzas militares en América, continente que él considera de su dominio.
El “derecho” sobre recursos estratégicos
El Corolario Trump vincula la seguridad nacional de los Estados Unidos directamente con la propiedad, control y explotación de recursos naturales; no importa que sean en países extranjeros.
Desconocimiento de tratados
La frase “No necesito el derecho internacional” es el motor operativo de la Doctrina Donroe. Los acuerdos internacionales previos son ignorados deliberadamente por Donald Trump, si impiden la captura y la adquisición de objetivos que él considera estratégicos y necesarios para el control de suministros críticos para el crecimiento económico e industrial de los Estados Unidos.
Unilateralismo crudo
El unilateralismo de Donald Trump no es un eufemismo diplomático; es una afirmación de poder absoluto basada en la capacidad de EE. UU. para ejercer y proyectar su voluntad “en cualquier lugar y en cualquier momento” dentro de su esfera de influencia. La cual ahora Trump considera global.
Pax Trumpiana
La visión personal de Donald Trump es la de un mundo donde la paz y la estabilidad no dependan de tratados, sino del miedo al castigo por parte de Estados Unidos. En este esquema, él (Trump) actúa como el juez y ejecutor global.
Corolario
Un líder cuya autoridad es absoluta, cuya voluntad es ley y que no reconoce fronteras legales ni geográficas. Es sinónimo de: dictador, absolutista y totalitario; quien se comporta y actúa así es considerado un: déspota, tirano, opresor, autoritario. Dejo al lector sacar sus propias conclusiones.
















