Es evidente que el futuro no se puede predecir. Sin embargo, trazar un proyecto de futuro ayuda a fijar un rumbo y a gobernar mejor. Saber dónde ir, convenir con la ciudadanía qué priorizar consigue mejores resultados para todos. En medio de transformaciones tremendas y un mundo en aceleración tecnológica, la tarea es cada vez más difícil. Concebir escenarios posibles y trazar una estrategia compartida exige mucho más conocimiento de la situación global y mayor investigación y reflexión colectiva entre nosotros. Debemos hacerlo mejor para detectar oportunidades y conjurar riesgos.
1. Hoy estamos tan distantes de 2050 como del año 2000
Todo lo que anticipamos a comienzos del siglo para encaminar nuestros pasos en los años siguientes quedó corto, o fuimos incapaces de atisbar con mayor claridad lo que venía. Y a medida que fuimos avanzando, tampoco avistamos bien para ir enderezando el timón. Cierto, jamás nos habríamos imaginado lo que vivimos hasta hoy. En tecnología aún no existía un teléfono inteligente; el primer iPhone salió al mercado en 2007. No me imaginé que podríamos hablar por un reloj a un amigo que está en Japón. Menos conversar con ChatGPT y pedirle que me traduzca un artículo, que me redacte un texto sobre un tema histórico o presente y que prepare un diagnóstico sobre una enfermedad.
Tampoco me imaginé, cuando era ministro de educación, que de los 250,000 niños que nacían cada año nos haríamos ahora 150,000 y serían tal vez menos si se revierte esta tendencia. Nunca previmos que tendríamos una crisis venezolana con más de 8 millones de inmigrantes y el efecto consiguiente en Chile, o una pandemia global y sus consecuencias económicas y el avance del teletrabajo. ¿Para qué hablar de un estallido social y haber fracasado dos veces en acordar una nueva Constitución?
Sin embargo, estoy seguro de que si hubiéramos desarrollado una capacidad de atender las señales débiles y levantar la mirada, habríamos accionado antes. Y ese lapso de tiempo, aunque sea de pocos años, podría haber hecho una diferencia. La disputa política de corto plazo y la alternancia cada 4 años conspiran contra el éxito y nublan la vista del futuro en ciernes. Debemos conformar equipos de estudio y espacios de diálogo permanentes para concordar algunos ejes estratégicos que den estabilidad y se prosigan a través de varios gobiernos.
2. ¿Qué podemos esperar para los próximos 25 años?
Sabemos algo menor de lo que podría acontecer hacia 2050. Es probable que acontezcan algunas tendencias y hechos como los siguientes:
Se cerrarán escuelas por la disminución de la natalidad; las universidades cambiarán programas, deberán expandir la educación para toda la vida y formar profesores capaces de educar alumnos en inteligencia artificial. Los datos entregados por OCDE-PISA 2025 muestran una persistente caída en lectura y matemáticas.
Habrá miles de robots y deberemos aprender a enfrentar un desempleo y preparar a todos para adaptarse y reconvertirse, a vivir una nueva relación hombre-máquina, a reformas tributarias para cobrar impuestos a los robots y a los aumentos de productividad para pagar pensiones y capacitación.
El cambio climático podrá hacer desaparecer playas, cambiar cultivos, aluviones en el norte, incendios de bosques en el sur, migraciones. Debemos rediseñar los planes de infraestructura.
La pugna geopolítica podría limitar nuestras exportaciones; se cortarían líneas de abastecimiento y descubriríamos la falta de producción nacional de artículos indispensables para vivir. ¿Deberíamos garantizar abastecimientos esenciales y cómo?
La expansión de organizaciones criminales que usan las más avanzadas tecnologías seguiría invadiéndonos. Debemos mantener la delantera tecnológica, policial, de inteligencia y de coordinación internacional eficaz.
Los nuevos modelos de IA podrían amenazar a la democracia y manipularnos; el miedo y la inseguridad alimentaria son los riesgos de autoritarismo. ¿Cómo regular y restablecer la seguridad personal?
Veríamos la articulación entre inteligencia artificial y biotecnología en el desarrollo de cambios genéticos, los progresos en medicinas y los riesgos como la creación de patógenos letales o la ampliación de las capacidades de nuestros cerebros conectados con IA y chips.
Algunos avizoran transformaciones más profundas:
guerra en el espacio con alteraciones graves al funcionamiento de los sistemas de vida en la Tierra.
fusión nuclear con una revolución energética.
la llamada singularidad con la creación de agentes y humanoides con capacidad superior a la inteligencia humana.
reemplazo acelerado de humanos por robots.
alargamiento de la vida, interfaces humano-máquina.
inicio de la computación cuántica.
Los cambios que acontecerán en los próximos 25 años serán tanto o más impactantes al punto de cuestionar al propio ser humano, su evolución, comportamientos y nuestras formas de relacionarnos. La supervivencia en el planeta podría exigir cambios de vida, organización y otra relación con la naturaleza.
3. ¿Y cómo acordar una estrategia para 2050?
A pesar de la incertidumbre, contamos con algunos consensos para trazar prioridades de una estrategia de largo plazo. Chile se encuentra ante una oportunidad única para entrar a una nueva etapa de desarrollo tecnológico y de bienestar, con inclusión social y sustentabilidad ambiental.
Contamos con recursos naturales y capacidades humanas con educación superior que no existían hace una década. Es imperiosa la descarbonización del planeta y ella exige recursos que Chile posee y son la palanca para un nuevo salto: el cobre para la electrificación del planeta, el litio para la acumulación de energía, y la energía renovable, especialmente solar, los profesionales para realizar más investigación y emprendimiento.
Abrir camino a actividades como la producción de hidrógeno verde, la desalación de agua de mar, la instalación de centros de datos, que necesitan agua para enfriar y energía verde, y fortalecerán la conectividad digital.
Construir una infraestructura de calidad y nuevas actividades industriales y de servicios. En el campo de la agricultura y la acuicultura podemos generar alimentos, producción forestal y maderas para viviendas, de la astronomía por cielos limpios para el desarrollo científico.
Podemos ejecutar un plan ambicioso de formación de gente capaz de llevar a cabo las nuevas faenas, alcanzar acuerdos amplios entre chilenos y alianzas internacionales con países afines.
Potenciar centros de investigación e incentivos a la excelencia en los sectores prioritarios. Nuestro país puede adquirir un nivel tecnológico superior en investigación e innovación.
Preparar nuestro sistema educacional contra el riesgo de que la IA aplaste la capacidad de pensar, leer, crear y especialmente levantar la educación pública y la formación de profesores.
Estamos distantes de las zonas de conflicto; poseemos un extenso mar donde se puede desarrollar; podemos preservar nuestra naturaleza y diversificar la ocupación poblacional de nuestro territorio.
Fortalecer las relaciones e infraestructura para el Asia-Pacífico y expandir la presencia en la Patagonia y la Antártica.
Proteger nuestra soberanía en una época de intensa pugna geopolítica entre EE.UU. y China, interés por el sur del planeta.
4. ¿Cómo mejorar nuestra capacidad?
La idea de gobernanza anticipatoria se ha extendido y sintetiza la prospectiva y la estrategia. Gobernanza Anticipatoria (Anticipatory Governance) se refiere a la inserción y aplicación de la Prospectiva Estratégica en toda la arquitectura de gobierno, incluyendo análisis de políticas, focalización, decisiones, instituciones, legislación, prácticas, redes para promover una cultura de futuro en las estructuras del Estado.
Se trata de un ejercicio que promueve debates nacionales que amplíen el conocimiento ciudadano de los dilemas y que faciliten los entendimientos. Esta estructura nueva del Estado debe asegurar una interacción política fluida entre Ejecutivo y Parlamento, una coordinación ágil con regiones y más intensa con el sector privado, que perduren en el tiempo y den estabilidad.
Los países desarrollados han continuado fortaleciendo sus análisis de posibles escenarios futuros para discernir mejor cuáles son las oportunidades y riesgos que emergerán. Los casos de mayor interés que hemos estudiado para diseñar una nueva institucionalidad pública son los de la Unión Europea, Finlandia, Singapur, Francia, España, Canadá y EE. UU. Todos se proponen mejorar la coordinación interna del gobierno y operar en red con los demás equipos e instituciones. El próximo noviembre la UE está lanzando su estrategia 2040 y estudia cómo cambiar la estructura productiva con base en una nueva política de defensa. Es lamentable que la guerra sea la palanca que mueva la carrera económica y tecnológica.
Nosotros debemos luchar para que prevalezcan la democracia y la paz y afianzar las alianzas en América Latina para tener más peso en las decisiones que darán origen al nuevo orden internacional.
5. ¿Qué institucionalidad?
En el caso chileno hemos propuesto una nueva institucionalidad en el Estado para pensar el largo plazo. En democracia se requiere una capacidad nacional y una institucionalidad del Estado para mirar lejos. La coyuntura política absorbe gran parte de las energías de un gobierno. Entonces debemos tener una capacidad eficiente de actuar en el corto plazo y paralelamente un ojo que mire lejos. Hoy no la tenemos.
Por encargo de la Comisión de Futuro del Senado en 2023 se constituyó una mesa de trabajo que durante un año estudió la experiencia nacional y la internacional para proponer un proyecto de ley que creara una nueva institucionalidad. Se exploraron las formas institucionales y se optó por un Organismo Público con Autonomía Reforzada, con un Consejo designado con la participación de los poderes Ejecutivo y Legislativo, con patrimonio y recursos propios.
Ejemplos de estas instituciones de autonomía reforzada en Chile son el Consejo para la Transparencia, el Instituto Nacional de Derechos Humanos, el Consejo de Televisión Nacional, todos ellos dirigidos por consejos autónomos. Su dependencia de un ministerio se limita solo a las cuestiones administrativas.
Esta institucionalidad autónoma para pensar largo y no estar sujeta a una obligada sintonía con el gobierno debe al mismo tiempo poseer un vínculo fluido para que sus propuestas, ya convenidas transversalmente, lleguen a los órganos del Ejecutivo, que tienen la potestad política de definir e implementar los elementos de una estrategia que les parecen pertinentes en cada momento del trayecto.
Respecto del vínculo con el gobierno, para transmitir recomendaciones y recibir encargos, se analizaron dos opciones internacionales: Canadá y España. “Canadá Policy Horizons”, principal órgano de Foresight, interactúa con un comité de subsecretarios que lo vincula a las instancias de gobierno. La Oficina de prospectiva y estrategia de España, creada en 2020, depende directamente del gabinete del Presidente del Gobierno. Cada una presenta ventajas y desventajas. La dependencia del Gabinete presidencial otorga a la Agencia o al Consejo la cercanía para incidir sin mediaciones, aunque la expone a la discontinuidad cuando cambia el gobierno. La otra opción, más autónoma, ofrece mayor estabilidad, pero puede estar más expuesta a la marginación.
Finalmente se propuso una “Agencia de futuro estratégico”, que fue respaldada por senadores de izquierda y derecha y fue presentada al gobierno, que tiene la exclusiva responsabilidad de proponer cambios institucionales. Este hizo algunas enmiendas y envió un proyecto de ley al Congreso. Después de los primeros debates, el proyecto fue sometido a la sala de senadores, y en 2025 fue aprobada en el Senado la idea general de legislar, y actualmente se encuentra en la Comisión de Futuro para la discusión en particular.
El proyecto de ley precisa las principales funciones:
Realizar estudios de las tendencias globales de largo plazo y proporcionar análisis de los escenarios de futuro, de riesgos y de oportunidades.
Entregar sus trabajos al Parlamento, a los partidos políticos, a las organizaciones territoriales y a los centros de estudio de universidades, al sector privado, a la sociedad civil y a los grupos interesados, para contribuir a gestar una visión compartida de largo plazo.
Dar cuenta pública al Congreso de las propuestas de estrategia nacional y presentar sugerencias al Ministerio de Hacienda durante la preparación del proyecto de presupuesto fiscal.
Proponer criterios comunes a los ministerios para la mejor coordinación entre ellos. Igualmente, promover unidades de futuro en ministerios y gobernaciones.
Los grandes acuerdos para trazar una estrategia precisa y en permanente adaptación requieren métodos y disciplina de trabajo, consultas y diálogos, desde el poder local hasta el nacional y el multilateral.
6. Sembrar nuevas iniciativas
Otra experiencia valiosa, que no podemos dejar de mencionar, pues a la fecha elabora propuestas consensuadas técnica y políticamente, es la Fundación Encuentros del Futuro y su proyecto Chile 2050. Este último ha logrado comprometer la capacidad de todas las instituciones de educación superior. Presidida por el presidente del Consejo de Rectores y con la presencia de representantes de las principales instituciones públicas, privadas, empresarios y trabajadores, tiene el sustento del Senado y la Cámara de Diputados.
Provee de materiales útiles para profundizar y transformar políticas públicas a las autoridades pertinentes y abre debates ciudadanos sobre los temas prioritarios para difundir y recoger los aportes.
Podremos dar pasos importantes si los políticos y autoridades, y especialmente las nuevas generaciones, son más conscientes de la trascendencia de esta tarea y levantan la mirada traspasando el individualismo y el cortoplacismo. Nuestra sociedad, el mundo y el ser humano nos encontramos en la encrucijada. Tenemos el gran desafío de inventar caminos nuevos con la mente enfocada al bien común.















