Por muy alto que estimemos las realizaciones artísticas, religiosas y políticas de los pueblos anteriores, la historia de aquello que, con plena conciencia, podemos denominar nosotros cultura, no comienza antes de los griegos.
(Werner Jaeger)1
La época clásica se visualiza en la ciudad-Estado democrática y la paideia ateniense como instrucción cívica masiva dirigida a la formación integral del ser humano, con conocimiento académico y desarrollo físico, espiritual, axiológico y psicológico. La transformación de la paideia heroica y homérica y las ideas educativas de los presocráticos y legisladores, implicaron renovados ideales culturales con ciudadanos racionales sujetos a moldes intelectuales, cívicos y de la filosofía moral. Comenzó a pergeñarse la paideia como formación del hombre griego mediante la ética y la tradición, no solo instrucción básica, sino también el cultivo integral de la aretḗ para la vida de la pólis.
En el siglo VI a. C., Solón (638-558 a. C.) creó la paideia política que articulaba las leyes (nomoi) contra la sedición (estasis), fomentando la equidad (eunomía). Los filósofos jónicos, Jenófanes de Colofón (570-475 a. C.) y Heráclito de Éfeso (535- 480 a. C.) se opusieron a los mitos antropomórficos; defendieron la racionalidad inteligible del mundo (kósmos), lógos como orden y nómos como rey universal. Heráclito y Anaximandro problematizaron filosóficamente la justicia, trasladándola a escala cósmica e interpretando los fenómenos naturales en orden causal y compensatorio. Concibieron las leyes humanas derivándolas de la ley divina y racional, extendida universalmente. La ley y el derecho fueron objetos cardinales de la cultura griega con el hombre en el centro.
Las pólis griegas impulsaron la fijación escrita de las leyes consuetudinarias desde el siglo VII a. C., limitando la arbitrariedad aristocrática en la administración de justicia. Codificaron el derecho y la justicia promoviendo la ley conexa a la vida y civilización. En los siglos VII y VI a. C., nómos designaba usos, normas y costumbres; más tarde, con la consolidación de la ley escrita, se la concibió con sentido jurídico. Solón, junto con otros legisladores griegos, racionalizaron la justicia al sustituir la arbitrariedad por leyes escritas y orientaron el orden cívico hacia el buen gobierno de la ciudad.
La paideia, por el lógos, promovió el juicio ético como eficaz antídoto contra el irracionalismo. El humanismo, en su acepción original de autores como Cicerón (del latín, humanitas), se restringió popularmente al humanitarismo, entendido como la solidaridad con los menos favorecidos. Pero, según Werner Jaeger, fue más, definiéndolo, de modo noble y riguroso, como: “la educación del hombre de acuerdo con la verdadera forma humana, con su auténtico ser”2.
La cultura griega creó la filosofía del derecho al diferenciar nómos (ley positiva) de díkē (justicia con alcance ontológico). Fundamentó el derecho occidental, enfrentando la idea sofista de que la justicia provendría de la fuerza. La ley (nómos) formaría (paideia) al ciudadano, fortaleciendo su práctica de virtud cívica y no solo por coerción. Antes de la filosofía del derecho, los griegos tuvieron certidumbres sobre la justicia y el bien, que les permitieron instituir el humanismo de la ciudad-Estado como escuela de obediencia voluntaria, vinculando la justicia con lo natural y el orden cósmico, en la larga historia de las ideas.
La crisis estatal y la transformación de la paideia posterior a la democracia de Pericles (495-439 a. C.), hasta los sofistas, fueron tensiones entre la tradición heroica, el ethos cívico y la racionalidad emergente. La crisis de la pólis democrática con instrucción cívica masiva, pergeñó la crisis de la paideia política. Del cuerpo, la medicina hipocrática constituyó la técnica racional de la phýsis humana. Hipócrates integró la phýsis racional a la medicina, concebida como technḗ práctica. La enfermedad fue vista como desequilibrio natural (teoría de los humores), no como un castigo divino. La paideia médica enfatizó la observación empírica; en tanto que el juramento hipocrático integró los logotipos prácticos que superaron las explicaciones míticas. Paralelamente, Tucídides documentó las epidemias usando métodos clínicos.
Los sofistas difundieron el relativismo que concebía la ley como mero contrato o como la imposición del derecho del más fuerte. Platón enfatizó que la justicia es la salud del alma y que la ley descubriría las esencias de la realidad. En sus obras finales, la legislación aparece como una herramienta pedagógica (paideia) para educar al ciudadano en el uso de la razón (lógos). Así se consolidó la autoridad de la justicia, extendiéndola al orden objetivo y eterno.
Platón puso en boca de Protágoras, reflexiones que presentan a Epimeteo como el personaje que distribuyó mal los dones divinos entre los animales (la agilidad, la fuerza, las armas naturales y las habilidades para sobrevivir). Ante esto, su hermano, Prometeo, debía dar los dones divinos al hombre para que no quede privado de ellos. Prometeo se los dio, pero, al recibirlos, el ser humano no fue capaz de emplearlos adecuadamente y generó el peligro de perecer por sus propios inventos.
Protágoras y Demóstenes creían que los dioses otorgaron el germen de la justicia a los hombres. La naturaleza (phýsis) carecería de orden (atactos), en tanto que la ley (nómos) fue impuesta a la naturaleza. Nómos sería un don de los dioses, transportado por Hermes, procedente de Zeus, para que los hombres hagan la ley y la acción humana triunfe sobre el caos. La ley sería pedagoga de la pólis, permitiendo que los ciudadanos sepan qué es la justicia. Igual fue el don de la religión.
Sofistas como Calicles y Trasímaco argumentaron que la fuerza instituiría la ley, precipitando la ausencia progresiva de credibilidad en el derecho. La voluntad del más fuerte sería el principio de la naturaleza; aunque esto no dañaría la coincidencia de nómos con la naturaleza del cosmos. Los sofistas defendieron ideas como que los seres humanos darían forma a las leyes; mostraron escepticismo frente a los presocráticos, imposibilitaron conocer las leyes del universo, aunque concebido como totalidad ordenada. Defendían la disposición para la sobrevivencia humana, visualizando a la ley como la garantía de seguridad y de crédito reivindicativo para la vida privada y pública.
Sócrates y Platón protagonizaron la crisis de la paideia clásica: restauraron valores éticos contra el relativismo sofista y la democracia desordenada. El filósofo ateniense inició la paideia dialéctica, en tanto que su discípulo, la sistematizó. Expresan la búsqueda de la virtud universal mediante cuestionamientos fundamentales que arremetían contra los sofistas. Platón diseñó la paideia para guardianes, enfatizando la gimnasia, la mousikḗ inicial y la dialéctica matemática para recordar la Idea del Bien.
Sócrates fue relevante como pedagogo. No continuó la filosofía jónica, sino que inquirió respuestas urgentes ante la decadencia mítica y el caos social ateniense posterior a Pericles. Contuvo a los sofistas, enarbolando refutaciones irónicas (elencos) descubriendo la virtud universal en el alma, consciente de que la razón, consolidada moralmente, conduciría a la felicidad. Rechazó la democracia activa, fue amigo de los dḗmos; aunque criticó a la asamblea. Su arte de ayudar a dar a luz (maieútikē) localizaba y alumbraba la aretḗ interior; no enseñaba la virtud como technḗ retórica, la hacía nacer. Proclamó la aretḗ como práctica ética (ethiká), ignorando la phýsis.
Su muerte, a inicios del siglo IV a. C., expresa el fracaso de la pólis para formar moralmente: prueba los límites de la ciudad-Estado para educar al hombre interior. El Platón maduro fue trágico porque criticó la democracia como una hýbris popular que deviene en tiranía; entretanto, el Platón senil adaptó su ideal a la realidad; aunque sea imposible evitar la decadencia política de la ciudad-Estado, imponiendo nomoi más estrictos.
Platón fundó la paideia filosófica contra la decadencia cívica. Fue heredero del legado socrático, propugnó ideas eternas, estableció la formación de filósofos y reyes; no se restringió a una ontología idealista y vehiculizó la visión del Bien, armonizándolo con el alma (thymoeides, epithymetikon y logistikon) y con el Estado (dikaiosýne). Después del fracaso de Sicilia, profetizó el final de la pólis libre, sustentando nociones ideales que restringieron los nomoi a un entorno eminentemente realista y útil.
Platón teorizó sobre el derecho y la justicia; sostuvo un orden geométrico del mundo y rechazó la idea del poder puro. Inquirió sobre la justicia, relacionándola con la aretḗ, la virtud. Llegar a la perfección humana implicaría realizar lo justo, entendiendo el bien como principio supremo del Ser, que daría fundamento a la justicia y orientaría las acciones morales justas, de hombres y comunidades, realizando su naturaleza. Asumió la vieja noción de que la justicia es inherente a la norma y a la naturaleza.
Los griegos asumían la justicia como congruente con el universo, concebido como orden; tal es el significado de cosmos, cristalizándose la igualdad geométrica entre dioses y hombres. La naturaleza de la justicia consiste en la perfecta armonía de los componentes del alma humana individual, ampliándose a la comunidad como justicia del Estado. El sentido primario de la justicia es la condición del alma, proyectada como imperativo de la razón sobre los instintos, tanto en el individuo como en la pólis, llamada salud en la medicina griega. El individuo la realizaría gracias a la educación, sin necesidad de la norma escrita, conduciendo el alma por la salud perfecta.
El Estado platónico es una maquinaria educativa ideal para la formación del ciudadano, al grado que hace innecesaria la ley, pues los hombres la cumplirían al descubrirla racionalmente. Sócrates representa la consumación libre y consciente de las normas, porque las vio para sí mismo, según el ideal de la Justicia. La educación plenamente desarrollada implantaría en la conciencia las nociones de justicia y de orden legal perfecto. Jenófanes, discípulo de Platón, concibió que la ley consistiría en la naturaleza de la mente, en estado de armonía con el cosmos, expresando a Dios en el nivel más alto de la abstracción filosófica.
Platón se alejó de la noción de justicia entendida simplemente como obediencia a la ley; enunció su esencia, patente en la estructura de la mente, siendo estimulada por la educación, gracias a la naturaleza humana. El ateniense no despreciaba la ley positiva, orientadora en condiciones normales y que respondería a las exigencias de la realidad. Que un solo hombre diseñe tales leyes, asumiéndolo como sabio y carente de los intereses de las facciones, sería ficticio, por lo que Platón desdeñó todo tipo de autoritarismo, incluso jurídico. Desde las normas enseñadas popularmente, como un conjunto de restricciones y posibles castigos, en las obras finales de Platón, se advierte que, positivamente, las leyes deberían mostrar, en especial a los jóvenes, cómo dirigir sus vidas, educándolos, al grado de que la propia formación substituya a la ley.
La paideia del sabio cosmopolita, sellando la herencia griega, enfatiza la formación espiritual del hombre griego y permite evaluar su impacto global. La paideia trascendió la pólis en clave humanista universal, siendo, mediante Aristóteles, su legado hasta el helenismo romano. Aristóteles fue el más destacado educador de la Antigüedad, siguió la tradición de Homero y la aretḗ heroica, realizó el modelo de Platón y la dikaiosýne ideal. Después de Aristóteles y la phrónēsis empírica, la paideia griega no murió con la pólis, se globalizó como imagen humanista para Occidente.
Aristóteles efectuó la máxima síntesis de la visión griega, universalizándola como legado cultural. Convirtió a la virtud en observable; la ley fue un componente de la razón práctica: razón sin pasión; a la democracia la concibió como un sistema moderado y la politeia, como mixto, aunando la democracia con la oligarquía. Criticó las visiones fragmentarias e insistió en la unidad cultural griega. Impactó sobre el humanismo occidental. El filósofo estagirita definió la virtud como punto medio racional entre los extremos (héxis, mesotḗs), señalando la phrónēsis como práctica habitual virtuosa que acercaría al hombre a la eudaimonía. La tragedia se constituyó en catarsis de la hýbris y la paideia peripatética se consteló integrando la observación de lo físico (phýsis) con la Lógica y la Ética. Por su parte, Demóstenes entendió que la aretḗ cívica implicaría oratoria anti-filípica.
Notas
1 Paideia: Los ideales de la cultura griega. Trad. Joaquín Xirau & Wenceslao Roces. Fondo de Cultura Económica, 10ª reimpresión, México, 1992, p. 4.
2 Idem., p. 12.














