El verano siempre ha sido la estación de los encuentros, de los sueños y de las emociones que despiertan cuando el corazón dispone de tiempo para escuchar sus propios latidos. Quizá sea el sol que parece brillar con una intensidad especial, quizá el mar, la montaña o los caminos que nos llevan hacia lugares desconocidos. Lo cierto es que el verano nos invita a enamorarnos de una persona, de la vida o incluso de un libro capaz de despertar sentimientos que creíamos dormidos.
Durante las vacaciones dejamos atrás la rutina, los horarios y las obligaciones que marcan el resto del año. Disponemos de más tiempo para pasear sin prisa, contemplar un atardecer, conversar durante horas o descubrir rincones nuevos.
Pasear cerca del mar, escuchando el rumor de las olas, o en la montaña, respirando el aire puro entre los bosques, o visitando ciudades desconocidas, cada viaje nos brinda la oportunidad de conocer personas que pueden cambiar nuestra forma de mirar el mundo.
El verano tiene algo de promesa. La naturaleza se muestra exultante, los días son más largos y la luz parece acariciar cuanto toca. También nuestro corazón anhela renovarse, abrirse a nuevas emociones y dejar espacio a la ilusión.
Los jóvenes encuentran la ocasión perfecta para ampliar su círculo de amistades y descubrir personas que aporten nuevas experiencias y sentimientos. Pero el amor no pertenece únicamente a la juventud. No conoce edades ni calendarios.
También quienes llevan muchos años compartiendo la vida con una misma persona pueden redescubrir el amor. El verano es un magnífico momento para renovar los votos del corazón, dedicar más tiempo a la pareja, disfrutar de aficiones compartidas o crear recuerdos nuevos, a veces basta una sonrisa al despertar, una caricia inesperada, una palabra hermosa o un paseo al atardecer para recordar por qué dos personas decidieron caminar juntas. Y quienes aún no han encontrado a esa persona especial pueden confiar en que la vida siempre guarda encuentros inesperados capaces de escribir una historia hermosa.
Existe, además, una forma maravillosa de enamorarse durante el verano, sin necesidad de hacer las maletas.
Os voy a revelar una fórmula sencilla: busca vuestro rincón favorito de la casa, ya sea una butaca junto a la ventana, un sillón cómodo o una hamaca en la terraza. Dejad que la brisa veraniega acaricie vuestro rostro y preguntad al corazón qué clase de amor desea vivir. ¿Un amor imposible? ¿Un amor que desafía todas las normas? ¿Una historia apasionada con final feliz o una tragedia inolvidable?
Entonces escoged a vuestro mejor compañero de viaje: un buen libro.
Los libros poseen el extraordinario poder de hacernos vivir otras vidas y experimentar emociones tan intensas como si fueran nuestras. Nos permiten amar con personajes inolvidables y recorrer paisajes que quedan siempre en la memoria.
Entre mis novelas preferidas para el verano, ocupa un lugar muy especial La montaña mágica de Thomas Mann. Cada relectura descubre nuevos matices. En ella conocemos al joven Hans Castorp, que llega a un sanatorio de los Alpes suizos para visitar a su primo enfermo, y acaba permaneciendo allí mucho tiempo más del previsto. Es en este escenario de montañas nevadas, silencio y aire puro donde conoce a la misteriosa Madame Claudia Chauchat. El enamoramiento de Hans está descrito con un realismo tan delicado que el lector llega a sentir el temblor del corazón. Un simple saludo de ella basta para alterar su ánimo, hasta el punto de que la emoción parece convertirse en fiebre. Es una historia que nos recuerda la fuerza arrolladora del primer amor.
También merece ser releída Cumbres borrascosas, de Emily Brontë: descubrimos un amor, construido sobre la fidelidad, la dignidad y la esperanza, capaz de permanecer firme, incluso en la enfermedad y la adversidad.
Y cómo no mencionar Orgullo y prejuicio de Jane Austen, donde Elizabeth Bennett y el señor Darcy nos enseñan que el verdadero amor nace cuando aprendemos a vencer nuestros prejuicios.
La edad de la inocencia de Edith Wharton es un retrato magistral de una sociedad que sacrifica los sentimientos por las apariencias.
El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, donde el sueño romántico se mezcla con la nostalgia.
El doctor Zhivago de Boris Pasternak, que une la pasión de Lara y Yuri con el drama de la revolución rusa.
Rayuela de Julio Cortázar, una historia de encuentros y desencuentros, narrada de forma innovadora.
El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez, donde el amor demuestra que puede esperar toda una vida sin perder su intensidad.
Y cómo estás, existen innumerables novelas que este verano pueden hacernos vivir amores apasionados, despertar emociones olvidadas y recordarnos que el corazón nunca deja de aprender a amar. Porque al fin y al cabo enamorarse también es abrir un libro y permitir que sus personajes nos lleven de la mano hacia lugares donde la esperanza siempre encuentra un refugio.
Deseo un feliz verano a todos los que se embarquen en esta maravillosa aventura. Ojalá encontréis un paisaje que os emocione, una persona que os inspire o un libro que os haga soñar.
Porque mientras exista la capacidad de emocionarnos, siempre habrá un verano dispuesto a enamorarnos.















