En esta ocasión, observaciones sobre un anglicismo innecesario, una conjugación mal hecha, consideraciones sobre los apellidos y la frase —esta vez una palabra sola— en latín.

¡¿Cómo que “Con El Chavo, Chespirito logró altísimos ratings”?!

¿Acaso hay quien lo ponga en duda? Se me replicará. No, claro está. Mi subtítulo no cuestiona el índice de audiencia del programa que por décadas sostuvo el cómico Chespirito con su Chavo del 8.

Mi extrañamiento va a que debemos evitar las palabras extranjeras —las inglesas ya pueblan nuestra habla cotidiana— muy en especial cuando la idea que expresamos se puede decir bien en nuestro idioma. Ejemplo supremo: bye.

En el caso que nos ocupa ahora, rating se puede sustituir, como ya aparece en el primer párrafo, o bien por: nivel de audiencia, mediciones de público, índice de popularidad.

Una vez más: el orden actual de nuestro mundo ha vuelto tecnicismos de incontables voces inglesas, pero no es necesario hacer uso de ellas cuando en nuestra lengua existan palabras que suficientemente den cuenta de nuestras ideas.

¿Por qué mencioné a Chespirito? Llegó a este artículo de forma muy curvada… Saltando entre los canales de televisión en busca de lo más interesante, vi a un niño muy chico, de unos 6 años, sentado con su guitarra y hablando de ella: llegó a su poder como regalo de Reyes (ya saben ustedes, en México los Magos de Oriente, esos mismos que fueron a adorar al Niño Dios, reparten regalos a los niños que los esperan henchidos de emoción cada 6 de enero). En otro vistazo, ya el guitarrista tocaba, cantando una de las canciones de Chespirito.

Ojalá que los Magos —pensé— me den también mi regalo: poder abrazar a ese niño algún día; él es cieguito, como —con ternura— les decimos en mi país.

¡¿Cómo está eso de que “Ya no habrá elecciones en Nicaragua”?

Bueno, aquí sí quise decir lo que dice. O, más bien, lo que dijo el azote de Nicaragua, Daniel Ortega, en días pasados, en este julio de 2026, cuando aseveró lo que aparece en letra cursiva. La afirmación se comprende, pues el revolucionario se ha convertido en un dictador, igual o peor que aquel a quien derrocó.

Mi problema con la frase es que se trata de un barbarismo, muy común, por cierto, muy de moda, que consiste en que el verbo conjugado que acompaña a una voz en plural se dice y se escribe igualmente en plural —sin más, sin considerar otros factores determinantes de la conjugación; particularmente, la falla es con el término “habrán”. La formulación conveniente es Ya no habrá elecciones; El mes próximo dejará de haber ayudas (mas no: “dejarán”); etcétera.

¿Que por qué?: Precisamente el espíritu de estos artículos me hace evitar los tecnicismos y entrar en explicaciones académicas.

¡Cómo me gustan los apellidos!

En sí, lo que me gusta son las palabras, al grado de que son uno de los amores de mi vida (Amo tanto las palabras, Juan José Arreola). Mas para los apellidos guardo una inclinación notable. Cuando oigo uno de ellos y me gusta, afino el oído queriendo saber más de él; si lo leo, lo mismo. Estábamos esperando consulta médica cuando llamaron a una persona, Fulana de tal Puebla… entonces comenté que hay muchos apellidos con el nombre de poblaciones actuales o antiguas, y que el que más me ha impresionado es el apellido de un crítico musical: él se llama Roberto Ruiz Guadalajara. Mis entrañables amigos Bernardo y Paulino se apellidan Galicia. Hay personas que llevan esta peculiaridad en el nombre: Italia; un escritor, de aquellos lares, casi lo mismo: Italo Calvino.

Aunque mueva a risa, en serio que es muy probable que otros ámbitos lingüísticos contengan lo correspondiente a su geografía. Así, no tiene por qué no haber Geoffrey Georgetown, Vladimir Vladivostok y muchos por el estilo.

¡Fiat!

Fiat es una voz en latín que significa Hágase. Muchas veces la encontrará entre admiraciones, que se han integrado a la palabra para denotar la determinación plena, el convencimiento con que históricamente fue dicha en cualquiera de las varias ocasiones en que una frase —y una acción— quedaron para siempre concentradas en la inmortal afirmación.

Aquellas veces fueron: en las primeras de cambio, al abrir la Biblia, cuando se nos narra la creación del mundo, sobreviene un momento espectacular en que Dios ordena: Hágase la luz.

Otro acontecimiento fue cuando María recibió la noticia de que la persona divina se formaría como persona humana en ella: Hágase en mí (según tu palabra), respondió.

Cuando Jesús instruyó a sus seguidores sobre qué decir al dirigirse a Dios, al orar, retomó el Fiat: Hágase tu voluntad.

Por último, en la oración emitida por él mismo, dijo también, anteponiendo el mandato de su Padre a lo que él querría: Hágase tu voluntad.

No hay relación de este significado con la marca FIAT, pues ahí es un acrónimo que significa Fábrica Italiana de Automóviles de Turín, aunque desconozco si en su origen se le quiso dar un significado ambivalente.