Pirrón de Elis es considerado el fundador del escepticismo antiguo1; en las líneas que siguen establezco un diálogo con este pensador a propósito de tres conceptos clave asociados a su pensamiento: ausencia de conocimiento, afasia y ataraxia.

Percibir fenómenos no es conocimiento de la realidad, sino de las apariencias

El conocimiento del ser en sí o de la naturaleza real de las cosas no es posible porque tan solo interactuamos con sensaciones, es decir, con las impresiones sensibles que el ser en sí produce en nuestro aparato perceptivo (fenómenos), pero el ser en sí (cosa en sí) nunca aparece de modo directo. El ser humano, por lo tanto, conoce tan solo lo fenoménico, pero lo fenoménico no es lo real per se. Lo dicho implica que conocer la realidad es un imposible epistemológico; afirmo que la miel es dulce porque así se impresionan los sentidos, pero tal afirmación no dice nada sobre si lo real es dulce o no.

¿Qué decir de la tesis escéptica de Pirrón de Elis sobre el conocimiento? En primer lugar, reconocer la existencia de un problema real, el de determinar si las sensaciones corresponden o no a la realidad tal cual; esto es importante porque exige un proceso de investigación cada vez más sistemático, profundo e integral, susceptible de someterse a la prueba experiencial; en segundo lugar, el escepticismo conduce a una definición del conocer que debe ir más allá de las apariencias. Conocer no es saber de las apariencias, sino aprender aquello que las fundamenta (la realidad per se). Ahora bien, estas conclusiones no fueron las de Pirrón; para él, todo termina en el aparato perceptual humano que tan solo percibe fenómenos aparentes.

La distinción entre el aparecer y lo real como raíz del aparecer fenoménico es clave (esto es lo acertado de Pirrón), porque invita a un discernimiento no fenoménico. Si consideramos como verdadera la tesis de Pirrón, entonces la ciencia (que es conocimiento de la realidad) sería imposible, y los humanos deberíamos conformarnos con percepciones y nada más percepciones; en tal tesitura se debe renunciar a vocablos como verdad, falsedad, error, causas, efectos, sincronías, bondad y maldad, entre otros. Pirrón no consideró la posibilidad de establecer una conexión entre apariencia y cosa en sí; se quedó con el fenómeno y declaró que la cosa en sí es incognoscible.

Suspender el juicio (afasia)

Pirrón de Elis, y con él todo el escepticismo, obtiene de su tesis epistemológica la conclusión adecuada: si el conocimiento de la realidad es imposible porque solo percibimos apariencias de ella, entonces se debe suspender el juicio sobre lo real, no emitir un criterio en torno a la objetividad de lo real, puesto que solo interactuamos con sensaciones y fenómenos.

En ciencias médicas se define la afasia como un trastorno del lenguaje que impide al sujeto comunicarse; se trata, por lo tanto, de la pérdida o deterioro de las capacidades lingüísticas. Esto, y no otra cosa, es lo que sugiere Pirrón, pero en él no se trata de una lesión cerebral que afecta negativamente la expresión del lenguaje, sino más bien de un hecho natural, digamos, antropológico, derivado de la imposibilidad del conocimiento más allá de lo fenoménico. El ser humano debe suspender el juicio sobre la cosa en sí, porque ésta nunca aparece en su aparato perceptivo.

La tesis de Pirrón tiene de meritorio el que invita a la prudencia en la emisión de juicios sobre la realidad; en efecto, el ser humano no debe precipitar sus criterios sobre la naturaleza de lo real hasta tanto no disponga de los datos y hechos correspondientes más allá de lo aparente, no obstante, Pirrón se equivoca al absolutizar la “suspensión de juicio”, es decir, al convertirla en una condición estructural de la gestión del conocimiento; para él la suspensión del juicio no es una elección prudente, sino más bien, el enfoque al que obliga la imposibilidad de conocer la cosa en sí.

Imperturbabilidad (Ataraxia)

Si bien pueden esgrimirse argumentos contrarios al escepticismo de Pirrón de Elis en lo que se refiere a la imposibilidad del conocimiento de la realidad y a la necesidad, por consecuencia, de suspender el juicio, es muy interesante observar que esas dos tesis condujeron a este filósofo a una conclusión cuya validez se ha mantenido vigente y comúnmente aceptada desde aquellos lejanos tiempos.

En efecto, si el conocimiento de lo real no es posible y si es imperativo, por lo tanto, suspender el juicio sobre lo que sea o no la realidad, tal suspensión produce serenidad y dominio de sí mismo por la sencilla razón de que el ser humano no se turba por opiniones y criterios encontrados o divisivos, él sabe que tales opiniones y criterios se originan en una pretensión de realización imposible: poseer el conocimiento sobre lo real y, por lo tanto, no se turba su espíritu. Escribe Sexto, H. p., I, 25-30):

Decimos que el fin del escéptico es la imperturbabilidad en las cosas que se refieren a la opinión y la moderación en las afecciones derivadas de la necesidad…Quien opina que existe algo de bien o de mal por naturaleza, se turba por todo, ya sea cuando no posee lo que considera bien, sea cuando cree que está atormentado por cosas que para él son males por naturaleza, sea cuando persigue los considerados bienes. Y si los obtiene, sufre mayores turbaciones, porque se exalta más allá de toda razón y medida, y, temiendo el cambio, para no perder lo que considera bienes, hace lo imposible. En cambio, quien se halla incierto sobre la naturaleza del bien y del mal, no huye de nada ni persigue con ardor el logro de nada, y por ello se halla libre de turbaciones.

La argumentación escéptica y, por consecuencia, también la de Pirrón de Elis es una clara crítica a los dogmatismos y los fanatismos de cualquier tipo. Tal crítica se sitúa en la línea de la salud corporal, mental y emocional.

Decir que el conocimiento es posible, y que soy yo el que lo tiene, y por lo tanto puedo y debo imponerlo a los demás, constituye un ejemplo de enfoque mental enfermizo, desequilibrado y desequilibrante del espíritu que turba las emociones propias y también las de aquellas personas que interactúan con tal dogmatismo. Conviene recordar, por lo tanto, que el conocimiento se origina en un proceso sistemático, metódico e integral de investigaciones, diálogos y conclusiones, por completo ajeno al dogmatismo y al fanatismo.

La imperturbabilidad de la mente y de las emociones, que Pirrón atribuye a una condición estructural de la existencia humana (ataraxia) derivada de la imposibilidad del conocimiento, es en realidad el resultado de no ser dogmático ni fanático ni sectario. “Mors tua, vita mea”, grita el dogmático (“Tu muerte es mi vida”. Muera todo el que no piense como yo). Nada produce más amargura y turbación al espíritu humano que esta falsa pretensión de conocimiento absoluto, soberbia de la egolatría.

En psicología, la condición de imperturbabilidad (ataraxia) referida por Pirrón de Elis equivale a un estado de ánimo de serenidad, calma mental y gestión prudente del mundo emocional, condiciones originadas en el equilibrio de las energías corporales, mentales y emocionales. La imperturbabilidad, en el sentido de Pirrón y en el de la psicología, no es frialdad frente a los hechos o en relación con otras personas, sino equilibrio en las interacciones individuales y sociales.

Pirrón de Elis, en definitiva, se detiene a medio camino en términos de epistemología, pero ahonda con sentido completo cuando estudia la calma mental y emocional que él deriva de la capacidad para suspender el juicio, y que en las sensibilidades científicas y humanistas contemporáneas se origina en la exigencia de contar con datos, pruebas y hechos suficientes como requisito para emitir juicios.

Estamos en presencia de un pensamiento (el de Pirrón, el de las ciencias contemporáneas y el del humanismo) que estimula en muchos aspectos el estudio y la investigación permanentes.

Notas

1 Escribe Rodolfo Mondolfo en su obra “El pensamiento antiguo: historia de la filosofía grecorromana”, vol. II (1983), pág. 308, lo siguiente: “El escepticismo se desenvuelve en tres fases: 1) la escuela de Pirrón de Elis (360-270), a cuyas doctrinas les dio forma de escritos Timón de Flionte en sus poesías satíricas; 2) la nueva academia, o sea la fase de la escuela platónica que va desde Arcesilao de Pitane (315-241) a Carnéades de Cirene (214-129) y a su discípulo el cartaginés Clitómaco, que expuso por escrito sus doctrinas; 3) los escépticos posteriores o neopirranianos, que desde Enesídemo de Cnosos (siglo I) hasta Agripa y a Sexto Empírico (siglos II y III de. C) desarrollan más acabada y sistemáticamente los motivos del escepticismo.