La historia nos permite conocer el resultado del esfuerzo de los diversos grupos humanos para progresar en sus vidas individuales y sociales. La historia trata, entonces, sobre la vida humana y las diversas formas y manifestaciones que esta ha tenido a lo largo del tiempo. Al analizar la historia, es muy importante tener presente que no se trata de meros sucesos, sino de personas que dieron lugar a los hechos narrados. Debemos entender que es el ser humano y sus mente o cerebro quien produce la historia y sus sucesos (anteriormente él mito y la leyenda), y quien a través del tiempo se ha ido realizando no solo como individuo, sino como grupo, mediante la cultura por generaciones gracias a la comunicación oral y escrita, la cual ha creado pautas de comportamiento desde la más remota antigüedad y hoy lo continúan haciendo mediante internet y las redes sociales.
El conocimiento de lo que las grandes figuras de la historia señalaron, enseñaron, descubrieron o hicieron se encuentra en sus autobiografías o en las escritas por sus alumnos una vez muertos sus maestros. La noción del término cultura incluye creencias de diferentes grupos sociales a través del tiempo sobre sus valores, costumbres, tradiciones, lenguaje, educación, ornamentos, construcciones, formas de arte, inventos y tecnología para aplicarlos a la vida, la organización política, leyes, instituciones, ideologías, religiones, y otros muchos elementos adquiridos o desarrollados por un pueblo, que configura su herencia social en contraposición con la herencia biológica, la cual solo se trasmite de padres a hijos mediante los genes, y que procura primordialmente la supervivencia del más apto o del que se adapte mejor a los problemas del medio y a la reproducción de los seres a como haya lugar. En cambio, la evolución cultural tiende a la búsqueda de una serie infinita de oportunidades para las personas en su medio, lo que les ayuda a adaptarse y a sobrevivir como comunidad, y no solo al más apto.
Recordemos que la creación y el paso de los conocimientos culturales a través del tiempo se deben a la transmisión de ideas planteadas por personas de diferentes generaciones que nos han precedido. Una idea es la representación de una cosa en la mente humana y corresponde al concepto, imagen o recuerdo que se tiene de ello. Esto se debe principalmente al funcionamiento de la mente, cuando el cerebro produce lo que conocemos como pensamiento, que consiste en un conjunto de procesos cerebrales relacionados entre sí, que nos permiten darnos cuenta de nuestra existencia y de los fenómenos del medio que nos rodea y, a la vez, expresarnos oralmente o por escrito sobre esas ideas, proceso que a no dudarlo, constituye un mecanismo excepcional de supervivencia y progreso de la raza humana, ya que cuando esas ideas (si son buenas), son llevadas a realizaciones prácticas producen cambios en la vida de los seres humanos.
Fue así como las diferentes sociedades sufrieron modificaciones, la mayoría positivas, que ayudaron a lograr la sociedad que hoy poseemos, con todos sus defectos y con todas sus grandezas. Algo increíble y difícil de comprender si nos acordamos de que lo logró un ser que apenas hace unos pocos cientos de miles de años había descendido de los árboles, vivía, pensaba y actuaba en un mundo remoto y hostil, con solo sus manos y su mente para sobrevivir.
Debemos aclarar que existe una gran diferencia en el ámbito social entre existir y vivir. Para la mayoría de las personas, existir es llevar una vida rutinaria; en cambio, otras muchas aceptan que vivir es estar conscientes de la necesidad de actuar y orientar la existencia en algún sentido que no solo las haga mejores personas, sino que también les permita fijar metas con el fin de mejorar de algún modo la sociedad en la que viven.
Platón decía “una vida sin reflexión no es vida para un hombre”; consideramos que no solo el ser humano debe reflexionar, sino que además, gracias a ella, se debe buscar la realización plena de la solidaridad y la colaboración humana para hacer avanzar la civilización.
Eso sí, todo pensador, realizador, conquistador o descubridor debe ser juzgado históricamente, es decir, por referencia a su época; conocimientos que se tenían en ese momento, dificultades para desenvolverse y expresar sus ideas y realizaciones, recursos de los que dispuso en su hogar y medio, así como la situación cultural, política y religiosa de su tiempo.
Con eso quiero señalar que el valor de un orador, educador, político, filosofo, científico, historiador, conquistador o religioso deberá buscarse no tanto en sí, sus enseñanzas, teorías o descubrimientos siguen siendo aceptados en el presente, lo cual sucede en muchos casos, sino también si su contribución fue importante para el progreso de la época, sin importar si posteriormente se consideró que su aporte había dejado de tener valor. Y es que, en ciencias, incluyendo la medicina, se vive de verdades relativas, y por eso es posible el progreso científico, pues lo que ayer era correcto y valedero, hoy ha sido superado, y otra “verdad” es la que priva o es aceptada por el campo científico como un nuevo “paradigma”, y nada mejor que acordarnos de los descubrimientos de Galileo, Newton, Einstein o sobre la mecánica cuántica ya que cada una constituyo un paradigma que hizo avanzar la ciencia. No parece haber, pues, verdades absolutas.















