Sobran análisis, lecturas e interpretaciones sobre las últimas elecciones peruanas. Las redes sociales, los reportes periodísticos y las columnas de opinión suelen seguir un patrón: resaltar la fragmentación interna del país. Tanto los comicios en el 2021 como (y en especial) en el 2026 fueron caracterizados por la atomización partidaria, un claro ejemplo de lo que politólogos como Levistky, Tanaka o Cotler llamarían “democracia sin partidos” para calificar al sistema peruano1.

A un nivel, podría decirse, más trascendental, una división geográfica y hasta étnica del país en tiempos electorales se hizo también visible. La politóloga Zaraí Toledo comentaba, por ejemplo, que en el Perú la distribución territorial (antes que la programática-partidista) definía los verdaderos clivajes del país (una cuestión que combinaba las líneas de tensión capital-trabajo y centro-periferia)2. Mientras que Lima y la costa optaron por opciones aglutinadas en torno a la derecha conservadora, representada por Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, el sur andino optó tanto el 2021 como el 2026 por las opciones disruptivas de izquierda radical representadas por el dirigente sindical Pedro Castillo y el parlamentario Roberto Sánchez respectivamente.

Este fenómeno ha intentado ser explicado desde infinidad de aristas. Las derechas han intentado señalar despectivamente la “falta de educación” del votante altoandino, así como al círculo vicioso de la corrupción de las gobernaturas regionales que fomentan los votos de izquierda por falta de servicios. Por su parte, sectores de izquierda han optado por romantizar “los gritos de auxilio del Perú profundo” que se encuentra pobremente representado, frecuentemente olvidado y martirizado por la represión estatal (especialmente al observar la respuesta gubernamental a las protestas del 2022 y 2023) y reprochar la “pobre memoria” del “Perú oficial” frente a estos hechos.

Estas teorizaciones, no obstante, encuentran réplicas entre sector y sector. Un ejemplo fue el director del Diario UNO, Ricardo Milla Toro, quien en aras de la objetividad y la buena fe consideró refutar a correligionarios suyos que apelan a la ignorancia y a la alienación para explicar la victoria de las derechas en la capital y las regiones costeras desde un enfoque marxista. Según tal análisis, son la realidad material y los intereses de clase del trabajador y el pequeño comerciante urbano el factor de empuje hacia el voto fujimorista y “porkysta”3. Naturalmente que esta proposición cualitativa queda aún en el terreno filosófico o hasta antropológico y debe ser corroborada por análisis estadísticos posteriormente4.

Desde otras coordenadas y otros fundamentos teóricos, me gustaría realizar un esbozo similar para explicar el fenómeno Sánchez (poco investigado por su reciente aparición). Este es, cuanto menos, curioso. En un análisis postelectoral, la comunicadora Rosa María Palacios afirmaba que, por primera vez en el Perú, un endose público probaba funcionar (en un país donde, en principio, las transferencias de votos y las muertes políticas serían ficticios)5. Sucedía que Castillo, preso desde el intento de golpe de estado del 7 de diciembre de 2022, proclamó desde las audiencias penales que la JP de Juntos por el Perú sería su nuevo símbolo, y quien portaría el icónico sombrero chotano en su nombre el 2026 sería Sánchez (quien, irónicamente, fue de los primeros ministros en renunciar al cargo cuando el expresidente emitió su conato de ruptura del orden constitucional).

Sánchez armó una campaña con un simbolismo claro, no orientada hacia ganar al electorado urbano. Según Palacios, un amplio sector rural y andino reivindicaba la figura de Castillo, considerado una “víctima del sistema”6. Esta situación fue captada velozmente por el agudo olfato político del cazurro candidato de JP. El hermano del expresidente, José Mercedes Castillo Terrones, fue instalado como cabeza de lista al senado nacional. Su hija política capitaneó la lista de diputados de Cajamarca. El jingle electoral del parlamentario, el huayno “Juntos por el Pueblo”, versaba que Roberto Sánchez y Pedro Castillo eran un símbolo de lealtad. El emblema de la estrategia electoral se centró en recorrer la “ruta castillista” del Perú rural.

Evidentemente, para el objetivo trazado, esta estrategia funcionó –el nuevo portador del sombrero chotano se encuentra a orillas de la segunda vuelta al momento del escrutinio de votos. ¿Por qué esta vez sí triunfaron los endoses? ¿Qué cambió en esta ocasión? Quizá una respuesta certera pueda estar inserta en el componente étnico, en utopismos andinos que cobraron fuerza en la literatura política peruana de los años 80. Desde que Manuel Burga publicase “El Nacimiento de una Utopía” y Alberto Flores Galindo concretizase “Buscando un Inca”, recurrentemente se ha buscado en el milenarismo y el mesianismo andino una suerte de explicación para fenómenos sociales provenientes de estas regiones.

Desde esta óptica, el mundo andino sería percibido como una unidad, ajena de conflictos internos, solo soportadora de embates externos. Con la conquista española y, específicamente, desde la derrota de los Incas de Vilcabamba, el mundo del incario pasó a ser historia. La decapitación del último inca fungiría de punto final para una utopía idílica y como la antesala de un periodo de opresión, desesperanza y oprobio, primero desde el dominio de la corona hispánica y luego de las élites criollas vendidas al extranjero7.

Esa catástrofe fundacional, no obstante, abriría la puerta para una posibilidad utópica y para un relato revolucionario. En este, el cuerpo del mítico señor prehispánico se estaría regenerando en las entrañas de la tierra, a través del pueblo organizado, de las organizaciones de base. Luego, se supone, en el mismo tono escatológico del milenarismo medieval8, un nuevo mesías, el inkarri, llegaría a dirigir un “pachakuti”, un cataclismo histórico, que llevaría a una nueva utopía andina9. El milenarismo andino fue, como coincidirán varios historiadores, la matriz ideológica movilizadora detrás de las rebeliones indígenas contra las Reformas Borbónicas de Juan Santos Atahualpa, Túpac Amaru II y Túpac Catari10.

Esta mitología escatológica, no obstante, ha ido perdiendo relevancia para la explicación de fenómenos del “Perú profundo” –el orientalismo exotizante puede ser considerado poco riguroso. Sin ir más lejos, el surgimiento de Sendero Luminoso fue atribuido originalmente a las nociones mesiánicas del milenarismo andino11. El “Pensamiento Gonzalo” y la barbarie terrorista de la “Guerra Popular Prolongada” fue imputada originalmente a contenidos místicos, cuasi-religiosos, y el intento de llevar a la praxis la concreción del “pachakuti”12. Esta aproximación es, a todas luces, errada, y no corresponde al hiperracionalismo sórdido del marxismo-leninismo-maoísmo que impregnó la Época del Terrorismo en el Perú13.

Por tales motivos, análisis desde el milenarismo a la victoria de Castillo del 2021 brillan por su ausencia. La antropología política, más bien, ha adjudicado su victoria a la fragmentación urbana causada por la pandemia frente a la presencia de grupos organizados de base en la esfera rural14, a la identificación étnica frente a las percepciones de racismo de la capital y de las derechas15 o incluso a la estima local que hay para con el magisterio entre el campesinado16. A simple vista, el resultado del 2026 parece tener el mismo origen. No obstante, hay un factor distinto y muy claro: la figura del “justo presidente”, “víctima del pacto mafioso”, en cuya defensa 50 peruanos fueron muertos durante las protestas del 2022.

Este tipo de discurso requiere observar una constante de las izquierdas del país, tal y como señala el historiador Juan José Heredia Neyra desde una óptica revisionista y liberal, más cercana a Raúl Porras Barrenechea que a José Carlos Mariátegui. El investigador señala afiladamente que sectores autodenominados revolucionarios a menudo se sirven de una cierta interpretación de la historia, tan teleológica como escatológica. El mito del inkarri tendría ya no solo unas connotaciones místicas u orientalistas, sino sería parte del sustento teórico de aquel sector político.

La así llamada “genealogía de la resistencia” daría connotaciones contemporáneas a la tragedia de la conquista y vaticinaría como objetivo revolucionario final el derrocamiento del corrupto orden capitalista, capitalino y criollo. Heredia asevera eficazmente que el milenarismo andino es un instrumento retórico, propagandístico y ciertamente simplificador de la historia del país que aquel sector político utilizaría en su provecho17. El historiador determina, inclusive, que Castillo habría capitalizado este concepto para presentarse como un libertador del Perú profundo frente al oprobio hispano-criollo-limeño en su propio discurso inaugural.

El propio Luis E. Valcárcel, quien en gran medida aportó a la concepción indigenista del socialismo mariateguista, traducía ya en 1927 el milenarismo andino a términos políticos en su obra cumbre, “Tempestad en los Andes”. Para el antropólogo, el “día sangriento” del pachakuti sería llevado a cabo mediante un proceso revolucionario por un “Lenin andino” en lugar de inkarri. Estas tesis fueron rescatadas por Vladimir Cerrón, antiguo mentor político de Castillo (hoy enemistado con él), quien calificó textualmente al expresidente como aquel Lenin andino18.

Al mismo estilo de Cerrón y Valcárcel, esta traducción política del mito parece haber sido traída de vuelta por el cazurro candidato de JP. El “justo inca” fue reemplazado por el “justo presidente” –la lucha de Vilcabamba por la intentona de golpe de Estado– la conquista y decapitación del legendario y justo regente por la vacancia presidencial y el encarcelamiento –la épica de la resistencia incaica por las movilizaciones del 2022 y del 2023– y el tiempo oscuro del oprobio y la opresión criolla por la dura respuesta a las manifestaciones y las deficiencias de las gestiones interinas.

El jingle de campaña señala que “desde los cerros” surgió la candidatura de Sánchez, en representación de Castillo. La canción afirma que el candidato rescatará el país “del dolor, del sistema opresor, clasista y sin honor”. En los debates el nuevo portador del sombrero citó pasajes bíblicos. De igual manera, al enterarse de los resultados electorales preliminares, Sánchez atribuyó su probable pase a segunda vuelta a una acción divina, providencial, así como de la Pachamama en pos de la conformación de un estado plurinacional y la liberación de Castillo. El simbolismo es claro.

Para el cometido electoral, igualmente, el parlamentario firmó una alianza con el radical Antauro Humala, el líder del movimiento etnocacerista. Dicha corriente, etnonacionalista y militarista, propugna la formación de un estado neotahuantinsuyano que superaría al Perú como objetivo final. Este caudillo fundamentó su reciente carrera política “convencional” en haber protagonizado el Andahuaylazo, una sórdida insurrección paramilitar contra el gobierno de Alejandro Toledo en 2005 que terminó en seis muertes.

Humala, quien ha reconocido su simpatía y sus lindes con ideas de izquierda, sobre todo en término económico, no ha ocultado su deseo de una revolución de corte milenarista bajo “el culto a Pachacámac” tanto en libros como entrevistas. Así pues, ha visto en Flores Galindo y su búsqueda de un inca al mayor referente intelectual del etnonacionalismo peruano19. La elección sería, según él, un referéndum para la refundación del país.

Las evidentes congruencias entre el mito del inkarri, la reivindicación con tintes religiosos de Pedro Castillo y el jale de figuras como Humala apunta a que el milenarismo andino (al menos como instrumento ideológico como sostiene Heredia) ciertamente ha jugado un rol en la campaña de Roberto Sánchez. Este interrogante, a mi parecer central, curiosamente ha sido poco analizado por la prensa y la academia peruanas. Ciertamente se deberá corroborar si estos tintes sutiles, estas teclas tocadas, estas cartas jugadas han tenido también un efecto significativo en el votante rural peruano, preferiblemente con estudios cuantitativos.

No obstante, hay ciertos indicios de que este pudo haber sido el caso. Un estudio por Víctor Boluarte Medina de la Universidad San Antonio Abad del Cusco señalaba ya en 2017 que el caudillismo y el milenarismo podrían constituir determinantes de la cultura política en el país, sobre todo entre el entorno del etnocacerismo y la izquierda radical (mismos sobre los que Sánchez ha construido su candidatura). Fuera como fuese, el uso político del milenarismo andino parece ser tan relevante como Heredia señaló.

Entre tanto, mientras la incertidumbre marca quiénes ingresarían a la segunda vuelta, el discurso de campaña parece disolverse en sectores. Humala plantea una refundación nacional que ponga fin a la “república criolla”, mientras que aspirantes al congreso probablemente electas como Anahí Durand apelan al clásico antifujimorismo electorero. El candidato presidencial ha empezado a dorar la píldora. Por un lado, reclama la “defensa del voto popular” ante los reclamos de revisión de algunos contrincantes, por el otro modera las propuestas más radicales. En segunda vuelta ya no bastará con una campaña pensada para su electorado original.

Notas y bibliografía

1 Véase Cotler 1995; Levitsky 2018; Tanaka 2010.
2 Toledo Orozco 2021.
3 Milla Toro 2026.
4 Véase King et al. 1994.
5 Palacios 2026, min. 5:16.
6 Palacios 2026, 00:06:10.
7 Guillén Guillén 2006, pág. 211.
8 Zaballa Beascoechea 2001.
9 Plasencia Soto 2020, pág. 32–33.
10 Fernández Pozo 2016.
11 Degregori 2012b, pág. 58–60.
12 Plasencia Soto 2020, pág. 34–35.
13 Véase Degregori 2012a.
14 López-Lozano 2022.
15 Escárzaga 2022.
16 Duárez Mendoza 2022.
17 Heredia Neyra 2024, pág. 132–133.
18 Cerrón Rojas 2021.
19 Chuquilcallata 26/03/2025, 01:20:22–01:21:35.

Cerrón Rojas, Vladimir R. (2021): Victoria de Pedro Castillo es única. Última comprobación el 22/04/2026.
Chuquilcallata, Francisco. (26/03/2025): Antauro Humala en aprietos: entrevista completa. (Constitución, Fusilamientos e Historia). Entrevista con Antauro Humala Tasso. Lima. LP La Pasión por el Derecho.
Cotler, Julio (1995): Political Parties and the Problems of Democratic Consolidation in Peru. En: Scott Mainwaring y Timothy R. Scully (eds.): Building democratic institutions. Party systems in Latin America. Stanford: Stanford University Press, pág. 323–353.
Degregori, Carlos I. (2012a): How Difficult It Is to Be God. Ideology and Political Violence in Shining Path. En: Carlos I. Degregori: How Difficult It Is to Be God. Shining Path's Politics of War in Peru, 1980-1999. edit. por Steve J. Stern, Nancy P. Appelbaum, Joanna Drzewieniecki, Hector Flores, Eric Hershberg, Judy Rein y Kimberly Theidon. Wisconsin: University of Wisconsin Press (Critical Human Rights Ser), pág. 159–171.
Degregori, Carlos I. (2012b): How Social Sciences Failed? On the Trail of Shining Path, an Elusive Object of Study. En: Carlos I. Degregori: How Difficult It Is to Be God. Shining Path's Politics of War in Peru, 1980-1999. edit. por Steve J. Stern, Nancy P. Appelbaum, Joanna Drzewieniecki, Hector Flores, Eric Hershberg, Judy Rein y Kimberly Theidon. Wisconsin: University of Wisconsin Press (Critical Human Rights Ser), pág. 37–70.
Duárez Mendoza, Jorge Luis (2022): La deriva de la representación política en el Perú. El triunfo electoral de Pedro Castillo y la cuestión de la representatividad política. En: Discursos del Sur, revista de teoría crítica en Ciencias Sociales (10), pág. 9–30.
Escárzaga, Fabiola (2022): La elección de Pedro Castillo: polarización, racismo y “terruqueo” en las elecciones presidenciales. En: Anuario Latinoamericano – Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales 13, pág. 77–91.
Fernández Pozo, Guillermo José (2016): Formas de resistencia indígena en el mundo andino. El mito del “inkarri”, el mesianismo andino en las rebeliones del siglo XVIII y su proyección al siglo XX. En: Naveg@mérica (16), pág. 1–27.
Guillén Guillén, Edmundo (2006): El último mensaje del doctor Edmundo Guillén Guillén a los estudiantes de la Cantuta. En: Germán Calderón Ticse (ed.): Nación e identidad en la Historia del Perú. Lima: Academia de la Historia del Perú Andino, pág. 210–212.
Heredia Neyra, Juan J. (2024): Uso de las palabras autonomía, autoctonía, dependencia y la idealización de la historia prehispánica en la explicación de la historia peruana. En: YUYAYKUSUN (13), pág. 121–151.
King, Gary; Keohane, Robert O.; Verba, Sidney (1994): Designing social inquiry. Scientific inference in qualitative research. Princeton, New Jersey: Princeton University Press (Princeton paperbacks).
Levitsky, Steven (2018): Peru: The Institutionalization of Politics without Parties. En: Scott Mainwaring (ed.): Party systems in Latin America. Institutionalization, decay, and collapse. Cambridge, New York: Cambridge University Press, pág. 326–356.
López-Lozano, Rafael-Baldomero (2022): Posibles explicaciones en torno al triunfo electoral de Pedro Castillo en las elecciones peruanas de 2021: un análisis desde la antropología política. En: Forum. Revista Departamento de Ciencia Política (22), pág. 222–240.
Milla Toro, Ricardo (2026): El mito de la alienación: ¿Por qué Lima no vota como el sur andino?.
Palacios, Rosa M. (2026): Sin Guion. La República.
Plasencia Soto, Rommel (2020): Utopía andina. Ideología y movimientos sociales. En: Investigaciones Sociales 23 (43), pág. 25–36.
Tanaka, Martín (2010): How Does a Democracy with a Weak Party System Work? The Peruvian Case. En: Kay Lawson (ed.): The Americas. Santa Barbara: Praeger (Political parties in context), pág. 173–194.
Toledo Orozco, Zaraí (2021): Una guía para entender el Perú de Pedro Castillo. En: Nueva Sociedad septiembre-octubre de 2021 (295).
Zaballa Beascoechea, Ana de (2001): La discusión conceptual sobre el milenarismo y mesianismo en Latinoamérica. En: Anuario de Historia de la Iglesia 10, pág. 353–362.