La cultura popular ha estereotipado a los poetas como personas propensas a la depresión, o casi inmersas en un vicio quejumbroso de sufrimiento. Esta relación entre la creatividad y la tristeza la hemos escuchado desde hace mucho tiempo, los trabajos de Aristóteles mencionaban ya a las personas de la bilis negra, también conocida como melankholía. Se creía que los filósofos, escritores y artistas producían una cantidad mayor a la normalidad de esa bilis que afectaba los humores, haciéndolos más propensos a la tristeza y provocando la necesidad de hacerse preguntas, de externar las dolencias o de crear.

Con el paso del tiempo, esta relación se ha alimentado de estudios que la respaldan, sugiriendo que escritores, artistas y otros creativos tienen una mayor probabilidad de experimentar enfermedades mentales y que las personas con ciertas enfermedades mentales tienden a mostrar una leve tendencia hacia la creatividad.

El «efecto Sylvia Plath» es una teoría desarrollada por el psicólogo James C. Kaufman, un investigador del factor creativo y cognitivo, que explora la interconexión entre la creatividad, la depresión y el suicidio. Este fenómeno toma su nombre de la trágica vida y muerte de Sylvia Plath, un referente que impulsó a Kaufman a investigar la prevalencia de problemas de salud mental entre escritores y otras mentes creativas.

Kaufman condujo dos estudios que respaldaron la idea de que las poetas eran más propensas a padecer enfermedades mentales y a fallecer prematuramente, muchas veces a causa del suicidio. A pesar de las críticas que surgieron en torno a su teoría, un estudio realizado en 1994 por el Departamento de Psiquiatría del University of Kentucky Medical Centre corroboró esta aproximación. Aunque los resultados sostienen más la idea de que las mujeres son más vulnerables a la depresión, sin ninguna relación con la creatividad.

Las investigaciones de Kaufman llamaron la atención de los medios de comunicación, quienes compartieron opiniones acerca de las posibles causas del «efecto Sylvia Plath». Esto resultó en la publicación de numerosos artículos en medios como The New York Times y CNN, aunque también desencadenó una serie de malentendidos acerca de sus hallazgos. Muchos interpretaron erróneamente que todas las escritoras y poetas padecían enfermedades mentales o que todos los poetas, escritores o creativos eran propensos a desarrollar trastornos mentales.

Con el tiempo, Kaufman, mientras continuaba sus estudios sobre la creatividad, comenzó a separarse de sus propuestas del «efecto Sylvia Plath». Concluyó que sus hipótesis habían sido apresuradas y que no había suficiente información para comprobarlas.

Por otro lado, esta propuesta había hecho ya suficiente ruido como para poner en marcha otras investigaciones relacionadas, en las que no solo sostuvieron la depresión en mujeres, luego en mujeres creativas, sino que corroboraron en el propio trabajo de Kaufman respecto a que eran específicamente las poetas quienes se encontraban más vulnerables a sufrir trastornos mentales y depresión. Este estudio había analizado a un total de 1629 escritores en busca de evidencia de enfermedad mental, en el que las mujeres poetas resaltaron de las otras escritoras y escritores. Posteriormente, se reforzó este estudio agregando otras 520 mujeres escritoras en diversos géneros, y el resultado fue el mismo, las escritoras de poesía estaban significativamente por encima de las otras en la exposición a enfermedades mentales, que no únicamente engloban la depresión y las psicopatologías, sino también ataques de ansiedad, ansiedad generalizada, abuso de sustancias y trastornos alimenticios.1

Aunque Kaufman ha buscado resignificar sus propuestas iniciales, sostiene que hay una base de verdad en esta relación comprobada. No obstante, enfatiza la necesidad de un enfoque más responsable y completo al interpretarla. Posteriormente, el psicólogo ha sugerido la idea de que la escritura creativa podría ser una muleta vital, y haber prolongado la vida de Sylvia Plath más allá de lo que habría vivido de otro modo, en lugar de considerar las experiencias trágicas como un requisito inevitable de la creatividad.

Separar la melancolía personal de la creación en un sentido causal podría permitirnos ver de manera más optimista el proceso creativo. Es importante reconocer la complejidad de la historia de Sylvia Plath, al igual que la importancia de entender las narrativas de personas marginadas o disidentes. Es probable que encontremos un patrón de dificultades y dolor en grupos menos privilegiados social y económicamente, pero debemos responsabilizar a otros factores, mientras que la poesía nos sigue manteniendo vivos un poco más de tiempo.

Nota

1 Kaufman, J. C. (2011). The Sylvia Plath effect: Mental illness in eminent creative writers. The Journal of Creative Behavior. 35 (1): 37–50.