Puntos principales: Este comentario pretende llamar la atención del lector sobre la relevancia y el papel clave de los activistas en salud y nutrición a la hora de contrarrestar las determinantes comerciales de la desnutrición. Sugerimos algunas estrategias y actividades clave para dichos y dichas activistas. También destacamos los múltiples retos a los que sin duda se enfrentarán (y se han enfrentado) los activistas. Integramos algunos ejemplos relativos a estos puntos para ejemplificar lo que queremos decir aquí y por qué estamos siendo duros en el lenguaje que utilizamos y/o en las acciones que proponemos.
Existen múltiples experiencias que indican el camino que deben seguir las activistas en diversos campos.
El presente comentario recoge una selección de opiniones sobre la política de las determinantes comerciales de la desnutrición. Ya se ha escrito bastante sobre lo que implica esta política y cómo se ha estudiado1,2,3 Aquí, nuestro objetivo es compartir algunos puntos de vista nuevos, y no discutir cómo han evolucionado los puntos de vista existentes. Nos centramos en cómo estas determinantes siguen interfiriendo en las necesarias medidas de prevención.
Si el contenido de este comentario sólo pretendiera describir y explicar las causas de esta interferencia, pensamos que se haría un flaco servicio a avanzar y abordar las verdaderas determinantes sociales (y políticas) de la desnutrición. Como ya sugirió magistralmente el Informe de la OMS de 2008 sobre las determinantes de la salud, que (frustrantemente) es hoy ignorado en gran medida. Como señaló entonces Sir Michael Marmot, "las desigualdades y las determinantes sociales no son una nota a pie de página, son la cuestión principal "4.
Diecisiete años después, las preguntas que realmente hay que plantearse son: ¿A qué están vinculadas las políticas de las determinantes comerciales de la desnutrición? ¿No será al sistema neoliberal imperante y aún omnipresente? Y, si es así ¿Sólo debemos centrarnos en estas determinantes en el ámbito de la salud y la nutrición? ¿Será esto suficiente, o más bien necesario, pero no suficiente?
Las políticas que "no han hecho o hacen lo suficiente”
Los aspectos políticos reales de estas determinantes comerciales están inequívocamente vinculados al derecho humano a la salud y a la alimentación, ambos tan evidentemente eludidos por las grandes empresas5. Por lo tanto, ésta es una de las vías que debemos seguir para abordar los procesos y efectos de la agresiva penetración de las empresas en el terreno, convirtiéndo esta penetracion en un negocio lucrativo. Tomemos, por ejemplo, el impacto de la comida chatarra en la pobreza alimentaria y en los esfuerzos de mitigación del hambre ampliamente promovidos, en particular los que se basan en el marketing para ganar visibilidad de sus marcas en la ayuda que corporaciones proporcionan6,7,8.
La comunidad de activistas en derechos humanos lleva bastante tiempo en la lucha por denunciar estas determinantes comerciales9,10. La pregunta es: ¿Entran sus esfuerzos en la categoría de "no se está haciendo lo suficiente"? La respuesta a esta pregunta es variada: Algunos esfuerzos sí, otros no.
Entonces, ¿qué hay de diferente en lo que proponemos como vía para abordar las determinantes comerciales de la desnutrición?
La diferencia tiene que ver con la hoja de ruta que hay que seguir, a saber, una "vía política más hacia las causas reales", como explicamos más adelante. Los ámbitos de la alimentación son perfectamente buenos puntos de partida o entrada para abordar las determinantes comerciales. Pero quedarse ahí evidentemente no es suficiente. Sólo si nos enfrentamos a las políticas que subyacen a las crecientes incursiones comerciales de las empresas tendremos la oportunidad de llegar a algún sitio a largo plazo y de forma sostenible.
¿Qué significa lo antedicho?
Significa que la política se combate con política. Así pues, las (aquí significando los y las) activistas deben implicarse en la organización de campañas de aprendizaje sobre derechos humanos centradas en la economía política de las causas evitables de las "enfermedades de la pobreza", la desnutrición y de las muertes prematuras. En concreto, el fomento de las campañas de activistas es esencial para concienciar a los grupos titulares (detentores) de derechos. Esto no sólo debe hacerse a nivel nacional, sino que también es necesario animar a los grupos a unirse a nivel mundial con el fin de organizar y movilizar a los demandantes para que exijan efectivamente cuáles son sus/nuestros derechos inalienables. La idea es crear una oleada de conciencia política en la base que utilice las reivindicaciones en materia de salud y nutrición para seguir exigiendo cambios estructurales del sistema neoliberal que asfixia progresivamente al sistema alimentario y de salud.
También significa que, al tratar con los adversarios, debemos concederles quizás respeto individual y/o institucional, pero no necesariamente respeto político. Así pues, las cuestiones sobre qué estrategias prioritarias de negociación se hacen clave. Así pues, ¿qué deben priorizar las activistas organizadas de los titulares de derechos? A menudo, esto se traduce en un comprensible impulso a comprometerse con todas las cuestiones por igual. Sin embargo, debemos tener en cuenta el viejo adagio: si todo es prioritario, nada es prioritario.
Significa además que no debemos preocuparnos por entrar en conflictos: es mucho peor intentar evitarlos, porque sólo creamos nuevos conflictos que acaban siendo más insidiosos y costosos que la cuestión conflictiva original.
¿Qué significa ser "demandantes efectivos y exigentes" en el contexto de las determinantes comerciales de la desnutrición?
Nuestra fuerza: La unidad. Nuestro objetivo: la victoria. (Y no se puede ganar si no se lucha)
(Grafiti en Santiago, Chile)
Una revolución de expectativas sólo se materializa si creamos y luchamos por alternativas verdaderas y realistas para cambiar los sistemas de opresión y manipulación que vemos en el neoliberalismo. Tal revolución no viene de construir castillos en el aire proponiendo soluciones parche no probadas, especialmente cuando provienen de autoproclamados "expertos". Lo que mata las revoluciones no es centrarse en realidades duras y alternativas acordes; lo que mata es que persigamos sueños poco realistas y no basados en evidencias. Sí, encontraremos obstáculos, pero entonces también se abren nuevas vías y se concretan nuevas formas de superarlos.
Estamos conscientes de que a algunos de los que formamos parte de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) de interés público y de los movimientos sociales nos sigue resultando muy difícil mantener nuestra agilidad política en un entorno hostil en el que las empresas se están apoderando de las instituciones intergubernamentales y multilaterales11,12, en el que están ganando puestos de poder en las mesas en las que se toman las decisiones de la economía política mundial12,13 (la industria alimentaria no es una excepción!).
Pero el papel de una vanguardia es provocar e iniciar una fermentación14,15,16. No podemos caer en la trampa de creer que alguien más va a actuar por nosotros contra estas cosas que están sucediendo impunemente ante nuestros ojos; tenemos que ponernos en marcha15. Una revisión estratégica de nuestras acciones requiere nada menos que un cambio crítico en nuestra forma de pensar y, si a estas alturas no se ha producido ese cambio en la mente de las activistas, quizá tengamos que centrarnos en ello como primera prioridad. (Recordemos: Divididos mendigamos, unidos exigimos). Este es un llamamiento a ayudar a crear una nueva política para luchar contra las determinantes comerciales ilegítimas de, ambas, la salud y de la nutrición.
Si (como debiésemos) optamos por adoptar un enfoque basado en los derechos humanos para abordar las determinantes comerciales de la desnutrición, la única forma que tenemos de impulsar en última instancia un cambio institucional y estructural significativo es "entrar" en espacios tradicionalmente cerrados o en los que no se nos invita. Así pues, debemos plantearnos la mejor manera de seguir desafiando la acogedora y demasiado estrecha relación entre la industria y los gobiernos, así como entre las empresas y los organismos de la ONU. En este esfuerzo, si ponemos la vara demasiado baja para nuestros objetivos políticos y de derechos humanos, lo que prevalecerá serán resultados y logros mediocres, es decir, acciones bienintencionadas y desinteresadas que parecen intuitivamente loables, pero que tendrán un impacto insignificante.
Poner la reducción de la disparidad (no la reducción de la pobreza… ) al interior de los países y entre ellos, así como el respeto de los derechos humanos en primera línea de batalla contra las determinantes comerciales es fundamental. Al mismo tiempo, hay que evitar aceptar acríticamente más paquetes técnicos de soluciones rápidas supuestamente "innovadoras" que los guardianes del paradigma neoliberal presentan tan hábilmente cada vez que se sienten amenazados (por ejemplo, el "lavado verde" que vemos en el campo de la energía renovable)17.
Además, no debemos operar con una lógica de ganar o perder, porque de lo que se trata es más bien de empezar dando una señal clara; un gesto que transmita la incitación a luchar contra el abrumador proyecto neoliberal que hay detrás de estas determinantes; una señal de que la resistencia popular puede y va a vencer a las fuerzas corporativas. Sólo una resistencia así dará salida al grito de dignidad de la gente; y para acercarse un paso más a la democracia verdadera/directa y, si es necesario, a las calles.
Las activistas que se enfrentan y condenan estas determinantes comerciales son en realidad, en última instancia, defensoras de los derechos a la salud y a la alimentación.
Para poner una nota positiva, cada vez hay más activistas que dedican gran parte de su tiempo a la lucha por los derechos humanos y la justicia social (pero no lo suficiente, sin embargo, a oponerse a las determinantes comerciales de la desnutrición). Así pues, el panorama no es sombrío. En efecto, las activistas de derechos humanos pueden sacar a relucir y utilizar las muchas ‘armas de los débiles’ que, contra todo pronóstico, pueden contribuir a recalibrar las desigualdades estructurales.
Si las activistas de derechos humanos se limitan a comportarse en forma rebelde sin un plan, lo más probable es que sus acciones se vuelvan ineficaces y pierdan el respeto. Las activistas deben volverse desafiantes con un propósito y una dirección, con valor moral y un buen liderazgo. La perseverancia por sí sola no garantiza resultados.
A veces, como en el caso de les autores de este artículo, uno siente que todo lo que hacemos no llega a mucho. Todos tenemos que estar preparados para hacer frente a este sentimiento. El reto al que nos enfrentamos como activistas es ayudar a arrastrar a los posibles demandantes desde donde están hasta donde aún no han conseguido llegar por su propio esfuerzo o voluntad. No sólo debemos ser organizadores, sino persuasores permanentes, y esto no es fácil. No olvidemos nunca que es posible tener la razón y aun así sufrir una derrota. ("Merece la pena probar lo que se ha llamado ‘festivales del fracaso", donde todo el mundo comparte los fracasos; esto adormece parte del dolor y nos ayuda a tener nuevas ideas).
Para tener éxito, las activistas de derechos humanos deben plantear demandas concretas y efectivas a los titulares (detentores) de obligaciones. (Por demandas efectivas no sólo se entiende la presentación de demandas ante los titulares de obligaciones pertinentes, sino que también consisten en que los titulares de derechos muestren su disposición a invertir los recursos que poseen cuando necesario).
Sí, el liderazgo de las activistas es necesario, pero también lo es la rendición de cuentas
Exigir responsabilidades es la piedra angular del éxito. Para que todo funcione, necesitamos establecer puntos de referencia anuales y plurianuales para la realización progresiva de los derechos humanos y, en nuestro caso, para el derecho a la salud y la alimentación.
Los puntos de referencia establecidos para revertir las determinantes comerciales deben, por tanto, ser supervisadas (vigiladas) por organizaciones de activistas de derechos humanos y/o de salud y nutrición. En última instancia, es este mecanismo el que dará resultados. Es posible que se necesiten expertos para establecer estos puntos de referencia de cara al futuro. La experiencia es importante, pero cuando se trata de trazar el futuro, la participación de la comunidad, especialmente en la supervisión, es en última instancia mucho más eficaz y necesaria y esto es posible y necesario en el caso de la comida chatarra.
El derecho a la salud y a la alimentación no se pueden realizar de un año para el otro. Por ello se necesitan planes progresivos a largo plazo (¿10 años?) con bechmarks de donde deben haber avanzado año a año.
Resulta tentador afirmar que el sistema de la ONU debería considerarse como el principal agente de rendición de cuentas cuando falla la aplicación nacional del derecho a la salud y el derecho a la alimentación. Pero, ¿es efectivamente la ONU el agente indicado para esto? Visto desde otro ángulo, se supone que los tribunales mundiales y regionales de derechos humanos son el último recurso en estos casos. Pero, ¿lo son? Hasta ahora, no han funcionado nada bien18,19.
Y luego tenemos a los intelectuales… La mayoría de sus escritos sobre derechos humanos tratan sobre cómo otras personas podrían/deberían hacer cosas por los demandantes, no tanto sobre cómo ayudarles a actuar en su propio nombre. En este último caso, lo que en última instancia convence a los demandantes no es la lógica, sino las "emociones racionalmente respaldadas"; de ahí la importancia de abordar la psicología de masas en el trabajo de las activistas. Cuando actuamos en-nombre-de los demandantes, corremos el riesgo de restarles poder en lugar de animarlos a hablar por sí mismos.
En el trabajo de las activistas con los titulares de obligaciones, la clave está en preguntarles:
a) ¿Quién debe obtener qué bienes y servicios?
b) ¿Quién debe proporcionarlos?
c) ¿Cómo?
d) ¿Con qué recursos?
e) ¿Hay algo que les motive a cambiar lo que es un problema (en nuestro caso, las entidades comerciales de la alimentación)?
f) ¿Qué les mantendrá en el buen camino? y,
g) ¿Quién debe rendir cuentas, de qué, de qué manera y con que frecuencia?
Los derechos humanos no han perdido ni su importancia ni su centralidad como marco para las reformas necesarias. De hecho, el movimiento de derechos humanos surgió cuando el socialismo dejó de ser una causa por la que luchar en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Esta es la razón por la que hay que prestar más atención al simple hecho de que muchas personas no conocen sus derechos —o, puede que los conozcan, pero sólo de forma abstracta; puede que no sepan cómo hacer uso de estos derechos realmente.
Para empezar, un trabajo eficaz en materia de derechos humanos requerirá una campaña masiva de aprendizaje sobre los derechos humanos. Los participantes no sólo tienen que aprender a comprender mejor, sino también a enfrentarse a los límites del discurso político actual. Esa formación debe sensibilizarles sobre la necesidad de exigir cambios en lo que ven que ocurre en el sector de la salud y la nutrición. Y este aprendizaje deben llevarlo a cabo, en última instancia, los movimientos de masas.
Ayer como hoy, sigue abierta la cuestión de hasta qué punto los distintos grupos sociales pueden unirse en la lucha contra un Capitalismo cada vez más despiadado, con sus características comerciales, neocoloniales y patriarcales.
¿Es la alternativa participar en actos de desobediencia para decir no al poder de las entidades comerciales?
Efectivamente, nuestro trabajo nos enfrentará a dilemas morales si aplicamos medios inciviles para conseguir resultados cívicos/de derechos humanos. Los enfrentamientos con la autoridad y con el sector privado pueden adoptar muchas formas e iniciativas, utilizando las armas de aquellos que-no-son-ya-débiles. En nuestra lucha con ellos, pasemos siempre de un diálogo político centrado en la salud y la nutrición con enemigos políticos estratégicos a una crítica estructural que indique cómo es el sistema el responsable de que los intereses comerciales incidan en la salud.
En resumidas cuentas, lo que se necesita es liberar y movilizar el contrapoder de los demandantes para lograr un cambio estructural positivo. No existe un único enfoque para superar el dominio del sistema corporativo. Implicará la creación de coaliciones, la articulación de una visión compartida ambiciosa, el uso estratégico de procesos institucionales a varios niveles, la movilización social entre personas con ideas afines y quizás inusuales, campañas organizadas con líderes políticos claros (incluyendo parlamentarios) y un marco convincente de las cuestiones políticas en juego.
Los movimientos sociales que hoy toman tantas buenas iniciativas, que salen a la calle para luchar por sus reivindicaciones de justicia social, económica y medioambiental, también deben aprender a organizarse a nivel local, nacional, regional y mundial.20. Sin organización, sin estructura, nada podrá cambiar en forma sostenible. La transición puede empezar en tu calle, pero no servirá de nada sin el fomento simultáneo de un enfoque nacional y global: una hoja de ruta. Los movimientos sociales son débiles en parte por su falta de coordinación y porque se centran en protestar y dan menos importancia a la planificación táctica, a una estrategia concreta.
Ojo: La apatía puede convertir nuestro trabajo en estancamiento
Necesitamos transformar la apatía en activismo y consolidar contratos sociales negociados entre las personas (como titulares de derechos) y los responsables de la toma de decisiones (como titulares de obligaciones) a todos los niveles. Han surgido muchos movimientos monotemáticos a escala nacional e internacional, pero rara vez se ven a sí mismos como un movimiento unificado. Las activistas de derechos humanos apenas han empezado a explorar y establecer formas de entrelazar planteamientos teóricos y prácticos en una lucha más amplia por el cambio social y político.
Los movimientos sociales deben empezar a construir juntos, planteando visiones nuevas y audaces para el futuro, visiones que presenten vías creíbles para salir de estas crisis (sobre todo para contrarrestar la determinación comercial de la salud) y, lo que es más importante, deben empezar a comprometerse con los partidos políticos progresistas para intentar aumentar el contrapoder.
Por último, debemos luchar contra las fuerzas del conformismo que nos mantienen divididos. Para mantenernos protegidos, simplemente tenemos que exigirnos más a nosotros mismos. Tener éxito en este loable empeño es un imperativo moral. Hay demasiado en juego, y el tiempo es demasiado corto para conformarse con menos.
Agradecimientos: En su primera versión, se suponía que este artículo se presentaría en la Conferencia de la Asociación Mundial de Salud Pública y Nutrición (WPHNA) en Brisbane a finales de marzo de 2020; la conferencia nunca tuvo lugar...
Escrito en colaboración con Ángela Carriedo.
Referencias
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2 Kickbusch I, Allen L, Franz C. The commercial determinants of health. Lancet Glob Health 2016; 4.
3 Labonté R. Purveyors of the Commercial Determinants of Health Have No Place at Any Policy Table; Comment on “Towards Preventing and Managing Conflict of Interest in Nutrition Policy? An Analysis of Submissions to a Consultation on a Draft WHO Tool”. International Journal of Health Policy and Management 2020.
4 WHO. Closing the gap in a generation: health equity through action on the social determinants of health - Final report of the commission on social determinants of health. 2008.
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6 Williams CR, Kestenbaum JG, Meier BM. Populist nationalism threatens health and human rights in the COVID-19 response. American Public Health Association; 2020. p. 1766-8.
7 Fleetwood J. Social justice, food loss, and the sustainable development goals in the era of COVID-19. Sustainability 2020; 12(12): 5027.
8 Mialon, M., & Pinsky, I. (2022). Food industry responding to the COVID-19 pandemic in Brazil: public health or public relations?. World Nutrition, 13(1), 2-75.
9 Kickbusch I. Addressing the commercial determinants is critical to emerging economies. Ciência & Saúde Coletiva. 2015; 20(4).
10 Michéle L, Prato S, Patti R, Valente FL. When the SUN casts a shadow. The human risks of multi-stakeholder parterships: the case of Scaling up Nutrition (SUN): FIAN, 2019.
11 Canfield M, Anderson MD, McMichael P. UN Food Systems Summit 2021: Dismantling Democracy and Resetting Corporate Control of Food Systems. Frontiers in Sustainable Food Systems 2021; 5: 103.
12 Mele V, Anderfuhren‐Biget S, Varone F. Conflicts of interest in international organizations: Evidence from two United Nations humanitarian agencies. Public Administration 2016; 94(2): 490-508.
13 Sethi SP, Schepers DH. United Nations global compact: The promise–performance gap. Journal of Business Ethics 2014; 122(2): 193-208.
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15 Schuftan C. Actions and activism in fostering genuine grassroots participation in health and nutrition. World Nutrition 2019; 10(4): 147-51.
16 Schuftan C. Activism, profession, compassion and political solidarity. Human Rights Reader Nr 85, . Human Rights Reader 2023.
17 de Freitas Netto SV, Sobral MFF, Ribeiro ARB, Soares GRdL. Concepts and forms of greenwashing: a systematic review. Environmental Sciences Europe 2020; 32(1): 19.
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19 Yoshida K, Setzer J. The trends and challenges of climate change litigation and human rights. European Human Rights Law Review 2020; 2020(2): 140-52.
20 La Via Campesina. 2022.