A lo largo de su carrera, Romeo Gómez López ha recurrido a un mundo de referencias y fenómenos de la cultura de medios masivos – celebridades globales, personajes de películas de Hollywood, juguetes y figuras de acción – con el fin de trastocar su sentido original. En su trabajo, estos elementos o figuras son puestos de cabeza, por así decirlo, para poder articular narrativas no convencionales o críticas que tocan distintos intereses o temas, desde la sexualidad hasta la institución del arte. En esta ocasión, sus piezas se mueven en una dirección distinta y juegan con la posibilidad de articular escenas con cierta terneza y reconciliación – como un último reducto para sobrellevar esta realidad de mierda con su corrupción indecorosa y sus campañas sistemáticas de desaparición, guerra y exterminio.
Al ver el conjunto de piezas que conforman Tierno es el día que los demonios se alejan, pareciera que se entra a un cuarto de juegos. Una de las piezas más emblemáticas de este tipo de espacio lúdico es la casa de muñecas. Gómez López ha construido una para esta muestra basada en la casa que habitó en su infancia – una maqueta precisa que cuenta con el texturizado de concreto que fue característico de la arquitectura residencial para la clase media de los ochenta en México. Como otros autores que han trabajado el motivo de la casa de muñecas, en este caso el artista la presenta como un modelo de interioridad. Parece indicar que, en algunas instancias, el hogar no consigue ser un refugio.
En su estudio clásico sobre la miniatura y la casa de muñecas, Susan Stewart menciona que el valor de uso de este objeto a escala es que propicia un ejercicio de ensoñación o imaginativo. La miniatura de la casa de concreto, con su puerta ornamental y un audio que se origina desde su interior, puede traer a la mente películas de horror y motiva a acercarse al objeto, con el fin de espiar lo que sucede dentro. La pieza encapsula una de las tesis que Gómez López retoma para este proyecto: el origen de la tragedia a partir de la falta de filia, amor o empatía. Varias obras en esta muestra responden a esta cuestión explorando distintas formas de menguar o aminorar dicho malestar o dolor. Clocknazempam es elocuente en este sentido – alude a un sedante y se presta a distintos significados al vincular a la institución del arte con la industria farmacéutica.
Otros trabajos que se exponen en esta muestra aluden a distintos productos de la industria cultural, desde la película clásica Metrópolis (1927) hasta los juguetes de la serie animada del 2010 Mi pequeño pony. En el primer caso, Gómez López reinterpreta el año 2026, que sirve como escenario de la película clásica de Fritz Lang, y lo actualiza de acuerdo a la realidad bélica que atraviesa el mundo. En un detallado relieve en bronce, presenta al robot María frente a un paisaje urbano en ruinas. En relación a la segunda serie animada, el artista talló una escultura en mármol de uno de los ponys, en correspondencia con el fan art hecho por seguidores adultos de la animación y sus productos, mismos que se identifican con el término de Brony. La delicada talla de este pequeño pony, casi como un ídolo o fetiche, remite al potencial de esa figura para inspirar la agrupación de colectivos alrededor de sus temas sobre amistad y actitud positiva; satisfaciendo, también, esa necesidad por identificación.
Cuando los demonios se alejan es un autorretrato que presenta el rostro del artista dentro de un casco espacial que puede recordar múltiples filmes de ciencia ficción sobre el espacio exterior – desde Odisea del espacio (1968) hasta Proyecto salvación (2021) – pero también al traje de algunos astronautas, como el utilizado por Yuri Gargarin. Al sacar la lengua y chupar el interior de la protección del casco, Gómez López antepone un gesto cómico, infantil o erótico ante el heroísmo, belicosidad, solemnidad y ascetismo que distingue a estas narrativas de ciencias ficción, por no decir nada de las verdaderas carreras tecnológicas que se han dado entre distintas super potencias para conquistar el espacio, en distintos momentos desde mediados del siglo pasado. En cada lengüetazo hay algo de autoindulgencia. Entendida como aceptación, también se encuentra en representada en la imagen de reconciliación del bronce Amor prehistórico. En este relieve aparece un personaje masculino que abraza tiernamente a una creatura jurásica de aspecto amenazante – en lo que sería una reconciliación con lo que puede significar el pasado.
(Texto de Daniel Garza Usabiaga)
















