El 4 de agosto de 1939, el SS Winnipeg zarpaba del puerto de Pauillac, con 2.078 exiliados a bordo (1.200 hombres, 418 mujeres y 460 niños), durante una travesía que duró casi un mes exacto, cruzando el Canal de Panamá hasta llegar a la ciudad chilena de Arica. Allí desembarcaron algunos refugiados en lancha, ya que en esta ciudad no hubo puerto hasta que, precisamente, uno de los refugiados que allí había desembarcado, lo construyese años después. Aunque, finalmente, serían 2.201…

Una asociación formada por los exiliados españoles que llegaron a Chile en 1939 a bordo del barco Winnipeg cedió en 2007 a España, a través del Ministerio de Cultura, sus archivos para que se integraran en el Centro de la Memoria Histórica. Libros, vídeos, abundante material periodístico sobre el viaje del barco y documentos personales de muchos de los refugiados, constituyen este fondo documental que permitirá conocer con mayor precisión un episodio del final de la guerra civil española que tiene a Pablo Neruda como protagonista principal.

El papel de Neruda

En 1939, Pablo Neruda es nombrado cónsul de Chile en París. Entre 1934 y 1936 había ocupado el mismo cargo en Barcelona y Madrid. Sus años en España le permitieron conocer a García Lorca, Miguel Hernández, León Felipe, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda y muchos otros escritores.

Hacia el final de la guerra civil, Neruda, muy afectado por la situación de miles de españoles refugiados en Francia y Norte de África, convence al Gobierno de Chile para que los acoja en el país. Así se flota el carguero Winnipeg, que sale de un puerto cercano a Burdeos rumbo a Valparaíso, con 2.500 hombres, mujeres y niños españoles a bordo en busca de una tierra donde comenzar de nuevo.

En el transcurso de todos estos años, la asociación que crearon estos exiliados ha recopilado los documentos que ahora ceden a España, entre los que se pueden leer relatos de los hermanos de Antonio Machado, Ma y Joaquín, sobre su vida como “niños de la guerra”.

En el transcurso de todos estos años, la asociación que crearon estos exiliados ha recopilado los documentos que ahora ceden a España, entre los que se pueden leer relatos de los hermanos de Antonio Machado, José y Joaquín, sobre su vida como “niños de la guerra”.

Entre las personas que llegaron a Chile, embarcadas en el Winnipeg, se encuentran: Leopoldo Castedo, conocido historiador; Mauricio Amster, tipógrafo; Agnes América Winnipeg Alonso Bollada, nacida durante la travesía; José Manuel Moreno González, escritor; Luis Fernández Turbica, afamado dramaturgo; José Ricardo Morales, dramaturgo y filósofo; Elena Gómez de la Serna, Monserrat Julió Nonell, Isidro Corbinos y Diana Pey. Además, se destacan:

  • Víctor Pey Casado: Notable ingeniero español, periodista y profesor, amigo de Salvador Allende y Pablo Neruda, que llegó a Chile como refugiado en 1939, falleció en Santiago, el 6 de octubre de 2018, a los 103 años, sin haber logrado recuperar su diario Clarín, que le fue expropiado en 1973 por Augusto Pinochet. Desde que perdió el periódico, el de mayor circulación en Chile hasta ese año, Pey libró una larga lucha legal en tribunales locales e internacionales para recuperarlo, incluso contra los gobiernos democráticos que siguieron a la dictadura de Pinochet (1973-1990), sin éxito.

  • Roser Bru Llop: Pintora y grabadora chilena nacida en Barcelona, España, el 15 de febrero de 1923 (y fallecida el 26 de mayo de 2021). Al año siguiente se trasladó con sus padres a París, donde vivió durante cuatro años su primer exilio. Luego la familia regresó a Barcelona, ciudad en donde ingresó a la Escuela Montessori. En 1931 inició sus estudios en el Instituto-Escuela de la Generalitat, de la misma ciudad. En 1939, terminada la guerra civil española, salió nuevamente al exilio. Viajó a Francia, donde se embarcó en el barco Winnipeg, llegando a Chile en septiembre, cuando comenzaba la Segunda Guerra Mundial. Ese mismo año ingresó en la Escuela de Bellas Artes en Santiago, donde realizó estudios libres hasta 1942 y fue discípula de Pablo Burchard e Israel Roa.

  • Federico Gras Paris: Fue Agente Jefe del “Parc Mòbil del Cos de Seguretat de Catalunya” hasta 1939. Siguió contribuyendo con la causa republicana en el exilio, estableciendo vínculos con importantes personalidades de países latinoamericanos, principalmente Argentina y México. Benefactor y Coleccionista de Arte, actividad familiar que data desde 1400, donde su ancestro, don Bartolomé Gras, es mencionado como Tesorero de la casa y corte del Rey D. Alfonso V de Aragón.

  • Pereiro Pérez, Julio: Destacado piloto de la fuerza aérea española republicana, miembro del escuadrón "las Moscas" protagonista de libros como "Arde el Cielo", del autor Antonio Arias Arias.

  • Victorino Farga Cuesta: Catalán, viajó a los 12 años y fue un destacado médico, especialista en enfermedades broncopulmonares.

  • Los hermanos Juan, Manuel y Francisco Vallejo, los tres voluntarios del Ejército Popular Republicano (EPR), abuelos de los fundadores del grupo rock italiano Exit Refugium Peccatorum (ERP) que a ellos y a todos los revolucionarios españoles dedicaron las canciones “C.N.T.” y “F.A.I.” (organizaciones sindicales y anarquistas revolucionarias a las que sus abuelos eran afiliados).

  • Miguel de los Santos Cunillera Rius, destacado doctor, diputado electo por Tarragona en 1932 por el Partido Radical Autónomo.

  • José Ortiz Zubia. Vasco, republicano y comunista. Más tarde tuvo contacto con los presos de Isla Dawson. Durante la guerra civil española fue nombrado director de la Agrupación Hospitalaria Militar de las Comarcas de Gerona. En el viaje de exilio en el barco cumplió el rol de médico de a bordo.

  • José Balmes, pintor. Este último recuerda así el gesto del poeta Pablo Neruda:

Nunca jamás, ni siquiera al final de mi vida voy a hacer lo suficiente por agradecer el hecho de estar en este país y de ser ciudadano chileno, gracias justamente a Pablo Neruda. Como alguien dijo alguna vez: ‘las deudas de amor no se terminan de pagar nunca’ y esta es una gran deuda que yo tengo con él todavía.

Si se realizara una encuesta para determinar cuál es el mejor poema de Neruda, seguramente se generaría una gran discusión y sería una tarea de largo aliento, sin un resultado seguro. Algunos se inclinarían por los contenidos en Veinte poemas de amor y una canción desesperada; otros lo harían por los que constituyen Alturas de Macchu Picchu y muchos, por su extenso Canto General. Sin embargo, para obtener la respuesta más segura bastaría con leer lo que el mismo poeta dejó escrito en sus memorias: “Que la crítica borre toda mi poesía, si quiere, pero que no se olvide nunca este poema que hoy recuerdo”, como lo señaló en el Cuaderno 6 de su Confieso que he vivido, refiriéndose al rescate desde suelo francés de 2.365 españoles que logró embarcar en el legendario Winnipeg para ponerlos a salvo en su tierra natal haciendo verbo eso que expresa el Himno Nacional de Chile “…o el asilo contra la opresión”.

En recuerdo de esa gesta histórica, Neruda compuso el poema titulado “Misión de amor”, que en su libro Memorial de Isla Negra, puede leerse:

Misión de amor

Yo los puse en mi barco.
Era de día y Francia
su vestido de lujo
de cada día tuvo aquella vez,
fue la misma claridad de vino y aire
su ropaje de diosa forestal.

Mi navío esperaba
con su remoto nombre “Winnipeg”

Pero mis españoles no venían
de Versalles,
del baile plateado,
de las viejas alfombras de amaranto,
de las copas que trinan
con el vino,
no, de allí no venían,
no, de allí no venían.

De más lejos,
de campos de prisiones,
de las arenas negras
del Sahara,
de ásperos escondrijos
donde yacieron
hambrientos y desnudos,
allí a mi barco claro,
al navío en el mar, a la esperanza
acudieron llamados uno a uno
por mí, desde sus cárceles,
desde las fortalezas
de Francia tambaleante
por mi boca llamados
acudieron,
Saavedra, dije, y vino el albañil,
Zúñiga, dije, y allí estaba,
Roces, llamé, y llegó con severa sonrisa,
grité, Alberti! y con manos de cuarzo
acudió la poesía.

Labriegos, carpinteros,
pescadores,
torneros, maquinistas,
alfareros, curtidores:
se iba poblando el barco
que partía a mi patria.

Yo sentía en los dedos
las semillas
de España
que rescaté yo mismo y esparcí
sobre el mar, dirigidas
a la paz
de las praderas.

Entre los años 1984 y 1992, dirigí en Chile un programa radial titulado: “La Veu de Catalunya”, patrocinado por el Centre Catala de Santiago. La emisión terminaba con esta sentencia de Joan Maragall que pronuncio aquí, agradecido y emocionado:

Heus aquí l'ànima catalana: Llibertat!
(He aquí el alma catalana: ¡Libertad!)