La muerte del Dr. Juan Jaramillo Antillón, colaborador y escritor de esta publicación, Meer en español, deja un vacío enorme, cultural y humanista en estas páginas, pero especialmente en la cultura nacional, en la medicina y la seguridad social costarricense.

Nació hace 91 años, cuando en Costa Rica no se había fundado la Caja Costarricense del Seguro Social, cuando apenas tenía cuatro años de haberse creado el Ministerio de Salubridad Pública, y cuando la expectativa de vida de los costarricenses apenas rondaba los 40 años.

Su niñez y adolescencia le ubicaron en los acontecimientos bélicos terribles de las décadas de 1930 y 1940, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, en el impacto que ambos eventos tuvieron en el país, y en las dificultades políticas e institucionales que se dieron en el país, al calor de esos sucesos.

Con el ascenso al gobierno del Dr. Rafael Angel Calderón Guardia en 1940, en plena guerra mundial, se creó la Universidad de Costa Rica, sin Facultad ni estudios de Medicina en esos años, y se creó la Caja Costarricense del Seguro Social, que inició la protección masiva en el campo de la salud de los costarricenses, permitiendo la atención médica de los trabajadores, inicialmente, y luego de sus familiares hasta su universalización.

El joven, entonces Juan Jaramillo Antillón, con deseos de estudiar medicina, estaba a la expectativa de lo que se ofrecía a estudiantes costarricenses en aquellos años: en Nicaragua, en El Salvador, en Guatemala; algunos lo hacían hacia Argentina, otros hacia México, Estados Unidos y los que mayor capacidad económica tenían, hacia Europa. Las becas que daba el Estado en esos años fueron escasas. Así, dispuesto a formarse como médico, se dirigió a la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, donde concluyó sus estudios con los máximos honores en 1959. En esos años, la Universidad de Costa Rica apenas vislumbraba esos estudios, cosa que era una exigencia nacional en cuanto se habían establecido los seguros sociales y se demandaba una formación importante de médicos.

La Escuela de Medicina se instituyó el 25 de agosto de 1947, cuando el Congreso de la República así lo dispuso, pero su apertura quedó sujeta hasta que el Colegio de Médicos así lo estimara necesario y conveniente. Así, la Asamblea Universitaria durante ocho años, desde 1953 hasta el 6 de marzo de 1961, le dio forma y contenido al plan de estudios de la Escuela y Facultad de Medicina, inaugurándose en 1961 para sus primeros estudiantes, graduándose su primera promoción en 1965.

A partir de allí le siguieron sus pasos la Escuela de Enfermería en 1977, anexa a la Escuela de Medicina. Más tarde, en 1980, la Carrera de Nutrición se constituye en Escuela de Nutrición, para que finalmente, en 1996, se cree la Escuela de Salud Pública y, en 2004, la Escuela de Tecnologías en Salud, completando las unidades académicas encargadas de la formación de profesionales y especialistas en estas disciplinas. Su hermano, Orlando, también estudió medicina y fue el sexto decano de la Facultad de Medicina.

A su regreso de México, el Dr. Juan Jaramillo hizo su residencia médica en los hospitales de la Caja Costarricense del Seguro Social. La medicina como ejercicio privado era muy reducida. No se habían constituido escuelas de medicina privadas ni desarrollado hospitales privados, excepto la Clínica Bíblica en 1929.

En 1963 obtuvo el Dr. Jaramillo su título de especialista en cirugía general. Siguió estudiando y profundizando en el campo de la medicina y volvió a México, donde obtuvo, en el Centro Médico Nacional del Seguro Social, en el Distrito Federal, en 1966, el postgrado en gastroenterología quirúrgica y proctología.

De nuevo en Costa Rica, se integró a la Caja Costarricense del Seguro Social y en 1970, por dos años, se desempeñó como jefe de la Clínica de Cirugía General del Hospital México, entonces uno de los hospitales más modernos que funcionaban en el país.

A partir de esos años, una brillante carrera en el campo de la medicina lo llevó a la Jefatura del Servicio y de la Sección de Cirugía del Hospital Rafael Calderón Guardia del Seguro Social de Costa Rica de 1973 a 1998 y a ser profesor de la Cátedra de Cirugía de la Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica, a la cual estuvo ligado durante 33 años.

En este caminar fue profesor instructor, profesor asociado y finalmente catedrático de medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica.

Su ejercicio profesoral hizo que varias generaciones de médicos le dedicaran su graduación, siendo hasta 1990 el que más reconocimientos en este sentido había tenido.

En 1993, la Facultad de Medicina le distinguió reconociéndole su destacada labor en la difusión de los valores institucionales, declarándole también en 1996 profesor emérito de la Universidad de Costa Rica. El cuerpo médico nacional en siete ocasiones le dedicó la celebración de los congresos médicos nacionales de Costa Rica y de Centroamérica.

Durante el período de gobierno de Luis Alberto Monge Álvarez, 1982-1986, fue ministro de Salud. Su vida profesional fue reconocida por la Academia Nacional de Medicina y Cirugía de Costa Rica. Ha sido declarado Miembro de Honor de la Unión Médica Nacional, el sindicato de los médicos, de la Asociación Nacional de Salud Pública de Costa Rica, de la Asociación de Cirugía y de la Asociación de Coloproctología de Costa Rica, de la Academia Nacional de Medicina y de la Academia Nacional de Historia de la Medicina de Costa Rica. Sus reconocimientos le han dado 42 premios y honores. El gobierno del Dr. Miguel Ángel Rodríguez, en el año 2002, lo declaró Médico distinguido de Costa Rica.

El Colegio de Médicos de Costa Rica en su Memoria, de 150 años de existencia de dicho Colegio, lo declaró unos de los 35 médicos más destacados que ha tenido el país en ese tiempo de su existencia. También el Gobierno de Costa Rica, el Ministerio de Salud y la Ministra de Salud le concedieron la Medalla al Mérito Salubrista Dr. Solón Núñez Frutos en el año 2010.

La International Health Medical Consortium, constituida por las principales Escuelas de Medicina de los Estados Unidos y Canadá, le concedió el Distinguished Health Medical Consortium por sus trabajos y publicaciones para mejorar la calidad de la enseñanza de la Medicina en Costa Rica y América Latina, con las cuales se ha distiguido como un gran historiador de la medicina y la seguridad social nacional, y como un gran humanista por la divulgación de sus artículos sobre temas universales.

Recibió el Diploma de Notable, dado por el Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica, por méritos en el campo de la docencia, la ética, la moral, la investigación científica y como pionero en la educación médica continua.

En 1994. Recibió el Premio Áncora en Ciencias. Concedido por el periódico La Nación, de Costa Rica. Igualmente recibió los Premios Nacionales Aquileo J. Echeverría, en el campo del ensayo, y el Premio Nacional de Cultura MAGON, ambos dados por el Ministerio de Cultura de Costa Rica, siendo el Premio MAGON la más alta distinción que se le hace a una persona en Costa Rica, que destaca por su obra y su aporte a la cultura nacional.

Su obra bibliográfica comprende 35 libros en las editoriales de la Universidad de Costa Rica. La Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica, la Editorial del Seguro Social de Costa Rica y la Editorial Académica Española, donde aborda distintos temas de medicina, salud, ciencias, filosofía, biografías, historia universal, antropología y cultura.

Su obra comprende también 37 folletos sobre medicina, salud y seguridad social y más de 80 artículos científicos en revistas nacionales o internacionales, así como casi 300 artículos divulgados en los periódicos costarricenses La Prensa Libre, La Nación y en la revista internacional Meer.

Tuvo una intensa participación en 130 congresos médicos, de salud o de seguridad social. Nacionales o internacionales, como ponente, expositor de trabajos o conferencista.

Quienes tuvimos oportunidad de tratarlo siempre encontramos en él a la buena persona, al gran científico y humanista que fue, al hombre bondadoso, sencillo, afable, solidario, preocupado por los problemas sociales y universales, al buscador permanente de la Verdad.

Su reciente fallecimiento ha dejado un gran vacío emocional en quienes lo trataron, cultivaron su amistad y le siguieron devotamente como fanáticos culturales de sus escritos y pensamientos.

Para la sociedad costarricense fue la pérdida de una mente brillante, de un ser humano extraordinario y excepcional, de una luz que no dejará de brillar, de esa persona que siempre vivirá en nuestro pensamiento y en nuestros corazones.

Se le recordará también como el hombre sabio, culto, de una curiosidad ilimitada e insaciable y por su entrega devota al servicio de la salud pública. Físicamente lo extrañaremos, pero su huella y su condición de humanista son indelebles. Nos dejó su legado; parte de él ocupa su espacio en la Nueva Gran Biblioteca de Alejandría desde el 2002 y la publicación Who’s Who in the World. 2003. 20 Editions.

La cultura costarricense perdió físicamente a uno de sus mejores intelectuales, hombre de ciencias, humanista, una gran persona y gran costarricense.