…names in this way a restless activity, a destructive/creative force/presence that does not fully coincide with any specific body… matter in variation that appears and disappears…
(Jane Bennett, Vibrant Matter: a political ecology of things)1
Cuando una trama deja de ser una rígida estructura, estable, definitoria o casi cartesiana, para convertirse en un campo inestable e incierto donde, a partir del gesto, pueden aparecer nuevas formas de elasticidad fragmentada, emerge al mismo tiempo un lugar, casi inconsciente, donde la especulación con la materia agita y sacude el pensamiento. La idea de estabilidad y comportamiento controlado no tiene sentido en este nuevo lugar que se quiere libre de perspectivas demasiado ciertas.
El gesto prestado; tramas compuestas por filamentos entrelazados operarían aquí como dispositivos de desajuste: sistemas que se tensan y se descomponen para abrir paso a una lógica material que no responde a un orden previo, sino a la fricción entre una idea de control y de inquietud.
En el texto Materias vibrantes de Jane Bennett, redactado desde un campo indefinido entre la filosofía y la teoría política, se nos propone repensar radicalmente la materia y sus relaciones entre, y por dentro de, diferentes ensamblajes. Esto es, somos invitados a dejar de entender la materia como algo pasivo, inerte o meramente disponible para el uso humano y reconocerla como algo activo, dinámico y con capacidad de agencia. Sin ninguna intención de romantizar los objetos, sino de descentrar el excesivo protagonismo del gesto humano, Bennett propone mostrar que nuestras vidas están entrelazadas con fuerzas materiales que no controlamos completamente y plantea abrir aquí la posibilidad de pensar en la regeneración de estas relaciones hacia una política más humilde, cuidadosa y atenta a las interdependencias entre agentes humanos, no humanos y/o más que humanos.
En la simple saturación de diluyentes, en el comportamiento involuntario del aceite u otras materias grasas en reacción a la temperatura, en el uso de materiales como el gesso o la encáustica, Salvador Cidrás introduce un tipo de proposiciones plásticas donde la materia actúa como agente y no únicamente como soporte, pues toma prestado ese gesto involuntario en el que trama y sustancia se acogen mutuamente hasta volverse indistinguibles: la retícula de fondo se confunde con el entramado accidental producido por los procesos físicos y químicos de los materiales con los que dialoga, y la obra se reorganiza entonces como una superposición de capas de información, donde la experimentación con el medio se afirma como lenguaje en sí mismo.
Este modo de proceder, que implica también pensar en la deconstrucción de las múltiples retículas que codifican y limitan el ejercicio experimental de la expresión frente a la imagen nítida y al signo estable de los elementos, produce una red de espacios intermedios, una niebla de hilos, una materia difusa de baja definición, baja temperatura, baja resolución y baja tecnología, donde lo visible se vuelve incierto y donde lo orgánico irrumpe como cualidad somática o como el deseo de desafiar la geometría y sus promesas de dominio.
Nada en este catálogo de gestos y acciones resulta formalmente evidente en estas superficies que funcionan como zonas de contacto y fusión, porque no se dejan desvelar en su totalidad y porque su intención no es mostrar apenas el resultado estético de estas composiciones, sino provocar interrogaciones y abrir un campo de imaginarios a partir del propio devenir matérico. Y si, por un lado, la temporalidad del proceso se dilata porque “el tiempo del hacer” se convierte en una forma de pensamiento, el espacio de trabajo adquiere un papel central como espacio de ensayo, de azar y de posibilidad, donde todo puede desviarse de lo previsto.
Es en esta situación espacio-temporal donde se produce una especie de juego de energías en el que se evidencia nuestra obsesión por la dominación de la técnica y la irreverencia de la materia. Una relación performativa que se produce en diferentes estadios del proceso creativo y que, como sugiere la artista australiana Barbara Bolt en su libro Art Beyond Representation. The performative power of the image2, no se recrea en la representación, sino que se mantiene como una relación abierta y vulnerable ante aquello que pueda suceder. Y, en este horizonte, la realidad no se entiende como una imagen o un objeto representado, sino como presencia viva y activa.
Generar este entramado de relaciones entre objetos, materialidad y significado, como líneas de fuga frente a lo estructurado, puede ser el inicio de una búsqueda sin respuesta definida. Un ejercicio de “posibilismo”, a lo que el historiador del arte Mario Pedrosa llamara “ejercicio experimental de la libertad”3.
La producción artística de Salvador se podría situar en esta serie de ejercicios experimentales. Creo que no podríamos entender su trabajo si no estamos dispuestos a seguir un proceso de investigación en el que pequeños gestos pueden reconfigurar nuestra forma de pensar y habitar el mundo. En un contexto saturado de imágenes en alta definición bajo coordenadas muy bien estipuladas, su práctica propone alterar la relación tradicional con los objetos, explorando la polisemia de sus manifestaciones y la inestabilidad de sus significados.
De forma autobiográfica, incorpora un profundo sentido a las intrincadas relaciones entre el significado de estas acciones y una práctica artística radicada en influencias culturales específicas, a partir de la experiencia personal del propio contexto que habita, y donde, igualmente, no hay posibilidad de establecer límites cartográficos entre lo rural y lo urbano, entre lo natural y lo artificial, o las tensiones entre objeto y espectador, entendiendo estos binomios no como oposiciones, sino como continuidades.
El cuerpo de trabajo de Salvador recorre una línea indirecta entre la cerámica y el textil desde una perspectiva escultórica y pictórica e intensifica, todavía más, estas preocupaciones: volumen, textura, tejido y sus varias densidades se articulan como extensiones de una misma investigación espacial y sensorial. Gestos que se sitúan entre el universo de la representación y el de la experiencia vivida, entre lo estructurado y lo orgánico, entre la identidad social y la materia que la sostiene.
El gesto prestado no remite apenas a un acto aislado, sino a una circulación: del cuerpo a la materia, de la materia al pensamiento, del pensamiento a la mirada del otro. Un gesto que no se posee, sino que se transmite, se fragmenta y se transforma, dejando abierta la posibilidad de que, en su indeterminación, algo nuevo pueda comenzar. O como em un fragmento de las Cartas a un joven poeta, escritas por Rilke: “…hemos de aceptar nuestra existencia tan ampliamente como nos sea posible. Todo, incluso lo inaudito, ha de ser posible. Esto es lo fundamental, el único valor que se nos exige: ser valientes ante lo más extraño, maravilloso e inexplicable que nos pueda acontecer”4.
(Texto por Juan Luis Toboso)
Notas
1 Bennett, Jane (2010). Vibrant matter: a political ecology of things. Durham: Duke University Press.
2 Bolt, Barbara. (2004). Art beyond representation: The performative power of the image. London: I.B. Tauris.
3 O exercício experimental da liberdade en “O bicho-da-seda na produção em massa” de Mário Pedrosa, 1967.
4 Rilke, R. M. (1903/2008). Cartas a un joven poeta – Carta 8-(A. Pascual i Piqué & C. Bernad Ribera, Trads.). Barcelona: Acantilado.
















