De Francisco Mendes Moreira (Coimbra, 1979) se insiste en su condición de artista autodidacta, cuando lo importante es su empeño en caminar sin referentes generacionales, buscando soportes, soluciones e imágenes a través de las cuales explica su visión del mundo. Pinta sobre cartones encontrados, sobre manteles, telas y edredones; realiza objetos en papel maché, dialoga con los espacios. Parte de lo cercano y lo mezcla con referencias a una cultura tan amplia y diversa que le permite relacionar a Brueghel, Piero, la pintura clásica, Picasso, el surrealismo, Philip Guston, el cómic, la música tradicional, el blues, Kerouac, Bob Dylan, The Doors, Neil Young, referencias al cine, a pasajes, versos o títulos de canciones.
Directa y a la vez misteriosa, su obra provoca una fuerte inquietud inicial, que nos hace preguntarnos ¿de dónde sale un artista tan poco convencional, tan libre? Sin duda, de la necesidad de expresarse. Trabaja a procura do que suceda, parte de algo que sitúa en el soporte y la pintura le sugiere por dónde seguir. Nada es homogéneo ni rígido, todo surge y se decide en el proceso. La pintura avanza en capas y se define en el diálogo entre personajes, formas y acción. Y existe algo turbador con la escala, o en la manera de llevar los colores hacia los grises... Cosas que suceden cuando la pintura es libre, visceral, y comparte humor y rigor.
En los cuadros llaman la atención los juegos de espejos, de miradas, de direcciones, la presencia de máscaras. Los cuerpos tienen a veces una articulación casi mecánica; cada personaje es independiente en lo formal, pero la escena está integrada, es uniforme y dinámica; al final, las obras se relacionan y se crea una especie de historia narrativa, en otra invención añadida.
(Texto por Miguel Fernández-Cid y Pilar Souto Soto, comisarios de la exposición)













