¿Es importante para nosotros en el siglo XXI discutir un tema que fue debatido y propuesto por fundadores de la antropología en fechas tan lejanas hoy, como son la década de los 20 y los 40? En esta breve exposición hablaremos del concepto de aculturación en la obra de Manuel Gamio (1883-1960), arqueólogo que fue uno de los protagonistas de la historia de la antropología mexicana, discípulo de Franz Boas (1909-1911) y promotor de la aculturación de la población autóctona de su país y en Latinoamérica.

Tal era el comienzo de mi conferencia Manuel Gamio y el concepto de la aculturación en la Asociación de Antropología y Enología SPAE de Portugal, que fue rotundamente interrumpida por molestos asistentes cuyos micrófonos no se silenciaban.

La lección del eminente arqueólogo pertenece a una generación de hombres y mujeres que trabajaron en las más azarosas circunstancias, esas condiciones inciertas de los inicios de toda empresa, cuando se tantean los métodos y se afirman las ideas por medio de una experimentación creativa y falible.

No es fácil el cometido de hacer ciencia en nuestros tiempos, cuando simplemente algún asistente puede intentar boicotear una conferencia pública que se ha preparado por meses y cuya investigación me tomó casi dos años de lecturas y relecturas. Más, incluso, si se suma a ello el esfuerzo del último mes, cuando enfermé con chikungunya.

Creo que el desánimo no pasa lo suficientemente rápido cuando la sensación de un pequeño virus te lanzó de las rutinas, te alejó de los amigos del domingo en el club o de tus citas con tu novio, o del trabajo que habías planeado cuidadosamente a lo largo de meses. ¿Qué hacer para que esto pase? De repente, la enfermedad se convierte en algo tan cercano que pasa a indicar un demostrativo: este. Y no puedes eliminarlo con un clic ni un dislike, como a las publicaciones que disgustan en Facebook, o a los que irrumpen desatinadamente en actividades de divulgación científica.

Si antes sentía la sensación de que era tortuoso el conflictivo virus, menos reprochable es su impertinente compañía que la de aquellos que, teniendo la capacidad de ser humanos, se deshumanizan hasta el grado de violar las más elementales normas éticas del decoro y la convivencia en sociedad al interrumpir conferencias.

El inicio de mi conferencia planteaba que

a través del método biográfico y del estudio de momentos puntuales de la historia de las instituciones antropológicas de las que [Manuel Gamio] formó parte desde 1907, como alumno de los primeros cursos de antropología en México y de otras instituciones que surgieron como parte de la profesionalización de la nueva disciplina en el siglo pasado, podremos acercarnos a las semejanzas, diferencias e influencias de la antropología mexicana con la norteamericana y la europea. Por tanto, haremos un análisis de contenido del artículo del arqueólogo mexicano titulado War and acculturation of the masses (1940), el que nos permitirá contrastar con algunas ideas de su libro clásico Forjando Patria y el método de la antropología integral que lo hizo muy reconocido por el trabajo del proyecto de investigación y la antropología aplicada por primera vez en México con poblaciones autóctonas y con la participación del estado y sus científicos. [Este trabajo] Fue llevado a cabo en Teotihuacán por un equipo interdisciplinar bajo su dirección y culminó en la obra La población del Valle de Teotihuacán (1922), por la que recibió el doctorado en la Universidad de Columbia (1921). Obra de autoría también colectiva, figura sumamente polémica y hasta un poco contradictoria por sus posiciones en favor de los indígenas y en defensa de la nacionalidad, y, en cambio, por reflejar un menosprecio “velado” de las sociedades indígenas de su momento.

En resumen, ese era el planteamiento de mi conferencia del 15 de diciembre, que terminé por dar con muchísimo menos público y, quizás, algunos interesados que los organizadores no conocían.

Lo que no se pudo evitar en la premura por recomenzar, sin embargo, es el menosprecio inverosímil a las ciencias y a los más elementales logros de la educación, lo que me mueve a mencionar el incidente, pues a fin de cuentas, la conferencia se realizó.

Pero aquellos que solo se querían escuchar a sí mismos con soberbia ignorancia del parecer de los otros han dejado una clara lección. No vivimos aislados ni de nuestro tiempo ni de sus tecnologías, y las usamos tanto para crear como para ensordecer, pero contrariamente al anonimato de sus escandalosas pretensiones, existen las voluntades que perseveran y aprehenden, y aceptan los comentarios al final de la sesión.

Solo podremos usar de modo seguro las herramientas nuevas en esta etapa tan experimental como la que vivieron Manuel Gamio y las generaciones de científicos que le antecedieron y educaron, como Andrés Enrique Molina y Nicolás León: si entendemos a nuestro tiempo, divulgamos ciencia y arte, y despertamos consciencias.