[…] es preferible ponerse de acuerdo sobre la cosa misma mediante definiciones, más que sobre el nombre aislado.

(Platón)1

La terminología política y jurídica actual, sea por influencia directa del griego o por mediación del latín, ha constelado un universo relevante de significados con palabras forjadas en la cuna de la cultura occidental. Palabras griegas como dēmokratía, nómos, politeía, polis, dikē, krátos, ethos y archḗ son ejemplos ostensivos. El léxico contemporáneo refiere la palabra política, proveniente de πολιτικά y relacionada con πόλις, mentando la ciudad, la comunidad y la vida cívica, habiendo dado lugar a varios términos incluso el de policía; el término δημοκρατία es entendido como gobierno o poder del pueblo, con el sustantivo κράτος como fuerza, dominio y poder. La traducción de constitución o régimen político es de πολιτεία, entendida como forma de gobierno, ciudadanía y organización política; en tanto que ἀρχή refiere mando, autoridad, principio y gobierno, siendo formante de monarquía y aristocracia2.

Respecto de los términos jurídicos de origen griego cabe señalar, por ejemplo, nómos, que refiere la ley o la norma; dikē, que es la justicia, el derecho y la decisión judicial; thémis, entendida como la ley consuetudinaria o el orden establecido; además de krísis que refería juicio, decisión y resolución, dando lugar a palabras técnicas del ámbito jurídico y al término crítica. Mientras que νόμος, como sustantivo, refería tanto la ley y la norma jurídica como la costumbre; ἄγραφος, (ágrafo) como adjetivo; calificaba algo como no escrito, correspondiendo a ἄγραφος νόμος el concepto de ley no escrita.

La justicia, la rectitud, la equidad y la conducta justa se denotaban con δικαιοσύνη (situación de ser justo), vinculada con δίκη (dikē, también juicio y proceso) y con δίκαιος (dikaios, justo). La igualdad ante la ley o la igualdad de derechos se mentaba con isonomía (ἰσονομία), en tanto que el derecho a hacer uso igualitario de la palabra en las asambleas, con isegoría (ἰσηγορία). Respecto del orden legal y de la ley divina, se las refería con θέμις que significaba tanto el orden legítimo como la norma consuetudinaria. Cabe referir hibris o hýbris (ὕβρις) que denotaba desmesura, arrogancia, exceso y transgresión del límite; también, juicio y decisión como producto del discernimiento; sin que fuera origen de la palabra híbrido.

El término nómos (νόμος) proviene de la raíz proto-indoeuropea nem-, que significa repartir, asignar y ordenar, y del sánscrito náman- que refería nombre y norma. En griego micénico, no-mo mentaba distribución o uso y, antes, división equitativa. Solo ulteriormente significó ley, costumbre o norma, de la comunidad o del Estado. Denotaba las costumbres tradicionales y los usos locales con la poesía homérica y arcaica; en el siglo V a. C., los sofistas pensaron nómos como ley positiva humana, mutable, relativa y convencional. Se oponía a phýsis (Φύσις): la naturaleza inmutable; aunque concebían lo natural regido por el principio dinámico concerniente al crecimiento, el brote y el desarrollo intrínseco de los seres del universo.

Lo natural no fue estático, sino una fuerza generativa y vital que dinamizaba el cambio, sustentando la esencia y la realidad material. Nómos, como norma cultural y legal, emergió de la pólis como "rey de todos" (Píndaro3) según el ideal cultural. La paideia formaba el carácter ciudadano responsable; desde las costumbres homéricas hasta las leyes de Solón en Atenas. Platón señaló su alineamiento racional con la idea del Bien, inspirando las leyes perfectas, contra las normas democráticas que, posiblemente, serían imprecisas y distorsivas de la vida virtuosa del Estado4. Aristóteles, en Política, definió nómos como la razón sin pasión5, distinta de los decretos temporales y como medida común de la comunidad, conducente a la felicidad (eudaimonía) gracias a la justicia distributiva.

La noción de Díkē, en Trabajos y días de Hesíodo, señala a la diosa griega de la justicia (Δίκη) y al término dikḗ (δίκη), mentando el orden divino y humano6. La diosa fue fundamental en la ética griega temprana, castigaba con severidad la injusticia, penetraba una espada en el corazón de los injustos y recompensaba la virtud. Como guardiana de los actos humanos, se lamentaba cuando un juez violaba la justicia. Fue enemiga de la falsedad y protectora de la sabia administración de lo justo, coludida por sus hijas: Hesiquía, la Tranquilidad de espíritu, Concordia, Rectitud y Virtud. Díkē fue la diosa del orden moral y la rectitud.

El sustantivo abstracto dikḗ fue anterior a Díkē, la diosa. Proveniente de la raíz proto-indoeuropea deik̑-, significaba señalar y mostrar el camino, denotando enseñar y seguir la senda recta. Después, evocó juicio, entendido como señalar lo debido. Etimológicamente, deriva de díkaios (δίκαιος, lo justo). Homero y Hesíodo concebían dikḗ como equidad en la distribución (a cada uno lo suyo) vinculando el término con la costumbre; según Homero, por la senda recta7. El término fue aludiendo el juicio justo y el contenido del derecho en el pensamiento griego.

Según interpretaciones actuales, Hipócrates, padre de la medicina, concebía dikḗ como el orden natural; y la literatura de Esquilo denotaba tanto la rectitud divina y el castigo, como el proceso judicial privado por daños, según las normas de la pólis clásica8. Platón connotaba dikḗ como orden cósmico y juicio divino, sancionando la injusticia en el más allá; tocaba la armonía del alma de los justos gobernantes, los guardianes guerreros y de los productores, con la pólis, realizando la idea eterna de la Justicia9. Aristóteles señaló el sentido de dikḗ como obediencia a las leyes y como distribución meritocrática (proporción aritmética)10. También refirió equidad (epieíkeia) como corrección de la ley rígida, por resoluciones judiciales prácticas. Para ambos, dikḗ evocaba la armonía del alma con equidad, de modo que se integre lo moral con lo jurídico.

La diosa Díkē fue hija de Zeus, el dios político, y de Temis, diosa del orden divino y de las profecías. Formaba parte de las Horas (Hōrai), divinidades del ciclo estacional y el orden natural, con sus hermanas: Eunomía (buen orden de la ley y la legislación) y Eirene (diosa de la paz y la riqueza). En Teogonía, Hesíodo la señala como una deidad que velaba por la equidad entre los mortales y los dioses, castigando la transgresión (hýbris) con la intervención de Némesis, diosa de la justicia retributiva, el equilibrio y la venganza divina11. Némesis castigaba la desmesura, la arrogancia y la excesiva fortuna. Hija de la Noche, aseguraba que los humanos no alterasen con su soberbia o buena fortuna el orden cósmico, imponiéndoles desgracias y pérdidas.

La diosa Díkē muestra cómo los griegos divinizaron principios éticos reforzando normas sociales. Fue representada como una joven con balanza (símbolo del equilibrio), espada o lanza (del castigo) y, a veces, con una venda en los ojos (de la imparcialidad). Su culto fue simbólico, vinculándoselo con los tribunales atenienses y los oráculos. La diosa abarcó desde la venganza privada hasta la justicia estatal.

Están relacionados con dikḗ, los términos δικαιοσύνη e hýbris (ὕβρις). Desde Hesíodo hasta el Platón maduro, dikaiosýne se cristalizó como virtud cardinal, derivando de dikḗ, simbolizando la armonía del alma con el Estado en la paideia filosófica, oponiéndose a la injusticia sofista. Sobre hýbris, es la desmedida religiosa y ética que el filósofo ateniense condenó por exceso desordenado en contra de la sōphrosýnē (σωφροσύνη); oponiéndose a las virtudes cardinales: moderación, templanza, autocontrol y sensatez. La hýbris atentaba contra el equilibrio interior, el control racional de los deseos apetitivos y la armonía, el orden y el conocimiento del alma de sí misma; precipitando la ruina y la decadencia de la pólis12. Para Aristóteles, la hýbris consistía en el vicio de la desmesura y todo exceso, en contra del punto medio donde radicaría la virtud13.

Las tragedias de Sófocles concibieron la hýbris como transgresiones morales que alteraban el orden. Desde el siglo V a. C., el derecho ateniense codificó el delito penal como ὕβρις: acciones contra la dignidad personal. El concepto mentaba una ofensa grave contra el honor, con connotaciones de arrogancia desmedida hacia los dioses o las personas, con delito penal en Atenas desde las reformas de Solón. Fueron delitos públicos (graphḗ hybreōs), considerados como punibles con multas e incluso la muerte en caso extremo. El término graphḗ (γραφή) es traducido por escritura; aunque también significó acción, arte de escribir, documento escrito, carta, texto de una ley, catálogo, lista, pintura, cuadro, dibujo y bordado14.

Con procedencia proto-indoeuropea, hýbris se vincula a ud- que significaba arriba y excesivo y a wer- y werg̑-, torcer y violar. Usualmente, aludía desmesura violenta y arrogancia moral contra dioses, normas e inferiores, provocando la némesis que preservaba el equilibrio cultural y educaba sobre los límites del hombre. Desde el siglo V, su significado fue violación física. En textos legales, hýbris aparece en inscripciones y en la oratoria de Demóstenes15. Legalmente, se diferenciaba de otros delitos como la asebeia (impiedad) o de los homicidios, incluyéndose ejemplos famosos. Uno fue la demanda que Demóstenes, siendo recompensado por Midias, por haberlo abofeteado en público. La Constitución de Atenas de Aristóteles describe la hýbris como un agravio físico o verbal que daría lugar a la humillación del ofendido16.

El proceso contra Alcibíades no tuvo el cargo de ὕβρις, sino de impiedad o sacrilegio. El general de 36 años fue acusado de profanar símbolos religiosos públicos, interpretándose su acción como un mal augurio antes de partir a la Guerra del Peloponeso el año 415 a. C. y como un ataque a la religión cívica ateniense. Su conducta extravagante y arrogante fue congruente con el concepto de hýbris por su insolencia desmedida que humillaba a los dioses: fue sacrilegio. Posteriormente, fue acusado de traición porque desertó a Esparta y, aunque no fue sentenciado por graphḗ hybreōs, moralmente fue descalificado, siendo condenado a muerte en ausencia.

Notas

1 El sofista, Trad. Francesc Casadesús Bordoy, Alianza Editorial. Madrid, 2015, § 218c–d, p. 69.
2 Académicamente es preferible escribir el griego antiguo con tildes, espíritu áspero y macrón; indicando la pronunciación. Aparte de los ejemplos con signos diacríticos indicados, cabe añadir, aleatoriamente, las siguientes palabras: lógos, technḗ, poiné, basileús, thémistes, grammatikḗ, agogḗ, mousikḗ y otras. Pero, usualmente, se prescinde de los signos fonéticos. Véanse, sin signos, los dos tomos del Diccionario griego-español ilustrado de 1992, de Rufo Mendizábal, Conrado Pérez Picón, Francisco Ibiricu y Martín Andrés Muguruza, Editorial Razón y fe. 5ª edición. Madrid.
3 Heródoto cita el verso de Píndaro: “Nómos, rey de todos, de mortales e inmortales” (Frag. N° 169). Véase el Capítulo 38° del Libro III de Historia, dedicado a la musa Talía. Trad. Carlos Schrader, Editorial Gredos. Madrid, 1979, p. 28.
4 Véase el Libro VII de La República, Trad. José Manuel Pabón & Manuel Fernández-Galiano. Editorial Gredos, Madrid, 1988, §§ 518c–521b.
5 Trad. Carlos García Gual & Aurelio Pérez Jiménez, Alianza Editorial, Madrid, 1986. Libro III, § 1287a.
6 La diosa personifica la justicia que denuncia las injusticias ante Zeus. Véase la traducción de Luis Gil Fernández, Editorial Gredos. Madrid, 1978, p. 18.
7 Homero no concibió la justicia en sentido plenamente jurídico; la refirió como orden o modo correcto de obrar. Cf. Odisea, Trad. José Manuel Pabón. Editorial Gredos, Madrid, 1982.
8 La Orestíada, Trad. José García López, Editorial de la Universidad de Granada, 1989.
9 Véase de Platón, Timeo, Trad. Francisco Lisi, en el tomo VI de Diálogos: Filebo, Timeo y Critias. Editorial Gredos. Madrid, 1992, §§ 27d–30a.
10 Cf. Ética a Nicómaco, Trad. Julio Pallí Bonet, Editorial Gredos. Barcelona, 2019, §§ 27d–30a.
11 Trad. Paola Vianello de Córdova, Universidad Nacional Autónoma de México, 1978, pp. 9-10.
12 La República, Op. Cit., §§ 443c–444a.
13 Véase el Libro I, Capítulo I de la obra aristotélica, Retórica. Trad. Alberto Bernabé, Editorial Gredos, Madrid, 1999, § 1378a.
14 Diccionario griego-español ilustrado, Vol. I. Op. Cit., p. 112.
15 Demóstenes definió legal y públicamente la hýbris como ultraje y ofensa. Véase su obra Contra Midias, publicada en: Discursos, Trad. José Luis Calvo Martínez, Editorial Gredos. Madrid, 2000.
16 Véanse los capítulos 7° al 9° de la obra de Aristóteles. Trad. Antonio Tovar. Editorial Gredos, Madrid, 1970.